Hoy ha sido uno de esos días que se viven con una ilusión especial. Después de varios días observando, escuchando y aprendiendo de otras escuelas… hoy, en Vernasca, nos tocaba a nosotros abrir nuestras puertas, aunque estuviéramos a miles de kilómetros de casa.
Por fin hemos tenido la oportunidad de presentar nuestros centros al profesorado italiano y compartir con ellos una pequeña parte de todo lo que somos. Y lo hemos hecho de la mejor manera posible: con emoción, con orgullo… y con mucho corazón.
Nada más empezar, les entregué nuestra San Agustín Experience Box, preparada con muchísimo cariño antes de emprender esta aventura. Una caja que no solo llevaba materiales o recuerdos… llevaba un pedacito de nuestra escuela, de nuestra identidad y, sobre todo, de nuestro alumnado.
Les he hablado de nuestros proyectos, de cómo aprendemos haciendo, creando, equivocándonos y volviendo a intentarlo. Les he contado cómo nuestro alumnado participa en la cooperativa escolar para recaudar fondos para su viaje de fin de curso, cómo reciclamos el aceite usado de nuestras casas para transformarlo en jabón con diferentes aromas, cómo convertimos pequeñas ideas en experiencias reales de aprendizaje.
Y mientras lo contaba, una idea no dejaba de resonar por dentro: si estamos aquí, viviendo esta experiencia Erasmus+, es por ellos.
Porque todo esto tiene sentido por y para nuestro alumnado. Para seguir creciendo como docentes. Para conocer otras formas de enseñar. Para crear vínculos, abrir puertas, hacer contactos y sembrar futuros proyectos juntos. Para que la educación que reciben sea cada vez más rica, más abierta, más internacional… más conectada con el mundo que les espera.
También les he enseñado nuestros espacios. Esas aulas que poco a poco hemos ido soñando, organizando y construyendo con mimo. Rincones pensados para aprender de una forma más práctica, más manipulativa, más inmersiva… más viva.
Y, cómo no, también he presumido un poquito de nuestra tierra. Porque sí, Italia es preciosa… pero nosotros tampoco nos quedamos atrás. Les he hablado de la Sierra de las Nieves, de nuestro entorno, de la naturaleza que rodea nuestro centro y de la suerte que tienen nuestros niños y niñas de crecer aprendiendo a respetarla, cuidarla y quererla desde pequeños.
Uno de los momentos más bonitos de la mañana llegó cuando vimos el vídeo que nuestro alumnado había preparado para enseñarle al profesorado italiano cómo es nuestro cole por dentro. Sus voces, sus sonrisas, su manera de contarlo todo… hicieron que, por un momento, sintiera que ellos también estaban aquí conmigo.
Y desde aquí solo puedo decir una cosa:
Enhorabuena, chicos y chicas. Hoy habéis cruzado fronteras con nosotros. Y lo habéis hecho de maravilla. ✨
Después de compartir nuestro cole, de enseñar todo lo que hacemos y de recordar las cosas tan bonitas que hemos ido construyendo juntos como comunidad educativa… tengo que reconocer que hoy me entró un poquito de nostalgia.
Supongo que pasa cuando hablas de tu escuela con tanto orgullo, cuando vuelves a ver las sonrisas de tu alumnado en los vídeos, sus proyectos, sus ideas… y te das cuenta de que, aunque estés viviendo una aventura increíble, hay personas que inevitablemente te acompañan en cada paso.
Así que, aprovechando un ratito de calma, busqué unas postales, saqué el boli… y escribí.
Cinco, para ser exactos.
Cinco postales que ya han comenzado su viaje desde Vernasca hacia cinco destinos muy especiales.
De momento… el secreto sigue bien guardado. Pero quizá, dentro de unos días, alguien reciba una pequeña sorpresa. 💌✨