El tratamiento para obesidad, cigarrillo, licor o drogas, requiere más de una sesión. Primero se deberá averiguar la causa u origen mediante regresión hipnótica, y luego se procederá a eliminar el hábito y las dependencias psicológica y orgánica. No basta con crearle al paciente escenarios imaginarios, ni hacerle creer que ha sido operado. Si los órganos del cuerpo se han adaptado al exceso de grasa, alcohol, nicotina u otros tóxicos, requieren también un tiempo biológico para readaptarse cuando se deja de ingerir lo mencionado, y durante ese tiempo es normal que la persona sienta "cosas raras". En la obesidad, por ejemplo, es fácil reducir el sobrepeso con cualquier dieta, pero mantenerlo es difícil, pues el organismo tiende a recuperarlo. Puede haber factores psicológicos, de herencia genética, de supuestas vidas pasadas (en un remoto ayer no tenía que comer, y hoy se desquita) o de programación desde cuando era bebé, cuando sus familiares le decían "como está de linda la gordita". "¿Qué quiere mi gorda?". Cuando el niño deja comida en el plato, porque su organismo ha generado las señales normales de saciedad, le dan a entender que no haga caso a eso, que siga comiendo, que no deje nada, porque "aquí no hay gallinas" o hay unos niños muriendo de hambre en África. Y para reforzar, le dicen: "Coma esta cucharada por la abuelita... y ésta por la mamá", como si el comer fuese manifestación de afecto. ¡Y después nos quejamos de su gordura! La anorexia (no querer comer) o la bulimia (comer pero luego vomitar para no engordar), lo más probable es que tengan origen psicológico y resultan relativamente fácil de tratar con una hipnosis regresiva y una reprogramación mental, que elimine las causas y elabore el perdón y aceptación correspondientes, y termine con sugestiones algo así como la siguiente: "A partir de ahora amas infinitamente tu cuerpo, y te alegra comer lo indispensable para que cada célula se nutra como debe ser...". Eliminada la causa, trabajamos sobre los efectos, para reducir el deseo de comer en exceso y, por ende, reducir el tamaño de las células adipocitos, almacenadoras de energía en forma de grasa. La buena digestión comienza en la boca, al masticar bien los alimentos y mezclarlos adecuadamente con las enzimas de la saliva, pero algunos comen como palas mecánicas cogiendo tierra para echar a una volqueta: no han masticado plenamente lo que tienen en la boca, y ya tienen la cuchara esperando para descargar y volver al plato.