10 DICIEMBRE
El Aprendizaje Basado en el Juego (ABJ) se ha consolidado como una metodología activa que integra dinámicas lúdicas para promover aprendizajes significativos. En el contexto educativo contemporáneo, caracterizado por la necesidad de mejorar la motivación, la inclusión y la competencia digital y socioemocional, el ABJ emerge como una estrategia eficaz para transformar la experiencia de aprendizaje.
El juego, lejos de ser un recurso accesorio, constituye un medio privilegiado para la construcción de conocimiento, la participación activa y el desarrollo integral del alumnado.
2. Conceptualización del ABJ
El ABJ es una metodología que utiliza el juego como vehículo central del proceso de enseñanza-aprendizaje. Un juego se convierte en recurso educativo cuando se enmarca dentro de un diseño pedagógico intencional, vinculado al desarrollo de objetivos, criterios de evaluación y permite el desarrollo docente de manera adecuada, esto implica intencionalidad, no se trata pues de entretener, el juego es un medio didáctico en si mismo.
Se distingue de otras metodologías afines como:
Gamificación: uso de elementos del juego en entornos no lúdicos.
Juego simbólico: actividad espontánea infantil sin estructura educativa formal.
Juego serio (serious games): juegos diseñados específicamente con fines educativos.
Las bases del ABJ encuentran un sólido respaldo teórico en el enfoque constructivista:
Jean Piaget considera el juego como mecanismo de asimilación cognitiva, fundamental para la construcción de esquemas mentales.
Lev Vygotsky subraya que el juego favorece la creación de entornos de alta motivación dentro de la Zona de Desarrollo Próximo, propiciando aprendizajes que van más allá del nivel de desempeño real del niño.
El juego no solo tiene un valor cognitivo, sino también social y emocional:
Promueve la interacción, la negociación y la cooperación entre iguales.
Refuerza habilidades socioemocionales como la autorregulación, la empatía y la gestión de conflictos.
Favorece la alfabetización digital cuando se integran juegos digitales o híbridos.
Según la Teoría de la Autodeterminación (Deci y Ryan), el juego satisface tres necesidades psicológicas básicas:
Autonomía
Competencia
Relación
Estos factores incrementan la motivación intrínseca, generando aprendizajes profundos y sostenidos.
Las investigaciones recientes en neurociencia educativa muestran que el juego activa redes cerebrales relacionadas con:
la atención,
la memoria operativa,
la emoción,
la toma de decisiones,
la creatividad,
y la dopamina asociada al refuerzo positivo.
La emoción positiva durante el juego favorece la consolidación del aprendizaje a largo plazo.
El ABJ se apoya en elementos que garantizan su eficacia pedagógica:
Intencionalidad educativa: El juego debe estar al servicio de un objetivo didáctico.
Sistema de reglas explícitas: Generan un marco establecido para la acción.
Desafíos progresivos: Mantienen el equilibrio entre dificultad y capacidad del alumnado.
Retroalimentación inmediata: Permite revisar estrategias y ajustar decisiones.
Clima emocional positivo: El error se convierte en oportunidad de aprendizaje.
Contexto narrativo (opcional): Facilita la conexión emocional y cognitiva con la actividad.
El docente no “se limita a dejar que los alumnos jueguen”. Asume roles complejos:
Diseñador de propuestas lúdicas adaptadas al currículo.
Mediador del aprendizaje, asegurando comprensión de reglas y objetivos.
Observador para evaluar procesos, estrategias y actitudes.
Facilitador de reflexión, análisis y transferencia de lo aprendido.
Gestor del clima emocional y social del grupo.
Este rol exige planificación, flexibilidad y capacidad de observación.
mejora la motivación y reduce el absentismo;
favorece la comprensión de conceptos abstractos (matemáticas, ciencias);
incrementa la participación equitativa y la inclusión;
desarrolla la competencia social y ciudadana;
contribuye a la resolución de problemas y al pensamiento crítico;
favorece la persistencia y la tolerancia a la frustración.
actúa como regulador del estrés y como herramienta de cohesión grupal.
El ABJ no es una solución universal. Requiere:
diseño intencional y no improvisado,
equilibrio entre competitividad y cooperación,
adaptación a la diversidad (DUA),
evaluación clara y transparente,
articulación con otros métodos activos.
Existe el riesgo de “jugar sin aprender” si se desliga de la reflexión y la transferencia.
El ABJ se alinea con los enfoques curriculares actuales (LOMLOE):
impulsa metodologías activas,
fomenta competencias clave (lingüística, matemáticas, social y ciudadana, aprendizaje a aprender, digital, personal y emocional),
refuerza criterios de evaluación basados en desempeño,
promueve tareas auténticas.