La cabeza humana es una cebolla que se reviste de capas de fuera hacía dentro. Está la piel, el cráneo, los sesos y el pensamiento. El cráneo es lugar, es la habitación del seso en el cuerpo. El cráneo es el umbral entre morada y ser. Aquí pienso.¹
Hay por toda la casa partes de mi cabeza, indicios desde el lugar o lugares desde los que observo el mundo y sin importar el lugar de mi cuerpo en el espacio hay un punto que se sostiene fijo, un yo detrás de las cuencas de mis ojos. Este yo es seso, electricidad, bóveda. Este yo sabe de mí cosas que yo aún no sé y también sabe lo que sé.
Esta investigación emerge de un pulso personal encontrado dentro del Énfasis de Creación I a partir de los ejercicios creativos orientados a descubrir el Hambre Creativa, sin embargo la forma que toma y con la ustedes se encuentran hoy es resultado de un proceso del que tomo conciencia al volver sobre algunos de los lugares habitados antes de estar aquí. La primera vez que vi por la ventana terminé observando dentro de mi casa. Recuerdo que había un letrero de "Se arrienda apartamento". Mi casa era un hogar de paso, nadie se quedaba a vivir mucho tiempo aquí durante el 2019. Varios de los inquilinos que llegaron y se fueron de mi casa en ese año eran migrantes de Venezuela, llegaban aquí por recomendación y se iban rápido porque siempre estaban buscando un lugar más barato o esperaban ahorrar lo suficiente para irse de Colombia. Todas las personas de Venezuela que han vivido en mi casa llegaron aquí porque alguien se los sugirió, por ser amigos de alguien. Esta forma de llegar aquí me hizo pensar en dibujar un mapa de las personas que habían vivido en mi casa y cómo habían llegado. Hice unos cuadros que representaban los espacios habitables de mi casa y escribí dentro quienes vivían allí y de dónde veníamos. Ese es uno de los primeros mapas de mi espacio aunque lo que buscaba entender en ese momento era distinto es la primera aparición de mi espacio.
Imagen tomada de: Modellbuch 2019-1 "Imágenes y Ventanas" (Vargas, E. 2019, Pág.:8)
En ese momento tenía la intuición de que dentro de mi casa, en sus espacios habitables, en las personas que aquí residían, podía encontrar múltiples relaciones y lecturas. Aparecían preguntas sobre la migración, la discriminación, la xenofobia, problemas políticos con solo entrar a alguna de los apartamentos. Eso fue lo que encontré la primera vez que vi por la ventana. No podría decir de forma precisa los motivos por los que no fui más fondo sobre este lugar pero tenía otra molestia, había otro asunto que tenía mi atención.
En el 2019 ocurrieron aproximadamente 250 asesinatos de líderes sociales (EL TIEMPO, 2019), cada día, cada semana veía una noticia al respecto. Me preguntaba si antes estaba desconectada de la realidad porque la sensación de dolor y desazón constantes empezaron a ser muy frecuentes en ese año. En ese momento pensaba que mi molestia tenía lugar en cómo nombraban a quienes asesinaban, como disminuían los hechos, cómo trataban al cuerpo, cómo exponían la muerte. En ese año hubo dos sucesos que llegué a conocer desde la comodidad de mis pantallas, son dos recuerdos más vivos que los de cualquier otro suceso del que tenga memoria durante ese año; el grito del hijo de María Pilar Hurtado (Sánchez, 2019), la denuncia del bombardeo a un campamento en el que habían niños y niñas víctimas de reclutamiento forzado durante el mes de agosto (Publimetro Colombia, 2019).
Aparece una infancia agredida pero yo aún no sé que quiero hablar de eso. Llega el 2020, la pandemia, el encierro y me encuentro en mi casa, la habito al fin después de mucho tiempo de que lo normal fuese estar fuera de ella. El lugar concreto donde habita mi cabeza es la casa. Todo aquello que parecía estar fuera también habita aquí de algún modo. La casa es un escenario de afectos y poderes en tensión.
La casa no es cualquier casa, es mi propia casa. Entonces lo personal aparece en la creación desde una mirada de lo personal es político no tanto en el sentido de la consigna que se refiere a una práxis cotidiana y el no vivir en secreto nuestros cuerpos y afectos sino más bien en un sentido donde “lo personal es político”, no es una consigna de lucha sino una lectura que se inscribe en el seno de la micropolítica, la vida personal está profundamente afectada por unas lógicas sistémicas, nuestras formas de consumo, de relación con otros cuerpos, nuestras emociones. Las búsquedas dentro la morada tienen que ver con exponerse a esta mirada de lo personal donde lo político dentro de la creación o dentro del pulso creador aparece no como un panfleto sino como un rastreo de emociones, relaciones en consonancia con las fuerzas en tensión dentro de ella. Este carácter político de la praxis artística es una tendencia que se hace visible en el trabajo de distintos artistas cuya práctica se ve afectada por la presencia de regímenes autoritarios, Suely Rolnik nos dice sobre esta tendencia que “no se trata de la conciencia de la dominación y de la explotación (su cara extensiva, representativa, macropolítica), sino de la experiencia de este estado de cosas en el propio cuerpo (su cara intensiva, inconsciente, micropolítica)” (Rolnik, 2008, pág. 15)
Los entornos personales son entornos en pugna, guardan memorias de distintas fuerzas y reconocerlas va en vía de explorar la potencia de la compulsión de archivar "El foco de la compulsión de archivar puesto en estas prácticas se ubica en un campo de fuerzas que disputan el destino de su reanudación en el presente"(Ibid. pág.12). El guardar, inventariar, reconocer, crear relaciones entre lo que se guarda y el presente cambia la relación con lo cognoscible de ese algo sobre lo que gira el acto de guardar e inventariar. Esta búsqueda ha pasado por muchos lugares he guardado distintas cosas que quedan suspendidas quién sabe cuánto tiempo o por qué y un día se filtran en el pulso vital de la creación. Me pregunto cómo residen esas fuerzas en nuestras casas, en nuestros cuerpos. Rastreo preguntas para intentar comprender las formas-de-vida² dentro de la casa como contribución a la búsqueda de alternativas de mundos posibles más justos, amorosos, y sanos sobre todo para las infancias.
"1. La unidad humana elemental no es el cuerpo -el individuo, sino la forma-de-vida. 3.Cada cuerpo está afectado por su forma-de-vida como por un clinamen, una inclinación, una atracción, un gusto. Aquello hacia lo que tiende un cuerpo tiende asimismo hacia él. Esto vale sucesivamente para cada nueva situación. Todas las inclinaciones son recíprocas.* 5. Mi forma-de-vida no se relaciona con lo que yo soy, sino con cómo yo soy lo que soy.* 6. La cuestión de saber por qué tal cuerpo es afectado por tal forma-de-vida más que por tal otra está tan desprovista de sentido como la de saber por qué existe algo en vez de nada. Esta cuestión señala solamente la negación, a veces el terror a conocer la contingencia. Más aún, a darse cuenta de ella.* (Tiqqun, 2008. Pág.: 9, 10, 12,13)
Definición inspirada en "Ser Cráneo: lugar, contacto, pensamiento, escultura" de Georges Didi Huberman.