Domingo 24 de Junio de 2007
A las 8 de la mañana ya estábamos en la puerta del hotel con los equipajes pues vamos en autocar a Hoi-An, parando en varios puntos. La primera parada es en el Paso de Hai Van, conocido como el Mar de Nubes, uno de los puntos más altos de Vietnam y desde el que se ve la bahía y la playa de Danang y otras playas de Mar de China.
Durante la Guerra de Vietnam este sitio fue considerado un punto estratégico, siendo ocupado por los americanos y como testimonio de su estancia queda los restos de un búnker. Las vistas que se ven son espectaculares pero el agobio de las vendedoras de baratijas te hace desistir de su contemplación. Estas a todos los hombres que tengan un poco de barriga les pasan la mano por ella y les llaman buda.
La siguiente parada ha sido en Da Nang para visitar el Museo Cham que contiene la mejor colección escultórica de la cultura Cham, vigente de los siglos IV al XIV, que existe en el mundo. Hay, sobre todo, esculturas de dioses y seres mitológicos trabajadas en piedra arenisca.
El Museo, al menos la parte que hemos visitado, tiene techo pero no paredes y está en medio de un jardín con lo que la visita se hace fresquita y agradable.
Seguimos hacia Hoi An pero antes volvemos a parar en las Montañas de Mármol. Nos dicen que hay muchos escalones para llegar a la cima así que nos quedamos todas la mujeres menos Conchita que no coronó la cima y, de los hombres, no sube Jesús. Los aventureros que pegan la gran sudada en la ascensión dicen que la vista merece la pena pero que no compensa.
Los que nos quedamos abajo aprovechamos para comprar algunas figuritas en mármol y el resto del tiempo nos sentamos a la sombra para tomar una cervecita bien fría.
Ya no paramos hasta el Restaurante Nam Long, ya en Hoi An. Es precioso. Por delante tiene unos jardines muy bien cuidados y por detrás una gran terraza y jardines que dan al río Thu Bon. El local tiene mucha madera muy trabajada. Además hemos comido muy bien. En los postres había lichis y rambutanes, ambas frutas, junto con la de la pasión y la del pan, típicas de Vietnam.
Nada más terminar de comer, la visita cultural. Lo primero un centro artesanal estatal que funciona como una especie de escuela de formación profesional. Nos han mostrado como se hacía la seda, todo el proceso, empezando por los gusanos. El periodo de aprendizaje de bordado es de 6 meses y en hacer una mantelería bastante sencilla invierten 15 días de trabajo dos personas. También había cuadros bordados y madera tallada. En el piso superior había ropa donde también podías encargar que te la hicieran en 24 horas. La gente se ha encargado cosas, nosotros una camisa para Enrique y otra para Quique. Nos dicen que mañana por la mañana llevarán los encargos al hotel.
A las 4,30, con toda la solanera, salimos hacer la visita turística imprescindible de la ciudad.
Vemos el Puente Japonés, cubierto y de madera, construido por los comerciantes japoneses en el siglo XVI. Es muy original pues su suelo está curvado y su techo está finamente decorado.
Luego visitamos la casa de un comerciante en la que confluían las influencias chinas, japonesas y vietnamitas. Nos han invitado a té. Yo creo que no merece la pena ser visitada.
A continuación entramos en el Templo chino de Quan Cong, nombre del héroe al que está dedicado, del S. XVII. Es todavía más colorista y abigarrado que los de origen vietnamita. Los fieles vienen aquí antes de emprender un viaje.
Paramos un momento en el Museo de Cerámica China formado con lo que rescataban de los naufragios sufridos en la zona.
Muertos de calor y de cansancio vamos al hotel, el Palm Garden Resort, que está muy bien pero le faltan muchos detalles teniendo en cuenta su categoría de 5 estrellas. Son muchos edificios de dos pisos con las habitaciones distribuidas en ambos.
Las habitaciones son grandísimas con terraza las del piso de arriba y porche las de abajo.
Estamos muy cerca de una piscina muy grande pero que no cubre por ningún sitio y con un jacuzzi en medio y, unos metros más lejos, está la playa particular del hotel. Todo un lujo.
Primero vamos al mar y el agua estaba un poco más fresca que la temperatura exterior pero luego el agua de la piscina estaba como caldo. Lo que resulta muy relajante es el rato que hemos pasado en el jacuzi.
No hemos podido estar mucho tiempo pues habíamos quedado con Queen para ir a una cena especial que entraba en el precio del viaje. Nos ha llevado a un restaurante que era un barco anclado en cemento y en la proa nos habían puesto una mesa muy bien preparada y aunque nos llegaba cierta brisa han colocado unos ventiladores gigantes que nos han ayudado a pasar un rato muy agradable. La cena muy buena y abundante y el servicio inmejorable. Hasta nos han regalado unos farolillos de colores como recuerdo.
Volvemos al hotel reventados pero aprovechamos para hacer un poco de colada pues en la terraza hay tendederos.
Son las 11, hasta mañana.
Hoy ha sido otro buen día en Vietnam.