PREHISTÒRIA
Uno de los jugadores era Arkham, e1 viejo chamán, detentador de las tradiciones, jefe espiritual del clan de 1a Pantera. Era un hombre de gran talla, enteco y arrugado, pero robusto todavía. Su larga cabellera blanca, cuidadosamente trenzada, y la abundante barba que caía sobre su pecho aumentaban su prestancia y contribuían a darle un altivo aspecto. Sólo quienes alcanzaban una edad provecta, quienes merecían e1 título de Ancianos, llevaban una barba larga. Aunque no fuese una regla estricta, los hombres jóvenes solían mantenerla corta, cortándola regularmente con una hoja de sílex. En ciertos clanes la costumbre era, incluso, afeitarse por completo la barba. (P. 17)
-Claro que no. Es sólo una forma de adorno que corresponde a la situación de cada cual. Así, en mi caso, estos dibujos dicen que no estoy casada -respondió lanzándole una inequívoca mirada-. El ocre protege también la piel contra las picaduras de los insectos, las quemaduras del sol y del viento. También el peinado difiere, según se trate de una muchacha que no ha conocido hombre aún, de una mujer i casada o de una viuda. La gente que vive hacia el sur, según me han dicho, llevan dibujos que no pueden borrarse lavándolos, pues están impresos en la piel con la ayuda de aguja de hueso untada de colorante. Entre ellos, durante las fiestas, los hombres se ponen gorros de piel; las mujeres, redecillas trenzadas con fibras de corteza o crines de caballo. (Pp. 83-84)
Jean Courtin. El chamán del fin del mundo. Le Chamane du Bout-du-Monde. Trad. Manuel Serrat Crespo. Ed. RBA, Barcelona, 2005. ISBN: 84-473-3527-5. 284 pp.
En el Antiguo Egipto el aspecto físico era muy cuidado, y en ocasiones no solo las nobles damas empleaban gran cantidad de minutos para que su presencia fuese inmaculada. Por norma, los hombres llevaban el cabello muy corto, no solo así se disimulaba la calvicie, sino que prevenía la aparición de los piojos. Por increíble que parezca, estos diminutos bichejos tan molestos prefieren los cabellos sanos y limpios a las melenas andrajosas y sudorosas. Para los egipcios de clase media-alta, la peluca era una prenda más de uso diario. En el caso de los hombres de clase alta, solían llevar pelucas de rizos. Pero, las auténticas maestras de este arte capilar eran las mujeres.
El encanto de una mujer egipcia incluía un buen peinado. Las pudientes podían permitirse el lujo de obsequiarse con pelucas de pelo natural. Tras sus baños matinales y sus sesiones de maquillaje, el colofón final era la peluca y sus complejos trazos. Si bien durante el Imperio Antiguo imperaba el cabello corto ó medio largo, poco a poco se colocó la moda del cabello largo, siempre retocado con complicadas trenzas ó pequeños rizos. En la mayoría de los casos, la peluca era un símbolo del propietario y expresaba su manera de mostrarse al mundo. Cuando se hizo el descubrimiento del Valle de las Momias de Oro, se descubrió una máscara de oro con un peinado catalogado como de un estilo único en todo el arte egipcio. A las pelucas se le podían añadir diversos tintes para darle el color deseado. El uso del tinte en el cabello, está constatado desde el 3400 antes de Cristo. El tinte se utilizaba cuando la vejez hacía aparición, pues los egipcios no hacían buen gusto de las canas, y para ello se utilizaba la alheña vegetal.
Antes de colocarse las pelucas, eran cuidadosamente peinadas por las sirvientas, ó en su carencia por los propietarios, con sumo mimo y cuidado, estirando el pelo con la ayuda de unos pequeños palos de madera. A excepción de los profetas del dios, que iban completamente rasurados, la peluca fue casi inexistente hasta la IV Dinastía puesto que se reservaba solo a la realeza y sus más íntimos personajes. Sin embargo, la eclosión de la IV Dinastía impone a las pelucas un importante papel. En la V Dinastía, la peluca es ya una prenda más de uso cotidiano en los altos dignatarios. En sus moradas para la eternidad, estos personajes de las dinastías IV, V y VI, se nos presentan con sus pelucas de trazo corto y peinado en capas. Durante el Imperio Medio, se riza el rizo y las pelucas se complican y vemos los más variopintos tocados y pelucas de gran complejidad.
Las pocas pelucas que han sobrevivido, nos muestran la belleza y perfección que los artistas peluqueros llegaron a alcanzar. El legado, aunque mínimo, nos asombra con las más finas trenzas de pelo natural ó los más vertiginosos rizos de fibra vegetal, culminadas en su mayoría por pequeñas ornamentas. En estos restos se constata que, a menudo, se le añadían a las pelucas unas extensiones de pelo natural, que se fijaban a la base de la peluca con cera de abeja mezclada con resina.
La elaboración de las pelucas estaba limitada a los artesanos que se dedicaban plenamente a este arte, y a los barberos que daban vida a los talleres de pelucas. Y es que el barbero era algo más que ese personajillo matinal que recibía a sus clientes en plena calle, al aire libre; y que con sus cuchillas de sílex ú hojas de bronce decoraba las calles de la ciudad, mientras sonreía, cauto y silencioso, escuchando los chismes que circulaban de boca en boca.
http://es.geocities.com/mas_arqueo_aegyptos/Cont/vida_Cotidiana/cabello.htm