El 7 de junio de 1987 es una fecha que los huachipatinos difícilmente olvidarán. Aquel día se colocó la primera piedra del Complejo Deportivo, dando forma a uno de los proyectos más ambiciosos en la historia del Club Deportivo Huachipato. Sin embargo, el verdadero punto de partida se remontaba al 2 de octubre de 1986, cuando, en una reunión de directorio, se tomó la trascendental decisión de construir esta gran obra.
Era una apuesta de envergadura. Quizás hubo quienes miraron con escepticismo aquella iniciativa, dudando de que semejante proyecto pudiera llegar a buen puerto. Pero la dirigencia tenía claros sus objetivos: levantar una infraestructura al servicio de los deportistas y de toda la familia acerera. La construcción se realizaría por etapas, tal como se había anunciado, y pronto los hechos comenzarían a dar la razón a quienes habían confiado en aquella empresa.
No transcurrió demasiado tiempo antes de que la primera etapa estuviera en condiciones de ser inaugurada. El proyecto correspondió a Ernesto Luma, quien, con el correr de los años, se convertiría en un gran colaborador del club, siempre dispuesto a corregir, adaptar o flexibilizar los planos cuando los imprevistos propios de una obra de esta magnitud así lo exigían.
Y así, casi como si el propio club hubiese levantado sus mangas para ponerse manos a la obra, se fue formando una verdadera empresa constructora en el seno de Huachipato. Fueron pocos los trabajadores que iniciaron las faenas, pero su número aumentó rápidamente, conforme crecían las exigencias de la construcción. La aspiración de tantos deportistas y dirigentes comenzaba a materializarse: 4.500 metros cuadrados de construcción daban testimonio de una voluntad que no se conformaba con los sueños, sino que trabajaba para convertirlos en realidad.
La magnitud de lo realizado quedó reflejada en el editorial de nuestra revista de junio de 1989, que saludaba con orgullo la nueva infraestructura, próxima a ponerse al servicio de los socios:
«La nueva infraestructura que estará al servicio de los socios en los próximos días confirma que el Club Deportivo Huachipato está en un plano de primer nivel en el concierto deportivo nacional».
Y el escrito continuaba destacando aquellas instalaciones cuya firme y sólida silueta revelaba, en palabras de la publicación, que el deportista acerero poseía «fibra combativa» y una voluntad extraordinaria para aspirar a grandes objetivos. Aquella primera etapa constituía, concluía el editorial, otro motivo de orgullo para quienes habían sido, eran y serían deportistas de Huachipato.
La obra estaba allí, firme, hermosa, radiante. Sus dependencias aguardaban a los gimnastas y deportistas que pronto llenarían de vida cada rincón. Quizás muchos de ellos no alcanzaban todavía a dimensionar lo que sus dirigentes habían sido capaces de emprender. «¡Por Dios... como nos atrevimos!»
Pero Huachipato no se detendría allí. La segunda etapa ya estaba en marcha y sumaría otros 1.500 metros cuadrados, destinados a seguir acogiendo a esa gran familia que crecía al amparo de los colores acereros.
Esta nueva fase contemplaba dependencias administrativas, la Gerencia General, la Gerencia de Fútbol, oficinas de Contabilidad, espacios destinados a las actividades amateurs, secretarías y otras dependencias necesarias para el funcionamiento del club. No se trataba únicamente de ampliar una construcción: también se buscaba fortalecer la organización que sostenía la intensa vida deportiva y social de la institución.
La inversión destinada a esta segunda etapa alcanzó cerca de 77 millones de pesos en 1988, una suma considerable para la época que, actualizada por la inflación, representa del orden de 700 millones de pesos actuales. Una cifra que permite dimensionar la magnitud del esfuerzo económico realizado por el club para consolidar su infraestructura deportiva y administrativa.
Una obra que sigue dando frutos
Han pasado las décadas y aquel proyecto continúa proyectándose en el tiempo. El Complejo Deportivo es hoy parte esencial de una institución que ha sabido hacer de la organización, la participación y el compromiso comunitario algunos de sus principales pilares.
Más de 40 organizaciones internas, entre ellas 15 ramas deportivas activas, 19 clubes seccionales y diversas asociaciones y agrupaciones, mantienen en constante movimiento la vida social y deportiva del club. A ello se suma una comunidad de más de 6.000 socios, respaldada por más de 200 dirigentes y 60 trabajadores calificados, cuyo esfuerzo contribuye diariamente al funcionamiento de esta gran institución.
En sus instalaciones conviven generaciones enteras de deportistas. El gimnasio, las canchas de fútbol, tenis y básquetbol, los espacios destinados al patinaje artístico, el hockey y otras disciplinas conforman un entorno donde el deporte se encuentra con la recreación, la salud y la vida comunitaria.
Lo que comenzó como una decisión de directorio en octubre de 1986, y que tuvo su primera piedra en junio del año siguiente, terminó convirtiéndose en mucho más que una obra de infraestructura. Fue una apuesta por el futuro, una demostración de confianza en los deportistas y una expresión concreta de lo que podía conseguir una comunidad organizada detrás de un mismo ideal.
Porque el Complejo Deportivo no se construyó solamente con cemento, planos y jornadas de trabajo. También se levantó con la voluntad de sus dirigentes, el esfuerzo de sus trabajadores y la ilusión de miles de socios que encontraron allí un lugar propio.
Más que un recinto deportivo, el Complejo es parte del hogar acerero: un espacio donde generaciones han crecido, competido y compartido, manteniendo vivo aquel espíritu que ha acompañado al club desde sus orígenes: trabajo, esfuerzo y comunidad.