LA CELEBRACIÓN
Comentarista:
Siguiendo una tradición antiquísima que se remonta a los inicios de la Iglesia de Roma, los cristianos celebran en el corazón de la noche el misterio del Nacimiento del Señor, recordando el silencio que envolvía todo cuando el Hijo de Dios se hizo hombre y la luz brilló ante los pastores, los cuales, mientras vigilaban el rebaño, acogieron el anuncio gozoso del nacimiento del Salvador. En esta noche santa, también nosotros nos reunimos para celebrar, en comunión con el Santo Padre, el misterio del Nacimiento del Señor: misterio de la Luz que brilla en la oscuridad, de la Palabra hecha carne, del Pan bajado del Cielo. Nos unimos en la fe a todos los cristianos que celebran en el mundo entero la memoria de este evento de nuestra salvación. Dispongámonos ahora para la oración, en un clima de silencio y de recogimiento.
Escuchemos algunos textos proféticos del Antiguo Testamento que han anunciado de modo progresivo la venida del Mesías.
Luego las más antiguas antífonas mayores de Adviento, propias de la liturgia del rito Romano, con una serie de títulos mesiánicos y la viva invocación por la venida del Mesías, nos preparan para acoger quien se nos ha proclamado e invocado como Emmanuel, Dios con nosotros.
Y un breve extracto de los antiguos textos sobre la Natividad del Señor, es una antífona inspirada en el libro de la Sabiduría, viene recordando ahora el silencio y la expectativa de toda la creación por el nacimiento del Salvador.
Antes del comienzo de la Santa Misa escucharemos la proclamación del anuncio del nacimiento del Señor, mediante el canto del antiguo texto de la “Calenda”. Este anuncio nos recordará que Cristo, Redentor del hombre, es el centro del cosmos y de la historia.
PARA ESCUCHAR
LA PROMESA DEL MESÍAS
Comentarista:
Escuchemos algunos textos proféticos del Antiguo Testamento que han anunciado de modo progresivo la venida del Mesías. Unámonos en el canto de este anuncio con las palabras: venid y adoremos a Cristo Jesús.
Lector.- El Señor está por nacer, digamos todos: Ven Señor, rey de justicia y de paz.
Fieles
Ven Señor, rey de justicia y de paz.
Lector
Del libro del Génesis. 49, 1-2.10
En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les habló así: “Acérquense y escúchenme, hijos de Jacob; escuchen a su padre, Israel. No se apartará de Judá el cetro, ni de sus descendientes, el bastón de mando, hasta que venga aquel a quien pertenece y a quien los pueblos le deben obediencia”.
El Señor está por nacer, digamos todos: Ya llega el Señor, el Rey de la gloria.
Fieles
Ya llega el Señor, el Rey de la gloria.
Lector
Del libro del profeta Isaías 11, 1-4a
En aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé,
un vástago florecerá de su raíz.
Sobre él se posará el espíritu del Señor,
espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de piedad y temor de Dios.
No juzgará por apariencias,
ni sentenciará de oídas;
defenderá con justicia al desamparado
y con equidad dará sentencia al pobre;
herirá al violento con el látigo de su boca,
con el soplo de sus labios matará al impío.
Será la justicia su ceñidor,
la fidelidad apretará su cintura.
El Señor está por nacer, digamos todos: Mi corazón se alegra en Dios mi Salvador.
Fieles
Mi corazón se alegra
en Dios mi Salvador.
Lector
Del libro del profeta Miqueas 5, 1-3a
Esto dice el Señor: “De ti, Belén de Efratá,
pequeña entre las aldeas de Judá,
de ti saldrá el jefe de Israel,
cuyos orígenes se remontan a tiempos pasados,
a los días más antiguos.
Por eso, el Señor abandonará a Israel,
mientras no dé a luz la que ha de dar a luz.
Entonces el resto de sus hermanos
se unirá a los hijos de Israel.
El se levantará para pastorear a su pueblo
con la fuerza y la majestad del Señor, su Dios.
Ellos habitarán tranquilos,
porque la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra
y él mismo será la paz”.
El Señor está por nacer, digamos todos: Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Fieles
Proclamaré sin cesar
la misericordia del Señor.
Lector
Del libro del profeta Sofonías 3, 14-15
Canta, hija de Sión,
da gritos de júbilo, Israel,
gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha levantado su sentencia contra ti,
ha expulsado a todos tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel en medio de ti
y ya no temerás ningún mal.
El Señor está por nacer, digamos todos: Reina el Señor, alégrese la tierra.
Fieles
Reina el Señor, alégrese la tierra.
ORACIÓN PARA LA VENIDA DEL MESÍAS
Comentarista:
Las más antiguas antífonas mayores de Adviento, propias de la liturgia del rito Romano, con una serie de títulos mesiánicos y la viva invocación por la venida del Mesías, nos preparan para acoger a quien se nos ha proclamado e invocado como Emmanuel, "Dios con nosotros".
