Freud, médico austríaco creador del psicoanálisis, abandonó el empleo de la hipnosis porque observó que dicha técnica no garantizaba el resultado a largo plazo. Por ejemplo, escribió y publicó el caso de curación de una madre que se sentía imposibilitada de amamantar a su segundo hijo recién nacido, y que no tenía ningún antecedente psiquiátrico. Con el primer hijo, esta madre tampoco había podido lograrlo, a pesar de sus deseos, pero para ese entonces Freud no había tenido la oportunidad de intervenir. Además de no tener éxito con la lactancia, esta paciente vomitaba todo alimento, no podía dormir y, además, se sentía deprimida por su incapacidad para amamantar. Tanto su familia como ella no confiaban demasiado en métodos no tradicionales, pero aceptaron la intervención de Freud aconsejados por sus médicos. Freud concurrió a su domicilio y procedió a hipnotizarla mirándola fijamente a los ojos e induciéndola al sueño. Mediante la sugestión procedió a aliviar los temores de su paciente y las sensaciones que sentía físicamente, pronunciando palabras estimulantes y positivas que trataban de transmitirle la idea de estar ya curada y en perfectas condiciones para amamantar a su bebé. Al día siguiente, la joven mujer experimentó una gran mejoría general que sólo duró hasta la hora del almuerzo, en que se reanudaron sus trastornos gástricos. Por lo tanto, en la segunda visita del médico mostró los mismos signos del día anterior, ante lo cual, Freud decidió recurrir nuevamente a la hipnosis, pero esta vez en forma más enérgica.
En la tercera visita, esta paciente no necesitó más continuar con este tratamiento, porque había recuperado la salud y pudo reanudar la crianza de su bebé, continuando normalmente dándole de mamar durante ocho meses.
Para el tercer hijo volvió a presentar el mismo problema digestivo y las dificultades para amamantarlo, por lo que solicitó a Freud el mismo tratamiento. La primera sesión de hipnosis, como anteriormente había pasado con el segundo hijo, no dio ningún resultado; pero luego de la segunda entrevista desaparecieron todos los síntomas. Freud calificó a esta paciente como un caso de histeria de ocasión (trastorno psicológico), porque se manifestó debido a un motivo ocasional, el nacimiento de un bebé, que fue el que le produjo todos los síntomas.
En otro caso, en 1889, Freud viajó a la escuela de Nancy en Francia, en donde se encontró con el médico Bernheim. Fue allí con el propósito de perfeccionar su técnica hipnótica. Lo acompañó una de sus pacientes, Cäcilie M., cuyo verdadero nombre es Anna Von Lieben, que padecía de histeria. Freud practicaba la hipnosis con ella, en parte con buenos resultados, porque los síntomas mejoraban, y en parte con desilusión, porque al cabo de un tiempo volvían a aparecer. Él atribuyó este inconveniente a su poca experiencia hipnótica. Por ello se contactó con Bernheim y le solicitó que se ocupara él de esta paciente. Éste accede y trata de curarla por medio de la sugestión. Igual que con Freud, los síntomas desaparecen pero posteriormente emergen nuevamente. Bernheim, le confiesa, entonces, que sus éxitos terapéuticos sólo los obtiene en el hospital y con sus propios pacientes.
No pienso que Freud haya ido realmente a buscar el origen de cada síntoma para sanarlo de raíz, motivando el perdón o la aceptación del hecho traumatizante o disparador de las emociones negativas, y menos si a éste lo ubica el paciente en una imaginaria o real vida pasada, pues Freud se consideraba ateo y no creyente en lo espiritual. Además, la hipnosis por ese entonces se manejaba a manera de órdenes que el sujeto debía obedecer, y en mi opinión, esa manera de abordarlo se debe evitar, pues a nivel inconsciente habrá pacientes a los que no les agrada recibir mandatos. Si el que da las instrucciones, las plantea en forma de reto (“ahora no podrá abrir los ojos, aunque quiera”) o afirma cosas que realmente no se pueden asegurar (“cuando se despierte ya no volverá a fumar”) está actuando a la ligera. Si los sujetos hipnotizados son muy sugestionables, o (en la hipnosis de escenario) están muy convencidos del poder del hipnotizador, pueden responder ciegamente a este tipo de órdenes. Pero, si se trata de personas normales, pueden responder en forma muy crítica a estas sugerencias, más propias del hipnotizador de feria que del profesional que emplea la hipnosis como medio para hacer el bien. En las regresiones hipnóticas que practicamos, procuramos que el paciente sane cada cosa en una sola sesión, la cual puede durar de 2 a 3 horas. Para ello aplicamos técnicas de cambio de rol, de terapia de perdón y de elaboración del duelo, cuando se trata de la pérdida de seres queridos.