En cada inicio de un tramo horario sonará un solo timbre para indicar que debe comenzar la clase siguiente, si bien es el profesorado el encargado en decretar la finalización de una hora lectiva que, en ningún caso, puede ser antes de que suene el timbre.
El profesorado realizará el cambio de clase evitando demoras.
Mientras tanto, el alumnado permanecerá en sus aulas, sin salir al pasillo, preparando el material necesario para la siguiente hora.
Las puertas de las aulas permanecerán obligatoriamente abiertas hasta la llegada del profesor.
El alumnado no saldrá del aula al recreo o al final de la jornada sin la indicación expresa del profesorado. Para cualquier otra gestión, necesitará la acreditación pertinente.
El profesorado no podrá autorizar la salida del aula o del centro por parte del alumnado antes de que suene el timbre.
Los grupos que deban desplazarse a un aula específica deberán hacerlo con la mayor celeridad posible.
El profesorado saliente de una clase deberá velar por el adecuado estado del aula, del mobiliario y del orden, evitando dejar la clase sucia, desordenada o alborotada.
Cuando el profesorado termine una clase y se deba incorporar al servicio de guardia, esperará también en los pasillos, velando por el orden y evitando la salida del alumnado de las clases. Una vez incorporados los profesores a sus aulas, iniciará su labor correspondiente de atención a los grupos sin profesorado.
El profesorado que termine su jornada lectiva o no deba incorporarse a otra clase, ayudará también en las labores de vigilancia de clases y pasillo.
A la hora de imponer correcciones al alumnado, tendrá plena validez probatoria lo registrado por las cámaras de vigilancia instaladas en el centro.