Lector
Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al Justo; que la tierra se abra y haga germinar al Salvador.
R.- Dejen cielos caer su rocío.
Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín, y ordenándolo todo con firmeza y suavidad: ven y muéstranos el camino de la salvación. R.-
Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley: ven a librarnos con el poder de tu brazo. R.-
Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos; ante quien los reyes enmudecen, y cuyo auxilio imploran las naciones: ven a librarnos, no tardes más. R.-
Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel; que abres y nadie puede cerrar; cierras y nadie puede abrir: ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte. R.-
Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia: ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. R.-
Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo: ven y salva al hombre, que formaste del barro de la tierra. R.-
Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos: ven a salvarnos, Señor Dios nuestro. R.-
Todos:
Oh Sabiduría.
Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel.
Oh Renuevo del tronco de Jesé.
Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel.
Oh Sol que naces de lo alto.
Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos.
Oh Emmanuel.
¡Ven y Sálvanos!
TODA LA CREACIÓN EN ESPERA
Comentarista:
Meditemos ahora, un breve extracto de los antiguos textos sobre la Natividad del Señor, es una antífona inspirada en el libro de la Sabiduría, viene recordando ahora el silencio y la expectativa de toda la creación por el nacimiento del Salvador.
-El silencio en la espera de toda la creación-
Lector:
De las antiguas narraciones sobre el nacimiento de Cristo.
Los primeros cristianos
concibieron el noble pensamiento de que,
en el momento del nacimiento de Cristo,
aquel preciso instante de aquella precisa noche,
todas las estrellas del cielo se detuvieron admiradas
y toda la creación contuvo la respiración en silencio.
Ningún viento osó agitar los bosques,
ningún río o arroyo se atrevió a desatar sus aguas.
Hasta las olas del incansable océano no quisieron hacer ningún ruido ni continuar su movimiento cuando el Señor de la gloria se dignó entrar en forma humana en el mundo que había hecho.
Ojalá que el hombre,
la mayor de las criaturas de Dios,
se detenga un momento
y aparte sus quehaceres y sus afanes
para meditar sobre la cosa más grande
que jamás haya sucedido,
que Dios, eterno, nació hombre en Belén.
Coro y Fieles
Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor.
Entre sus astros que esparcen su luz
Bella anunciando al niñito Jesús
Brilla la estrella de paz
Brilla la estrella de paz
ANUNCIO DEL
NACIMIENTO DEL SALVADOR
(Kalenda ó pregón de Navidad)
Lector
Les anunciamos, hermanos,
una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo;
Escúchenla con gozo en el corazón:
25 de diciembre,
ocho días antes de las Calendas de enero.
Luna quinta.
Habían pasado millones de años desde que,
al principio, Dios creó el cielo y la tierra
e hizo al hombre a su imagen y semejanza;
y miles y miles de años desde que cesó el diluvio
y el Altísimo hizo resplandecer el arco iris,
signo de alianza y de paz;
unos mil novecientos años
después de que Abraham, nuestro padre en la fe,
obediente a la llamada de Dios,
partiera de su patria sin saber a dónde iba;
unos mil doscientos años
después de que Moisés condujera,
por el desierto hacia la tierra prometida,
al pueblo hebreo, esclavo en Egipto;
unos mil años después de que David
fuera ungido rey de Israel por el profeta Samuel;
en la semana sexagésima quinta
según la profecía de Daniel;
unos quinientos años
después de que los judíos,
cautivos en Babilonia, retornaran a la patria
por decreto de Ciro, rey de los persas,
cuando permanecía fiel a la Alianza
un Resto de los hijos de Sión,
alegres por su Rey;
en la ciento noventa y cuatro Olimpíada de los griegos;
en el año 752 de la fundación de Roma;
en el año 42 del imperio de Octavio César Augusto;
mientras sobre toda la tierra reinaba la paz,
en la sexta edad del mundo, hace cerca de 2025 años:
El Hijo de Dios Padre,
queriendo consagrar el mundo con su presencia,
concebido por obra del Espíritu Santo,
en Belén de Judá, de María virgen, esposa de José,
de la casa y familia de David,
nació Jesús, Dios eterno,
Hijo del eterno Padre y hombre verdadero.
¡Es la Navidad del Salvador
que los hombres esperaban!
El nacimiento de Cristo
presagia su Pasión y su Resurrección gloriosa.
El pesebre y la noche de Belén
evocan la cruz y las tinieblas del Calvario;
los ángeles que anuncian al recién nacido
a los pastores,
nos recuerdan a los ángeles
que anunciaron al Resucitado a los discípulos;
los magos han precedido a las mujeres
en el anuncio del Evangelio de la Vida
a todas las gentes.
Con justicia podemos decir que,
estamos celebrando la Natividad
de nuestro Señor Jesucristo según la carne.
¡Felices Fiestas de Navidad!
Prosigue la Misa de Noche Buena: