Cuando estamos presentando unas pruebas o examen, recibimos un cuestionario con cierta cantidad de preguntas para responder sí o no, ejecutar el procedimiento para resolver un problema planteado, o elegir una opción entre varias alternativas. Es evidente que el profesor no ha escrito allí lo que cada uno deberá contestar, pues esto será acorde con lo que cada uno haya estudiado y aprendido. Durante estas pruebas, que algunos piensan que son de misión, oportunidad de aprendizaje o castigo, podemos decidir nuestro destino, corregir errores y hasta imitar lo que otros hicieron. Incluso, hay quienes abandonan el aula sin terminar el examen, haciendo uso de su libre albedrío (tales alumnos se pueden comparar con los suicidas en las pruebas de la vida).