¡Feliz de nuevamente poder compartir con ustedes una reflexión, y la última de este 2024! ¡Deseo para todos aquellos que nos leen y sus familias una feliz Navidad y gran inicio de año 2025!
En esta última versión de nuestras reflexiones del 2024, quiero compartir con ustedes acerca de la importancia de la familia. Un tema que no para todas las personas es fácil tocar, ya que provienen de familias en las que quizá no vieron el mejor ejemplo. Es por eso que mi reflexión lleva por nombre “La Familia, mi primer Ministerio.”
Llegar a esta reflexión no fue fácil, pensé tanto en cómo abordar de la mejor manera este tema, teniendo en cuenta que muchas personas no tienen una buena relación con sus familias o no crecieron en el mejor entorno.
Cuando somos niños estamos muy condicionados a lo que nuestros padres hacen por nosotros, sea bueno o malo, tenemos la capacidad de absorber todo, en muchas ocasiones queda más lo malo que vemos, porque así somos. Con el pasar de los años creamos patrones de eso que aprendimos en casa y llevamos de lo aprendido a todos los entornos donde estamos. Es algo que es muy “normal”, pero cuando conocemos a Dios y su eterno amor, bondad y misericordia, esos patrones aprendidos (los malos) debemos empezar a cambiarlos.
Durante muchos años en mi adolescencia no tuve una buena relación con mi mamá, muchas diferencias las cuales me hacían sentirme lejos de ella y en algunas ocasiones no amada. Una vez conocí a Dios, muchas cosas en mí cambiaron, entre ellas mi relación con mi mamá, quisiera decir que tomo poco tiempo y todo fue genial, pues no, tomo algunos años para que yo pasara la hoja y empezara a amarla cómo ella es, quisiera decir que todo es gracias a mí, pero no, Dios jugo un papel fundamental en nuestras vidas; tras conocer a Dios cambié muchas cosas y estos cambios impactaron la vida de mi familia, cambios que con el tiempo permitió que ellos conocieran a Dios y pudieran cambiar pequeñas cosas que significaron grandes cambios en nuestras vidas.
Es por eso en hoy quiero compartir contigo algunas de las frases las cuales he tenido la oportunidad compartir con mis familiares y amigos que pasan por alguna situación difícil con sus familias:
-Pequeños cambios puedes hacer la diferencia en tu familia.
-Dios nos dice “honra a padre y madre y tus días serán alargados” es el único mandamiento con promesa, pero él no nos pide que los honremos si son buenos, nos pide que los honremos y listo, aunque sea difícil.
-Quizá tu papá/ mamá no es lo que soñaste, pero no sabemos lo que vivió para llegar donde hoy está.
-Da la mejor de ti, aunque lo recibas lo mejor de ellos.
En muchas ocasiones la familia no es fácil de enfrentar, quizá nos recuerdan lo peor de nosotros, lo que queremos cambiar y no hemos logrado, los errores del pasado, pero Dios nos pide que seamos misericordiosos con todos los que nos rodean, eso los incluye a ellos, y para mí tienen el primer lugar, llevar la palabra de Dios es importante y necesario en la vida del cristiano, pero también es importante llevar el mensaje de perdón y del amor de Dios a nuestra familia, con calma sin afanes o agresiones, cada uno conoce a su familia y sabe la forma en la cual incluir a Dios en la conversación.
En este 2025 mi mayor deseo es poder compartir más con mi familia y familiares, disfrutarnos en nuestra esencia y con mis actos mostrarles el amor de Dios, para mi familia siempre será mi primer ministerio, ¡es algo que Dios me dijo y puso en mi corazón hace muchos años y continúo trabajando en ello!
