Carta 134, del 2 de marzo de 1718, escrita por Juan Bautista de La Salle a su hermano Juan Luis de La Salle, canónigo de Reims
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CARTAS C
Primera Parte:
CARTAS AUTÓGRAFAS - (CA)
Segunda Parte: CARTAS COPIADAS - (CC)
Tercera Parte: CARTAS IMPRESAS - (CI)
CARTAS
Presentación
1. Las cartas que nos han llegado.
San Juan Bautista de La Salle escribió muchas cartas. Millares, sin duda alguna. Pero la inmensa mayoría se han perdido.
Las que conocemos, nos han llegado por tres caminos:
– Las autógrafas, que son 56, y se conservan como verdadero tesoro en los archivos de laCasa Generalicia.
– Otras se conocen a través de la copia que se conserva de ellas en los archivos. Y aunqueno son autógrafas, no hay duda de que reproducen el texto autógrafo, que se ha perdido.
– Otras, en fin, las citan los biógrafos, casi siempre extractando alguna frase o párrafo. Seve que ellos sí dispusieron de los autógrafos de tales cartas y que las tuvieron delante al redactar sus biografías. Pero, lamentablemente, casi todas las fuentes que ellos utilizaron no volvieron al archivo, y se han perdido.
Las cartas autógrafas que conservamos se salvaron, sin duda, porque los biógrafos no las conocieron. Y parece bastante claro, pues realmente no citan ni una sola frase de ellas.
2. El contenido de las cartas
2. El contenido de las cartas.
La mayor parte de las cartas que conocemos tratan cuestiones de dirección espiritual. Corresponden a la respuesta que el santo daba a los Hermanos cada mes, contestando a la carta que le escribían los Hermanos para la cuenta de su conducta, según los Directorios.
Hay algunas que tratan al mismo tiempo asuntos administrativos.
Y son muy pocas las que versan exclusivamente sobre cuestiones de dirección o administración del Instituto.
La mayoría están dirigidas a los Hermanos, pero los destinatarios de algunas son personas de fuera. Cabe subrayar las que tratan de dirección espiritual de personas externas al Instituto, especialmente de religiosas.
De bastantes cartas no se conoce la fecha, el lugar de origen o el destintario. Ni siquiera en las autógrafas aparece siempre la fecha y el lugar de origen.
3. Las ediciones de las cartas
3. Las ediciones de las cartas.
El contenido de las cartas no era conocido, ni siquiera por los Hermanos del Instituto, hasta 1948, en que se reprodujeron fotográficamente las autógrafas.El primer estudio sobre las mismas, aparecido como edición crítica, fue el de Battersby, en 1952, titulado De La Salle, Letters and Documents. Presenta 95 cartas.
El Hermano Félix-Paul, Paul Vandamme, realizó un trabajo sumamente valioso con el texto de 133 Cartas, que se publicó en dos partes. La primera apareció como Circular n.o 335, en 1952, y presenta el texto de las cartas acompañado de algunas referencias históricas o de contenido. Fallecido prematuramente el Hermano Félix-Paul, se publicó la otra parte, que se puede considerar como verdadera edición crítica, en 1954.
En España aparecieron en un solo volumen con el título Las Cartas de San Juan Bautista de La Salle, colección Sínite, n.o 4, Madrid, 1962 (452 pp.). La edición aprovecha y reúne las dos publicaciones francesas del Hermano Félix-Paul, con muy cuidada traducción realizada por los Hermanos Guillermo Félix y Javier Domingo.
El Hermano Saturnino Gallego, en el segundo volumen de Vida y Pensamiento de San Juan Bautista De La Salle, BAC, Madrid, 1986, ha ofrecido el texto de las cartas autógrafas, completado con alguna de las copiadas o de las citadas por los biógrafos. Presenta el texto aparecido en el número 4 de la colección Sínite.
En las Oeuvres Complètes, Roma, 1993, se ofrecen todas las cartas conocidas, clasificadas en tres secciones: autógrafas, copiadas y citadas en obras impresas.
4. La presente edición
4. La presente edición.
Como en las demás obras del santo Fundador, en esta edición española de las Obras Completas, el criterio principal es la fidelidad al texto original francés. Por ello se ha hecho una revisión sistemática del texto publicado en 1962, frase por frase, y ha habido que introducir numerosos cambios.
Dicha traducción, aparecida en el número 4 de Sínite, respeta el sentido del texto francés, pero ofrece en muchas ocasiones una redacción española acomodada, y a veces explicativa, en aras sin duda de la elegancia del lenguaje y de la expresión.
Ahora el estudioso podrá disponer de dos versiones. Por un lado, la de 1962, tal vez más literaria; y por otro, la presente, mucho más ceñida a la terminología y a las expresiones utilizadas en el original francés.
Las Cartas se presentan siguiendo la numeración tradicional usada desde la edición del Hermano Félix-Paul. Pero al final se añaden tablas indicando los destinatarios y las fechas, para facilitar el uso y la consulta.
Siguiendo las Oeuvres Complètes de la edición francesa, también aquí se clasifican las cartas en tres grupos. Y aunque se conserva como sigla única la C (Cartas), seguida del número de la carta, en cada sección usamos el término propio, a saber: «Cartas Autógrafas», «Cartas Copiadas», «Cartas Impresas», con el fin de facilitar la correspondencia con la edición francesa.
Dentro de cada grupo, las cartas se ordenan por números. La localización será fácil mediante el listado que se ofrece a continuación.
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CARTAS C
Primera Parte
CARTAS
AUTÓGRAFAS
(CA)
1711 - H. Anastasio
Al Hermano Anastasio, a 28 de enero de 1711
C 1,1 Aplíquese, carísimo Hermano, por encima de todo, a regirse por motivos de fe, para ejecutar bien sus acciones.
C 1,2 Me alegro mucho de que toda su mira e intención sea cumplir la voluntad de Dios.
C 1,3 Para conseguirlo, esmérese por encima de todo en ser plenamente sumiso y en observar perfectamente las Reglas, pues con ello, particularmente, cumplirá usted la voluntad de Dios.
C 1,4 Dése mucho a la oración y procure hacer todas sus acciones en espíritu de oración. Cuanto más fiel sea en ello, más lo bendecirá Dios.
C 1,5 Entre con frecuencia dentro de sí para renovar y vigorizar el recuerdo de la presencia de Dios.
Cuanto más procure mantenerlo, mayor facilidad hallará para hacer bien sus acciones y cumplir bien sus obligaciones.
C 1,6 Estoy muy contento por la disposición en que me dice se encuentra de realizar todo lo que yo desee de usted.
C 1,7 Pido a Dios le dé con abundancia el espíritu de su estado, y me digo, carísimo
Hermano, todo suyo en Nuestro Señor,
De La Salle. A 28 de enero de 1711.
3. 17.1.1718 - H. Bartolomé
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Al Hermano Bartolomé (Superior general), París, Seminario de San Nicolás de Chardonnet, a 17 de enero de 1718
Mi carísimo Hermano Bartolomé, Superior de la Sociedad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, en la casa de San Yon, barrio de San Severo, en Ruán.
París, Seminario de San Nicolás de Chardonnet, a 17 de enero de 1718.
C 3,1 El Hermano Tomás me ha dicho que se iba hoy.
C 3,2 Me ha pedido le entregase un recibo de las rentas de usted, y me ha pedido que pusiera que esas rentas pertenecen actualmente a los herederos de la Sra. de Louvois; y otro recibo ordinario pocos días antes.
C 3,3 Ruégole no tenga en cuenta esos dos recibos, ni uno ni otro, sino en la medida que sean de su agrado, pues hice una declaración como usted me lo pidió en su último viaje, allá por la Concepción de la Virgen Santa, en la que testifiqué, el pasado día 11 de diciembre, que sus cuatro contratos de renta sobre los arbitrios de la ciudad de Ruán no me pertenecen, ya que en ellos me limité a prestar mi nombre; sino que pertenecen a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la casa de San Yon, sita en el barrio de San Severo, de la misma ciudad, y que el dinero lo suministró Carlos Frapet, llamado Hermano Tomás, a la sazón ecónomo de dicha casa; y en seguida esta declaración, firmada por mí, la puse en depósito en manos del Sr. Berton, procurador de este seminario, quien se hizo cargo de ella.
C 3,4 Respecto a la casa de San Yon, tocante a si habrá de comprarla usted o no, y de qué manera, sobre lo cual solicita mi opinión, no atienda para nada a lo que el Hermano Tomás le pueda decir o dar a entender de parte mía o como mío, sino atienda sólo a lo que le indico en esta carta, y es que no puedo darle consejo sobre ello, y que debe usted consultar a personas más ilustradas que yo, pues es asunto de importancia.
C 3,5 Piénselo muy detenidamente, ya que el asunto no está aún ultimado.
C 3,6 No le aconsejo que pida prestado dinero para comprarla.
Con todo, tampoco le digo terminantemente que no lo haga; puede usted consultar con otras personas sobre este punto.
C 3,7 Creo que lo que usted haga a este respecto siempre estará bien hecho. No conviene que yo tenga parte alguna en todos esos asuntos, pues en cuanto a ellos no soy nada, y usted, como superior, es el dueño.
C 3,8 Tocante a las personas que me indica usted que yo visite, si usted lo quiere, las veré; en este supuesto, tenga la bondad de enviarme que me lo ordena como superior mío y de los Hermanos, e iré inmediatamente, o el primer día de asueto, y les diré que usted me ha ordenado que vaya a verlas.
C 3,9 Le deseo feliz y próspero año y a todos los Hermanos, a quienes saludo.
C 3,10 Soy con todo respeto, carísimo Hermano, su muy humilde y obediente servidor.
De La Salle.
París, Seminario de SanNicolás de Chardonnet, a 17 de enero de 1718.
10. 30.5.1701 - H. Dionisio
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Al Hermano Dionisio, a 30 de mayo [de 1701]
C 10,l Me parece, carísimo Hermano, que no debería preocuparse usted tanto de los pensamientos que le vienen acerca de su estado, pues cuanto más se preocupe de ellos tanto más le molestarán.
C 10,2 Trate de adquirir la mayor aplicación interior que le sea posible, porque sólo ella es capaz de santificar sus acciones.
C 10,3 Procure también que le sea frecuente la santa presencia de Dios, pues ella es el principal fruto de la oración; pero de poco le servirá si no pone empeño en mortificarse y si busca sus comodidades. C 10,4 No es suficiente tener la intención de allegarse a Dios lo más perfectamente que le sea posible; hay que hacerlo en efecto, y eso sólo se logra en la medida en que uno se violenta.
C 10,5 No me sorprende que encuentre muchas dificultades en las Reglas; la costumbre que tiene de observarlas poco es lo que hace que las encuentre así. Si las observara exactamente, hallaría en ellas facilidad y gusto.
C 10,6 También por ese mismo motivo siente usted desgana por la sagrada comunión.
C 10,7 Le ruego que no falte nunca a los recreos. Es asunto de importancia. Sin duda se pasa usted su recreación con el Hermano Claudio, mientras deja solos a los dos Hermanos jóvenes; eso está muy mal.
C 10,8 Mucho me ha complacido su abandono a Dios y su indiferencia respecto a cualquier lugar que sea; pues es también necesaria en nuestra Comunidad. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle, sacerdote.
11. 8.7. - H. Dionisio
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Al Hermano Dionisio, a 8 de julio
C 11,1 Bien lejos estoy de abandonarlo, carísimo Hermano; si no le contesté la última vez al mismo tiempo que a los Hermanos de Ruán, fue porque no tuve tiempo; hubo también otros dos Hermanos a quienes tampoco pude responder, igual que a usted.
C 11,2 No es necesario que compre tela para la sotana; aquí hay una hecha para usted; nada le faltará.
C 11,3 Me alegro de que haya usted sacado de apuro a su padre.
C 11,4 Me disgusta que el Hermano Tomás proceda como usted me indica. Procuraré que cambie de conducta a ese respecto. No es cierto que yo haya escrito al Hermano Tomás lo que usted me señala tocante a las necesidades, ya que le he reprochado el que no diese las cosas necesarias a los Hermanos.
C 11,5 Debería usted tener mucho cuidado en no ser negligente en los ejercicios. No es ése el medio para [que Dios] le bendiga. No hay virtud sin hacerse violencia; y no se trata de tener sólo un ligero tinte de ella; es preciso que la suya sea sólida; y esto no se consigue satisfaciendo y buscando las propias comodidades.
C 11,6 Me agrada que practique usted algunas veces mortificaciones del espíritu y de los sentidos; pero procure practicarlas cuando las ocasiones se presenten.
C 11,7 Sea exacto en el silencio por amor de Dios; es uno de los principales puntos de regularidad.
C 11,8 Aplicarse a la presencia de Dios es práctica de mucha utilidad; sea fiel a ella.
C 11,9 Nada atraerá tanto las bendiciones de Dios sobre usted como la fidelidad a las cosas pequeñas. C 11,10 Ponga esmero, sobre todo, en rezar pausadamente las oraciones, y que se recen del mismo modo en la escuela, pues la atención que se pone en las oraciones vocales es lo que las hace agradables a Dios.
C 11,11 Guárdese de impacientarse con su Hermano; háblele siempre con moderación.
C 11,12 La oración es el sostén de la piedad; esmérese, por tanto, mucho en ella.
C 11,13 Sea exacto en dejar todo, y a cualquier persona, en cuanto suene la campana.
C 11,14 Termine en pocas palabras con las personas que vienen a la puerta de la escuela, para no hacer perder el tiempo a los escolares.
C 11,15 Sea fiel en corregirlos, y más aún a los ignorantes que a los otros.
C 11,16 Es indigno darles nombres injuriosos. Cuide que el respeto humano no le impida obrar el bien.
Es muy indigno dar nombres injuriosos a los escolares; lo cual supone, además, darles muy mal ejemplo.
C 11,17 Ya sabe que no se adelanta en la virtud sino en la medida en que uno se hace violencia; por eso ponga cuidado en hacérsela.
C 11,18 Aplíquese mucho a la mortificación del espíritu y de los sentidos, que para usted son de obligación en su estado.
C 11,19 En la advertencia de defectos no hay que mirar la intención de los demás; hay que mirar, en cambio, el bien que de ella se deriva para usted.
C 11,20 No cabe duda que se pueden observar las Reglas cuando sólo hay dos. Me agrada que procure usted ser exacto en ello. Bendigo a Dios por los buenos sentimientos que Él le da a este respecto.
C 11,21 La mira que tiene usted al hacer sus ejercicios es buena; continúe con ella.
C 11,22 Es gran defecto hacer la lectura espiritual por curiosidad, y no es ése el medio para aprovechar de ella.
C 11,23 Cuando se sienta árido en la oración, humíllese.
C 11,24 Tiene razón en que los afectos particulares entre los Hermanos originan grave daño a la comunidad.
C 11,25 Me alegro mucho de que tenga actualmente un crecido número de niños. Procure mantenerlo.
C 11,26 Cuide del Hermano; que no pegue a los escolares con la mano. Esto es importante.
C 11,27 Ruego a Dios lo mantenga en sus buenas disposiciones y me digo, carísimo
Hermano, todo suyo en Nuestro Señor,
De La Salle.
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Al Hermano Dionisio, a 1 de agosto [de 1708]
C 12,1 Me han apenado mucho, carísimo Hermano, los achaques que usted me dice padecer; habría que intentar buscar algún medio para remediarlos.
C 12,2 Debe usted aplicarse a la oración mental lo mejor que pueda, pues es este ejercicio el que de ordinario atrae las gracias sobre los demás.
C 12,3 Ya sabe que es indigno hablar movido por ira; absténgase de ello. ¿No tenían aquellos guardias derecho a ver lo que usted llevaba?
C 12,4 No debe usted ir a San Yon sino con los otros, los días de asueto; ni tiene usted nada que tratar con el Hermano Hilario ni con los otros Hermanos que están allí.
C 12,5 No se enfade con nadie; eso no es sensato ni cristiano.
C 12,6 Cuide de no ser ligero cuando va usted a los recreos con los Hermanos de Ruán; eso los perjudica.
C 12,7 Bien advierte usted que le es bueno trabajar en morir a sí mismo y a sus inclinaciones.
C 12,8 Vele sobre sí mismo para aceptar de buen grado las humillaciones que le sobrevienen, y eso con la mira de que es Dios quien se las envía.
C 12,9 Para tener verdadera obediencia, carísimo Hermano, hay que estar dispuesto a obedecer a todos los superiores. La dificultad que usted encuentra es porque no ve en ellos a Dios.
C 12,10 Está bien que se esmere en la lectura espiritual. Le será de mucho provecho, y sobre todo para ayudarle a hacer bien la oración mental.
C 12,11 Vele sobre sí mismo para no dejarse llevar de las distracciones en la oración mental; le pueden venir por ser demasiado exterior; ponga cuidado en ello.
C 12,12 Se dice que algunos eclesiásticos lo encontraron a usted solo por Ruán, y que han dicho que no era usted Hermano, sino seglar, al ir así solo por la ciudad; si eso es verdad, hace usted muy mal.
C 12,13 Le ruego que no vaya más a Ruán fuera de los días de asueto; vaya con el Hermano, y derecho a San Nicolás, pues fuera de eso no tiene más que hacer. C 12,14 Ya he encontrado su carta del 21 de abril.
C 12,15 Hizo usted mal al dejar la clase para salir por cosa semejante como la que me indica; le ruego que no le vuelva a ocurrir esto.
C 12,16 Cuando el Hermano le diga o haga algo inconveniente, usted, por su parte, no lo deje traslucir y trate de dominarse; después puede usted escribirme esas cosas.
C 12,17 Una cosa en la que debe trabajar especialmente, es en ser fiel a las inspiraciones que le vienen, cuando tienden a vencerse a sí mismo; es una señal de que proceden de Dios C 12,18 Puesto que el estar con el Hermano Roberto en la ciudad le ofrece ocasión de humillaciones, demuestre en esa circunstancia que las ama, y no siga entonces lo que la naturaleza le sugiere para tratar de eximirse de ellas.
C 12,19 Sea fiel a hacer siempre su lectura y en acostarse a la hora. No falte en eso, se lo ruego; nada puede excusarlo de ello; y que se sea muy regular en el silencio.
C 12,20 Usted necesita entrar con frecuencia en sí mismo; eso le impedirá incurrir en sus defectos.
C 12,21 Haría usted bien en poner por obra la idea que ha tenido de permanecer como en una especie de noviciado, para no atender más que a lo interior; esto sería un gran bien para usted.
C 12,22 Me agrada mucho que desee ardientemente que en todas las cosas se cumpla en usted la voluntad de Dios.
C 12,23 Sea exacto en tener sus recreos. No tolere a niños durante ese tiempo. Para observar bien el silencio ha de tenerse la recreación a su tiempo.
C 12,24 Es necesario que sus escolares no digan nada inconveniente al Hermano.
C 12,25 Procure que sus escolares sean exactos en llegar a la hora, y que acudan los domingos y fiestas.
C 12,26 No deje de cumplir lo que le [recomiendo insistentemente].
Soy todo suyo en Nuestro Señor, carísimo Hermano,
De La Salle. A 1 de agosto.
Al Hermano Gabriel Drolin,
Roma [octubre de 1704]
Al señor Gabrieli Drolini. Roma.
C 14,1 He recibido sus tres cartas, carísimo Hermano; una, de mano del señor De la Bussière; la del 9 de septiembre, por correo; y la tercera, del 16 de septiembre, por conducto del señor párroco de San Hipólito.
C 14,2 Como yo no conozco el valor de la moneda romana, cuando en sus cartas hable de alguna cantidad, especifíquelo según la moneda de Francia.
C 14,3 No sé por qué dice que se ha instalado donde se halla para ahorrar gastos; porque, ¿en qué ahorra, si tal vez habrá que seguir haciéndolos como si no estuviera usted ahí?
C 14,4 ¿De qué le ha servido eso desde que está ahí?
C 14,5 No sé si es que teme usted abandonarse demasiado a la Providencia; no crea que yo lo iba a abandonar.
C 14,6 Dicen que el señor Theodon regresará pronto; no sé qué hay de cierto.
C 14,7 Le envío a usted una esquela para él, en la que le ruego entregue a usted cincuenta libras, con las cuales se establezca usted y atienda a sus necesidades en su establecimiento.
C 14,8 Le ruego que esto lo haga en seguida, pues cuanto más tarde, tanto más avanzará usted en edad, y al final de todo esto, nada.
C 14,9 Después de haber pasado un año, o dos años, en una casa tal como usted está, al final de esto, ¿qué habrá conseguido?
C 14,10 Es preciso que se determine a regresar o a emprender algo concreto donde se halla.
C 14,11 Sin duda usted recibirá esta carta pocos días antes de la Dedicación de San Pedro. Haga una novena para esto, desde la víspera hasta el final de la octava, y después comience alguna cosa.
C 14,12 Fíese más de Dios.
C 14,13 Yo respondo del alquiler de los locales que usted alquile hasta que la Providencia provea a ello.
C 14,14 Hace casi dos años que está usted en Roma; tiene que concluir alguna cosa y vivir según su vocación.
C 14,15 No estoy yo para hacerlo o dejarlo morir a usted de hambre.
C 14,16 El señor Brodart de Retel me ha dejado más de dos mil libras de renta. No las disfruto todavía, porque no será sino después de la muerte de su señora hermana, que tiene ochenta y cinco u ochenta y seis años; aparentemente, no habrá que esperar mucho tiempo.
C 14,17 Somos muy pobres, porque el señor párroco de San Sulpicio ahora nos da poquísimo.
C 14,18 Tenga cuidado, por favor, con esos memoriales que se le piden, no nos vayan a perjudicar; eso es muy arriesgado.
C 14,19 Si pudiera dar la clase donde explica usted el catecismo, sería ciertamente lo mejor.
C 14,20 Lo mejor será que salga usted cuanto antes de donde se halla y que se ocupe según su estado.
C 14,21 Se lo suplico por el amor de Dios.
Soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor,
De La Salle.
15
Al Hermano Gabriel Drolin,
A mi carísimo, mi carísimo Hermano Gabriel, de la Sociedad de las Escuelas Cristianas. Roma. París, 23 de diciembre [1704] .
C 15,1 Como respuesta a su última, carísimo Hermano, le diré que no sé por qué vacila tanto, después de todas mis cartas. Por mi parte, no puedo urgirle más. C 15,2 A usted le tocaría urgirme a mí. Si no pone usted mismo mucha diligencia en esta obra, lo que no manifiesta, no triunfará.
C 15,3 No pretendo que usted no cueste nada; pero pienso, y he pensado, que después de haber comenzado, al cabo de seis meses o un año, a lo más, lo que me parecía mucho, usted no nos costase ya nada.
C 15,4 No creo que deba usted mezclarse en la dispensa de votos del Hermano Gerardo. Es un espíritu de los más inconstantes que yo conozco; no es apto para el mundo y hubiera sido apto para la Trapa.
C 15,5 Estoy muy disgustado por no haberlo dejado en ella. Nunca acaba de saber lo que quiere hacer.
C 15,6 Ya me expuso usted los gastos que tendrá que hacer. Puede comenzar cuando quiera.
C 15,7 Yo le ayudaré en todo lo que pueda; pero me parece que para que la empresa triunfe es necesario que ella salga de usted, y no de mí, y que yo no haga sino secundarlo.
C 15,8 Usted sabe que ya he gastado cuatrocientos francos para usted, de los cuales no veo todavía el resultado.
C 15,9 Haga, le ruego, que esto no sea así en lo sucesivo.
Soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor,
SDe La Salle.
RRuegue mucho a Dios y piense en lo que tiene que hacer.
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Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 11 de febrero de 1705
Al señor,
Señor Claude de la Bussière, para el señor Santenot, en Roma. París, a 11 de febrero de 1705.
C 16,1 Hace mucho tiempo, carísimo Hermano, que no he recibido noticias suyas.
C 16,2 Le ruego nos las envíe y que nos escriba a través de Aviñón, así: «Al carísimo Hermano Alberto, escuelas gratuitas, cerca de San Sinforiano, para el Sr. De La Salle, en Aviñón».
C 16,3 Allí las clases van bien. Tendremos en ellas cuatro Hermanos y vamos a disponer de una casa para alojar a veinte personas.
C 16,4 Yo presenté tres al Sr. Arzobispo de Aviñón, Nuncio extraordinario en Francia, que los recibió muy bien, y con suma bondad les dio su bendición antes de que se fueran.
C 16,5 Le ruego que mantenga todo esto secreto, y que no hable nunca de ello a nadie; e incluso queme esta carta. Habla usted demasiado.
C 16,6 No sé si alguna vez realizará usted algo donde está. C 16,7 Es preciso que sea el Espíritu de Dios y un gran celo los que le guíen, y me parece que no veo en usted lo suficiente ni de lo uno ni de lo otro para una empresa semejante. C 16,8 Bendito sea Dios, y que se cumpla en esto su voluntad.
C 16,9 Dígame si continúa usted en el mismo empleo, y si no busca otra cosa.
C 16,10 Tenga cuidado para no acostumbrarse al espíritu y a los modales del mundo, que deben inspirarle horror, de tal manera que luego tenga dificultad para abandonarlos.
C 16,11 Ruego a Nuestro Señor lo colme de su Espíritu y haga de usted cuanto le plazca.
C 16,12 Cuando tenga que escribirme, no me escriba sino por Aviñón, para que todas sus cartas estén seguras y secretas.
C 16,13 Saludo al Sr. De la Bussière y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 16,14 Le ruego se informe exactamente de qué es el Instituto de los padres de las Escuelas Pías: cuáles son sus Reglas, cuál es su modo de vida y su gobierno; si se han propagado, si tienen un General y cuáles son sus poderes; si son todos sacerdotes, si reciben dinero. Averigüe cuanto pueda sobre ello y mándemelo con todos los pormenores que pueda.
17. 27.4.1705 - H. Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin,
27 de abril de 1705
Al señor,
Señor Claude de la Bussière, para el señor Santenot. Roma. París, a 27 de abril de 1705.
C 17,1 Dicen, carísimo Hermano, que su carta llegó aquí el día de Pascua; yo estaba fuera y la he recibido el sábado siguiente.
C 17,2 Me ha causado mucha alegría, tanto porque hacía mucho tiempo que no había recibido noticias suyas, como porque me dice que por fin ejerce usted las funciones propias de su estado.
C 17,3 Es inútil examinar en qué desaprovechó usted las ocasiones, puesto que no se percató de ello.
C 17,4 Ha hecho bien estableciéndose en un barrio alejado de las Escuelas Pías.
C 17,5 Ha hecho bien al seguir comiendo en casa del Sr. De la Bussière; le ruego lo salude de mi parte.
C 17, 6 También ha hecho bien en no ir allí para nada.
C 17,7 Si necesita algunos libros escolares, como el de oraciones para la escuela, que no sé si lo tiene, y lo hemos hecho reimprimir hace poco, se los podremos mandar fácilmente por Aviñón.
C 17,8 Respecto de lo que me dice de ese maestro de escuela del Papa, siga el parecer del señor Divers.
C 17,9 Más valdría, tal vez, que rezara usted mucho a Dios y que esperase la ocasión más favorable y como venida por sí misma.
C 17,10 Estamos muy lejos de criticarlo; todo lo que yo esperaba con impaciencia era que usted fuese lo que es.
C 17,11 Me extraña que diga usted que nunca se ha sentido bien correspondido de nuestra parte, pues no hay nada que yo no haya tratado de hacer y que todavía no esté dispuesto a hacer para complacerlo.
C 17,12 Bien sé que usted está muy lejos de hacer lo que hizo el Hermano Nicolás, y por eso he confiado tanto en usted.
C 17,13 Todavía no es el momento de apresurarse demasiado en Roma; ya es bastante con que haya usted comenzado.
C 17,14 En Aviñón se ha comprado una casa cómoda para nuestros Hermanos, suficiente para alojar a veinte Hermanos; el Vicelegado los estima y envía a su paje a su escuela.
C 17,15 Quise enviarle a usted al que ha comenzado allí; pero usted no lo ha querido.
C 17,16 El señor arzobispo de Aviñón, que es nuncio extraordinario en Francia, y que me conoce desde que nos establecimos en Aviñón, ha sido nombrado arzobispo de Génova y sale inmediatamente para Roma, donde va a recibir el capelo cardenalicio.
C 17,17 Me dijo que protegerá y favorecerá al Instituto de nuestros Hermanos en todo lo que pueda, y les dio su bendición antes de que se fueran.
C 17,18 Le ruego que procure dejar ese espíritu del mundo al que está usted bastante inclinado, dándose a la oración y a los ejercicios interiores, y frecuentándolo poco. Trabajando por poseer el espíritu de su Instituto lo más que pueda, atraerá con abundancia las gracias de Dios sobre usted.
Todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor,
De La Salle.
1
Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 28 de agosto de 1705
Al señor,
Señor Claude de la Bussière, comerciante, para el señor Santenot. Roma. París, a 28 de agosto de 1705.
C 18,1 Efectivamente, carísimo Hermano, me ha sorprendido no recibir sus noticias desde hace tanto tiempo.
C 18,2 Le ruego que en lo sucesivo me escriba con más frecuencia; convendría, a mi parecer, que lo hiciera todos los meses.
C 18,3 Desde que recibí sus cartas, han fallecido en Chartres, uno tras otro, de púrpura, el Hermano Miguel y el Hermano Santiago. Le ruego pida a Dios por ellos.
C 18,4 Me agrada que ya no esté usted dependiendo de la casa del señor De la Bussière; pero entonces, ¿cómo y de qué vive usted?
C 18,5 Dice usted que no le gusta tener deudas; bueno sería saber si debe algo, cuánto es, a quién y por qué. Nada de eso me indica usted.
C 18,6 No apruebo de ningún modo que aprenda usted latín. Usted bien sabe que eso es contrario a nuestro Instituto; porque es preciso atenerse siempre a su Instituto; de lo contrario, todo se desvirtúa y Dios no nos bendice.
C 18,7 No me gustan esas monedillas del sábado, pues ese tipo de dinero recibido de los escolares, aunque no se aproveche de él, no suena bien en nuestras escuelas.
C 18,8 Si necesita un libro de oraciones, los hemos hecho reimprimir el año pasado, con todas las rúbricas necesarias.
C 18,9 Si necesita algunos más, podremos enviárselos por Aviñón. Con todo, yo creo que se podrían hacer imprimir nuestros libros en Aviñón, donde están aprobados, y después enviárselos.
