Simone Weil nace en 1909 en París, en el seno de una familia hebrea intelectual y laica. Tras finalizar sus estudios iniciales ingresó en la Escuela Normal Superior de París para estudiar filosofía y literatura clásica, graduándose en 1931 con 22 años. En 1936 trabaja como periodista en Barcelona, donde escribe en contra de Francisco Franco, y participa en la Guerra Civil Española enrolada en la columna republicana Durruti. En 1940 debe huir de París por la persecución nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y se trasladó a Estados Unidos con su familia. Enferma de tuberculosis, Simone Weil muere en el condado de Kent (Inglaterra) en 1943, siendo sus obras publicadas de forma póstuma por sus amigos (“La persona y lo sagrado”, “Echar raíces."
Simone Weil es un caso raro de intelectual comprometida y luchadora, (pues pertenecía a la alta sociedad), en medio del ambiente positivista y ateo que la rodeó. Sin embargo, se puede decir que el hecho de ser mujer no le impidió hacer lo que sentía que debía hacer en su azarosa vida. Dos datos corroboran esta afirmación sobre esta mujer de carácter:
-Deseosa de conocer la realidad del mundo de los trabajadores, renuncia a su cátedra de filosofía para entrar a trabajar en una fábrica. Allí comprobó las duras condiciones de trabajo de los obreros y esta experiencia le cambia la vida y la acerca cada vez más a la figura de Cristo, al que admira profundamente como Dios Salvador de la Humanidad. Hablando de las condiciones de los trabajadores dice: “la desdicha de los otros penetró en mi carne y en mi alma”.
-Tomó parte en la Guerra Civil Española incorporándose a las filas republicanas, pues consideraba que si la guerra ya no se podía impedir, cada cual debe tomar parte con el grupo al que pertenece.
No obstante, dos circunstancias en su vida pudieron estar afectadas por su condición femenina en un mundo dominado por hombres:
-Con 14 años atravesó una profunda crisis personal que tuvo que ver con la brillante carrera de su admirado hermano: André era admitido en la École Normal a los 16 años, mientras que ella no pudo hacerlo hasta los 19.
-La poca comprensión que tuvo en general y el desconcierto de mucha gente, que no podían entender que una brillante profesora encabezase manifestaciones y protestas de obreros (fue llamada “La Virgen de izquierdas”)
El tema capital de su filosofía puede resumirse en esta frase: “Dos fuerzas reinan en el universo: la luz y la gravedad”. La luz es lo sobrenatural, la gracia. La gravedad es la naturaleza. La luz ilumina la gravedad y la hace liviana por medio de la caridad, la cual es religiosa y humana, pues transforma a la vez las almas y las condiciones de vida de las personas.
Es la filósofa que estuvo más implicada en poner en práctica sus ideales de educación y de justicia para lograr una humanidad más sabia y más libre. Su pensamiento se manifiesta en tres direcciones:
-Una búsqueda continua y apasionada de la verdad, que la lleva a la filosofía y a las manifestaciones religiosas.
-Un asombro ante la belleza del mundo y del arte, donde presiente la huella de Dios.
-Una vulnerabilidad ante la desgracia de las clases más desprotegidas de la sociedad, que la llevó a luchar para mejorar sus vidas
Todo esto hace de ella una mujer admirable: su trayectoria de vida, su pensamiento filosófico, su identificación con los más débiles y su lucha por ayudarles a mejorar su existencia. Pero también su vida fue una ofrenda de amor a los demás, un ejemplo de sacrificio.
Hoy día, más de un siglo después de su nacimiento, Simone Weil sigue provocando una reflexión profunda para entender y buscar soluciones a los grandes problemas que aquejan a la humanidad. Sus reflexiones son de absoluta actualidad, pues aporta las claves para establecer un nuevo orden social basado en la justicia. Ella aboga por un orden social en el que las necesidades del cuerpo y del alma queden satisfechas para todos.
Fue casi olvidada tras su prematura muerte, pero hoy día nos fascina su intensa biografía, por su forma de vincular sus ideas filosóficas y místicas a la vida cotidiana. Nunca llegó a pertenecer a ningún partido ni religión, pues su idea de la justicia estaba por encima de las ideologías de su tiempo y de las religiones establecidas.