A ti que nos lees, deseo de todo corazón, que puedas convertir a tu familia en tu primer ministerio, que puedas disfrutar con ellos lo pequeño, lo grande y que en ellos puedas sembrar el amor de Dios poco a poco. Deseo para ti y tu familia, un gran inicio de 2025, muchas bendiciones. 🤩❤️🎉
Un feliz fin de semana te deseo. ❤️
La semana pasada les hablé sobre la familia como el primer ministerio, enfocándose principalmente en la familia de sangre, esa en la que nacemos. Sin embargo, al reflexionar sobre lo que realmente significa la familia, me doy cuenta de que muchos, al igual que yo, estamos lejos de nuestras familias o, tristemente, ya no la tienen en este mundo. Pero, gracias a Dios, nos ha permitido tener una familia del alma. Para algunas, esta familia está formada por amigos del colegio, la universidad, del trabajo o de la iglesia.
Hoy, agradezco a Dios por tener dos familias: la de sangre, que en su mayoría se encuentra en Barranquilla, y la del alma, que está aquí en Bogotá, compuesta por mis amigos. Ellos han abierto sus corazones y me han hecho parte de sus vidas. Y lo más hermoso es que estos amigos no solo son parte de mi vida, sino que son mis hermanos y hermanas en Cristo.
Al igual que en una familia de sangre, somos todos diferentes, imperfectos, con distintas formas de pensar y ver la vida. Sin embargo, nos une un amor mucho mayor: el amor en Cristo y una amistad que hemos ido cultivando.
Mi familia del alma está formada por hombres y mujeres que temen al Señor, que han estado conmigo en momentos de alegría y tristeza, que han levantado mis brazos en oración, que me han dado consejos sabios, que celebraron conmigo cuando conseguí trabajo, cuando fui a mi encuentro y empecé el proceso de formación en la iglesia, que secaron mis lágrimas en los días más oscuros, y que se alegraron conmigo cuando me convertí en novia de Cris. Son aquellos con los que he podido compartir abrazos en medio de sus pérdidas, pero también celebrar sus triunfos, sus cumpleaños, hacer planes, hablar por horas, reír por cosas pequeñas y disfrutar cada momento.
En cada uno de ellos he visto el amor de Dios, su bondad y misericordia. Cada uno tiene un lugar especial en mi corazón, y para todos ellos deseo lo mejor. Ellos saben quiénes son, no necesito mencionar sus nombres, pero sí quiero honrar a dos parejas que han sido fundamentales no solo en orar por mí, sino también por mi relación. Ellos son Erika, Luis, Gina y César. Gracias por ser esos amigos que ríen y lloran conmigo, por cada consejo y oración. Sus matrimonios son un verdadero ejemplo.
Definitivamente, Dios responde a nuestras oraciones. Antes de venir a Bogotá, pedí amigos, y Él no solo me los dio, sino que me dio una familia: mi familia del alma.
Si hoy, al igual que yo, tienes esa familia del alma, valórala, hónrala y disfruta el tiempo con ellos. Pero también sé ese apoyo incondicional, esa amiga que levanta sus brazos en oración, que ríe y llora con ellos cuando lo necesitan.
Un feliz fin de semana te deseo. ❤️
Desde que Jesús entró en mi vida, he escuchado mucho la frase "la familia es el primer ministerio". Al principio no comprendía completamente su significado, pero con el tiempo entendí que se refiere a que el primer lugar donde debemos servir, como lo hizo Jesús, es en nuestra familia. Es decir, después de Dios, nuestra prioridad es nuestra familia. 👨👩👧👦✨
Como mujeres cristianas, esto implica que estamos llamadas a ser ejemplos de fe, sabiduría, compasión y servicio dentro de nuestro hogar. La familia es el lugar donde se forjan los valores cristianos más fundamentales, y al cumplir este “ministerio”, estamos siguiendo el propósito que Dios tiene para nuestras vidas y para las futuras generaciones. 💖🙏
Sé que muchas de ustedes quizás no han tenido la mejor familia, pero sin importar las circunstancias o cómo hayan sido, estamos llamadas a perdonar, ser misericordiosas y modelar el amor de Cristo. 🕊️💕
En mi caso, gracias a Dios, nací en un hogar lleno de amor. Mis papás no son perfectos, pero siempre hicieron lo mejor para mi hermana y para mí, por eso los honro y me siento orgullosa de ser su hija. 🌸✨
Hoy, como familia, los cuatro modelamos el amor de Dios no solo entre nosotros, sino también con nuestra familia extendida, por quienes oramos para que lleguen a los pies de Cristo. 🙏💫
Sé que hay muchas dinámicas familiares diferentes debido a situaciones que afectan a cada hogar, pero sin importar cuál sea tu situación, si tienes temor a Dios, estás llamada a orar por ellos, amarlos, perdonarlos y modelarles a Cristo. 💞🌿
Si por alguna razón no tienes familia de sangre, pero Dios te ha rodeado de personas que se han convertido en tu familia del alma, hónralos, bendícelos, ámales, respétalos y perdónalos. 💖
Un feliz fin de semana te deseo. ❤️
Mujeres hermosas, hoy hacemos el cierre del tema del mes con una invitada especial, ella es de la costa caribe de mi país, Colombia, es magíster en Educación Infantil y de la familia, mamá, esposa, ella es Virginia Quintero, a quien agradezco por compartir de lo que Dios ha puesto en su corazón, las dejo con Virginia.