C 18,10 Debería darme a conocer cómo se explica la doctrina en Roma.
C 18,11 Nuestros Hermanos de Aviñón me dicen, lo mismo que usted, que padecen mucho con los fuertes calores.
C 18,12 Me agrada que actualmente viva con sosiego, y sin visitas, ni activas ni pasivas.
C 18,13 Procure aprovechar bien este tiempo y tan buena oportunidad, y aplíquese mucho a desprenderse de esos aires mundanos, y a adquirir aspecto sencillo y modales y comportamiento que transparenten el Espíritu de Dios.
C 18,14 En cuanto al catecismo, me parece conveniente e importante que lo explique usted en su escuela.
C 18,15 ¿Acaso está prohibido que el maestro explique el catecismo a sus alumnos en la escuela?
C 18,16 No me gusta que nuestros Hermanos den el catecismo en la iglesia; con todo, si estuviere prohibido darlo en la escuela, es preferible que lo hagan en la iglesia a no hacerlo.
C 18,17 Por mi parte, no me gusta adelantarme en cosa alguna, y no me adelantaré en Roma, como en ningún otro sitio. Es preciso que la Providencia vaya por delante, y yo la sigo contento.
C 18,18 Cuando parece que actúo sólo bajo sus órdenes, no tengo nada que reprocharme; mientras que cuando soy yo el que emprende algo, sigue siendo cosa mía, y no espero de ello muy buenos resultados; ni Dios, quien, de ordinario, no le otorga especial bendición.
C 18,19 Se decía que el señor arzobispo de Aviñón, y al presente de Génova, iba a ser nombrado pronto cardenal.
C 18,20 El señor obispo de Vaison pide Hermanos. Usted lo conoce.
Soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 4 de septiembre de 1705
Al señor,
Señor Santenot. Roma.
París a 4 de septiembre de 1705.
C 19,1 La extrañeza que me produce, carísimo Hermano, el no recibir ninguna noticia suya desde hace cinco meses, fue lo que me ha obligado a escribirle a usted, al escribir al señor De la Bussière, por temor de que no hubiera usted recibido mi penúltima.
C 19,2 Yo no sabía cuándo vendría el señor Théodon, y aún no sé si ha llegado.
C 19,3 No sabía que hubiese usted salido de la casa del señor De la Bussière, ni hubiera pensado que usted lo hiciese sin escribirme antes; pues, si al presente me tiene a mí como único recurso, me pone en aprieto; pues estoy en peor situación que nunca estuve en el pasado, para ayudarlo, y mucho menos, al estar siempre muy escaso de dinero.
C 19,4 He instalado nuestro noviciado en una hermosa casa, que había estado ocupada por religiosas, en uno de los arrabales de Ruán; pues nuestros Hermanos tienen actualmente las escuelas de Ruán, donde está el Hermano Ponce; esto hace que me encuentre siempre tan escaso de dinero.
C 19,5 No hubiera debido contraer usted deudas sin tener antes mi consentimiento.
C 19,6 Yo le dije que todo lo que podía esperar de mí, al establecerse, sería el que le ayudara durante seis meses o un año, a lo sumo. Después, me he metido en este asunto de Ruán, que me deja sin nada.
C 19,7 Todo lo que puedo hacer es conseguirle cincuenta francos, vía Aviñón, por medio del señor de Chateaublanc, tesorero del Papa, que ha establecido allí a nuestros Hermanos, que son cinco actualmente y para los que ha comprado una casa.
C 19,8 Puede usted informarse, por el señor arzobispo de Aviñón, en qué lugar de Roma paga el Sr. de Chateaublanc las rentas del Papa, y quién es su corresponsal en Roma.
C 19,9 Se los remitiré en seguida, aunque ello me causará apuros, pues hasta dentro de tres meses no puedo contar con anticipos de dinero; por el contrario, estaré con atrasos.
C 19,10 No se comprometa más sin contar conmigo, se lo ruego, pues me sentiré muy incómodo con las deudas. No quiero ninguna más; nunca las quise ni las toleré en ninguna de nuestras casas, y a nada tengo más repugnancia; por eso, no cuente más conmigo para contraer deudas, porque nunca escucharé la menor propuesta.
C 19,11 En lo tocante a los gastos, quiero ver por delante de mí, y no hacia atrás; no tome nunca ninguna medida ni ninguna determinación sin pedirme antes el parecer; yo le responderé en seguida.
C 19,12 Acabo de recibir su carta; la vía de Aviñón nos resulta muy cómoda.
C 19,13 No sé si el señor arzobispo de Aviñón, actualmente de Génova, es ya cardenal, como me dijeron que habría de serlo en llegando a Roma.
C 19,14 Bien sé que es preferible vivir desasido del mundo, aunque con más aprietos; y me alegro mucho de verlo en esta disposición; pero puesto en ella, o bien hay que abandonarse por completo a la Providencia, o bien, si no se tiene suficiente virtud ni suficiente fe para ello, hay que tomar las debidas precauciones antes de actuar; lo contrario es no obrar ni cristianamente ni con sensatez.
C 19,15 Guárdese bien de dar letras de cambio a nadie sin que yo se lo haya ordenado, porque no las pagaré. Además, actualmente, no estoy en situación de pagarlas, pues tengo que vivir al día. Recibirá usted el dinero sin cambio.
C 19,16 No sé lo que usted entiende cuando dice que trabajará para ver si en breve puede hacer algo por mí. Explíquese, se lo ruego, pues me gusta ver un poco más claro.
C 19,17 Me alegro mucho de que se le haya pasado el sarampión.
C 19,18 El Hermano Alberto me escribe, el 29 de agosto, que el padre inquisidor le ha devuelto todos nuestros libros y que todos los ha aprobado. Cuando conozca yo su dirección, le diré a él que le haga llegar dos, oraciones de la escuela y de la misa.
C 19,19 Hemos hecho reimprimir las de la escuela, con todas las rúbricas, de forma muy útil para los maestros y para los escolares.
C 19,20 Vamos a abrir un establecimiento en Marsella; allí estará el Hermano Alberto hasta después de Pascua; luego se lo podría enviar a usted, para que le ayude un poco a adelantar sus asuntos, si es que no lo están, pues es muy adecuado para ello. En los seis primeros meses hará maravillas.
C 19,21 Pida mucho a Dios por esto, de aquí a entonces, y para que Dios guíe nuestros asuntos en Roma y en otras partes según su santa voluntad.
C 19,22 Creía haberme explicado suficientemente con usted por Navidad.
C 19,23 Tenemos Hermanos en Dijón y en Brest; no sé si se lo he comunicado.
C 19,24 Le ruego que vaya con frecuencia a San Pedro para ser muy sumiso a la Iglesia, y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor,
De La Salle.
20. 28.10.1705 - H. Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin,
28 de octubre de 1705
Al señor Claude De la Bussière para el señor Santenot. Roma. París, a 28 de octubre de 1705.
C 20,1 No sé, carísimo Hermano, si habrá recibido la carta en la que daba respuesta a su anterior. Puse la dirección tal como usted me la había indicado. Escríbame siempre a través de Aviñón.
C 20,2 Le dirijo ésta por medio del señor De la Bussière, para no equivocarme y para mayor seguridad. Déme otra dirección para lo sucesivo si ésta no conviene, o indíqueme dónde reside.
C 20,3 Hace usted bien en esperar la disposición de la Providencia.
C 20,4 Le he escrito que no me contraiga deudas, porque no quiero de ningún modo oír hablar de ellas, y porque no debe usted esperar que pague yo ninguna, ni por letra de cambio ni por otro medio. Nunca quise deudas, ni las quiero en absoluto.
C 20,5 Cuando necesite alguna cosa, hágamelo saber antes.
Usted sabe lo que le tengo ordenado anteriormente; aténgase a ello, por favor.
C 20,6 No debiera usted haber dejado al señor De la Bussiére sino de acuerdo conmigo, y sin saber dónde vivir.
C 20,7 Le comuniqué lo que yo podía hacer; es preciso atenerse a lo que digo.
C 20,8 Quiero ver claro en lo que emprendo.
C 20,9 Dios lo había puesto a usted en casa del señor De la Bussière; hubiera debido quedarse allí hasta haber tenido un empleo con que poder vivir independientemente.
C 20,10 Le comuniqué que podía hacerle llegar cincuenta libras que están en Aviñón, por las cuales, al parecer, no habrá que pagar cambio.
C 20,11 Voy a enviar a Aviñón las oraciones de la escuela, que hemos hecho imprimir con las rúbricas. Desde allí se le podrán enviar algunas.
C 20,12 Al señor Théodon sólo lo he visto una vez, en que se hallaba indispuesto.
C 20,13 En su última me indica que me envía el recibo del señor Théodon. Sin embargo no lo he recibido, ni venía en su carta.
C 20,14 Sería inútil que girase letras de cambio a mi cargo, pues no podría pagarlas.
C 20,15 Bien sé que es cosa ventajosa estar retirado del mundo, pero hay que tener con qué vivir; y, antes de dejar el mundo, hay que saber dónde se conseguirá.
C 20,16 Mi última la dirigí sencillamente al Sr. Santenot; vea si se ha perdido o no.
C 20,17 Vea si Dios manifiesta que aprueba su trabajo, y si le ayuda la Providencia, o si parece que quiere ayudarlo.
C 20,18 Desearía saber en qué barrio está usted alojado.
C 20,19 Ruegue a Dios por nosotros y créame, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
21. 11.2.1706 - H. Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin,
11 de febrero de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Misión, para el señor Santenot, Roma.París, a 11 de febrero de 1706.
C 21,1 Bien he visto, carísimo Hermano, que cuando me escribió la carta anterior, a la que contesto, no era usted totalmente dueño de sí mismo; con todo, yo he procurado no darle ocasión para ello.
C 21,2 Estoy contento de saber por su última, que su disgusto había disminuido; espero que haya desaparecido del todo al recibir mi última.
C 21,3 Hará bien en cobrar lo antes que pueda los cien francos que he depositado para que los cobre.
C 21,4 Respecto de lo que usted me indica sobre mis cartas, le he escrito en dos momentos distintos: 1, durante la etapa en que usted no tenía otra cosa que hacer, sino cuidar de los hijos del señor De la Bussière; 2, durante la etapa en que buscaba montar una escuela, aunque seguía viviendo en su casa.
C 21,5 En la primera temporada, siempre lo insté a que saliera de esa situación, por no considerarla conforme con su vocación.
C 21,6 En la segunda temporada le escribí que debía tener en cuenta que yo no podría ayudarlo más que seis meses o un año; o, no sé si dije, un año o año y medio; pero eso es todo, si es que he llegado a tanto.
C 21,7 Consideré después providencial que el señor De la Bussière lo instase a usted a comer en su casa, porque yo no me encontraba en buena situación para ayudarlo, y actualmente lo estoy menos que nunca.
C 21,8 No debería usted haber salido de esta disposición de la Providencia sin saber si yo lo aprobaba, y si me hallaba en condiciones de sostenerle y por cuánto tiempo, y sin que uno y otro hubiéramos tomado decisiones en firme sobre el asunto.
C 21,9 Sin embargo, haré por usted todo lo que me sea posible, aunque estoy lejos de tener actualmente dinero, y debo casi novecientas libras.
C 21,10 Me da mucha congoja ver lo pobremente que vive usted; dígame, le ruego, qué puedo hacer para remediarlo.
C 21,11 Ya ve la situación en que me encuentro; con todo, la situación en que está usted me parece embarazosa, y mucho lo siento.
C 21,12 Me alegraría saber si algo va mejorando para usted.
C 21,13 Si, con todo, hubiera que pagar el cambio de Aviñón a Roma, prefiero hacer venir aquí los cien francos y pagar la letra de cambio del señor De la Bussière, pues así el cambio no nos costaría nada, y usted tendría los cien francos íntegros. Dígame lo que haya de hacerse.
C 21,14 He tardado en contestarle porque no había prestado atención a la esquela incluida en su carta, y porque creí que mi última le habría tranquilizado.
C 21,15 Desde hace quince días tenemos escuelas en Marsella.
C 21,16 No debe usted pensar en retirarse sin que hayamos tomado medidas de común acuerdo.
C 21,17 Si pasado algún tiempo, no logra usted que la situación mejore, para lo cual hay que acudir únicamente a Dios, dejándole el cuidado, la dirección y la organización, en el verano veré el modo de adoptar medidas para que no se pierda lo ya comenzado y para sacarlo a usted de apuros, y también a mí. C 21,18 Pida mucho a Nuestro Señor por éste y por todos nuestros asuntos, desde hoy a Pentecostés.
C 21,19 Me he enterado de que el señor cardenal de Janson regresa a Francia y que va a ocupar su puesto el señor abate de Estrés.
C 21,20 Le ruego que no escriba, como escribe, a todo tipo de personas. Esa correspondencia de cartas inútiles no es adecuada para nosotros.
C 21,21 Me uno a usted en Nuestro Señor y soy todo suyo, carísimo Hermano, en su santo amor.
De La Salle.
22. 16.4.1706 - H. Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin,
16 de abril de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma.
París, a 16 de abril de 1706.
C 22,1 He recibido, carísimo Hermano, sus dos cartas; una del 23 de febrero y la otra del 2 de marzo, pero la primera no la he recibido por medio del señor De la Bussière, sino por la posta de Francia.
C 22,2 He hecho llegar al señor Théodon la carta que me incluía para él.
C 22,3 Me alegro mucho de que tenga suficiente confianza en el señor Divers para decirle a quién escribe y para qué.
C 22,4 Me cuesta creer que él se haya enterado de la carta al gobernador de Calais relativa a él.
Le ruego que se abstenga de cartas tan inútiles como ésa.
C 22,5 Debería haberme enviado primero la copia de su aprobación para las escuelas, sin esperar a que yo la conociese por otros. Le agradezco que me la haya enviado en su última.
C 22,6 Estoy lejos de molestarme por las cartas que usted ha incluido en las mías; no es eso lo que pretendí expresarle. Quise decir que no escriba ni reciba ninguna de toda esa clase de cartas inútiles, que no son adecuadas para nosotros.
C 22,7 He avisado a Aviñón que paguen la letra de cambio del señor De la Bussière.
C 22,8 Procederé de manera que esté usted contento de mí.
C 22,9 Tenemos Hermanos en Marsella, que han comenzado desde hace poco. En una sola escuela tienen casi doscientos alumnos. Hay escuelas en cuatro barrios, y las tendrán todas en lo sucesivo.
C 22,10 Es de esperar que, al irse acercando cada vez más a usted nuestros Hermanos, al final Dios bendiga y aumente su escuela.
C 22,11 Trataremos de facilitarle los medios y en breve veremos qué se puede hacer a este respecto.
C 22,12 Pida mucho a Dios por nosotros, que bien lo necesitamos. También nosotros le pediremos por usted y trataremos de ayudarlo y de aliviarlo en todo lo que podamos. Todavía un poco de paciencia. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor,
De La Salle
23. 1
Al Hermano Gabriel Drolin,
12 de mayo de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma.
París, a 12 de mayo de 1706.
C 23,1 Hasta ayer, carísimo Hermano, no recibí su carta.
C 23,2 Hace tres días libré una letra de cambio contra los Hermanos de Aviñón para el pago de las cien libras que debía usted al señor De la Bussière. Le remito el recibo para que usted pueda entregarlo al señor De la Bussière y retirar el suyo, que habrá usted de enviarme.
C 23,3 Creí que no había de pagarse cambio alguno sobre esas cien libras; supone cada vez una pérdida importante. Quizás pudiéramos evitarla, o al menos buena parte de ella; hubiera debido usted avisármelo con antelación.
C 23,4 Estoy disgustado de que haya presentado un memorial al limosnero del Papa; no era oportuno.
C 23,5 Puede usted creer, tal como le escribí, que yo no lo había abandonado.
C 23,6 Si no ha conseguido nada, dígamelo cuanto antes, y en tal caso sólo tiene usted que avisar al Hermano Alberto, de Aviñón, que le envíe diez escudos; pero no lo haga en el caso de que haya obtenido algo, pues él se verá muy apurado para pagárselos.
C 23,7 De haber recibido su carta cuatro días antes, no habría librado esta letra de cambio, y habría encargado a Aviñón que le enviasen dinero.
C 23,8 ¿Cree usted que yo quiero dejarlo morir de hambre?
C 23,9 Hay que ver cómo hará usted desde ahora hasta el mes de octubre; en ese tiempo, sin falta, introduciré algún cambio.
C 23,10 Hay que evitar a toda costa que las personas a quienes pertenece su casa lo encarcelen.
C 23,11 Tampoco es conveniente que se dirija usted a su hermana.
C 23,12 La posta sale todas las semanas. ¿Es que no me escribe usted? ¿Por qué ha estado cinco semanas sin escribirme?
C 23,13 Le ruego no vuelva a proceder así, ni a adoptar determinaciones, a menos que en asuntos totalmente imprevistos no pueda esperar mi respuesta. C 23,14 Rezaré y haré rezar mucho a Dios por usted y por sus asuntos. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 23,15 No me ha comunicado usted la fecha de sus patentes. Sólo puso Datum, etc. Le ruego me envíe la copia completa y las firmas.
24
Al Hermano Gabriel Drolin,
21 de junio de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma. París, a 21 de junio de 1706.
C 24,1 Supongo, carísimo Hermano, que desde el 16 de abril, habrá recibido ya dos cartas antes que ésta.
C 24,2 En la primera le decía que libré una letra de cambio en Aviñón al señor Marteau, que no quiso aceptar más que cien libras, aunque le insistí que la tomase de ciento siete libras.
C 24,3 Le envié a usted un recibo que él me dio; y le decía que lo entregase usted al señor De la Bussière, y obtuviera de él otro, con el acuse de recibo de la cantidad que yo he proporcionado al señor Marteau.
C 24,4 He indicado al señor de Chateaublanc que le entregue a usted diez escudos. Le ruego me indique usted por medio de quién y cómo.
C 24,5 No sé qué gastos ha podido hacer usted, y de los cuales siente pesar. Tenga la seguridad de que no dejaré que le falten las cosas necesarias.
C 24,6 Dé la clase tranquilamente, sin ir más lejos. De otro modo, me parece que Dios no lo bendecirá.
C 24,7 Ya ve para qué sirven todos sus memoriales. No hable a Su Santidad; lo echaría todo a perder; habrá que tomar otras medidas; Dios nos dará los medios para ello.
C 24,8 No desaproveche las ocasiones que pueda encontrar, pero no se apresure.
C 24,9 Me decía que usted sólo me pedía el alquiler de la escuela y de la habitación.
¿De qué vive? Guárdese bien de abandonar.
C 24,10 Estoy muy contento de que el señor Fieschi sea cardenal.
C 24,11 El abate de La Trémouille, ¿no es el sacerdote de Noirmoutier que conocí como vicario general en Laon, que es jorobado, y que hace ya tiempo que está en Roma?
C 24,12 Dentro de cinco o seis meses, cuando haya llegado a Roma el Hermano que va de Aviñón, se ofrecerá mejor coyuntura de presentarse por medio del señor Fieschi, que ha sido allí arzobispo, sin hablar de otra cosa, tanto más cuanto que el vicelegado de Aviñón va a ser, o lo es ya, gobernador de Roma.
C 24,13 Pero no me gustan en absoluto todas esas miras humanas, y no son ésas de las que se sirvieron los santos.
C 24,14 Me habla como si yo me mostrara muy duro con usted, y como si no quisiera darle nada. No sé si es porque no recibe mis cartas.
C 24,15 Le he dirigido la última por medio del señor de Chateaublanc, de Aviñón.
C 24,16 No creía yo que su vida fuese tan dura como la señala.
C 24,17 El señor Leroy, que está por estas tierras, me dijo que había comido con usted, y que tenía usted vino en la bodega, y del bueno.
C 24,18 Un sacerdote bretón que ha obtenido un curato y que ha regresado a su país, y que dice que residió varios años en San Sulpicio y que vivió cerca de usted, ha dado a entender en su tierra que, cuando él vino de ahí, usted era diácono. No sé qué quiere decir.
C 24,19 No sé lo que quiere usted decir, cuando afirma que ha entregado una letra de cambio de ciento siete libras al señor De la Bussière, y que ha dado órdenes para el pago de mi letra de cambio, sin indicar a quién hay que dirigirla. Explíqueme lo que entiende por eso. Bien claro está lo que sobre el particular le escribo al comienzo de la presente.
C 24,20 Desde Aviñón me dicen que se ha pagado la letra de cambio de Roma. Vea, le ruego, que no haya ningún enredo en todo eso.
C 24,21 No sé por qué me indica que no le escriba a través de Marsella. Todavía no le he escrito por esa vía.
C 24,22 A mi parecer, mis cartas de Aviñón no deben costarle más que cuatro sueldos, pues eso es lo que cuestan de Roma a Aviñón. Escríbame a menudo.
C 24,23 Pido a Nuestro Señor que lo colme de sus gracias, y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
25
C 25
Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 26 de noviembre de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma.
París, a 26 de noviembre de 1706.
C 25,1 He recibido, carísimo Hermano, su carta fechada el 16 de octubre.
C 25,2 Me parece que no había recibido nada de usted desde el 24 de julio; es mucho tiempo.
C 25,3 Estoy muy pesaroso por el percance que le ha sucedido.
C 25,4 Estoy satisfecho de que haya librado usted una letra de cambio contra Aviñón, pues pedí muchas veces que se le enviase ese dinero. No sé por qué no lo han hecho.
C 25,5 Es verdad que ellos me han indicado que no es fácil encontrar oportunidad y medios para hacer llegar dinero a Roma. Sin duda, le será entregada esa cantidad.
C 25,6 Ha hecho bien al desistir de la diligencia que había hecho para conseguir algo, y siento consuelo de que tenga buen número de escolares. ¿Pero no le habla ningún italiano respecto de la gratuidad de su escuela? ¿Eso no consigue darlo a conocer? ¿Ninguno pregunta de qué vive usted, o quién es el que le permite mantener así la escuela gratuitamente?
C 25,7 No sabía nada del proceso de los señores de San Lázaro.
C 25,8 En efecto, sólo se pagan cuatro sueldos de porte desde Roma a Aviñón, por la posta del Papa. Eso es lo que siempre va consignado en las cartas que recibo de usted. He ordenado que se expida la presente por la posta del Papa; ya me dirá usted el resultado.
C 25,9 Transmita al señor Leroy, parisiense, mis saludos.
C 25,10 Mucho me gustaría saber qué es lo que hizo aquel bretón, que tanto lo ha deshonrado; eso me agradaría.
C 25,11 Conozco al señor cardenal de la Trémouille; es persona buena y sencilla.
C 25,12 He visto por aquí a aquel que fue vicelegado en Aviñón, y que salió de allí en el mes de agosto. Creo que ha regresado a Roma. Es un sacerdote que sentía mucho aprecio por las escuelas de Aviñón.
C 25,13 Le agradezco que me haya dado a conocer detalladamente la distribución de su tiempo.
C 25,14 Rece por nosotros especialmente, en cuanto haya recibido mi carta, y desde el día de Navidad hasta el domingo, día siguiente de Año Nuevo, haga una novena a san Pedro por una necesidad particular urgente y muy importante para la comunidad. Si recibe mi carta más tarde, lo que no creo, al comenzar su novena más tarde, también la acabará más tarde.
C 25,15 Tenemos una casa cerca de donde vive su hermano, y de donde he logrado colocarlo de sacristán, pues peligraba su salvación en el mundo, por ser demasiado débil; ahora lleva vida muy ordenada, es muy sensato, y se confiesa conmigo.
C 25,16 Habitualmente estoy más en esta casa, en la calle de San Honorato, porque tenemos las escuelas de San Roque.
Soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor.
De La Salle
26. 1.4.1707 - H. Gabriel
Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 1 de abril de 1707
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma.
París, a 1 de abril de 1707.
C 26,1 Hace unos ocho días, carísimo Hermano, que he recibido su carta.
C 26,2 He sentido mucho su enfermedad y me alegré mucho porque Dios le ha devuelto la salud.
C 26,3 También yo he estado seis semanas muy indispuesto, sin poder caminar; actualmente me encuentro mucho mejor.
C 26,4 Estaba muy sorprendido de no recibir sus noticias, y esto me preocupaba.
C 26,5 Todavía no he entregado a su cuñado el dinero que usted me indicaba, pero haré que se lo entreguen lo antes que me sea posible.C 26,6 Todavía hay que esperar algún tiempo. Lo que pretendo hacer es enviarle un Hermano hacia el final del verano, pues mucho deseo procurarle más sosiego y facilidad para que se aplique a la oración.
C 26,7 Con todo, no sé qué puede impedírselo.
C 26,8 Bien sé que la mayoría de las ciudades de Italia no son ni grandes ni populosas, y el señor Bonhomme, cuando estuvo aquí, me dijo la razón.
C 26,9 Pida mucho a Nuestro Señor que bendiga su obra.
C 26,10 De nuevo, el Hermano Alberto ha abierto un establecimiento, en Valreas, en el Condado, en la diócesis de Vaison.
C 26,11,1 El señor obispo de Vaison, a quien usted conoce, aprecia mucho a nuestros Hermanos y les ha dado para alojarse su casa de Valreas.
C 26,11,2 Hace poco, el Hermano Ponce ha abierto un establecimiento en Mende, ciudad episcopal de Francia, a la entrada del Languedoc; allí ha caído enfermo.
C 26,12 Pida a Dios por nosotros, y créame, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle. Su última no tenía fecha
Al Hermano Gabriel Drolin,
14 de febrero de 1710
Al señor,
Señor Santenot. Roma.
C 27,1 He recibido con alegría hace pocos días, carísimo Hermano, su carta del 7 de noviembre, que me ha enviado su hermano.
C 27,2 Le he escrito dos cartas, una en el mes de agosto y otra hacia finales de noviembre, y me dice el Hermano Ponce que él mismo las llevó al portador. Dirigí las dos al señor De la Bussière, para que se las entregara a usted.
C 27,3 Si no hay que dirigirlas a él, dígamelo y déme una dirección segura, sea directamente a usted, sea a otra parte; pero, por favor, que no pueda fallar.
C 27,4 Estoy muy contento de que usted tenga actualmente una escuela del Papa; eso es a lo que yo aspiraba.
C 27,5 He indicado al Hermano Ponce que vaya a saludar de mi parte al señor obispo de Cavaillon, si está allí, y que le manifieste mi agradecimiento por sus atenciones con usted.
C 27,6 Para lo sucesivo, habría que procurar que haya otro Hermano más con usted.
C 27,7 Estoy satisfecho de que haya dejado la casa del señor De la Bussière; le escribo para agradecerle el afecto que le ha manifestado a usted y la ayuda que le ha prestado. También le manifiesto que no lo olvidaré y que pediré y haré que pidan a Dios por él y por su familia.
C 27,8 Estoy satisfecho de que haya estado en retiro para tratar de recuperar el espíritu de su estado con más abundancia, y el espíritu de oración. Pediré a Dios que se lo conceda.
C 27,9 Bien sé que es una gran desgracia verse obligado a tratar con el mundo, y es gran beneficio para usted que se haya desligado en buena parte de él. Intente desentenderse también de esos ordenandos.
C 27,10 Puede estar seguro de que no dejo de pedir a Dios por usted.
C 27,11 Me alegro mucho de que disfrute de perfecta salud.
C 27,12 Sé que hay mucho trabajo donde usted se encuentra, y me alegro de que tenga muchos alumnos.
C 27,13 También sé que la corrupción es ahí grande, y que hay que tener atención y vigilancia muy particular sobre sí mismo para librarse de ella; y bendigo a Dios de que hasta el presente le haya hecho la gracia de preservarlo de ella.
C 27,14 Desde que no tengo respuesta suya, me parece, tenemos Hermanos en Grenoble, en Alais, en Mende y en Mâcon.
C 27,15 Pida a Dios que bendiga nuestro Instituto, y créame, mi carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle. París, a 14 de febrero de 1710.
Al Hermano Gabriel Drolin
12 de mayo de 1710
Al señor, Señor Gabriele Santenot. Roma. 12 de mayo de 1710.
C 28,1 Su carta no está fechada. He recibido su última carta, carísimo Hermano, con mucho consuelo.
C 28,2 Dice usted que de mis cartas sólo ha recibido la del 14 de febrero; con todo, le diré que, desde el pasado mes de agosto último o septiembre, era ésa la tercera que le había escrito, y he estado siempre muy preocupado por sus noticias.
C 28,3 Me apena mucho que el no recibir mis cartas haya perturbado su amor a la piedad.
C 28,4 Habría sido muy lamentable que hubiera abandonado usted su escuela, ya que, según parece, hasta el presente Dios la quería.
C 28,5 No hay duda de que habría que dar todos los días el catecismo a sus escolares.
C 28,6 No sé por qué dice que, al estar solo, le resulta difícil hacer que sus alumnos oigan la misa.
C 28,7 La mejor razón que usted me da para tener un ayudante es que usted ya no es joven, y que es el momento de formar a otro en las costumbres del país y en la lengua.
C 28,8 Comprendo bien sus razones en contra, y resulta difícil poner remedio a la primera; en primer lugar porque, sobre todo actualmente que la moneda tiene un precio muy alto en Francia, hay que perder muchísimo en el cambio, y, al correr tiempos tan malos, sería difícil proporcionar desde aquí lo que requiera este gasto. Doce doblones harían aquí, al pago, más de veinticuatro; pero, como me indica usted que eso sería sólo por un año, no hay mucho que examinar.
C 28,9 No sé qué quiere decir usted con que hasta ahora se ha mostrado regular a medias. ¿Es que ha cambiado alguna cosa de su hábito o en su exterior y en qué? Indíquemelo.
C 28,10 Sin duda que si ahí fueran dos, ambos tendrían que mostrarse regulares. Hará bien si habla de eso al secretario del cardenal vicario.
C 28,11 No sé por qué dice que el doblón mensual se le ha concedido sólo en tanto que particular, y no en cuanto maestro de escuela. Me parece que usted había indicado a su hermano que encima de la puerta de su escuela estaba el escudo del Papa, y que su escuela era una de las escuelas del Papa.
C 28,12 Así lo he creído yo desde entonces, y que el motivo por el que usted seguía cerca de los Capuchinos es porque la escuela que usted regenta pertenece a ese barrio.
C 28,13 Sería conveniente que tuviera usted una escuela de ésas y las autorizaciones debidas.
C 28,14 Procuraré enviarle un ayudante en las próximas vacaciones; trate de adoptar medidas para eso.
