La segunda mitad del siglo XX es una etapa convulsa para Centro y Sudamérica. Quizá debido a esta convulsión, surgen una serie de movimientos artísticos que subvierten por segunda vez desde Rubén Darío la circulación del arte (que tradicionalmente había fluctuado desde Europa hacia América). Todo esto se manifiesta tanto en la música, con las nuevas canciones; como en la literatura y en la pintura, con el realismo mágico o las vanguardias; pero sobre todo y también, en el cine: el nuevo cine.
Un primer cine de autor, proveniente sobre todo de Brasil y de Argentina (también de Chile, Uruguay, Venezuela y Cuba), adaptará aspectos del cine más vanguardista que se estaba produciendo en la misma época en Italia, Francia, Alemania o la URSS.
He aquí nuestro punto de partida: 1969, los directores argentinos Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino publican un manifiesto: Hacia el Tercer Cine. En él describen lo que para ellos es un cine a través del cual lograr la descolonización de los países (neo)colonizados. Este, en un primer momento, trasciende de cualquier etiqueta temática o estilística. Hacen énfasis en la producción cinematográfica.
Y de ahí proviene su nombre: Tercer Cine, es el que está situado por debajo del segundo, representado por ese cine de autor europeo y sudamericano que hemos dicho antes, que si bien se separa del primero en tanto que los directores luchan por crear obras más íntimas que giren en torno a su visión de autor, precisamente por esto mismo acaban cayendo en los estándares de producción del primero; que corresponde con el cine de la metrópoli, el de producción hollywoodiense (estadounidense, vaya), que contando con recursos casi infinitos logra producir arte como si fuera, para los autores, poco más que latas de conserva, además de ser capaces de repartirlas por todo el mundo mediante unas cadenas de distribución que tienen completamente monopolizadas.
El texto está marcado por una dualidad que se repite en muchas ocasiones: nosotros y ellos, el tercer y el primer mundo. Según los autores, estas cadenas de distribución se “cuelan” en los distribuidores de Cultura de los países tercermundistas, introduciendo no sólo maneras de pensar sino también maneras de producir pensamientos, recursos dialécticos, o su propio idioma. Abogan pues, por la superación del cine de efectos, y la sustitución de éste por un cine de actos que, realizado por un equipo a los que ellos comparan con una guerrilla, incomode tanto al espectador como al sistema (no sólo mediante su discurso sino también por la velocidad a la que se disparan los fotogramas a la pantalla); dejando hueco para el debate entre partes de la película, en una situación que además de proyección, constituye un acto político per se.
Si bien este manifiesto se adscribe a un momento en el que es bastante normal que los directores de cine teoricen sobre sus métodos, es cierto que este es el primero que consigue ir más allá. Presentan la receta para la realización de un cine que rompa las fronteras tanto temáticas como transnacionales, pues se erige como un movimiento supranacional para la liberación de todos los países del Tercer Mundo, mientras que reconvierten el sentido de lo nacional, que pasa a ser aquello que responde a las necesidades para la liberación de un pueblo.
Recurso realizado por Alfonso García Díaz
Bibliografía empleada en la redacción del recurso:
Solanas, F. Getino, O (1979). Hacia un tercer cine. Cine club, 1(1).
Chanan, M. (1997). The changing geography of Third Cinema. Journal Article by Michael Chanan; Screen.
de Taboada, J. (2011). Tercer Cine: Tres Manifiestos. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, 37(73), 37-60.
Wayne, M. (2001). Political Film: The Dialectics of Third Cinema. Pluto Press.