NO TENGO TIEMPO
Autor: Roberto Morales
No tengo tiempo, no dispongo de él, jamás me lo otorgaron por mi cordura, tampoco me lo regalaron por mi paciencia.
Ni siquiera salgo a la calle con reloj. Yo no he visto al tiempo, no me lo han presentado, nunca estreché su mano departiendo entre copas, no soy su amigo, ni su confidente, mucho menos su esclavo.
Las horas no cuentan, ni los minutos, ni los segundos, podemos estar en cualquier parte en cualquier momento, todo es igual sin el tiempo contándonos.
De qué sirve la mañana, si la tarde la despide pronto, el atardecer los encierra en un atrio de nubes grises y al final son rapiña de la oscura noche…
¿Y que cuenta el calendario? Los meses son espacios vacíos, desolados, cubiertos de sol y lluvia, de hojas secas o vegetación colorida. Los años invisibles, impalpables, etéreos.
¿Adónde viaja el presente cuando se convierte en pasado si el pasado fue condenado al exilio y el presente ha sido ignorado? ¿Entonces como puede ser el futuro incierto si ni pasado y presente coexisten?
¿En qué momento el tiempo se convirtió en punto de partida? Yo nunca le encontré al inicio del camino, mucho menos cruzando la meta.
El tiempo no puede ser experiencia, ni presumir de haber sido costumbre. ¿Cuándo me ayudó a deliberar? ¿Quién le enseñó a ser teoría y práctica?
¿Y por qué tienen la osadía de vociferar que se está matando el tiempo? ¿Acaso se puede matar lo que no existe?
Los recuerdos sollozan como niños perdidos, la eternidad no es absoluta, el antes y después son utopía.
¿Y la memoria? ¿A quien personifica? ¿En qué momento capturó el tiempo? ¿Y quién captura a la memoria?
El tiempo no es verdad, ni mentira, ni conciencia pura, ni podrá tomarse un café con intelectuales, ni esperar mientras se le llama para la cita.
Tampoco una ecuación perfectamente desarrollada en el salón de clases. No puede tardarse, aproximarse, jamás podrá mantenerse de pie, ni ser centro de atención del universo.
No tiene cuerpo, ni medida, ni certeza inmediata, no tiene alas ni pies, ni se le puede encontrar en aparadores, tampoco imaginarlo desfilar un 3 de noviembre, mucho menos como infinito o ser imperecedero.
El tiempo no es movimiento, ni extensión, ni prolongación. No da respuestas ni dialoga a solas, tampoco en intervalos.
El tiempo no es todo, tampoco es nada. Por lo tanto, yo no tengo tiempo.