C 28,15 Le enviaré dos libros de las oraciones de la escuela. Los hay en Aviñón. El Hermano Ponce podría enviarle algunos. Me gustaría que usted le escribiese alguna vez.
C 28,16 Todavía no he pensado yo en ir a Roma, y actualmente no podría hacerlo sino difícilmente.
C 28,17 No dejo de pedir a Dios por usted y por el éxito de sus trabajos.
C 28,18 Estoy apenado de que se haya visto usted obligado a tratar tanto con el mundo. No me cuesta creer que, por ello, su piedad se haya enfriado. Vuelva a entregarse con intensidad a la oración, se lo ruego.
C 28,19 Varias de sus cartas y de las mías han tenido que desaparecer por algún medio.
Yo podría intentar escribir a algún capuchino, para ver si mi carta le llega antes.
C 28,20 Hace ya ocho días que pedí al señor Divers, que vino por aquí, que escribiera para que le hiciesen saber a usted que yo le había escrito muchas cartas, y que estaba preocupado por no recibir noticias suyas. Me dijo que iba a escribir, hoy hace ocho días, y que yo le escribiera a usted directamente.
C 28,21 Ha hecho bien en no entrar donde querían ponerlo; esto habría arruinado todo, y tiene usted razón al decir que los trabajos de ocho años habrían sido inútiles.
C 28,22 No he recibido la carta que asegura haberme escrito por esas fechas.
C 28,23 Lo que el Papa le da viene a ser, entonces, como una especie de limosna; explíqueme lo que hay sobre esto.
C 28,24 Me han comunicado que usted quiso recibir la tonsura; indíqueme qué hay sobre eso. Sabe usted muy bien que eso es contrario a las prácticas de nuestra comunidad.
C 28,25 No es cierto que yo esté hablando con usted a medias; le digo simplemente las cosas tal como las pienso.
C 28,26 Tiene que intentar aumentar el número de sus escolares.
C 28,27 Estoy contento de que vaya, de vez en cuando, a hacer retiros a la Misión.
C 28,28 Me decía usted en su anterior que tenía por lo menos sesenta alumnos.
C 28,29 Me alegro mucho de que se haya separado de sus ordenandos; intente, cuanto antes, separarse del resto.
C 28,30 Pido a Dios que le dé su Espíritu y soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Gabriel Drolin,
Marsella, 24 de agosto [de 1711]
Al señor,
Señor Gabrieli Drolini, maestro de una escuela del Papa, cercana a los Capuchinos. Roma.
C 29,1 Le escribo, carísimo Hermano, por medio del señor conde Miaczinski, hijo del tesorero mayor de Polonia, que va a Roma con un ayuda de cámara para estudiar allí teología.
C 29,2 Aunque es el mayor de su familia, con todo quiere renunciar al mundo y estudiar teología.
C 29,3 Le ruego que, el día que llegue, le busque una hospedería donde esté bien. Es un señor muy piadoso y con quien tengo relación muy especial; le podrá ayudar mucho a usted.
C 29,4 Le he escrito desde Aviñón; supongo que habrá recibido mi carta y que me habrá respondido.
C 29,5 Muy pronto podremos enviarle un ayudante, pero le ruego que no deje el hábito de nuestros Hermanos.
C 29,6 No atienda en nada sobre ese punto a lo que le digan los señores de San Lázaro. Los de París quisieran encontrar el modo de destruir nuestra comunidad. Estoy satisfecho de poder escribirle esto de manera segura.
C 29,7 Le ruego me escriba de vez en cuando, y que actúe de modo que procure en todo el bien de nuestra comunidad. El señor conde podrá ayudarle mucho en esto.
C 29,8 Dígame exactamente cómo van sus asuntos.
Como el Papa tiene seis escuelas en Roma, sería bueno aspirar a que todas ellas pudieran estar atendidas y bajo la dirección de nuestros Hermanos.
C 29,9 Haga cuanto pueda por el señor conde Miaczinski; le será útil a usted y también a nosotros.
C 29,10 Acabamos de abrir escuelas en Versalles, en Boulogne-sur Mer y en Moulins. Pida a Dios que las extienda cada vez más.
C 29,11 Pido a Nuestro Señor que le llene de sus gracias y soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor.
De La Salle. Marsella, a 24 de agosto.
C 29,12 Dígame el modo como le reciba Monseñor el Cardenal de la Trémouille.
C 29,14 He comido con el señor obispo de Cavaillon, a quien he agradecido las atenciones que tuvo con usted.
Al Hermano Gabriel Drolin
[julio de 1712]
Al señor,
Señor Gabrieli Drolini, maestro de una de las escuelas del Papa, cerca de los Capuchinos. Roma.
C 30,1 Hubiera deseado, carísimo Hermano, ir a verlo, y estaba preparado para ir con un tal señor Ricordeau, canónigo de una colegiata de Troyes, que ha ido a Roma, hace un mes; pero me sobrevino aquí, en ese momento, un asunto que, dada su urgencia, retrasó el viaje; sin embargo no ha prosperado.
C 30,2 Me será difícil enviarle un Hermano antes de que haya abierto en esta comarca un noviciado, que voy a iniciar inmediatamente, porque aquí quieren gente de la tierra, a causa de la diferencia que existe entre su lengua y la de Francia.
C 30,3 Tiene usted razón en no acompañar continuamente al señor conde.
C 30,4 Estoy satisfecho de que el señor conde le haya pagado todo.
C 30,5 Dígame si cuando vaya yo a verlo puedo llevar libros para él, y por qué importe, pues no quisiera verme obligado a esperar después el pago.
C 30,6 Tan pronto como el noviciado esté en condiciones, iré a verlo y a platicar con usted.
C 30,7 He respondido sin dilación a todas su cartas, y a las de la partida de bautismo. Le decía que habían respondido que para tenerla se necesitaba saber el año y el día de nacimiento, o al menos el año.
C 30,8 Le contesté a usted esto; ya tiene usted que haber recibido mi carta. Si me lo indica, se lo enviaré en seguida, pues ese registro sólo lo tiene el escribano de la bailía.
C 30,9 Le envío todas las estampas que se han encontrado en la casa.
C 30,10 Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 30,11 Ese señor Ricordeau está en entredicho, no sé por qué. Tal vez por eso ha ido a Roma. Él no me lo ha dicho, pero si yo le he pedido a usted que le ayude es sólo porque él me lo pidió. Si todavía está en Roma, no haga nada por él sino con prudencia.
C 30,12 Yo no le di cartas para otros, sino sólo para usted, aunque él me insistió; pues no quise enredarme, ya que no conocía ni sus asuntos ni sus designios.
31. 16-12
31
Al Hermano Gabriel Drolin, Marsella, 16 de diciembre de 1712
Al señor,
Señor Gabrieli Drolini, maestro de una de las escuelas de Nuestro Santo Padre el Papa, cerca de los Capuchinos. Roma.
C 31,1 Me parece, carísimo Hermano, que no debería haber prestado ni adelantado tanto dinero al señor conde; eso no es conveniente, sobre todo entre nosotros. Es más, no debería haberle prestado nada.C 31,2 Acerca de esto, sólo puedo decirle que la cosa está hecha; a usted le corresponde consultar antes de hacer las cosas, y no después de que están hechas. Si me lo hubiera preguntado antes, le hubiera respondido que no le prestase nada.
C 31,3 Esta es tan sólo la tercera de sus cartas desde la partida del señor Ricordeau, y yo he respondido a todas; a la primera, por medio del señor vicario de San Marcial, de París; a la segunda, por la posta; y ésta es la respuesta a la tercera. He dado respuesta a todas sus cartas desde que estoy en estas tierras.
C 31,4 Pienso aún en enviarle un ayudante, pero no podrá ser sino después de Pascua.
C 31,5 ¿Es verdad que lleva usted una sotana larga y manteo largo, como me ha dicho el señor Ricordeau, que ha regresado en las galeras del Papa?
C 31,6 Si eso es así, ¿qué quiere que haga ahí con usted un compañero? Pues es preciso que los dos vistan igual y lleven el hábito de la comunidad.
C 31,7 Se dice que tiene usted un sombrero muy pequeño. Los señores de San Lázaro no cambian de sombrero en Italia.
C 31,8 Me gustaría que el compañero sirviera para apartarle a usted del trato frecuente con el mundo, y que le alcanzara a él la pensión del Papa.
C 31,9 Yo, en efecto, considero lo que se ha comenzado en Roma, como algo importante, pero hay que esperar a que el noviciado que he comenzado aquí desde hace cuatro meses esté bien asentado, tanto para ir a verle, como para enviarle a alguien, que sea de esta tierra.
C 31,10 Me parece que no debe desentenderse fácilmente del señor conde.
C 31,11 El señor Ricordeau me dijo que le había vendido a usted, por seis testones, un cordón de oro que le había costado más de un luis de oro.
C 31,12 No es hombre en quien se deba confiar mucho. Estaba en entredicho. ¿Ha sido rehabilitado en Roma? Creo que fue allá para eso.
C 31,13 Yo no hubiera querido interesarme por él. Incluso se molestó porque no le quise facilitar aquí cartas; pero no me importaba, ya que él no quiso decirme el motivo por el cual iba a Roma, y sabiendo yo que había sido suspendido por su obispo, a quien estimo y venero mucho. Me parece que alguien me dijo que había celebrado aquí la santa Misa.
C 31,14 También hay un sacerdote, a quien yo he colocado, y que ha vivido algún tiempo con nosotros, que está en entredicho por haber estado en la guerra después de ser sacerdote, y tiene actualmente cincuenta y cuatro o cincuenta y cinco años.
C 31,15 Si solicitase su rehabilitación, sea a través de un banquero, sea por sí mismo, le ruego a usted que declare, donde corresponda, que no se le conceda y que se escuchen antes mis razones.
C 31,16 Es de la diócesis de Ruán. No es bueno, ni para él ni para la Iglesia, que se le rehabilite. Se llama, me parece, señor Celisier; es del mismo Ruán, pues ha cambiado su nombre y ha conservado el nombre de guerra, que es Saint-Georges.
C 31,17 El señor Ricordeau me dijo que hay un maestro de una de las escuelas del Papa que es muy anciano, cuya escuela podría fácilmente obtenerla un Hermano; y que sólo hay en Roma tres escuelas del Papa. ¿Es eso cierto?
C 31,18 También me ha dicho que no llegaban a treinta los alumnos que usted tiene, y que usted no es asiduo en ir a su escuela.
C 31,19 Haría usted bien yendo a explicar el catecismo a los pobres franceses de los dos hospitales que me ha indicado, y sería conveniente continuar esta práctica.
C 31,20 Habla muy mal el señor Ricordeau al decir que los Hermanos de Troyes quisieron pegarse.
C 31,21 Dijo que usted no le había invitado a comer más que una vez, aunque usted aseguró que siete u ocho. Yo sólo le tuve una vez, a la ida, pero ninguna al regreso. Sin embargo, él hubiera querido venir a menudo por aquí con ese fin.
C 31,22 ¿De dónde sale, pues, que hayan hablado de mí a la reina de Polonia?
C 31,23 Mi ida habrá de retrasarse mucho tiempo.
C 31,24 Le ruego pida a Dios por nosotros; y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle. Marsella, a 16 de diciembre de 1712.
C 31,25 El señor conde me pide libros y otras cosas por doscientos francos, pero no puedo llevarle ni enviarle nada si no estoy seguro de recibir el dinero al llegar.
32. 5.12.1716 - H. Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin
San Yon, 5 de diciembre de 1716
Al señor,
Señor Gabrieli Drolini, cerca de los Capuchinos. Roma.
C 32,1 Ha sido muy a pesar mío, carísimo Hermano, el que no le haya escrito desde hace tanto tiempo. Le escribí varias veces sin haber recibido respuesta suya. Creo que ha sido porque mis cartas han sido interceptadas, del mismo modo que sé que han interceptado las suyas para mí.
C 32,2 Desde entonces he tenido muchos asuntos desagradables. Actualmente resido en una casa de un barrio de Ruán, llamado San Yon, donde está el noviciado.
C 32,3 Le aseguro que siento mucha ternura y afecto por usted, y que con frecuencia pido a Dios por usted.
C 32,4 Puede usted escribirme cuando quiera. Espero que el Hermano que está actualmente en Aviñón será fiel en enviarme sus cartas, pues es muy prudente, y yo le responderé.
C 32,5 Desde hace diez meses he estado enfermo en esta casa, en la que resido desde hace un año.
C 32,6 El asunto del señor arzobispo de París causa inquietud entre los obispos. No sé lo que piensan en Roma sobre esto.
C 32,7 He sentido gran consuelo con su última, y la continuidad de su afecto y de su buen corazón me han producido mucho contento.
C 32,8 Le ruego nos informe de cómo van sus asuntos.
C 32,9 Pensaba enviarle en las vacaciones un Hermano que ha estado en Roma y que sabe algo de italiano, que es muy prudente y buen maestro; pero lo hemos destinado a otro sitio, por creer que sus servicios en este lugar eran de mucha trascendencia.
C 32,10 Los Hermanos se disponen a celebrar una asamblea desde la Ascensión hasta Pentecostés, con el fin de ordenar muchas cosas relativas a las Reglas y al gobierno del Instituto.
C 32,11 Le ruego dé su consentimiento a todo lo que se disponga en esa asamblea por parte de los Hermanos principales de la Sociedad.
C 32,12 Supongo que usted continúa con su escuela. Le ruego me comunique cuántos escolares tiene.
C 32,13 Su sobrino vino a verme, y me dijo que quería ser Hermano, que había ido a verle a usted, y que usted iba a hacerse sacerdote.
Como es ligero, le despedí para pensarlo, y no he vuelto a tener noticias suyas desde entonces.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
DDe La Salle. En San Yon, barrio de Ruán, a 5 de diciembre de 1716.
33. 5.51702 - H. Huberto
Al Hermano Huberto,
5 de mayo de 1702
A 5 de mayo de 1702.
C 33,1 Uno de sus primeros cuidados, carísimo Hermano, debería ser aplicarse a la oración y a la clase, pues esas son sus dos principales ocupaciones, y de las que mayor cuenta dará a Dios.
C 33,2 Es preciso, carísimo Hermano, que se deje guiar como hijo de obediencia, que no tiene otra mira sino obedecer, y al obedecer, cumplir la voluntad de Dios.
C 33,3 Ponga mucho cuidado para no servirse nunca de esas expresiones: «quiero», «no quiero», o «es preciso». Son expresiones y formas de hablar horribles, y que sólo pueden alejar las gracias de Dios, que no las concede sino a los que no tienen otra voluntad que la suya; pues no hay otra cosa que conduzca al infierno sino la propia voluntad, como dice san Bernardo.
C 33,4 Cuando tenga penas de espíritu, expóngalas a su director, y verá cómo Dios lo bendice y le concede la gracia de soportarlas por su amor, o de quitárselas.
C 33,5 Ponga mucho cuidado en no dejarse llevar por antojos al actuar, pues tales acciones son aborrecibles ante Dios.
C 33,6 La principal virtud a la que se debe aplicar es la obediencia.
C 33,7 En la oración, abandónese mucho al querer de Dios, y manifiéstele con frecuencia que no desea sino el cumplimiento de su santa voluntad. C 33,8 En su santo amor, carísimo Hermano, soy todo suyo.
De La Salle.
