En este microrrelato del año 2024, la historia comienza como un pequeño robo durante la cálida infancia de dos amigos que años mas tarde florecerá en un lazo de gratitud eterna.
Cuando tenía 10 años mi amigo Carlos me visitaba constantemente con el pretexto de jugar a las canicas. Siempre lo vi echarse una fruta al bolsillo. Nunca le dije nada. Hoy, lo saludo casi todos los días cuando llevo a mi hijo a la escuela, pasamos por su frutería y nunca nos falta su bendición y alguna naranja o manzana para el camino.
JOSÉ DE JESÚS CAMACHO MEDINA