Mi Trayectoria
¡Hola! Mi nombre es Deiliany Minyety Díaz y estoy emocionada de compartirles un poco sobre mí y mi trayectoria. Me describo como una persona tranquila con un toque de ansiedad, pero siempre amable. Disfruto de experiencias nuevas, aunque a veces me asuste al principio, pero termino disfrutándolas plenamente. Soy espontánea y constantemente estoy generando nuevos proyectos, aunque a veces me cueste terminarlos todos. Me encanta aprender, aunque admito que soy un poco desorganizada con las tareas.
En cuanto a mi personalidad, puedo ser tímida al principio, pero una vez que tomo confianza, no hay quien me detenga, ¡puedo hablar hasta por los codos! Soy una persona empática y siento profundamente las emociones de los demás, lo que me impulsa a querer ayudarlos en todo lo que pueda. La cocina es una de mis grandes pasiones; me encanta experimentar con diferentes recetas y sabores. Además, tengo un amor incondicional por los animales, especialmente por los perritos. La naturaleza también ocupa un lugar especial en mi corazón; disfruto de actividades al aire libre como correr, andar en bicicleta y hacer senderismo, intereses que heredé de mis padres. Me considero una persona alegre y simpática, siempre buscando el lado positivo de las personas y situaciones.
De dónde vengo: Durante el transcurso de mi vida, he vivido en dos lugares diferentes y he estudiado en diferentes escuelas desde la temprana edad hasta la adolescencia. Nací en San Juan, Puerto Rico, pero me crié en Carolina y desde que tengo conciencia siempre he vivido en la misma casa hasta el día de hoy. Cuando tenía 11 años, me mudé a Virginia con mi familia, donde cursé el 6to grado. Sin embargo, solo duramos un año y regresamos. Luego, cuando pasó el huracán María, que en ese momento tenía 17 años, nos mudamos nuevamente a Virginia y allí me quedé dos años hasta terminar la escuela superior en el 2019. Después de terminar la escuela superior regresé a Puerto Rico para estudiar en la IUPI.
Por otro lado, mi trayectoria educativa inició en la temprana edad asistiendo a escuelas maternales, ya que mis padres trabajaban. Eventualmente, entré a la escuela elemental Adventista Metropolitana, donde solo cursé el Kindergarten y primer grado. En esa escuela tuve la mejor experiencia con la maestra de kindergarten, porque ella notó que yo requería más tiempo para aprender las cosas y me sacaba a un lado para practicarlas. Sin embargo, la maestra de primer grado fue la que inició mi trauma escolar, esta señora me hizo sentir bruta y sin valor, cosa que hasta el día de hoy me ocasiona problemas. Además de esto, ella me hizo repetir el grado a pesar de que yo subí mis notas después de haber tomado terapias; incluso resulta que no era yo el problema sino la maestra que no sabía enseñar.
A causa del problema previamente hablado, mis padres tomaron la decisión de cambiarme de escuela y me inscribieron en una escuela Montessori. En esta escuela nueva pude desenvolverme mejor, ya que la forma de enseñar era diferente a la tradicional y se acoplaba con mi forma de aprender. Allí me quedé estudiando desde el primer grado hasta quinto grado. Después de esto ocurrieron unos problemas familiares que resultaron en tener que mudarnos a Virginia, donde hice el sexto grado. A pesar de ser un ambiente e idioma nuevo para mí, la pasé bien y pude fortalecer el inglés. Aparte de esto, tuve maestros estupendos que me ayudaron; de hecho, fue tanto así que terminé en el cuadro de honor y fui estudiante del mes. Luego pasó el año y regresamos a Puerto Rico, donde ingresé a la escuela intermedia del colegio Bautista de Carolina. Mi experiencia en esta escuela se podría describir como un remolino de emociones, ya que me hacían mucho bullying por mi físico y a veces por ser yo. En cuanto a los maestros, todos fueron regulares; no hubo ninguno en particular que me impactó tanto como lo fue mi maestra de kindergarten y los maestros en Montessori.
Pasa el tiempo y a principios de semestre de grado once pasa el huracán María y mi mamá se encuentra sin trabajo y sola, así que decide mudarnos nuevamente a Virginia. No obstante, esta vez decido quedarme con mi abuela, hasta terminar el grado doce, ya que mi mama regresa a Puerto Rico. En efecto de todo lo sucedido me vi afectada emocionalmente, porque estaba lejos de mi tierra, familiares y amigos. Sin embargo, no cambiaría la experiencia que viví en esa escuela; aprendí muchas lecciones valiosas tanto de la vida como educativas. En esa escuela tuve maestros excelentes que no vieron mi situación del lenguaje como una barrera, sino que me empujaron a ser mejor. Además, me abrieron las puertas a nuevas oportunidades educativas como tomar clases extracurriculares de moda, francés y medicina deportiva. También, tuve la oportunidad de participar en atletismo, deporte donde gané varias medallas, prestigiosas menciones y fue el que me ayudó a entrar a la Universidad de Puerto Rico. Al final, terminé graduándome con un diploma avanzado y un buen GPA.