34. 1.6.1706 - H. Huberto
34
Al Hermano Huberto 1 de junio de 1706
París, a 1 de junio de 1706
C 34,1 Mucho consuelo he tenido, carísimo Hermano, al conocer, por su última, que está en la disposición de un total abandono.
C 34,2 No sé por qué está usted con incertidumbres sobre su vocación.
C 34,3 Respecto de los votos, no me corresponde a mí decidir por usted, al respecto; la decisión debe venir de usted mismo. Ya que pide mi parecer, le diré que no veo nada de su parte que pueda poner obstáculo a los mismos.
C 34,4 Hay que seguir la Regla la mañana del jueves, día de asueto.
C 34,5 Nunca se debe leer durante la santa Misa cuando se asiste a ella con los alumnos.
C 34,6 No se deje enredar por las tentaciones y los movimientos de impureza; trate de pensar en otra cosa.
C 34,7 Cuando en la clase se sienta inclinado a la impaciencia, permanezca algún tiempo sin actuar y sin hablar, hasta que haya pasado el impulso.
C 34,8 Tenga cuidado de ser siempre comedido en la escuela; de eso depende mucho el orden en la clase.
C 34,9 Tenga cuidado de que se siga hablando de asuntos edificantes en los recreos y vele para que no se diga en ellos nada inútil.
C 34,10 Tenga siempre alguna mira de Dios en sus acciones; esto es importante para hacerlas cristianamente.
C 34,11 Sea fiel en seguir el método de oración.
C 34,12 Tome las medidas para que el Hermano Clemente se recupere totalmente.
C 34,13 Le ruego que, sin permiso, no se mande hacer nada, ni por recompensa ni por cualquier otra cosa.
C 34,14 Hizo bien en no realizar los encargos que el Hermano Casiano le había dado. Entre nosotros todas esas visitas sobran.
C 34,15 Cuando faltan sólo unos días para la carta del mes, no es necesario escribir, a menos de caso extremo
C 34,16 No es conveniente que el Hermano Roberto vuelva a París.
C 34,17 No hay que arreglar la huerta durante los recreos, si no es que se dedica un [día] a regar; y aun eso puede hacerlo el Hermano sirviente; lo mejor es que cuide la huerta un hortelano.
C 34,18 No hay nada que no deba usted hacer para conseguir que las clases funcionen bien, y particularmente la suya.
C 34,19 Hay que evitar mucho que los Hermanos se junten en ella para hablar.
C 34,20 Tenga la seguridad de que aprecio mucho su alma, y que tendré cuidado de ella; pero en lo referente a una confesión general, las razones que usted me da no son suficientes para obligarlo a ello; lo mejor que puede usted hacer, en efecto, es abandonarse en manos de sus superiores.
C 34,21 Al parecer, usted habla del Hermano Carlos a los Hermanos, pues aluden a él quienes no lo conocen; eso está muy mal.
C 34,22 Las tentaciones de impureza que usted tiene no han de turbar su espíritu; no deben impedirle comulgar.
C 34,23 Propóngame todo cuanto juzgue a propósito tocante al gobierno; yo trataré de ayudarle.
C 34,24 No se deben llevar nunca antorchas, ni en San Martín ni en ningún otro sitio. Si hace un año se hizo, no me han hablado ni escrito sobre ello; dígame quién era el director en ese momento.
C 34,25 No es cierto, en absoluto, que los Hermanos sirvientes no hagan ninguna novena. Si el Hermano Isidoro no las hizo, que haga una.
C 34,26 Siga el parecer del señor párroco de San Pedro, de exigir que los escolares lleguen a la hora, aunque usted deba quedarse con sólo cuatro; y esto, tanto para las otras clases como para la suya.
C 34,27 Le ruego tenga cuidado de que las recreaciones se hagan bien. Usted sabe que reír en ellas con ligereza no es conveniente entre nosotros. La recreación es una de las cosas sobre las que más debe velar; hace bien exigiendo que se observe exactamente la Regla.
C 34,28 No pretendo nada mejor que contribuir a ordenar su interior, dándole consejos según lo que usted me escribe.
C 34,29 Dicen que la clase del Hermano Esteban y la del Hermano Isidoro se deterioran mucho; ponga mucho cuidado en ello, se lo ruego.
C 34,30 Procure que los Hermanos den cuenta de su conducta y de su conciencia.
C 34,31 Dice el Hermano Clemente que le han advertido de que va al comedor fuera de tiempo para comer, que bebe vino de ajenjo, etc. Esas cosas no deben decirse en la advertencia, pues eso no puede hacerse sin orden del Hermano Director.
C 34,32 Es preciso que el trabajo no impida al Hermano Isidoro estudiar el catecismo, pues le es más necesario saberlo que trabajar. También me parece que no es conveniente que trabaje durante el recreo largo de los jueves. C 34,33 Procure que su casa se guíe plenamente según la regularidad. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
35. 30.1.1708 - H. Huberto
Al Hermano Huberto,
30 de enero de 1708
París, a 30 de enero de 1708.
A mi carísimo Hermano,
Mi carísimo Hermano Huberto, en las Escuelas Cristianas, en Guisa.
C 35,1 Me sorprende, carísimo Hermano, que me haya escrito una carta fechada el 24, habiéndome escrito otra el 19, y teniendo que escribirme al comienzo del mes. Ya ve que inquieta usted demasiado su espíritu.
C 35,2 Es cierto que no resulta muy grato permanecer en una casa donde no hay regularidad, pero es preciso que trate de que la haya hasta que yo encuentre el medio de cambiar a los Hermanos.
Ya sabe que la regularidad depende en buena parte de quien gobierna.
C 35,3 Es cierto que el Hermano Alfonso es algunas veces difícil, pero hay que buscar la manera de hacerle más dócil. Indíqueme sus faltas más en particular, y yo procuraré que cumpla su deber.
C 35,4 Me parece que usted habla de manera demasiado poco prudente y demasiado poco sumisa, y es difícil que Dios bendiga tal proceder.
C 35,5 Estoy muy satisfecho de que aprecie la regularidad, y le ayudaré todo lo que pueda a observarla; pero no estoy en situación, ni está en mi mano, el introducir cambios antes de Pascua. Con todo, lo pensaré durante algún tiempo delante de Dios.
C 35,6 El no violentarse en rechazar los pensamientos inoportunos que acuden a la mente, supone grave perjuicio para orar bien.
C 35,7 Me sorprende que después de haberme dicho en su primera carta que se quedaría donde está mientras yo quisiera, y que se ponía en mis manos para que hiciese de usted lo que tuviera por bien, que es la mejor disposición que puede usted tener, me escriba cinco días después todo lo contrario.
C 35,8 Ya tiene que ser usted de espíritu bien inconstante. Como todo ello es tentación, ha de tratar de reconocerlo así y de humillarse por tal debilidad; y que el conocimiento que adquiera de ello, le lleve a tomar la resolución de no seguir nunca los arrebatos de su espíritu, lo cual es muy importante para usted.
C 35,9 Recurra mucho a Dios y encontrará que Él le va a ayudar, tanto para la regularidad como para la sumisión, y también para la estabilidad de su espíritu; cosas todas ellas que debe usted tratar de adquirir y pedir mucho a Dios.
C 35,10 Es preciso que yo colabore con usted, y que usted intente vivir de modo distinto al que vive; sobre todo haciendo mejor la oración y siendo muy asiduo a los ejercicios, ya que eso es a lo que más debe aplicarse y lo que ahora tiene descuidado.
C 35,11 Si hay que ir a algún sitio, envíe a un Hermano y permanezca usted en su puesto en los ejercicios; déme cuenta de cuántas veces se haya ausentado y por qué motivo, sin falta, se lo ruego, en la carta del mes; pues el principal cuidado que debe tener quien gobierna es ser el primero en todo.
C 35,12 Va usted a la cocina a charlar con el Hermano Alfonso. De ahí nace la familiaridad y el poco respeto que le tiene. Me informa usted de las cosas a medias. Si hay que ir a la cocina, envíe a un Hermano, y permanezca usted en el ejercicio.
C 35,13 No tendrá orden en su clase sino en la medida en que usted se mantenga sin moverse y sin hablar. Cuídese mucho de pegar a los escolares, tanto con la mano como con cualquier otra cosa.
C 35,14 Es también falta muy notable reír durante las comidas. Cuando usted ha cometido semejante falta, capaz de escandalizar, ¿se ha acusado? Bien sabe que, según la Regla, no debe dejar de hacerlo.
C 35,15 No sé si ustedes recitan las oraciones vocales tan reposadamente como se recitan aquí. Eso es importante para asegurar la atención en ellas.
C 35,16 Si el Hermano Antonino no tiene confianza en usted, es porque no le atrae suficientemente con su compostura, gravedad y regularidad. Usted no es suficientemente comedido ni regular, y eso sólo le atrae el menosprecio de los demás.
C 35,17 Rece mucho por la regularidad de su casa y por sus Hermanos cuando no cumplen con su deber o tienen alguna pena, para pedir a Dios las luces necesarias para que usted se comporte debidamente en tales ocasiones.
C 35,18 Ruego a Dios que le conceda la gracia de edificarlos mucho, y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
36. 18.4.1708 - H. Huberto
Al Hermano Huberto,
18 de abril [de 1708]
C 36,1 Respondo a sus dos cartas, carísimo Hermano, la última de las cuales acabo de recibir.
C 36,2 Doy gracias a Dios de que le haya dado la fidelidad de manifestarme sencillamente la falta que cometió escribiendo a su madre y al señor Lalement. Usted ve bien que la falta es considerable y de muy mal ejemplo. Es preciso que trabaje usted en morir al mundo, que debe estar muerto para usted.
C 36,3 Para otra vez, sea exacto en no hacer nada sin permiso, y en comenzar declarando sencillamente las faltas que usted haya cometido. No basta decirme, en general, que en Guisa ha cometido faltas en que no había incurrido en otros sitios; es preciso que me diga cuáles son esas faltas.
C 36,4 Como el confesor juzga conveniente que usted se quede en Guisa, debe usted quedarse. Sólo faltan tres meses hasta las vacaciones; arreglaremos todo durante ese tiempo.
C 36,5 Estoy contento de que usted me exprese su pensamiento y que al mismo tiempo se muestre tan sumiso y confiado.
C 36,6 Indíqueme, pues, en qué y cómo no ha sido usted nunca tan irregular como lo ha sido en Guisa.
C 36,7 Ponga, por amor de Dios, mucho cuidado a los toques de la campana; es cosa importante.
C 36,8 Me parece que los Hermanos no deben ir al catecismo de la parroquia los días laborables.
C 36,9 Le ruego que vele por el silencio en su casa.
C 36,10 No sé por qué es usted tan irregular en los recreos. Debería poner mucho cuidado en corregirse de ello. Sabe cuán importante es hacer bien los recreos, y que la regularidad es lo que atrae las bendiciones de Dios sobre una casa.
C 36,11 Me parece que no le corresponde a usted cocinar; corresponde al Hermano Antonino.
C 36,12 No se han de suprimir los ejercicios. Ustedes tienen pocos; y podrán ustedes dos y el Hermano Isidoro hacerlos asiduamente.
C 36,13 Cuando casi no se advierten defectos es, con frecuencia, indicio de poca regularidad en la casa.
C 36,14 Tiene que ser usted más exacto en reprender a los Hermanos por sus faltas.
C 36,15 No permita que los Hermanos razonen o repliquen cuando se les manda alguna cosa.
C 36,16 Debe usted, incluso, probarles en la obediencia y hacérsela practicar bien.
C 36,17 Tiene que ejercitar al Hermano Antonino en que sea muy abierto y en que diga todo con sencillez.
C 36,18 No sé qué es lo que usted llama «picadillo», y si se vende ya todo preparado, como los «vitelots» [las masas de los pasteleros].
C 36,19 Anime a los Hermanos y sea firme en que no se comporten según su propia voluntad.
C 36,20 Que no se falte a la lectura espiritual.
C 36,21 Cuide de aplicarse mucho a la oración mental. Usted sabe que de este ejercicio depende la bendición que Dios derrama sobre los demás, y que sirve para atraer sus gracias sobre nosotros.
C 36,22 Indíqueme detalladamente cuál es la causa de que no tenga usted tranquilidad de conciencia.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Huberto,
20 de julio [de 1709]
C 37,1 Lo que el señor Binet le ha dicho al Hermano Jacinto tocante a los proyectos de monseñor obispo de Chartres, también me lo ha dicho a mí el mismo monseñor. Quiere alojarnos en la casa de San Vicente, que sería muy incómoda; no tiene ni patio ni huerta, y me parece que en ella estarían ustedes muy mal. El Hermano Jacinto dice lo contrario.
C 37,2 Me parece que hay que pedir a Dios, y hacer que le pidan los alumnos, haciendo que los escolares reciten de continuo las letanías y enviando todos los domingos y días de fiesta, y los jueves y días de asueto, a dos Hermanos a que comulguen en Nuestra Señora, en la capilla de la Virgen Santa, con la intención de que no se realicen los propósitos del señor obispo; y que se cumpla lo que sea de mayor bien, tanto en lo referente al alojamiento de ustedes como para la multiplicación de las escuelas y de los escolares; pero que ninguno de ustedes tome en esto la iniciativa; dejen la ejecución en manos de Dios.
C 37,3 No era necesario que el Hermano Jacinto me escribiese antes que usted, ni tampoco, creo yo, que viniera aquí. Bastaba con escribirme. Ya lo había yo escrito todo lo que precede, antes de su llegada.
C 37,4 Anteayer hablé al señor abate de Gergy, quien me prometió que ayer escribiría al señor obispo de Chartres para esto. Si éste le pide informes, dígale que como él va a venir pronto aquí, y que como el asunto no urge hasta el mes de octubre, tendré el honor de hablarle de ello cuando esté aquí o en Saint-Cyr.
C 37,5 Usted no hizo bien comprando estampas por tanto dinero, sobre todo en un año como el presente, en que falta el pan. Le ruego que no se dirija al Hermano Atanasio para cosas semejantes.
C 37,6 Tocante a lo que le ha dicho monseñor el obispo de Chartres, que me piden Hermanos para diversos lugares, es verdad, pero lo que quieren establecer son casas de dos, que no nos convienen. Yo no las quiero; echarían a perder nuestra comunidad.
C 37,7 No se detenga tanto, se lo ruego, al hablar con los Hermanos; si no pone mucho cuidado, perderá los ejercicios por hablarles, y eso no debe ocurrir nunca.
C 37,8 Bien sé que hay que hacer que los Hermanos den cuenta de su conciencia y esforzarse por librarlos de sus penas; pero no se necesitan esas largas conversaciones en las cuales, a menudo, se habla de numerosas cosas externas, incluso perjudiciales, sin darse cuenta. Vele en eso, pues yo también velaré; este punto es de más importancia de lo que usted piensa.
C 37,9 No hable nunca yendo al recreo ni en las escaleras, ni al ir o venir por la casa.
C 37,10 Tanto usted como todos los Hermanos han de ser advertidos de sus defectos. Regule bien, para ello, el tiempo de este ejercicio. No debe leer, ni escribir, ni hablar a nadie, ni hacer ninguna otra cosa, durante este ejercicio. En él, igual que durante la acusación, debe poner toda su atención en escuchar lo que se dice.
C 37,11 Usted o el Hermano Renato han de escoger el miércoles como día de comunión. No sé por qué han de comulgar ustedes dos el mismo día y salir juntos de casa para ir a confesarse.
