Lectura rítmica


Una cosa es comprender un patrón rítmico y otra muy distinta es poder captar y reproducir el gesto rítmico con un sólo golpe de vista. Para tener una buena lectura es muy importante que el ritmo esté tan incorporado que no sea necesario pensarlo en el momento de leer. Pero además hay que entender que el ritmo no es solamente una combinación de duraciones. La lectura rítmica implica tener una sensación clara de la métrica, de los acentos y de las direcciones. No es lo mismo hacer negras en cuatro cuartos con un patrón tésico, que hacerlo con un patrón anacrúsico. Para poder captar estas diferencias lo más importante es que el ritmo se sienta en el cuerpo ya sea bailando o utilizando las manos para marcar la métrica. Durante los cursos de solfeo se hacen diferentes ejercicios para mecanizar la identificación de los patrones rítmicos, pero es muy importante que cada estudiante también trabaje en la asimilación del ritmo a nivel corporal.

El primer elemento que se debe interiorizar es el pulso. Para muchos puede parecer algo obvio e irrelevante, pero un pulso estable y "afinado" es menos común de los que se piensa y por ello es uno de los principales elementos que diferencian a un buen músico de uno mediocre. Por ello es importante hacer ejercicios específicos que permitan afinar progresivamente el pulso hasta tener un buen control. A medida que se avanza en este aspecto, uno se da cuenta de que la percepción del tiempo y de la música cambian: hay una sensación de afianzamiento y de plenitud que facilitan el sentirse adentro de la música. Cuando esto ocurre se puede decir que hay un pulso afinado. Un buen músico debe poder alcanzar esta sensación rápidamente con pulsos a diferentes velocidades. De hecho, un músico con ética profesional, no debería tocar o cantar si no ha alcanzado esta sensación de estar adentro, sincronizado con el pulso.

Lo siguiente que se debe interiorizar, es decir, volver parte del cuerpo, es la sensación de la métrica. No es lo mismo saber que una música está en tres cuartos que sentir la agrupación ternaria. Una métrica es una organización de pulsos que establece unas jerarquías y como tal, tiene unos movimientos y direcciones propias. De la misma forma que es posible familiarizar el oído con la tensión propia de un grado melódico, también es posible familiarizar al cuerpo con la sensación de impulso que genera un antecompás, o con la sensación de llegada que genera un acento en un primer tiempo. Sin embargo es importante entender que la métrica no es algo absoluto, sino que es solamente un patrón de acentos que muchas veces puede estar en contradicción con las duraciones reales del sonido, es decir con el ritmo. Una forma de incorporar la métrica es a través de la marcación tradicional. Aunque para algunos este ejercicio es muy mecánico y puede conducir a una rigidez en el ritmo, esto se puede evitar si la marcación se usa como un pretexto para representar la música corporalmente. La principal ventaja de la marcación es que permite espacializar las jerarquías de la métrica y ayuda a saber de una forma muy intuitiva en qué tiempo se está, cuánto falta para el sigeuinte primer tiempo, etc. Como todos los elementos, la marcación debe mecanizarse por completo o de lo contrario se puede convertir en un obstáculo para la lectura.

Uno de los elementos que ayudan a incorporar la sensación de la métrica y a entender su relación con el ritmo es la subdivisión. La subdivisión se puede entender fácilmente como concepto, pero lo realmente importante es interiorizarla y afinarla de la misma manera que el pulso. Cuando se tiene una subdivisión afinada se puede tener un verdadero control sobre la precisión rítmica y el resultado es una música clara y organizada. Claro está que muchos intérpretes suelen salirse del pulso y de la subdivisión y esto puede obedecer a un fin expresivo. Sin embargo, la diferencia entre un buen músico y uno malo es que el buen músico es el que puede decidir cuándo salirse y cuándo volver, teniendo pleno control de la situación y aún en los niveles más complejos de subdivisión.

Por último, la lectura rítmica no se puede desligar de la lectura de alturas, ya que estas dos dimensiones (horizontal y vertical) son mutuamente necesarias. Muchos estudiantes desarrollan una excelente lectura de ejercicios rítmicos cuando no tienen que pensar en las alturas, pero pierden completamente esa destreza cuando se trata de solfear una melodía. Otros, desarrollan una muy buena habilidad para identificar alturas pero se enredan cuano tienen que pensarlas dentro de un pulso estable. Para esto es importante tener en cuenta que el pulso y la métrica, como se dijo anteriormente, producen una percepción particular del tiempo que es el tiempo musical. Esta percepción pone límites al tiempo real que uno tiene para pensar mientras lee debido a que genera una sensación de presión y de inevitabilidad. En otras palabras, no es posible hacer pausas para pensar mientras se está adentro del pulso. Uno sabe que la música debe continuar, y esa sensación genera desconcentración y ansiedad, o lo que popularmente se conoce como "enzorre". Por ello es recomendabe que todos los ejercicios de alturas, nombres de notas, técnica vocal, etc. se hagan dentro de un pulso, y que todos los ejercicios rítmicos se hagan en lo posible con algún material de alturas.

Una palabra sobre la importancia de la incorporación (de meter en el cuerpo) el ritmo:  como sabemos desde hace rato, el tiempo y el espacio son relativos. Esto quiere decir, entre otras cosas, que el tiempo sólo lo podemos percibir a través del movimiento. Si no fuera por el paso del sol, no podríamos determinar el paso de los días. Si no fuera por el movimiento de las agujas, no podríamos ver pasar el tiempo en un reloj. Esto parece básico, pero es necesario para entender por qué el movimiento corporal es necesario para lograr un pulso estable y un manejo musical del ritmo. Una persona que baila "bien", generalmente se distingue porque muestra movimientos regulares, organizados, controlados pero sin más tensión que la necesaria para hacer el movimiento. De la misma forma, el solfeo requiere de algún tipo de movimiento corporal que permita sentir en el espacio el transcurrir de cada pulso, de cada gesto y de cada frase. La forma más popularizada de espacializar el tiempo y la métrica es la marcación con la mano, con sus formas estandarizadas para cada tipo de métrica. Sin embargo, cualquier otro recurso sirve, siempre que involucre un movimiento corporal oganizado y controlado.
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