Ángela Fernández Calzas y Lidia García Calvo
Simone Weil nace el 3 de febrero de 1909 en París, su familia era judía pero laica, su padre fue un médico renombrado y su hermano mayor, a quién tuvo de referencia, fue un matemático importante. Estudió Literatura Clásica y Filosofía e ingresó en la Escuela Normal Superior de París, donde se graduó a los 22 años.
Después de sacarse el título de profesora y tener constantes cambios de liceo por sus ideas políticas que generaban discrepancias, Weil a los 25 años se funde en el movimiento anarcosindicalista, apoyando a sus queridos obreros pobres y desamparados, llegando incluso a trabajar en fábricas como la de Renault, sobre esa parte de su vida escribió: “En la fábrica, confundida a los ojos de todos, incluso a mis propios ojos, con la masa anónima, la desdicha de los otros entró en mi carne y en mi alma”
A raíz de su experiencia trabajando en la fábrica, como una más, sintiendo el cansancio y la vida angustiosa del obrero, escribió La condición obrera, junto con Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión. En estos dos escritos, Weil analiza la vida del obrero, piensa que la posibilidad de realizar una revolución sigue cayendo sobre las manos de los obreros proletarios pero era necesario tomar el poder legítimamente para tomar medidas y reformas que creasen así una condición menos opresiva para que la revolución fuese menos precipitada y violenta, siendo más organizada y responsable.
Según explica Emilia Bea en el libro Simone Weil: la conciencia del dolor y de la belleza, Weil pensaba que la opresión se encuentra en la propia estructura del sistema industrial, la que determina la división entre trabajo manual y intelectual. Queriendo así enfatizar en la idea de que la inteligencia había conseguido una supremacía y un dominio sobre quienes realmente se ocupaban de realizar las cosas, por eso sostenía que el trabajo manual y la agricultura debían ser el centro de la cultura, lo más respetado y remunerado.
Esta descripción de la opresión se asemeja al concepto de “dictadura de lo impersonal” de Hanna Arendt.
Weil no dudó en colaborar con el bando republicano cuando estalló la Guerra Civil Española, se dirigió a Aragón para formar parte de la columna Durruti, un grupo de milicianos anarquistas que salieron de Barcelona el 24 de Julio de 1936 con intenciones de liberar Zaragoza, pero no llegó a participar en ninguna incursión, ya que se quemó la pierna.
Aún así, observó cómo los milicianos hablaban sin pudor sobre los soldados y curas fascistas que mataban, Weil llegó así a una conclusión muy realista sobre la condición humana, en particular sobre nuestros paisanos, decía “ una vez que las autoridades temporales y espirituales han decidido que las vidas de ciertas personas carecen de valor, nada es tan natural en el hombre como matar.” Con esto Weil quería referirse a la facilidad con la que el hombre cambia el punto de vista sobre la muerte, en el momento en que matar no tiene represalias, tendemos a matar, nos encanta matar o al menos apoyar a los asesinos.
Pensamiento político de Weil.
Para Weil, la noción de “obligación” está por encima de la de “derecho”, piensa que un derecho no tiene valor por sí mismo si los demás hombres no se ven obligados interiormente a reconocerlo y respetarlo, no por una fuerza exterior que se lo imponga si no por su propia moral y sentido de justicia. Es esencial que las personas entiendan que tienen obligaciones hacia los demás.
Para entender a Weil hay que entender que la obligación no precisa más que de sí misma: cuando un ser humano se reconoce obligado hacia otro, lo está incluso si no siente que este último tiene obligaciones hacia él, y hasta si no es consciente de tener derecho alguno, mientras que para poder hablar de derechos son necesarios al menos dos sujetos.
Cada ser humano tiene una obligación primordial hacia los demás seres humanos, que consiste en el respeto. Y este respeto se expresa sobre todo en la primera obligación hacia los demás que es ni más ni menos que la de no permitir que un semejante pase hambre.
Esta obligación primordial sirve de modelo a Simone Weil para enumerar una serie de obligaciones hacia el ser humano o necesidades del alma que, si no son satisfechas, se va cayendo en un estado de vida vegetativa similar al de la muerte. Por eso sólo un régimen político que tenga presente las necesidades del alma conviene a los seres humanos.