Convendría que él no fuera a confesarse sino cuando van los demás, y que usted hiciera lo posible para ir también el mismo día que los otros. Todas esas devociones particulares no son convenientes.
C 37,12 Parece que usted busca mucho las comodidades del cuerpo. Ponga cuidado en ello; no proponga nada relativo al exterior sin habérmelo propuesto antes. Esto es importante; y no escuche fácilmente a los Hermanos en lo que ellos le sugieran; usted es en eso demasiado condescendiente.
C 37,13 Pido a Dios que reine el orden y la regularidad en su casa; empéñese en ello. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle. A 20 de julio.
40. 23.12.1710 - H. J osé
Al Hermano José,
23 de diciembre [de 1710]
A 23 de diciembre.
C 40,1 He recibido su carta este mediodía, carísimo Hermano.
C 40,2 Yo saldré el sábado para ir a Troyes. No se marche usted; espéreme. Estaré allí el lunes y juntos trataremos de todo lo que concierne a los asuntos de esta ciudad y de todo lo que usted me propone para esos censos de Reims.
C 40,3 No diga a nadie, ni siquiera al Hermano Alberto, que tengo que ir ahí.
C 40,4 Procederé de modo que todo termine bien y que todo el mundo quede contento. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 40,5 Que no se ejecute nada tocante al cierre de esa escuela hasta mi llegada. C 40,6 Le ruego que pague el porte de esta carta al señor Bourgoing.
[A continuación de esta carta, sin separación, hay unas líneas con la misma caligrafía de La Salle, con esta oración:]
C 40,7 Dios mío, te prometo guardar mis resoluciones con la ayuda de tu gracia. Quiero hacer siempre lo que pueda para obedecer en todos mis actos, para agradarte.
C 40,8 Procuraré hablar en voz baja y no dejarme llevar del primer movimiento de la naturaleza; y tener mucha mansedumbre con nuestros queridos Hermanos en las ocasiones que se presenten; vigilar mucho mi lengua cuando tenga que hablar con los de fuera; y abandonarme a la dirección de Dios en toda ocasión.
C 40,9 Pongo, ¡oh Dios mío!, todas mis resoluciones bajo la protección de la Santísima Virgen, del glorioso san José y de mi santo angel custodio, ¡oh amable Salvador mío!...
41. 6.2.1711 - H. J osé
Al Hermano José,
6 de febrero [de 1711]
A mi carísimo,
Mi carísimo Hermano José, en las Escuelas Cristianas de Reims.
C 41,1 Ayer recibí juntas, carísimo Hermano, sus tres cartas; contesto a la más urgente. C 41,2 Parece que es conveniente que el Hermano Plácido se traslade a Guisa.
C 41,3 Envío al Hermano Fabián con el Hermanito de Mende para ocupar el lugar del Hermano Plácido, y dentro de dos o tres años estará en mejor situación que al presente para aprovechar el noviciado, y llevará bien la clase.
C 41,4 Entregue el caballo al Hermano Fabiánpara que lo traiga aquí; el martes por la tarde estará en Reims.
C 41,5 El Hermano Dositeo no le habría escrito si primero no le hubiera escrito usted, ni tampoco los Hermanos de Guisa.
C 41,6 No sé por qué escribe así a los Hermanos que le agradan. Eso no es prudente. No tiene que haber esas relaciones epistolares de una casa a otra; eso no es conveniente entre nosotros. Si quiere impedirlas, no las comience usted mismo.
C 41,7 Sería deseable que el señor Bourgeois aprendiese a coser y a cortar bien el pelo; es importante.
C 41,8 No sé si después de mi partida ha ido a verle un muchacho, cantero. Si sigue pidiendo ingresar, hay que remitirle a después de Pascua; pero no conviene que entren juntos.
C 41,9 Le ruego disponga que se dé al Hermano Remigio lo que necesite. Ha comunicado al Hermano Tomás que necesita lana para hacer unas medias, que no tiene, y una camisola.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle. A 6 de febrero.
42. 3.12.1706 - H. Matías
Al Hermano Matías,
3 de diciembre [de 1706]
A 3 de diciembre.
C 42,1 Es usted, carísimo Hermano, el primero a quien escribo este mes.
C 42,2 No pretendo otra cosa que aliviarle en sus penas, pero bien ve que no podré aliviarle mientras no conozca sus dificultades. No veo bien cuáles son.
C 42,3 Usted sólo me dice que no se encuentra bien de salud. No sé si es ése el único motivo por el que me pide venir a París o que le envíe a otro sitio. Déme a conocer cuál es la causa.
C 42,4 En sus cartas no me dice usted casi nada. Repite muchas veces la misma cosa, cuando bastaría decirla una vez.
C 42,5 Déme a conocer todas sus penas. Si provienen de que yo no le escribo, le escribiré en lo sucesivo cada vez que escriba a los Hermanos; pero le ruego que se esfuerce para que sus cartas estén mejor escritas y con mejor ortografía, pues casi no las puedo leer.
C 42,6 En la oración mental siga ejercitándose en los actos de la preparación. Hace bien en aplicarse particularmente a recogerse interiormente y a alejar de usted las distracciones.
C 42,7 Usted me da como única razón para cambiarle que no se acomoda a Reims. Bien ve que entre nosotros debe uno acomodarse a todos los lugares a donde sea enviado por los superiores; pues la obediencia debe ser la regla principal y la mayor satisfacción de los Hermanos.
C 42,8 No entiendo qué quiere decir con que está disgustado por el modo como lo han tratado. Explíquemelo y trataré de poner remedio a su pena.
C 42,9 Tenga la seguridad, carísimo Hermano, que yo sólo quiero su bien y la tranquilidad de su alma, y soy todo suyo en Nuestro Señor,
De La Salle.
43. 18.11.1707 - H. Matías
43
Al Hermano Matías, 18 de noviembre de 1707
París, a 18 de noviembre de 1707
C 43,1 Anteayer recibí su primera carta, carísimo Hermano, y hoy la otra, que me remiten desde Ruán. Conviene que dirija todas sus cartas a París, cualquiera que sea el lugar donde yo me halle. Le contesto el día en que usted dice que espera respuesta a su primera.
C 43,2 ¿Quién ha podido decirle que Dios no le quiere a usted en su empleo?
C 43,3 En él usted se encuentra bien; en él usted está sosegado y en él usted está tranquilo cuando es apoyado. Bien sé, carísimo Hermano, que usted necesita apoyo; pero teniéndolo, usted se mantendrá firme.
C 43,4 Ya sé que vino usted a París.
C 43,5 Yo creo que sufre usted más en el espíritu que en el cuerpo.
C 43,6 En la medida en que sea usted sumiso, Dios le sostendrá.
C 43,7 Siento mucho que esté usted apenado. Haré todo lo que pueda para librarle de ello.
C 43,8 Me pide usted autorización para venir a París. Usted comprende que el invierno no es tiempo adecuado para ello.
C 43,9 La propuesta que usted me hace, de practicar una novena para pedir a Dios que le conceda cumplir su santa voluntad es excelente. Abandónese [a Dios] y esté a bien con el Hermano..., y Él le bendecirá.
C 43,10 No sé en qué es inhumano el trato que se le ha dado, ni por parte de quién.
C 43,11 No veo que lo que le ha hecho el Hermano Ponce sea tan molesto para usted como da a entender. Usted atormenta demasiado su espíritu, y eso le perjudica mucho.
C 43,12 Tenga la seguridad de que haré por usted todo lo que me sea posible, y soy, mi carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
44. 30.12.1707 - H. Matías
Al Hermano Matías,
30 de diciembre [de 1707]
A 30 de diciembre.
C 44,1 No sé, carísimo Hermano, por qué me escribe usted de forma tan descomedida y tan contraria a la verdad.
C 44,2 Yo no le he dado motivo para ello hasta el presente, pues no he hecho nada sino por su bien, y si le trasladé adonde ahora se encuentra, no fue sino después de haberme insistido usted para ello durante mucho tiempo.
C 44,3 En lugar de ir contando sus penas a personas de fuera, descúbraselas al Hermano Ponce, o escríbale, si no está en Mende.
C 44,4 Le he encomendado a él que haga en esa zona todo lo que convenga para el bien de los Hermanos.
C 44,5 No hubiera debido presionarme usted tanto para que lo enviara tan lejos, para pretender volver tan pronto. Usted comprende que no puedo hacer volver a los Hermanos de tan lejos ni enviarlos ahí antes de Pascua, y que no conviene hacer viajes para dispensarse de ayunar en la Cuaresma.
C 44,6 Tenga la seguridad, carísimo Hermano, que según lo que me indique el Hermano Ponce, haré todo lo que convenga para usted. Por eso, descúbrale todas sus penas y todos sus pensamientos, y verá cómo Dios lo bendice por ese camino.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
45. 13.1
Al Hermano Matías,
13 de enero de 1708
A 13 de enero [de 1708] (el año, en la dirección del envío).
C 45,1 Parece, carísimo Hermano, que hace usted sus ejercicios con muy poca aplicación y muy poco fervor. Con todo, no atraerá las gracias de Dios sobre usted sino haciéndolos con amor y lo mejor que le sea posible.
C 45,2 Me escribe usted de manera apasionada; eso no está bien; no le he dado lugar para ello.
C 45,3 Si lo he enviado adonde está, ha sido sólo después de haberme pedido durante tres meses que lo enviase muy lejos.
C 45,4 Por lo que se refiere a sus penas, en la medida en que quiera usted escribirme confidentemente, trataré de poner remedio.
C 45,5 Tomaré medidas para que le encaminen a usted hacia Dios con suavidad, y no con dureza, y no habrá nada que yo no haga para procurar su bien y su salvación; pero actúe usted, por su parte, con más delicadeza y no por malhumor y pasión.
C 45,6 ¿Hace usted oración mental? ¿Comulga? Eso es muy difícil, con las disposiciones en que usted está.
C 45,7 Haga oración, carísimo Hermano, y pida a Dios que se cumpla en usted su santa voluntad. Eso es lo que yo también le pediré mucho.
C 45,8 Tiene que acudir a Dios, carísimo Hermano, y trabajar para salvarse. No abuse de los medios que Dios le da.
C 45,9 Dos de sus hermanos vinieron el domingo aquí y me dijeron que le escribiera a usted que permanezca tranquilo en el estado en que está, y que no podría usted estar mejor.
C 45,10 Las personas a quienes ha visto usted, no lo conocen bien.
C 45,11 Rezaré mucho a Dios por usted. Le deseo un año bueno y santo y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 45,12 Me pide usted permiso para escribir a sus padres y les ha escrito ya; eso no está bien.
Al Hermano Matías,
8 de febrero de 1708
A 8 de febrero [de 1708] (el año, junto a la dirección del envío).
C 46,1 Siento muchísimo, carísimo Hermano, que le molesten mis cartas. Sin embargo, no le escribo nada que dé motivo para ello. Le escribo con la mayor cordialidad que me es posible y no le escribo nada sino por su bien. Así creo yo que debe usted tomarlo.
C 46,2 Estoy satisfecho de que usted cumpla bien su obligación, como dice. Yo lo ignoraba, aunque diga usted que lo sabía.
C 46,3 No me preocupé en absoluto de darle permiso para escribir a sus padres, visto que antes que yo respondiese a su carta, vinieron sus dos hermanos a decirme que había escrito usted dos veces a su madre, ya fallecida, y que su carta les llegó a ellos. Está, pues, claro, que escribió antes de pedir permiso para hacerlo, lo que está muy mal.
C 46,4 Me apena que no esté usted bien de salud. Con todo, tenga cuidado, no vaya a estar en parte enfermo de imaginación, pues en París parecía estar mejor de lo que decía.
C 46,5 Ni de lejos se me ha ocurrido hacerle venir a París. No le concedí hacer un viaje tan largo para hacerlo regresar tan pronto.
C 46,6 Le ruego que no se atormente con pequeñeces, como está haciendo.
C 46,7 Creo que ya le escribí que sus hermanos me pidieron que le dijera a usted que siga donde está, que es bueno para usted, y lo mejor que puede hacer. Estoy muy satisfecho de que usted tenga el mismo sentir y que desee permanecer donde está.
C 46,8 Déjese, pues, por favor, en lo sucesivo, de antojos, y no se deje llevar por lo primero que se le ocurre.
C 46,9 Procuraré que esté usted contento con aquellos con quienes viva.
C 46,10 Después de Pascua, también trataré de ponerle en otro sitio distinto de Mende, puesto que usted lo desea.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
47. 23.3.1708 - H. Matías
Al Hermano Matías,
23 de marzo [de 1708]
A 23 de marzo.
C 47,1 Creo, carísimo Hermano, que usted está todo lo bien que puede estar, y que debe vivir contento con el Hermano que actualmente tiene el cargo de dirigirle.
C 47,2 Trate, pues, de cumplir bien su deber y de aplicarse mucho a los ejercicios, pues ellos le santificarán y le conducirán a Dios.
C 47,3 Tome la resolución de llegar a ser muy recogido y de poner todos los medios posibles para ello.
C 47,4 Haga lo posible para aumentar lo más que pueda el número de sus escolares.
C 47,5 Estoy bien persuadido de que el Hermano que vive con usted no es molesto y que usted está contento con él.
C 47,6 ¿No se avergüenza de decir: «¡Que un joven tan apuesto como yo tenga que vivir en este estado!»?
C 47,7 Usted es afortunado por vivir en el estado en que está; un estado santo y santificador, que lo honra, tanto para la vida como para la salvación.
C 47,8 «¡Que es usted un joven guapísimo!» ¿Cómo puede hablar así de usted mismo? ¿Son esas expresiones propias de un religioso?
C 47,9 Si no me agradan algunas cartas que usted escribe, es porque a veces escribe cosas muy inconvenientes. Procure escribir con más sensatez y con más educación.
C 47,10 Usted comprende que es muy pernicioso incomodarse y guardar rencor.
C 47,11 Entiende también que está muy mal encolerizarse y dejarse llevar del humor. Eso es más propio de un animal que de una persona sensata.
C 47,12 Cuide mucho de no dejarse llevar de la impaciencia en clase, pues ése no es el medio para establecer el orden y el silencio.
C 47,13 Las réplicas perjudican mucho a la sumisión que debe usted tener.
C 47,14 Es muy malo seguir como norma el dejarse guiar por lo primero que le viene al espíritu, pues vienen muchos pensamientos equivocados.
C 47,15 Déjese guiar por la obediencia y verá cómo Dios lo bendice.
C 47,16 Yo le pido que lo colme a usted de sus gracias y soy, mi carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
48. 4.4.1708 - H. Matías
48
Al Hermano Matías,
4 de abril [de 1708]
C 48,1 Estoy muy contento, carísimo Hermano, por la buena disposición en que está usted actualmente, de permanecer en su estado, que es para usted tan santificante, y de cumplir bien en él su deber.
C 48,2 No pienso ponerle con el Hermano Cipriano. Y el Hermano Alberto no le conviene a usted. A menudo no sabe usted lo que pide.
C 48,3 Me gustaría saber si actualmente hay alguna cosa que le impide permanecer en la casa en que está.
C 48,4 Creo que tiene usted motivos para estar contento con el Hermano que lo dirige; y por tanto, creo que Dios le pide que se quede tranquilo, y permanezca con él. Puesto que me pide que haga todo por su bien, esto me parece lo mejor.
