Acostumbro llevar a mis conferencias una escoba de tiras de algodón o de tela, y durante el transcurso de la misma, interrumpo varias veces para coger la escoba y empiezo a secar un supuesto charco de agua que se forma en esa parte del escenario en la que me debo hacer. Y mientras paso la escoba de lado a lado, explico al auditorio que llevamos varios meses con ese problema, y que no hemos sabido si es por una gotera en el techo producto del invierno (y miro hacia arriba, para dar credibilidad), un nacimiento de agua subterránea en el piso, una tubería mal instalada, etc. Una vez que he recogido y secado el agua, coloco la escoba a la vista del público y continúo con mi charla.
En este punto hemos tenido anécdotas chistosas, pues han resultado voluntarios del público que suben al escenario a ayudarme a secar el charco. Y mientras descubren sorprendidos que éste no existe, los invito a bajar para que no alteren el mensaje que quiero dar. Cuando considero que ya el público está convencido que el problema del charco es real, digo que un niño que estaba entre el público acaba de subir al escenario y me ha regañado por ser tan bobo, y me dice que él estaba viendo desde hace rato que algo goteaba por la pared posterior. En ese momento simulo que soy ese niño, y tiro a un lado una silla que está junto a dicha pared. Al hacerlo, sostengo con mi mano en la pared algo que parezca un grifo y digo que está mal cerrado, que está goteando agua. Y que como el piso está en batea, con ligera pendiente, como en canoa, el agua cae aquí pero el charco se forma allá, en la parte que yo estaba secando.
En ese momento hago el ademán de cerrar el grifo. Luego lanzo lejos la escoba y digo en voz alta: ¡Ya no la necesitamos más, pues el charco no se volverá a formar! Y finalizo con el siguiente mensaje: Cuántos de vosotros tenéis goteras en vuestra mente, tal como rencores, deseo de venganza, depresión, tristezas, miedos, culpas, un duelo sin elaborar, que no forman el charco en vuestra cabeza a manera de una jaqueca, pero lo hacen en otra parte del cuerpo a modo de cáncer, dolores sin causa aparente, disfunción sexual, gastritis, alergia, etc. (a esto se le llama somatización). Y cuántos de vosotros lleváis meses o años visitando cada cierto tiempo curanderos, médicos y clínicas, simplemente para que os sequen por un tiempo el charco con pastillas, jarabes, inyecciones, masajes o dietas. Con la Hipnosis Clínica podéis hoy encontrar el origen del charco y secarlo definitivamente. Recordad las palabras de los médicos griegos en la antigüedad: Mente sana, cuerpo sano.