Alan Befart es un artista visual nacido en Haedo, provincia de Buenos Aires. A sus 31 años nos relata cómo su trayecto artístico comenzó en sus primeros años en el rincón de arte del jardín de infantes. En la actualidad, se encuentra atravesando el final de sus estudios para convertirse en Licenciado en Artes Visuales con orientación en Grabado y Arte Impreso. Es profesor de Artes Visuales desde 2014, egresado del Instituto Superior de Artes Visuales “Prilidiano Pueyrredón”, y desempeña su rol docente en escuelas en nivel inicial, primario y secundario. A ello se suma su participación como ayudante en la cátedra de Lenguaje Visual de Carlos Ara Monti, su trabajo como tallerista en el espacio de arte de la artista Paula Koffman y la realización de seminarios y talleres en diversos locales artísticos y espacios culturales.
Participó de varios certámenes artísticos y muestras tanto individuales como colectivas, desplegando su estilo particular, en el cual consolida una recopilación de diferentes influencias y unifica rasgos del minimalismo, lo geométrico, la mística, la gestualidad, y filiaciones con las obras de artistas como Le Parc, Mirtha Dermisache, León Ferrari y Xul Solar. Sus fuentes de inspiración provienen de sus propias experiencias y reflexiones. Sus obras son el resultado de la exploración de palabras nuevas, investigaciones sobre temas específicos y la fascinación por lo lúdico, lo arcano y lo divino.
Sin embargo, su trabajo como artista no limita las posibilidades en proyectar su mirada a temas en particular que ya estén vigentes, sino que a través de su arte, busca conectar con las historias que permiten la introspección y los misterios que la vida nos presenta. Para él la curiosidad y el juego son factores importantes a la hora de crear y resolver. Constituyen dos vectores fundamentales para que se desarrolle una experiencia excitante. El proceso creativo de Alan es meticuloso e intencionado. En cada obra parte de un concepto, explora su significado y genera una red de relaciones que le permite discriminar colores, formas y estructuras.
Un ejemplo destacado es Séptimo piso. Esta escultura,inspirada en la historia de la Torre de Babel, nos muestra referencias que provienen de diferentes territorios de significación. Sumerge al espectador en la historia de la Torre, buscando elementos significativos de datos arqueológicos, y creando así una representación que refleja lo infinito y lo sublime de un lugar que alberga todo el conocimiento del mundo, jugando con una historia propia que invita a imaginar textos que provienen de lo arcano. Otra de sus obras destacadas es Look Book, creada para una convocatoria de libros de artista, la cual logró obtener una mención. Esta escultura desplegable en papel nació de la idea de representar un antiguo zigurat babilónico, con una narrativa basada en el cuento La Biblioteca de Babel de J. L. Borges. En ella nos invita profundizar en las variables del texto como lo conocemos y reflexionar sobre las posibles miradas hacia un objeto.
Su visión del arte también se ve reflejada en su emprendimiento dedicado a su fanatismo por el animé Pokémon, el cual disfruta desde pequeño. En estas creaciones involucra un homenaje a la serie y eleva la idea de figuras coleccionables a objetos que llevan en su interior un valor sentimental cargado de nostalgia de una niñez de la década de los 90. Su trabajo incita curiosidad, al planteo de preguntas y a sacudir el interés del espectador, generando una atmósfera que acompañe a aquello que se está presentando para que la experiencia artística no sólo sea visual sino que se manifieste en todo el cuerpo. Un ejemplo es su trabajo Timothy’s Box, una serie de pequeñas cajas que contienen diversas propuestas de interacción, las cuales al estar cerradas, sin poder ver su contenido y sin un manual de instrucciones, logran invitar al espectador a elegir su propio juego y colocar sus propias reglas en su experiencia.
De este modo, Alan aspira a que quienes se sumerjan en sus creaciones se cuestionen el porqué y el para qué de lo que está sucediendo y puedan crear una conexión más profunda con su arte. Alan se visualiza como un artista dedicado a la producción estética, en el que sus obras puedan manifestar su pasión por las experiencias y por las temáticas que nos seducen por sus formas y colores. Como meta tiene trabajar en su propio estudio y contribuir a la enseñanza universitaria, incluso quizás tener su propia cátedra, para reforzar la idea de que un artista no está atado a recetas de creación universales sino que cada uno pueda forjar su camino. Sueña con exponer en diversos espacios, con proyectos que inviten siempre a pasar un buen momento y que ayuden a alimentar a aquel niño que todos llevamos adentro.