(Traducción de la nota "How to Prepare for your Appointment". Sitio web de Ehlers-Danlos Support UK, Autira: Valerie Burrows, fundadora de Ehlers-Danlos support UK. Traducida por Alejandra Guasp, Red EDA, 24/03/2014)
Consultar a un médico puede ser una experiencia abrumadora. Necesitamos ayuda, no queremos que se nos encasille como personas que nos agrada perder el tiempo, y repasamos, una y otra vez, lo que planeamos decir.
Sin embargo, es frecuente que lo que habíamos planeado se salga de carril y raramente terminamos diciendo lo que teníamos pensado decir.
La consulta es una calle de doble mano; el médico puede ayudarte mejor, si vos podés explicarte de la manera más clara y concisa posible (ya que su tiempo y paciencia no son ilimitados).
Si sentís que necesitás más tiempo que el promedio para una consulta, podrías pedirle a la recepcionista que te reserve un turno doble.
Tratá de no irte por las ramas. Describí tus síntomas y comentá, en forma corta y precisa, si pensás que sabés lo que podría haberlos causado.
Mencioná todos los síntomas que tengas; incluso si pensás que pueden no ser relevantes, podrían ser importantes para ayudar al médico a darte un diagnóstico preciso.
Si tenés más de un problema de salud, comenzá por el que más te preocupe/el más importante.
Al momento de la consulta. podés estar nervioso, o quizás alguna pregunta del médico puede desviarte del punto que vos querés exponer. Puede ser muy útil preparar de antemano una lista de síntomas y preguntas que quieras hacer.
Puede ser muy valioso que un amigo o un pariente entre en la consulta con vos, especialmente si estás ansioso o deprimido. Esta persona puede darte apoyo moral y, quizás incluso confirmar que tus problemas son como los comentás.
Esta persona también podría anotar lo que el médico te aconseja, ya que a veces puede ser difícil recordar todo lo que escuchaste una vez que dejás el consultorio.
Algunos pacientes ven que el médico es más considerado con sus respuestas si está presente una tercera persona.
Hacé preguntas si no estás seguro de lo que el médico te está diciendo, o si querés que te de más detalles.
Es importante que estés consciente de todos los hechos y que comprendas todo lo que te está diciendo.
Puede no haber un tratamiento o droga específicos que te ayuden con tu problema, pero no te des por vencido.
Preguntale a tu médico cómo manejar este problema y como evitar que empeore.
Podría ayudarte, por ejemplo, usar una férula, hacer ejercicio suave, como la hidroterapia, o incluso cambiar la manera en que hacés una tarea.
Podés haber escuchado que otra persona en tu grupo de apoyo hizo un tratamiento que lo ayudó; prepárate para mencionárselo a tu médico, ya que podría ser que a él no se le hubiera ocurrido sugerírtelo.
Si estás viendo a un médico nuevo, ya sea clínico o especialista, por primera vez, llevale un resumen de tu historia clínica (ver más abajo: "Preparando tu historia clínica").
No siempre es fácil recordar todas las operaciones/fechas de tratamientos, etc. y esto le permitirá a tu médico ver en una ojeada tus antecedentes médicos, en lugar de tener que leer todo lo que está en tu historia clínica.
Tené a mano los nombres (y si los tenés), las direcciones y los teléfonos de otros médicos que hayas consultado. Si el médico quiere contactar con ellos, con una lista le resultará más fácil hacerlo.
Llevá a tu consulta bibliografía relevante sobre el SED; tu médico puede no tener conocimiento profundo sobre el SED y sobre su complejidad.
Si no llevás información provista por una fundación/asociación, asegurate de que venga de una fuente confiable.
Preparate para que el médico esté dispuesto a quedarse con la información que lleves.
También es bueno tener a mano copias de bibliografía sobre el SED, en caso de que surja alguna emergencia.