“Recuerden, el fuego del altar siempre debe estar encendido; nunca debe apagarse.”
Levítico 6:13 NTV
Histórica y simbólicamente Dios ordenó la constitución de altares para establecer y mantener un pacto entre Él y las personas. La biblia dice en Éxodo 20:24 “Háganme un altar de tierra y ofrézcanme sus sacrificios: sus ofrendas quemadas y ofrendas de paz, sus ovejas y cabras y su ganado. Constrúyanme un altar donde yo determine que recuerden mi nombre, y allí me presentaré ante ustedes y los bendeciré.” En nuestros tiempos, la familia es ese lugar donde cada uno de los miembros tiene la oportunidad de conectar con el amor del Padre Celestial de forma genuina.
Si te detienes a pensar en cada uno de los miembros de tu familia, descubrirás que, aunque todos son humanos y les unen muchas cosas, cada uno es tan particular y diferente como las piedras que pueden existir y conformar un altar. Y es que es en la unidad de cada uno de los miembros de tu familia, está la gran oportunidad de ver a Dios manifestarse.
La familia es un altar en el que Dios establece: Pactos. El primero de ellos es el Pacto de amor:“Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo."Génesis 2:24 NTV.
La pareja es el primer paso para la estructuración del altar familiar. Todas las dinámicas de acoplamiento, conexión, organización de la pareja se convierten en el ejercicio del fortalecimiento del vínculo perfecto que fundamentará la actividad y realidad del altar familiar.
La familia es ese altar donde Dios nos invita a vivir Pactos de Transformación. Porque todos conformamos la familia desde un estado de madurez diferente, que, con la experiencia y acompañamiento de la misma, va evolucionando, la biblia dice:
“Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz.”
Efesios 4:3 NTV
Y claramente las relaciones humanas que se viven alrededor de la familia no son perfectas, nos encontramos con los procesos vivos que requieren la manifestación de los frutos del Espíritu para mantenernos en sanidad.
“Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios, que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.”
Efesios 4:13 NTV
La transformación en la familia se inspira a través del ejemplo que nos brindamos unos a otros, de la forma como profundizamos en los principios espirituales en lo cotidiano. Es importante hacer consciente que será un proceso constante.
Otro pacto que se manifiesta en el altar familiar es el Pacto de Libertad:
“Pues ustedes, mis hermanos, han sido llamados a vivir en libertad; pero no usen esa libertad para satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa. Al contrario, usen la libertad para servirse unos a otros por amor.”
Gálatas 5:13 NTV
Los esposos tenemos libertad para deleitarnos en pareja, los padres tenemos libertad para criar a nuestros hijos, los hijos tienen libertad para escuchar el consejo de los padres. Y la biblia nos invita a que utilicemos esa libertad desde el amor, lejos de los abusos y los excesos, siempre pensando en cómo podemos servir desde esa libertad.
Ahora, no olvidemos que un altar está constituido por partes o miembros, por eso es fundamental valorar el rol de todos en la familia, así como las diferencias y particularidades. Y aun cuando alguna de las partes del altar no esté en orden, las otras partes, como en un cuerpo, puedes colaborar para su restauración y crecimiento.
“Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.”
Efesios 4:16 NTV
Las partes del Altar deben estar conectadas y comprometidas en 3 dimensiones:
1. Con Dios y su Propósito
2. Con su Proceso Particular
3. Con el altar
Identifiquemos los enemigos del ambiente familiar que se manifiestan cuando no cubrimos estas dimensiones:
-El temor y el control son enemigos del amor:
“En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios.”
1 Juan 4:18 NTV
-Olvidar el proceso de Dios en mí me hace pensar que los errores los comenten solo los otros:
“¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.”
Lucas 6:42 RVR1960
“No se amolden al mundo actual, sino que sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.”
Romanos 12:2 NVI
-Desconocer el aporte de los otros miembros del altar familiar, quiebra el vínculo:
“Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado. Pues, así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.”
Romanos 12:3-5 NVI
La familia es un altar construido por Dios para cumplir con su propósito en cada uno de sus miembros, por eso tiene tantos enemigos. Nuestra labor es ser mayordomos desde la humildad y honestidad de nuestra responsabilidad, inicia en los padres.
“En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.”
Génesis 22:18 RVR1960
Un feliz fin de semana te deseo.
El día de hoy quiero compartirles acerca de un tema que para mí es realmente importante y es sobre mi familia o La Mia Famiglia en italiano, una de las palabras que más me gusta en este idioma.
Para mí personalmente es uno de los regalos más grandes que Dios me ha permitido tener. Sé que quizá no todos han tenido esa oportunidad de tener un modelo de familia o una buena relación con ellos. Pero créanme el amor por mi familia, lo puedo vivir ahora después de muchos años de conocer a Dios después de aprender a AMARLOS con sus miles de defectos.
Yo soy la menor de mi casa en todo sentido de la palabra, entre mis papás y mi hermana, yo soy la última persona, en muchos momentos me sentí sola, incluso por mucho tiempo sentí que no hacia parte de esta familia y que apenas tuviera la mayoría de edad, me iría para hacer mi propia familia y tener mis propias reglas.
Sin embargo, los planes De Dios no son esos. Por muchos años mi relación con mi mamá fue distante, hasta llegué a pensar que no me quería y a causa de eso me sentí muy rechazada. Un día, en mi tiempo de devocional, le pedí a Dios que quería cambiar y mejorar mi relación con mi Mamá. Fue un arduo trabajo, pero finalmente gracias a Dios lo logré y hoy en día tenemos una excelente relación. Así mismo, paso con mi hermana fue un proceso grande el que tuvimos que vivir las dos para entendernos y hoy en día tener la relación que tenemos.
En mi corazón estaba el deseo de que nuestra relación fuera mucho mejor y esto lo aprendí después de escuchar un testimonio de Joyce Meyer, quien con mucho perdón en sus palabras habla sobre un abuso vivido por su papá en la infancia y parte de su adolescencia. Escuchar su testimonio me llevo a entender que por más que nuestros padres y hermanos fallen, ganamos más cuando nos perdonamos.
A ti que nos lees hoy te invito a clamar a Dios por amor y sabiduría. Si no tienes una buena relación con tu familia, ora a Dios por ella y sé que él traerá respuesta a tu clamor.
Un abrazo y feliz semana.
Querida amiga, ¿sabías que el perdón al igual que el amor es una decisión?
Si, el perdón es una decisión que Dios dejo a nuestro libre albedrío, pero que en más de una ocasión en su palabra nos recuerda, estamos llamadas a hacerlo, así como él nos perdona cada una de nuestras ofensas al instante que nos arrepentimos y las confesamos.
Pero tristemente, hemos creído que el perdón es algo que debe nacer y que si queremos no lo damos y nada pasa, pero la realidad es que al decir: “es que no me nace perdonar” el que habla es nuestro orgullo herido y cuando dejamos que este nos gobierne nuestro corazón se va enfriando, llenando de resentimientos y dolor, el cual nos aleja del Señor.
