A principios de los 2000, los conflictos internos y las diferencias irreconciliables dentro del histórico "Clan Acerero" marcaron el fin de una etapa. Pero donde unos vieron ruptura, otros vieron oportunidad. Así nació una nueva barra con energía fresca, mirada propia y un grito que no tardaría en hacerse notar:"Los Acereros".
Desde el primer bombo, esta nueva hinchada dejó claro que venía con carácter. Con nombres claves como Claudio Verdugo (Q.E.P.D.) y José C., Los Acereros recogieron el legado anterior, pero le pusieron su propio sello: más calle, más aguante, más identidad. Con una actitud aguerrida, frontal y sin miedo a nada, comenzaron a hacerse un nombre en todos los rincones del país donde jugara el acero.
Rápidamente, comenzaron a aparecer nuevos lienzos, murales, banderas y cánticos. Cada trapo pintaba historia. Cada bombo marcaba territorio. En torno a la barra surgieron también los famosos “piños”, pequeños grupos con su propia vibra, pero siempre unidos por lo esencial: el amor incondicional a Huachipato.
Con el tiempo, Los Acereros expandieron su aliento al fútbol femenino y a las divisiones menores. Organizaron viajes, pintaron murales, desplegaron banderas y se creó la "Corporación Los Acereros", que impulsó acciones sociales y el rescate de la historia del club.
En este camino, Los del Cerro se despidieron del panorama acerero. Habían estado presentes desde 1961, casi desde que se construyó el viejo Las Higueras, pero en 2008, tras 47 años de historia, la construcción del nuevo Estadio Huachipato–CAP Acero les cerró la vista privilegiada que por décadas había sido su tribuna natural.
Hoy, desde el CAP hasta cualquier rincón del país, la hinchada acerera sigue cantando con el mismo orgullo que aquella que nació en aquel cerro.