Quizás sientas que tenés que cambiar de médico. Esto puede deberse a algo tan “simple” como discrepancias de personalidad. Si hay más de un médico en el centro de salud, pedile a la recepcionista un turno con otro médico para tu próxima consulta. O podrías intentar buscar un médico en otro centro de salud.
Quizás este nuevo médico sea la persona que estás buscando.
Tu médico puede sentirse en desventaja; se convirtió en médico con el deseo de “hacer sentir bien a la gente”, y para el SED no hay cura.
Asegurale a tu médico que no esperás milagros, pero que apreciarías su apoyo para que tu día a día sea lo más libre de dolor que sea posible.
También es poco realista esperar que tu médico esté absolutamente familiarizado con el SED; este es un nombre paraguas para una enfermedad con varios tipos, que difieren en síntomas y severidad. Dale información sobre el SED a tu médico.
Tratá de manejar tus emociones; podés sentirte incomprendido, enfadado o muy molesto, pero es difícil controlar la situación cuando tus emociones te dominan. Nuevamente, aquí es donde un amigo o pariente comprensivo puede ayudarte asistiendo a la consulta con vos.
Esforzate por entablar una buena relación con tu médico. Esto va a ser beneficioso para vos!
Si luego de considerarlo cuidadosamente, no te sentís contento con la ayuda y apoyo de tu médico de cabecera, pedí ver a un especialista, pero recordá que tu médico de cabecera siempre es tu primera opción de contacto y que deberías esforzarte para obtener su ayuda y apoyo.
Es recomendable que tengas tu historia clínica actualizada. Esto es útil no solo para ayudarte a recordar fechas y detalles relevantes, sino también en caso de que cambies de médico o veas a un nuevo especialista.
Incluso más importante que esto; si tenés una copia a mano, puede ser información de vital importancia en una situación de emergencia, en el caso de que no pudieras comunicarte en forma verbal.
Anotá las alergias que tengas, incluyendo, por ejemplo, cualquier medicamento que te haya producido efectos secundarios, o apósitos o cintas adhesivas que te produzcan reacciones alérgicas.
Bajo este título anotá la edad a la que te diagnosticaron SED y el tipo que tenés. Luego, escribí en un apartado “Complicaciones”, una lista de las complicaciones que tengas en relación con el SED. Estos podrían ser algunos subtítulos:
En cada uno de estos puntos anotá la información adecuada; por ejemplo, fechas de las cirugías que hayas tenido, de qué tipo de operaciones se trató, si tuviste complicaciones, etc.
Bajo este título, anotá otros problemas de salud que tengas. Podrías usar, si es necesario, los subtítulos del punto anterior. Por ejemplo, en “Cirugías”, podrías anotar “apendicectomía”, la fecha de la operación, y si tuviste complicaciones.
Si corresponde, enumerá tus embarazos, los resultados, y nuevamente, si tuviste complicaciones; por ejemplo, si necesitaste transfusiones de sangre.
Anotá detalles sobre el SED en tu familia, tanto previos como actuales, y también anotá si en tus familiares directos hay antecedentes de otras enfermedades, como diabetes, presión alta, enfermedades cardiovasculares u otras.
En esta sección podés incluir detalles, por ejemplo, sobre el tabaquismo (si fumás, cuántos cigarrilos por día, desde hace cuánto tiempo) y la cantidad de alcohol que bebés por semana. También podrías agregar detalles sobre el tipo de trabajo que has hecho/que hacés, o si actualmente estás imposibilitado de trabajar.
Otros datos que podrías agregar son los referentes a tu familia: si estás o no en pareja, si vivís solo o con tu familia, etc.
Enumerá los medicamentos recetados que tomás, y las dosis y las frecuencias con que los tomás.
Datos de(de los) Hospital(es) donde te atendés y de los profesionales que consultás
Anotá los datos de los centros de salud donde te atendés (dirección, teléfono), y los datos de los profesionales que consultás (por ejemplo, terapista ocupacional, traumatólogo, cardiólogo, kinesiólogo, etc.)