Espiga de centeno afectada por el hongo del Cornezuelo, origen de la infección del Ergotismo o Fuego de San Antón. Hasta que no se descubrió el origen de esta enfermedad, se creía que era un castigo divino.
Ilustración de una serradura de una extremidad en la época medieval por parte de los Antonianos
El ergotismo es una enfermedad causada por la ingesta de alimentos contaminados con micotoxinas, producidas por el hongo conocido como “cornezuelo del centeno”, que contamina el centeno y, menos frecuentemente, la avena, el trigo y la cebada. Durante la edad media el pan elaborado con harina de centeno era el pan de los pobres, por su bajo coste, ya que el de harina de trigo era mas caro y sólo ciertas clases con poder adquisitivo lo podían consumir. Y no se dieron cuenta de que los ricos raramente enfermaban...
Normalmente, los efectos de este envenenamiento son espasmos, calambres, alucinaciones, convulsiones, escalofríos y contracción arterial que puede dar lugar, en los casos mas severos, a la necrosis o muerte de los tejidos y a la aparición de gangrena, que ha de ser frenada mediante amputación. Otros nombres que recibe la enfermedad son “fiebre de San Antonio”, “fuego de San Antonio” o “fuego del infierno”, pues eran los frailes de esta orden los que solían cuidar en hospitales a estos enfermos.
Como hemos dicho anteriormente, el tratamiento de la enfermedad era suministrado por la orden Hospitalaria de San Antón, que se creo a los pocos años de llegar las reliquias del santo a Francia. El remedio consistía en que los canónigos regulares tocaran con su báculo a los enfermos, los cuales peregrinaban hasta algún monasterio de esta orden. La estancia se acompañaba con un cambio en la dieta en los que casualmente no servían pan de Centeno, mejorando los enfermos al poco tiempo. Y a golpe de báculo y restregando reliquias del santo estuvieron mas de seis siglos, con la creencia de que era el mejor remedio y luego resultó que era simplemente dejar de comer pan.
Otro remedio consistía en la peregrinación a Santiago, pues durante ella visitaban los conventos de los antoninos que ya estaban ampliamente instalados por toda la ruta, ganando fama entre los enfermos de ergotismo que acudían en peregrinación obteniendo gran porcentaje de curas.
Exceptuando los casos graves, en los que los antonianos amputaban los miembros necrosados, la explicación del prodigio es bastante sencilla: después de la larga caminata depuradora sin probar harina contaminada, el enfermo peregrino recibía una alimentación sana, buen pan, vino y alguna carne de cerdo. Caminata de vuelta y a casa como una rosa. Pero una vez en sus localidades de origen, volvían a sus antiguos hábitos alimenticios y no era de extrañar que los síntomas volvieran a aparecer.