En su lista de necesidades vitales del humano citadas en el libro L'Enracinement pone como primera al orden, explica que entre las relaciones sociales de los humanos hay que tratar de organizar las obligaciones, favoreciendo las que son esenciales.
En su lista cita a la libertad como posibilidad real de elegir a sabiendas de que en una comunidad existen normas y reglas, la obediencia, la iniciativa, la igualdad, el honor, el castigo, la seguridad, el riesgo, la propiedad colectiva, la libertad de opinión y la verdad, Simone Weil en su reflexión aboga por la protección de las personas frente a los atentados que se cometen contra la verdad. Hace hincapié en que sin personas amantes de la verdad es imposible que un pueblo llegue a satisfacer sus necesidades de verdad.
En una conversación con Simone de Beauvoir, Weil expone que solo hay una cosa importante: hacer una revolución capaz de saciar el hambre de todos los hombres, a lo que Beauvoir contestó que no, lo más importante era dar sentido a su existencia, entonces Weil le recriminó que ella nunca había pasado hambre y no sabía qué era eso.
Weil y el cristianismo.
Weil nació en una familia judía pero laica, ajena a la práctica religiosa cuando era joven, tuvo tiempo de crear su propio mundo interior alejado de prejuicios preconcebidos y de adoptar unos valores admirables como la honradez y la nobleza de corazón. Fue quizás por esos valores por los que se preocupaba y apreciaba tanto a los más desfavorecidos, Weil tomó la decisión de no pertenecer oficialmente a la Iglesia católica, motivada por su deseo de no separarse del destino de los desdichados. Escribía lo siguiente en uno de sus libros más vendidos, A la espera de Dios: “No puedo dejar de preguntarme si no querrá Dios que existan hombres y mujeres que, entregados a Él y a Cristo, permanezcan, sin embargo, fuera de la Iglesia. Ningún pensamiento me apena más que el de separarme de la masa inmensa y desdichada de los no creyentes”
Weil siente en su interior el interminable debate entre la fe y la razón, se puede ver en ella la fusión entre la búsqueda de la verdad por medio de la observación y reflexión con la compasión y misericordia que la desdicha de los más pobres crea en su corazón.
Weil en una de sus últimas cartas escribe: “Siento un desgarro que se agrava sin cesar, en la inteligencia y en el centro del corazón a la vez, por la incapacidad en que estoy de pensar juntas la verdad y la desdicha de los hombres, la perfección de Dios, y el vínculo entre ambas”
Está convencida de que el trabajo bien hecho, puede ser una forma de santidad y acercamiento a Dios, piensa en el trabajo como medio para conservar y terminar la gracia de Dios, ya que el trabajo al que nos dedicamos no es más que la misión que nos ha sido encomendada por Dios y es el lugar donde nuestros actos, día a día, son ejemplo de una santificación cotidiana.
En sus últimos años, Weil acoge la búsqueda de los espiritual, pues a lo largo de su vida ha querido ser humilde, vivir como y entre los más pobres. Weil se da cuenta de que la moral religiosa es una moral de esclavos, como decía Nitezsche, pero no le importa, pues ella es uno más. Weil se adentró en un proceso de purificación similar al que San juan de la Cruz explica en sus obras místicas, estas obras las comprende Weil con gran hondura.
Weil comprende a Dios como “no todo poderoso” ya que su creación le ha ido despojando de su ser, pues Dios con todas sus criaturas es menos que Dios solo, renuncia así a su gran poder creando cosas distintas a él y que valen infinitamente menos que él. Este proceso lo denomina Weil como “descreación”.
Por eso el ser humano ha de responder con su propia renuncia a la renuncia fundamental de Dios, por eso, la descreación es la finalidad de la creación, pues una vez se ha descreado por completo, la criatura se reabsorbe y llega a su cumplimiento en el mismo Dios.
La vida de Simone Weil destaca por su exigencia de probidad intelectual,es decir, de unos valores que promueven la integridad de la persona y el afán de conocimiento, unida a la crítica incansable de las formas de poder.