Desde una perspectiva general, recuerdo mi vida escolar como estresante, frustrante y dolorosa. Todo esto se debe a que pasé varias situaciones tanto sociales como educativas que marcaron mi experiencia educativa como negativa. De una forma u otra, los maestros me fallaron, porque ninguno se dio cuenta de que se me hacía complicado aprender de la misma forma que los demás, ya que mi paso era más lento. Por consecuencia, tuve que optar por otras medidas para mantenerme al nivel de mis compañeros, algo que se sentía como hacer doble trabajo. Esto me ocasionaba ansiedad, ya que se me acumulaban los trabajos, principalmente los que tenían que ver con escritura y lectura, cosa que continúa sucediendo. De igual forma, sucedía con las matemáticas que hasta el día de hoy me da pánico la materia, porque no importa cuánto estudie, tome tutoría o pida ayuda, no logro entenderlo y siempre recibo la misma nota desagradable, una C o peor, una F. En el aspecto social de la escuela, en elemental fue una buena experiencia hasta que entré en intermedia. En intermedia tuve amistades, pero muchos compañeros se burlaban de mí. Esto se debía a mis gustos, físico, mi inocencia y al ser "despistada". Debido a estas malas experiencias, mi autoestima se vio afectada. En mi paso por la escuela superior todo cambió, ya mis compañeros no se burlaban como antes y logré hacer amigos. A pesar de que me mudé a los Estados Unidos en grado once y no conocía a nadie, logré hacer amigos y no tuve que pasar por el bullying que sufrí años anteriores. Fue entonces una de las mejores experiencias que había tenido en la escuela, refiriéndome al aspecto educativo y social. En gran parte, mi experiencia fue satisfactoria gracias a mi crecimiento personal; el hecho de haber viajado sola me cambió, me convertí en una persona independiente, segura y sin duda el esfuerzo fue mayor gracias a mi entorno. En esta etapa, el deporte fue mi refugio y ayudó a fortalecer mi autoestima.
¿Qué me motivó a ser maestra?: Cuando era pequeña quería ser pediatra, pero presentaba características de maestra, porque me gustaba jugar a la maestra, organizar y dirigir los juegos. Sin embargo, donde más di a reflejar mi pasión por la educación fue cuando mi hermana mediana fue diagnosticada con problemas del habla y del aprendizaje. En ese momento tomé la dedicación de ayudar a mi hermana a superarse, por medio de pequeñas sesiones donde trabajábamos su pronunciación, vocabulario e identificación de objeto. Para mí era divertido crear los materiales que utilizaba para enseñarle a mi hermanita, de igual forma encontraba satisfactorio ver como todo lo que hacía por ella daba fruto y se notaba que estaba aprendiendo. Durante este evento fue que me di cuenta de mi talento y fue el evento que me empujó a querer ser maestra de Educación Especial.
Aparte de lo dicho previamente, tuve diferentes acontecimientos que influyeron en mi decisión por el magisterio. Tales como, mi experiencia escolar y mi amor hacia la pedagogía. Los sucesos por los cuales pasé durante mi travesía académica originaron en mí la necesidad de querer ser educadora. Esto se debe a que en un momento dado durante la escuela superior tomé conciencia de lo mal que está el sistema educativo y que quizás al yo educarme en la pedagogía podría hacer algún cambio. No solo eso, también quería salvar a otros niños de la misma situación que yo pasé al no ser diagnosticada y tener que trabajar doble para estar al nivel de mis compañeros. Por otro lado, la devoción que siento por la pedagogía y el magisterio se fue desarrollando desde mi niñez hasta la actualidad, puesto que me gusta aprender sobre el desarrollo humano tanto físico como cognitivo.
Aspiraciones y metas profesionales: Aunque mi énfasis es PEA, he aprendido sobre otras condiciones especialmente sobre el autismo. Que con el transcurso del tiempo se ha convertido en otra pasión de la que deseo continuar aprendiendo a través de certificaciones. También me inspiro en el hecho de que soy niñera de una niña con autismo. Aparte de esto, tengo planes de continuar instruyéndome y tomar la certificación de terapista educativa para luego hacer una maestría en terapia ocupacional. Actualmente estoy en mi quinto año de Universidad con un semestre para terminar. A un lado de la Universidad he tomado tres certificaciones para suplementar lo que he aprendido hasta ahora. Estas certificaciones son de autismo, educación emocional y neuroeducación. En un futuro me visualizo teniendo mi propio centro de terapias y quizás hasta mi propia escuelita para niños con condiciones especiales.
En resumen, mi trayectoria personal y educativa ha sido un viaje de autodescubrimiento y superación. Desde mi nacimiento en San Juan, Puerto Rico, hasta mi mudanza a Virginia y regreso a mi tierra natal, he enfrentado desafíos que han forjado mi resiliencia y determinación. A lo largo de los años, he convertido mis experiencias en una pasión por la educación especial, motivada por el deseo de ayudar a niños que, como mi hermana, enfrentan dificultades en su desarrollo. Mis estudios universitarios, certificaciones en autismo, educación emocional y neuroeducación, y la niñera de una niña con autismo, son hitos que fortalecen mi compromiso con el campo educativo. Con la visión de establecer mi propio centro de terapias y escuela, estoy decidida a impactar positivamente las vidas de aquellos con necesidades especiales, fomentando un entorno inclusivo que inspire el crecimiento y la realización personal.