Hoy el día se ha despertado lluvioso, con ese olor a hierba mojada que tan poco encaja con mediados de mayo. El calendario dice primavera, pero el paisaje parece haberse vestido de otoño. Y, de alguna manera, sentimos que el tiempo también se ha puesto de acuerdo con nosotros.
Último día. Y con él, esa sensación extraña de despedida… de haber formado parte de la vida de esta comunidad mucho más tiempo del que realmente hemos estado aquí. Y, al mismo tiempo, parece que fue ayer cuando llegamos con esa incertidumbre de quien no conoce el idioma, ni el lugar, ni lo que está por venir.
Hoy hemos aprendido, sí. Pero, sobre todo, hemos conversado. Hemos compartido impresiones, intercambiado ideas, imaginado futuros proyectos y dado las gracias. Gracias por la acogida, por tener siempre un espresso preparado para nosotros, por saludarnos en español cada vez que nos cruzábamos por un pasillo, por los pequeños detalles, por hacer que el alumnado italiano viviera nuestra llegada con tanta ilusión y curiosidad.
Y entre todos los momentos bonitos del día, hubo uno especialmente especial: entrar en el aula de Nadia, nuestra coordinadora Erasmus+ en Vernasca. Un espacio acogedor, cuidado al detalle, lleno de personalidad. Una de esas clases donde no solo se enseña… se respira calma, convivencia y felicidad. Y mientras la observaba, no podía dejar de pensar en algo: si tuviéramos que marcarnos un objetivo por encima de todos, quizás sería ese… crear lugares felices. Espacios donde nuestros niños y niñas quieran estar, crecer, compartir y sentirse seguros.
Y tras una jornada con las emociones a flor de piel, llega el momento de despedirse. Las maletas cerradas, las últimas fotos, los abrazos… y esas miradas que dicen mucho más que cualquier palabra.
Qué rápido pasa el tiempo cuando no paras de aprender. Pero si algo nos llevamos de estos días, más allá de metodologías o recursos, es la conexión que ha ido creciendo entre los tres docentes que decidimos lanzarnos juntos a esta aventura. Tres centros, tres maneras distintas de entender la educación: la mirada serena y experimentada de un director, la sensibilidad pedagógica de una jefa de estudios y maestra de AL, y la energía viajera de una maestra de inglés con unas cuantas aventuras ya a sus espaldas.
Y quizás lo más bonito de todo es descubrir que esto no termina aquí. Entre conversaciones, ideas compartidas y muchas ganas de seguir creciendo, ya empiezan a tomar forma proyectos e iniciativas que, ojalá, muy pronto conecten nuestros centros mucho más allá de este Erasmus+.
Y mientras ponemos rumbo al aeropuerto, entre conversaciones, anécdotas y planes de futuro, una idea se repite en silencio…
Lugagnano, avrai sempre un posto nel mio cuore. 🇮🇹✨
(Lugagnano, siempre tendrás un lugar en mi corazón.)