En los albores del fútbol chileno, cuando la pasión aún se escribía en blanco y negro, los hinchas no necesitaban de bombos ni megáfonos para hacerse sentir. Tampoco existían los líderes de barra como los conocemos hoy. Bastaba con el corazón en la garganta y el célebre lienzo “Barra Oficial ____” extendido en la galería para que la afición entera se uniera en torno a los colores del alma.
En esos años, las barras tampoco llevaban los nombres rimbombantes que hoy reconocemos. Simplemente se les conocía como la “Barra Oficial ____”, un título que decía poco, pero que lo significaba todo. Eran tiempos en que la pasión no necesitaba etiquetas, sólo convicción.
La barra estaba compuesta principalmente por adultos: padres, trabajadores, hombres curtidos por la vida, que veían en el estadio un refugio de desahogo y alegría. Era una hinchada más pausada, donde el respeto y la camaradería marcaban el ritmo, tanto dentro como fuera del tablón.
Dentro de ese contexto que nació paralelamente la “Barra José Luis Mendy”, bautizada en homenaje al capitán que alzó la copa en aquel glorioso 1974. Más avanzado en los años se incorporo el"Clan Acerero Juvenil"
Sin embargo, como toda historia de tribuna, también hubo momentos de quiebre. Por diferencias internas, la “Barra Oficial” vio su fin. De aquellas cenizas nacería una nueva agrupación: el "Clan Acerero", que tomaría la posta y comenzaría a escribir su propia página en la historia del aliento.