Fecha de publicación: 17-sep-2011 18:59:07
Durante la primera mitad del siglo xx muchos artistas europeos se dedicaron con entusiasmo a constituir movimientos, grupos, o simples camarillas con el fin de ganar visibilidad. Bastaba redactar algún manifiesto desafiante, organizar un salón o exposición o performance y quizás editar una revista ... También era imprescindible contar con un listado de enemigos y otro de amigos, y ojalá uno adicional con los traidores: las adhesiones y antiadhesiones aportaban mucha emoción a esos microespectáculos culturales y mediáticos. Los críticos y el público suelen sentir cierto alivio cuando el arte, a la manera de la política, se divide en grupos fáciles de distinguir y ojalá enfrentados entre sí. Nombres tales como impresionismo, puntillismo, expresionismo, surrealismo, cubismo y otros resultan por lo demás útiles para organizar las lecciones y los libros de teoría del arte. Tal como se nombra a las ciudades en un mapa, los aficionados al arte pueden referirse a grupos como Dadá, Cobra, Blaue Reiter, etc.
En los años inmediatamente anteriores o posteriores a la Primera Guerra Mundial algunos artistas comenzaron a coquetear con la geometría, la abstracción, la máquina y la simplicidad, buscando no tanto una nueva moda o repertorio de formas, sino -así era el espíritu de la época- nada menos que cambiar el mundo. Los comunismos y los fascismos invitaban a revisarlo todo, a empezar de nuevo. En Rusia surgieron los constructivistas y suprematistas. El crítico Nikolai Tarabukin auguró en 1921 la muerte del arte de caballete:
La muerte de la pintura, la muerte del arte de caballete, no significa ni mucho menos la muerte del arte en general. El arte continúa viviendo, no como forma determinada sino como sustancia creadora [ ... ] La maestría productivista se realiza con máquinas, y aquellos que la ejercen son artistas-ingenieros o artistas-obreros en el sentido más amplio de esta palabra.
El arte, al buscar nuevos modos de ser, se acercó a las formas industriales y mecánicas que fascinaron a los creadores de estos años, y que en modo considerable fueron a alimentar la naciente disciplina del diseño. Los futuristas italianos se entusiasmaron con la geometría, con la máquina y con el fascismo, y el régimen de Mussolini les dio su apoyo. En el Manifiesto Futurista de 1909, Marinetti expresaba con su acostumbrado brío que la magnificencia del mundo se ha visto enriquecida con una nueva belleza: la belleza de la velocidad.
En Holanda lo geométrico y esencialista se llamó De Stijl (el estilo). Su principal animador fue Theo Van Doesburg (1883-1931), y en torno a él florecieron o simplemente merodearon personalidades como Piet Mondrian, Gerrit Rietveld, Vilmos Huszar, Jan Wils, J.J.P. Oud o Georges Vantongerloo. Sin la agresividad de los futuristas, el Primer Manifiesto de De Stijl se pronunciaba en contra de lo puramente individual y tradicional.
Si hoy el cubismo, el futurismo o el constructivismo quedan como fenómenos interesantes pero que sólo tuvieron sentido en el contexto de aquellos tiempos agitados, las creaciones de De Stijl, en cambio, mantienen vigencia. Se trata de un movimiento que, más allá de sus panfletos o éxitos publicitarios, quedó configurado en las obras de sus protagonistas, y especialmente en el notable trabajo de Mondrian, Van Doesburg y Rietveld. A través de ellos se reconoce algo del espíritu cívico holandés y de la estética que le es característica. El estilo De Stijl es depurado, severo en los recursos y, sin embargo, amable, casi alegre, siempre liviano en el resultado final. Desde el punto de vista morfológico. De Stijl propone un sistema de cuadrados rectos o inclinados, ocasionalmente en zigzag, utilizando tres colores primarios (azul, amarillo, rojo) y tres no-colores (negro, blanco, gris), siempre aplicados de modo plano, a la manera industrial. Este sistema de formas, muy característico, casi una imagen corporativa, se utilizó indistintamente en el diseño gráfico, la pintura, la arquitectura, o el diseño de muebles. La célebre silla roja-azul de Gerrit Rietveld, aunque no pasará a la historia como artefacto para estar cómodamente sentado, sí ha sido un auténtico emblema de la modernidad.
Mondrian era un maniático del orden: basta ver la foto existente de su mesa de trabajo. Rietveld tuvo un origen de artesano y luego se sofisticó al contacto con los demás integrantes del movimiento. Fascinado por la Bauhaus (a la cual por otra parte criticaba ácidamente), Theo van Doesburg fue a Weimar e instaló allí una especie de sucursal de De Stijl. Se paseaba por la ciudad llevando monóculo, camisa negra y corbata blanca, ante lo cual Itten comentaba con acidez: una camisa negra es señal de un alma negra.
Con la ayuda de su mujer, Doesburg organizó en Weimar un Congreso Constructivista-Dadaísta y se las arregló para impartir clases privadas a varios alumnos de la Bauhaus. Pese a estos esfuerzos no logró ser contratado como profesor. Gropius y Feinnínger, ambos de talante más bien abierto a la diversidad, se mantuvieron cautos en este caso, sea por el dogmatismo del holandés o por su capacidad de ejercer un liderazgo demasiado potente.
Bibliografía:
P. Overy, De Stijl, Thames and Hudson, Londres, 1991.
N. Tarabukin, El último Cuadro, Gustavo Gili, Barcelona, 1977.
M. de Micheli, Las vanguardias artísticas del siglo xx, Alianza, Madrid. 1985.
Ver el manifiesto de De Stijl (HDG)
Mondrian: Plano de composición, 1921
Rietveld: Silla Roja y Azul, 1918
Rietveld: Casa Schröder, 1925 es la única casa construída completamente con los principios de De Stijl.
Rietveld: Silla ZigZag 1934
Theo van Doesburg: Contra-composición simultánea 1929
De Stijl , 1921, Vol. 4, no. 11, Anthologie-Bonset. Una colección de poesía visual por I.K. Bonset (seudónimo de Theo Van Doesburg).
Theo van Doesburg, alfabeto cuadrado, 1919.
La primera cubierta de la revista De Stijl, usada desde 1917 hasta 1920, muestra una imagen abstracta de Vilmos Huszar quien posiblemente diseñó también la revista.
Tomado de TEJEDA, Juan Guillermo; Diccionario crítico del Diseño; Paidós Diseño, Barcelona 2006