El cine es uno de los artes que más recientemente se ha incorporado al panorama. Sin embargo, desde la creación del cinematógrafo, ha pasado por importantes cambios y revisiones que han afectado a la forma de entenderlo y realizarlo. Desde los Lumière grabando escenas de la vida cotidiana, pasando por el cine fantástico de Méliès o el cine-poesía de Tarkovski, los directores han tendido a preguntarse qué es lo que están haciendo, cuál es la función y la importancia de hacer arte con un utensilio (la cámara), que según diría Jean Cocteau es el único que muestra a la muerte haciendo su trabajo.
En Francia, durante el primer cuarto del siglo pasado, los críticos que escribían conjuntamente en la revista Cahiers du cinema desarrollan la teoría del autor, en contraposición al estándar del cine impersonal de la industria cinematográfica estadounidense; una teoría que ha marcado de forma muy amplia el cine hasta ahora mismo, y que sirvió para que entre los 60 y 70 se diesen los debates que permitieron la creación de los recursos que hemos analizado en esta parte del trabajo.
Los tres nos sirven para explicar el surgimiento y parte de la historia del Cine Militante, un cine que a mitades del siglo pasado se pregunta por el qué, pero también por el cómo y dónde. Redefine la forma en la que se representan las condiciones de vida de Latinoamérica, se concibe como una forma de documentar realidades sociales y culturales... se entiende como un medio para lograr la emancipación del Tercer Mundo, a través de modos propios que faciliten la producción y difusión del contenido por medios accesibles.
Si bien el primer texto es importante en dos sentidos: distingue entre los tipos de cine en base a la forma de ser producidos y distribuidos y no atendiendo a características formales o estilísticas (clasificación más tradicional), además de redefinir la frontera, pasaría a la historia por la segunda consideración. El Militante se presenta como un cine transnacional común al Tercer Mundo, a la vez que defiende un grado de nacionalismo necesario para distinguir entre ellos (colonizadores) y nosotros (neo-colonizados).
Para Solanas y Getino, escritores de Hacia un tercer cine y directores de La hora de los hornos, el cine debe de ser político. Para Sanjinés (Yawar Mallku), el medio cobra una dimensión antropológica; para Ospina y Mayolo (Oiga, Mire; Agarrando pueblo), ni lo uno ni lo otro.
Créditos: argentina.gob.ar
Escrito por Alfonso García Díaz
Bibliografía empleada en la introducción:
Wollen, P. (2003). Contribución del autor. En: P. Simpson, A. Utterson, K. J Shepherdson: Filme Theory: Critical Concepts in Media and Cultural Studies (pp 28-57).
Stollery, M., & Lev, P. (2001). College Course File: The question of third cinema: African and middle astern cinemas. Journal of Film and Video, 52(4), (44-55).
Solanas, F. Getino, O (1979). Hacia un tercer cine. Cine club, 1(1).
Mayolo, C. Ospina, L. Qué es la Pornomiseria (1979). Action République.