Villena y su castillo, nombre que le da a uno de los marquesados mas grandes e importantes de la España del siglo XVI, que abarcaba parte de los territorios de las actuales provincias de Alicante y Albacete donde la devoción a San Antón estaba muy extendida y arraigada.
Imagen de la Procesión de San Antón en la víspera de su festividad
La devoción a San Antón no llegó a propagarse por Europa hasta la llegada de sus reliquias a Francia y la fama de santo milagroso que le precedió con las enfermedades infecciosas. Desde allí la devoción popular se divulgaría por toda Europa a la par que la Orden Hospitalaria iba creando hospitales.
En España empezó su fundación por las rutas del Camino de Santiago, para continuar en los lugares principales que se iban reconquistando al Islam auspiciados por los reyes cristianos. Estos necesitaban crear, por un lado, una asistencia sanitaria de cierta calidad y por otro, que fuera capaz de ayudar a asentar el cristianismo, y que mejor manera si hay “milagros” por medio.
Estos lugares se convertían en centros de perenigración y devoción de enfermos de un mal tan generalizado en toda Europa como era el del Fuego de San Antonio (enfermedad de la que se pensaba que su curación era obra milagrosa del Santo), ayudando con esto a aumentar las devociones que tanta falta hacía en los territorios conquistados al infiel.
El trayecto que siguió la devoción hasta instalarse en Cantoria desde Francia, pasa por Tortosa (Tarragona), camino de Valencia continuando hacia Murcia hasta llegar a Almería, conforme iba avanzando la reconquista. Más del 50 % de los repobladores que vinieron a repoblar el Valle del Almanzora y el levante almeriense, territorios que se habían quedado desiertos después de las guerras de las Alpujarras a finales del siglo XVI, eran de Murcia (que a su vez se había repoblado en el siglo XIV con gentes del reino de Castilla, Aragón, Cataluña y Valencia), Valencia, Alicante y Albacete y en especial del marquesado de Villena, cuyo territorio se extendía por gran parte de estas dos últimas provincias. Alrededor del 75 % de las localidades de procedencia de los repobladores tenían una devoción confesa a San Antón, incluido el único extrangero, procedente de Agen, en la región de la Gascuña Francesa, por donde pasa uno de los 4 ramales principales del camino de Santiago y donde la orden hospitalaria tenía varios hospitales en esa ruta.
Y como es natural, con ellos llegaron sus creencias religiosas con sus tradiciones y ritos, que con el tiempo fueron evolucionado e incorporando elementos nuevos, para adaptarse a la nueva realidad que se vivían en esta zona del antiguo reino de Granada.
Es a finales del siglo XVI cuando Cantoria oficialmente contaba con San Antón como patrón oficial, siendo el primero de los tres que actualmente tenemos. Las carretillas y el nuevo patrón San Cayetano vinieron casi dos siglos después, en el XVIII, con una gran oleada de nuevos colonos que llegaron cuando se pacificaron las costas de las invasiones piratas.
Como hemos dicho anteriormente, en el antiguo Reino de Valencia llegó con la reconquista y fue el morellano Francesc Paholach, obispo de Tortosa (Tarragona) que tenía bajo su jurisdición gran parte del antiguo reino de Valencia, quién divulgó en toda la diócesis la fiesta de San Antonio en el sínodo de 1311. Es pues a partir de esa fecha, cuando su devoción se incrementa, dando lugar a que muchas cofradías fundadas en los inicios de la cristiandad valenciana medieval, se acogen a su patronazgo, al que le dedican iglesias, ermitas e incluso topónimos. Actualmente más de 100 poblaciones de la Comunidad Valenciana celebran San Antón, siendo muchas de esas fiestas catalogadas como de Interés Turístico Nacional.