Perdonar es algo que sin duda es difícil, cuesta, duele, pero que al hacerlo es liberador, pero a quien libera no es a quien comete la ofensa, sino a quien fue herido, pues es la herida la que deja entrar el dolor, la rabia, la sed de venganza disfrazada de “justicia” y es lo que va matando nuestra alma.
Pero supongo que se nos hace más difícil perdonar a alguien cuando es de nuestra familia, porque en nuestra mente y corazón tenemos la idea que, por el hecho de ser nuestra propia sangre, están automáticamente exentos de lastimarnos, de decepcionarnos o de causarnos alguna dificultad, pero no es así, somos seres humanos imperfectos y que con cualquier cosa sin darnos cuenta podemos lastimar a quien más amamos.
Proverbios 17:9 dice: El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos.
El no perdonar mi querida amiga solo trae más división, contienda y dolor, y el Señor no quiere que esto sea lo que sembremos, pues será lo que cosechemos.
Yo sé que puede ser muy difícil perdonar, que cuesta, en más de una ocasión he estado en esos zapatos de no querer hacerlo, de querer hacer sufrir a quien me lastimo, pero en cada uno de esos instantes, el Señor me recuerda porque debo hacerlo. Al principio lo hago como a los empujones, pero a medida que pasa el tiempo lo hago con el corazón dispuesto, sin esperar a que esa persona me pida perdón, lo hago por mi bien y porque es lo que Dios hace conmigo.
No sé por qué tipo de dificultad estás pasando con algún miembro de tu familia, pero hoy te invito a que lo perdones, a que sueltes tu dolor delante de la presencia del Señor y dejes que él te sane, te restaure y tome el control de esa situación que tanto te lastimo.
Será difícil al inicio, pero con ayuda del Espíritu Santo será más fácil, si tienes que hacerlo más de una vez, hazlo y deja que Dios tome el control de todo.
Un feliz fin de semana te deseo.
Amar querida amiga es una decisión, no es un sentimiento o una emoción como hemos creído y teniendo esto en mente, decidir amar a nuestra familia es algo que debemos hacer cada día.
Sé que al leer esto algunas pensarán o dirán, que es fácil decidir amar a alguien cuando te respeta, tiene detalles, no te ofende, colabora en el hogar, etc. Pero que amar a alguien que te falta al respeto, te ignora, no te apoya, te responde mal o no colabora en el hogar es algo difícil o casi imposible, y muy seguramente es difícil, pero si te digo que Dios nos manda a amarnos a pesar de eso.
¿Qué me dirías? ¿Qué me dirías si te digo que, a pesar de todas tus fallas, de tu pecado, Dios te sigue amando y llamando su hija?, muy seguro me dirás, pero es que es diferente. Pero la realidad no es muy diferente, Dios decide seguir amándonos y quiere que tú y yo lo hagamos con nuestra familia.
Yo no tengo una familia perfecta (de hecho, no la hay), cada uno tiene sus defectos y ha cometido errores, pero hemos decidió amarnos y basándonos en ese amor, respetarnos, apoyarnos, cumplir con nuestras obligaciones, perdonarnos, ser pacientes, honestos, fieles, bondadosos, etc.
Y esto lo decidimos basados en lo que Dios nos dice en su palabra.
Juan 13:34 dice: Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros.
Sé que hoy en día hay muchas familias con problemas de abusos, adicciones, económicos o enfermedades, pero a pesar de estos estamos llamados a perdonar y amarnos. Sé que no es algo fácil (las cosas que valen la pena, nunca son fáciles), gracias a Dios no sé qué es estar en esa situación, pero sé que, si le pides a Dios que te enseñe a hacerlo, él lo hará.
Ahora, si tienes algún problema de abusos, violencia o adicciones, busca ayuda con las autoridades necesarias y una vez a salvo, deja que Dios sane tu corazón y mente, y te enseñe amar a tu familia.
Quiero finalizar diciéndote que, en esta era, es evidente que el enemigo quiere acabar con las familias, pero nosotras, en vez de contribuir a que esto ocurra, estamos llamadas a poner nuestro granito de arena para que el amor, el perdón y la unidad sean parte de nuestras familias.
