Un edificio no se hace de súbito, ni es resultado de un apilamiento desordenado de arena, cemento, hierro, madera, tuberías e instalaciones eléctricas. Se construye ladrillo por ladrillo, siguiendo unos planos elaborados por el arquitecto que ideó por anticipado todos los detalles de la obra. De igual manera, suponemos que la evolución de las especies no es algo desordenado ni producto del azar. Éstas comienzan de forma elemental muy primitiva para formar moléculas cada vez más complejas, siguiendo un ordenamiento que atribuimos a un plan cósmico de Dios, Gran Arquitecto, o como quieras llamar al Principio de todo. Aunque algunas doctrinas predican la metempsicosis, según la cual las almas transmigran después de la muerte a otros cuerpos de animales (más o menos perfectos, según ellos), conforme a los merecimientos alcanzados en la existencia anterior, en las regresiones sólo recordamos experiencias con cuerpos humanos.