“Desde Marx el pensamiento político y social no había producido en Occidente nada más penetrante y profético” Albert Camus
Simone Weil nació el 3 de febrero de 1909 en París, su familia era judía, su padre era médico, su madre una mujer muy inteligente y su hermano mayor era matemático. Estudió filosofía y literatura clásica y fue alumna de Émile-Auguste Chartier, cuyo pseudónimo era Alain, al colaborar en la revista Libres Propos fundada por él mismo. Es una de las tres mujeres filósofas más importantes del siglo XX, junto con María Zambrano y Hannah Arendt,es la que estuvo más implicada en poner en práctica sus ideas en la educación y en la justicia para lograr una humanidad más sabia y más libre. A los 19 años, ingresó en la Escuela Normal Superior, cuando se graduó empezó a trabajar en numerosos liceos . En 1931, trabajó como profesora de Filosofía y además, en sus horas libres y durante los fines de semana, preparaba cursos a los obreros y mineros. Durante el verano y el otoño de 1934 redactó sus reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social, un ensayo de pensamiento político que siempre consideró su gran obra y su legado. Formó parte de la columna Durruti en España que luchaban contra el levantamiento militar encabezado por Francisco Franco. En 1942, se unió a la Resistencia pero solo pudo llegar a trabajar como redactora al ser mujer. Simone Weil vivió las dos guerras mundiales y la guerra civil española. Por último, en 1943 le detectaron tuberculosis y muere el 24 de agosto de ese mismo año en Ashford.
Era una mujer muy inteligente y audaz y luchó por los derechos de los demás, pero los problemas que tuvo por ser mujer se reflejan sobre todo cuando intenta luchar en el bando de la resistencia y sólo la dejan trabajar como redactora.
Sus obras se encaminan en tres direcciones: una búsqueda continua y apasionada de la verdad, que la llevó a estudiar Filosofía y a interesarse por todas las religiones; una pureza natural que se asombra ante la visión de la belleza del mundo y del arte, en donde intuye la huella de Dios; y también escribió sobre la desgracia de las clases más pobres de la sociedad, que la llevó a luchar para mejorar sus vidas; por lo que pensaba que el trabajo manual debía considerarse como el centro de la cultura y sostenía que la separación creciente a lo largo de la historia entre la actividad manual y la actividad intelectual había sido la causa de la relación de dominio y poder que ejercían los que manejaban sobre los que se ocupaban de las cosas. También pensaba que solo era posible un reformismo revolucionario: los pobres estaban tan explotados que no tenían la fuerza de alzarse contra la opresión y, sin embargo, era absolutamente imprescindible que ellos mismos se hiciesen responsables de su revolución. Por eso era necesario crear condiciones menos opresivas mediante avances para facilitar una revolución responsable, menos precipitada y violenta. Además, defendió la no violencia ("La violencia aplasta a los que toca. Termina por parecer exterior al que la maneja y al que la sufre; nace entonces la idea de un destino ante el que los verdugos y las víctimas son igualmente inocentes, vencedores y vencidos hermanados en la misma miseria. El vencido es causa de desdicha para el vencedor, como el vencedor lo es para el vencido"). Sus reflexiones sobre el poder, la opresión, el pacifismo, la coacción y las razones de la lucha social, así como su pensamiento más metafísico sobre la relación del ser humano con la divinidad, pertenecen hoy al patrimonio de la filosofía occidental("No hay dominio de sí mismo sin disciplina, y no hay más fuente de disciplina para el hombre que el esfuerzo requerido por los obstáculos interiores.Son los obstáculos con los que tropezamos y que debemos vencer los que nos dan la ocasión de superarnos a nosotros mismos")
Después de morir, a esta filósofa se la siguió recordando, ya que sus obras fueron editadas por sus amigos. Una de ellas, Simone de Beauvoir comentó sobre Weil: ("Me intrigaba por su gran reputación de mujer inteligente y audaz. Por ese tiempo, una terrible hambruna había devastado China y me contaron que cuando ella escuchó la noticia, lloró. Estas lágrimas motivaron mi respeto hacía ella”). Entonces, atrajo la atención de filósofos, teólogos,sociólogos, literatos y lectores corriente por la autenticidad, lucidez y pureza de sus escritos. Más de un siglo después de su nacimiento, Simone Weil es un símbolo frente a la cultura mediocre , un ejemplo de coherencia por sus pensamientos y de crítica en contra de una sociedad injusta por lo que sigue provocando una reflexión profunda para entender y buscar soluciones a los grandes problemas que afectan a la humanidad.
Laura Domínguez