Un feliz fin de semana te deseo.
Amar al prójimo es una de las cosas más fáciles y difíciles que Dios nos pide que hagamos.
Creo que es una de las más difíciles en la vida.
Que fácil es recitar este versículo “ama a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:39)” y es aún más fácil cuando a quienes debemos amar es a quienes nos caen bien o son de nuestra familia cercana y nos encanta compartir tiempo con ellos. Pero todo se hace mas difícil cuando a quienes debemos amar es aquellos quienes no nos agradan, nos ofenden, nos humillan los que nos hacen bullying (el verdadero), en ese momento si que se complica el amar al prójimo.
Hace unos años aprendí que cuando odiamos o somos groseros con esas personas que no amamos quienes perdemos somos nosotros.
Perdemos la tranquilidad, la Paz, nuestra esencia y no alegramos el corazón de Dios. Es como si diéramos vueltas en círculos una y otra vez hasta estar mareados.
Mi consejo para ti que nos lees, siempre existirán personas a las que nos cueste amar pero lo mejor es correr a Dios entregarlas y hacer el mayor esfuerzo por ser como quisiéramos que fueran con nosotros. Va a ser difícil pero de eso aprenderemos todo el tiempo.
Chicas hay un versículo en la Biblia que dice:
Cada uno de ustedes es parte de la iglesia, y todos juntos forman el cuerpo de Cristo. 1Corintios 12:27
Como lo decía al inicio de la semana, cuando recibimos a Jesús como nuestro Señor y salvador, él nos hace parte de la familia de la fe, la iglesia.
Crear lazos con las personas de la iglesia no es algo que ocurra de la noche a la mañana, como toda relación demanda tiempo y disposición, requiere respeto, amor y comunicación.
Algunas personas tristemente han tenido malas experiencias con las personas dentro de la iglesia y debido a esto han pasado de comunidad en comunidad o tienen una imagen errada de la iglesia cristiana, si eres una de esas personas, te invito a que le entregues esa mala experiencia al Señor, te dispongas a perdonar y clames a Dios para que te guie hacia una comunidad que muestre realmente el amor de Dios y donde haya una sana doctrina, eso si ten presente que no hay “familia perfecta” y mucho menos “iglesia perfecta”, y que nada nos da el derecho a juzgar y condenar, siempre debemos ver a la familia de la fe con los ojos de Cristo, es decir, con misericordia y amor, enfocarnos en lo bueno y dejar que sea el Espíritu Santo el que nos ayude en las relaciones que como comunidad debemos desarrollar.
Colosenses 3:15 dice: Y que la paz que viene de Cristo gobierne en sus corazones. Pues, como miembros de un mismo cuerpo, ustedes son llamados a vivir en paz. Y sean siempre agradecidos.
Gálatas 6:2 dice: Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo.
Como puedes ver en estas dos porciones de la palabra, el Señor nos hace un llamado a vivir en paz, ser agradecidos y ayudarnos los unos a los otros dentro de la familia de la fe, esto querida amiga muchas veces lo pasamos por alto, pero resulta que esta es la fórmula para tener buenas relaciones dentro de la iglesia.
Te cuento un poco de mi experiencia, dentro de los 12 año que llevo caminando con el Señor, dentro de la iglesia he hecho más amigos que los que pude hacer en mis años de colegio o universidad, no te voy a decir que la relación ha sido perfecta porque nos hemos peleado e incluso distanciado en algunas circunstancias, pero en medio de todo siempre hemos mantenido el respeto, muchos de esos amigos han estado en los momentos más difíciles de mi vida y se han mostrado como unos hermanos o hermanas, me han mostrado el amor de Dios y yo he procurado hacer lo mismo por ellos.
Así que te invito a que veas la iglesia como la familia de la fe que Dios te ha podido dar, que seas sabia, paciente y amorosa con cada persona que conozcas, que no los veas como personas perfectas, sino como obras en construcción que buscan agradar a Dios.