C 48,5 ¿Por qué ha de ser lo mejor para usted que yo lo traslade lo antes posible? Yo no lo entiendo. Usted está con un Hermano bueno, que le dará buen ejemplo.
C 48,6 Tiene usted razón al pedirme perdón por sus cartas, pues a veces han sido no sólo indiscretas, sino también ofensivas, y no sé cómo se puede escribir de esa manera.
C 48,7 Con todo, he tratado de no sentirme ofendido por ellas, y de no molestarme por lo referente a mí.
C 48,8 Usted me pide vivir con buenos Hermanos, y ya lo está. ¿De qué se queja? Mantenga, por favor, un espíritu equilibrado, estable y sumiso, pues, de otro modo, Dios no lo bendecirá.
C 48,9 Me encomiendo a sus oraciones en este santo tiempo, y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
49. 13.4.1708 - H. Matías
Al Hermano Matías, 13 de abril [de 1708]
A 13 de abril.
C 49,1 Estoy muy satisfecho, carísimo Hermano, de la buena disposición en que está usted, de permacecer gustoso en la comunidad, y trataré de ayudarle todo lo que pueda a soportar en ella las dificultades.
C 49,2 Tomaré las providencias para que usted no quede mucho tiempo aún en el lugar donde está, pero todavía debe tener paciencia.
C 49,3 Tendré cuidado de que no le incomoden; pero tiene usted que cumplir las Reglas, que son las mismas Reglas que en otros lugares. Usted bien sabe que no conviene que haya diferencia de una casa a otra.
C 49,4 Dicen que ahí viven ustedes muy libres. Tal vez le han dado a usted demasiada libertad. Tiene que volver a la norma de regularidad en que vivía cuando estaba en París.
C 49,5 Dicen que van a comer fuera de casa. Sabe muy bien que eso es totalmente contrario a las Reglas, y que nunca hay que ir a casa de nadie, sea quien sea.
C 49,6 Debe usted cumplir su deber no sólo en clase, sino también en los otros ejercicios, pues la clase sin los ejercicios no puede funcionar bien.
C 49,7 Cuando usted se haya aplicado regularmente a los ejercicios durante algún tiempo, dejarán de serle costosos. Hay que hacerse algo de violencia durante cierto tiempo por amor de Dios.
C 49,8 Dígame si el Hermano Antonio sigue alguna práctica distinta de las ordinarias de la comunidad, y en qué se diferencian esas prácticas de las del Hermano Ponce; pero no me escriba sino cuando me escriba el Hermano Antonio.
C 49,9 Dicen que al Hermano Sebastián los zapatos le venían demasiado pequeños, y que a usted le van bien. Tómelos, pues, usted, y no se haga decir nunca dos veces una misma cosa.
C 49,10 Es preciso que, si los necesita, le hagan unos pantalones. Yo cuidaré de que le den todo lo que necesite.
C 49,11 Sea, pues, muy fiel en cumplir las Reglas, y Dios lo bendecirá y lo llenará de gracias.
C 49,12 Pídale que lo mantenga siempre en la disposición en que está, de ir siempre a donde me parezca bien.
C 49,13 Pero también le ruego que sea usted siempre sumiso a su director. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
50. 1708 - H. Matías
Al Hermano Matías, [1708]
C 50,1 No sé por qué, mi carísimo Hermano, me escribe tantas cartas a la vez. No tendremos bastante para tantos portes de cartas. Escríbame cuando lo haga el Hermano que lo dirige; eso basta, y nunca escriba sin su permiso. Bien comprende que hay que hacer las cosas con orden.
C 50,2 Haré lo preciso para cambiarlo pronto.
C 50,3 Sea, pues, regular y prudente, y muy sumiso, pues Dios sólo lo bendecirá en la medida en que lo sea.
C 50,4 ¿Por qué quiere usted desayunar las fiestas y los domingos?
C 50,5 En sus cartas, con frecuencia se expresa usted como persona poco sumisa. Cuide mucho, por amor de Dios, de adquirir mucha sumisión, pues le es muy necesaria.
C 50,6 Ya veo que le gusta mucho disfrutar de libertad; pero, créame, le perjudicaría mucho.
C 50,7 Hay que ser muy regular y sumiso. ¿Quiere el Hermano Antonio de usted otra cosa distinta de lo que se le exigiría si estuviese usted aquí? Si es así, dígamelo, y le daré indicaciones.
C 50,8 Tiene razón el Hermano Antonio de no querer correr e ir de un lado a otro por la ciudad. Comprende usted bien que eso no conviene a los Hermanos. Tal vez ha procedido usted con demasiada libertad en el pasado. Bien ve que en eso tiene que reformarse.
C 50,9 Ruego a Dios que le dé su espíritu y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Matías,
16 de mayo [de 1708]
A 16 de mayo.
C 51,1 En contestación a sus dos cartas, le diré que he escrito al Hermano Ponce para que vaya a Mende y ponga orden en todo. Creo que podrá cambiarlo y ponerlo con él.
C 51,2 Estoy satisfecho de verlo en disposición de ir donde quiera yo enviarlo. Por ahora no estoy dispuesto a aproximarlo a París ni a enviarlo allí.
C 51,3 Me satisface que viva usted contento en esa tierra en que está, y que en adelante quiera darme tantas alegrías como disgustos me ha dado hasta ahora.
C 51,4 Tal como me pide, haré de modo que tenga muchos alumnos, y que se mantenga en disposición de cumplir su deber; pero le ruego que sea tanto respecto de los ejercicios, como respecto de la clase.
C 51,5 Estoy contento de que quiera intentar hacerse apto para todo, y que cuando me escriba sea para darme cuenta de su conciencia; sea exacto en ello, se lo ruego.
C 51,6 No dejaré de rogar a Dios, como me pide, que le conceda perseverar hasta el final de sus días.
C 51,7 El Hermano Ponce proveerá a todo lo que usted necesite. Muestre sus pantalones al Hermano Antonio. Debe hacer todo lo que él le diga.
C 51,8 Tenga la seguridad de que Dios no lo bendecirá sino en la medida en que sea sumiso.
C 51,9 Es vergonzoso indisponerse con el Hermano que lo dirige y encolerizarse con él.
C 51,10 Tenga cuidado de que sus distracciones en las oraciones y en las meditaciones no provengan de que es usted demasiado disipado y demasiado exterior.
C 51,11 Trate de darse, tal como usted indica que lo hará, al recogimiento y a la sumisión que, como usted mismo dice, le es muy necesaria. Ésas son las principales virtudes que usted ha de intentar adquirir.
C 51,12 Bien sabe usted que hay que hacer los ejercicios en casa, y no irse a corretear por la ciudad. Ya se va de paseo todos los días de asueto.
C 51,13 Estoy convencido de que en lo sucesivo será usted exacto y fiel a no hacer nada sin permiso, y que quiere ser regular, puesto que desea cumplir con exactitud su deber, el cual consiste en la regularidad.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 51,14 Sus familiares me han pedido que le indique que siga tranquilo y que no les escriba inútilmente, ni por la posta, como ha hecho.
52. 25.10 - H. Paulin
Al Hermano Paulino,
25 de octubre
C 52,1 ¡Ay, carísimo Hermano!, ¿por qué se intranquiliza usted tanto por sus familiares? Yo creo que ellos apenas piensan en usted. ¿Por qué se acongoja tanto por ellos? Deje que realicen ellos su obra y haga usted la suya.
C 52,2 Dígase a sí mismo lo que decía Nuestro Señor, que quien mira atrás no es digno de Él.
C 52,3 Estoy satisfecho de que actualmente esté resignado a la voluntad de Dios respecto de su escuela. Dios lo bendecirá a causa de su sumisión de espíritu, a pesar de su anterior repugnancia.
C 52,4 Estoy de acuerdo, carísimo Hermano, que emita voto por tres años. Dispóngase a ello para cuando yo vaya a Ruán.
C 52,5 Debe saber que tendrá sufrimientos durante toda su vida, en cualquier lugar y en cualquier estado en que viva. Por eso, dispóngase a sobrellevar con paz los que Dios le envíe en el estado en que Él lo ha puesto.
C 52,6 Tenga cuidado, le ruego, de ser muy estricto en el silencio. Es una de las cosas más importantes para establecer la regularidad en una comunidad.
C 52,7 Vele, sobre todo, respecto del Hermano Martiniano, pues es muy charlatán. No permanezca a solas con él.
C 52,8 Aniquile sus deseos, le ruego, cuando tienden sólo a complacerlo a usted mismo. No tenga otro que el de contentar a Dios. Para eso está usted en este mundo y en el estado en que vive.
C 52,9 Usted pide que le envíe con el Hermano Bernabé porque lo conoce. ¿Cómo puede hacer tal petición? ¿No se da cuenta de que es del todo natural? Pida a Dios que cumpla su voluntad en usted y por usted. Esta petición será mucho mejor para usted.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
54. 1.5.1708 - H. Roberto
Al Hermano Roberto,
1 de mayo [de 1708]
C 54,1 Sea fiel, carísimo Hermano, en dejar todo a la primera campanada, y que se toque con exactitud en cuanto haya dado la hora.
C 54,2 No es juicioso gritar a las mujeres ni correr tras los niños. Hay que tener más sensatez.
C 54,3 Le ruego que se observe el silencio en su casa.
C 54,4 Evite, sobre todo, preguntar a los niños por curiosidad.
C 54,5 No se preocupe de lo que se diga en las calles, y manténgase recogido en ellas. Tiene la obligación de edificar al mundo.
C 54,6 La razón por la que tiene tantas sequedades y distracciones en la oración mental es porque es demasiado exterior y porque habla demasiado.
C 54,7 Evite leer por curiosidad. La lectura espiritual no está hecha para eso; debe disponer a la oración mental.
C 54,8 No se gana nada con dejarse llevar del desaliento.
C 54,9 Procure que sus escolares sean asiduos; esto es importante.
C 54,10 Es indigno dar bofetadas a los alumnos. Evite la impaciencia.
C 54,11 Conozco bien al señor párroco, y sé que no es capaz de dar sino buenos consejos.
C 54,12 Le ruego que se porte bien con el Hermano y que tenga un prudente gobierno de su casa.
C 54,13 Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
55. 21.5.1708 - H. Roberto
55
Al Hermano Roberto,
21 de mayo [de 1708]
C 55,1 No debe usted disgustarse con el Hermano, sino que ha de procurar vivir en paz con él.
C 55,2 Si algo no va bien, bastará que se lo diga al Hermano José cuando pase por Ruán, o, en su ausencia, al Hermano Bartolomé, para que pongan remedio.
C 55,3 Por lo demás, sea usted muy fiel a la obediencia, pues es virtud que debe tener en mucho aprecio, ya que es la primera virtud que se debe practicar en comunidad.
C 55,4 Sea exacto para tocar en cuanto haya dado la hora, y siempre en punto; es asunto de importancia.
C 55,5 Le ruego que no haga esperar a la puerta; es ése uno de los deberes del portero.
C 55,6 Cuide de no ser negligente al levantarse, pues es falta muy desagradable a Dios.
C 55,7 No se permita tampoco hablar a los Hermanos cuando los encuentra a su paso.
C 55,8 Tampoco se deje llevar de la curiosidad, que es gran obstáculo a la virtud.
C 55,9 Cuando vaya a Ruán, dé cuenta al Hermano José o, en su ausencia, al Hermano Bartolomé.
C 55,10 Es de mucha importancia que practique usted las penitencias del comedor, pues le ayudarán mucho para corregirse de sus defectos.
C 55,11 Por amor de Dios, sea muy fiel a la obediencia.
C 55,12 El tiempo es muy precioso; Dios le pedirá cuenta del que haya perdido.
C 55,13 Aplíquese mucho a la lectura espiritual; le será muy útil para disponerse a hacer bien la oración mental.
C 55,14 Las sequedades que experimenta en la oración y en la sagrada comunión provienen de que no es nada aplicado y que no piensa en cosas espirituales fuera del tiempo de la oración mental.
C 55,15 No se abstenga de la comunión; le es necesaria.
C 55,16 Ejerza bien la vigilancia sobre los niños, pues no hay orden en la clase sino en la medida en que se vela sobre los niños, y de ello depende su aprovechamiento.
C 55,17 No será su impaciencia la que consiga que se corrijan, sino su vigilancia y su buen comportamiento.
C 55,18 Ponga cuidado, se lo ruego, en que sean muy modestos y muy piadosos en la iglesia y en las oraciones; es una de las primeras cosas que debe usted procurarles.
C 55,19 No sé por qué dice que si llegara a estar enfermo su destino sería el despido. Se tendría cuidado de usted.
C 55,20 Debería poner cuidado en lo que escribe. No se pueden leer sus cartas porque no escribe tres palabras seguidas sin olvidar alguna. Ponga cuidado en ello en lo sucesivo, por favor.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 55,21 Me sorprende que haya tenido tan poca discreción como para decir al Hermano Dionisio que le he mandado a usted que me escriba sobre su conducta; eso está muy mal.
C 55,22 Le ruego que tal cosa, de hablar así, no le suceda más; comprenderá que eso sólo es capaz de causar malestar en su espíritu y entre ustedes dos, y de él contra mí. Todo esto tiene más importancia de la que usted piensa.
56. 7.12.1708 - H. Roberto
Al Hermano Roberto,
7 de diciembre [de 1708]
C 56,1 No me dice, carísimo Hermano, por qué dejó de comulgar; debería haberme indicado la razón.
C 56,2 Tenga cuidado de no dejarse llevar nunca de la impaciencia ni de los arrebatos.
C 56,3 Es necesario que entre ustedes haya mucha unión; con los seglares, mucho recato, y con los alumnos, mucha paciencia.
C 56,4 Sea exacto en asistir a todos los ejercicios, y en no ir a ningún sitio sin permiso.
C 56,5 Es preferible perder algún ejercicio a tomar el tiempo de la clase para dedicarse a cosas necesarias, pues no hay que dispensarse de la clase ni un momento.
C 56,6 Sea muy exacto en hablar en voz baja en casa cuando tiene que hablar, y que sólo ocurra en caso de verdadera necesidad. Nunca hay que hablar de lejos ni desde una ventana.
C 56,7 No se entretenga con pensamientos sobre la clase durante la oración mental; cada cosa a su tiempo.
C 56,8 Ponga cuidado en que no disminuya el número de sus alumnos a causa de sus desaires, y en enseñarles mucho para que no se vayan.
C 56,9 No hay que hacerles cambiar de lección, sino cuando son capaces de ello. Hay que evitarlo con cuidado, pues si no, no aprenderán nada.
C 56,10 Tiene que procurar comprar libros, con tal que sean buenos y que yo sepa cuáles son.
C 56,11 Hay que hacer camisas y otra ropa interior si se necesita; pero envíeme una relación de la ropa que hay y de la que se necesita.
C 56,12 No se debe recibir lo más mínimo ni de los padres de los alumnos ni de los alumnos.
C 56,13 Procure que sean muy regulares y estén muy unidos; y usted sea muy respetuoso con el Hermano, lo mismo que con las personas del mundo. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
57. 26.2.1709 - H. Roberto
Al Hermano Roberto,
6 de febrero [de 1709]
26 de febrero.
C 57,1 Usted comprende, carísimo Hermano, que eso puede haber escandalizado a esa vecina al hablarle con tanta vehemencia. Es preciso que siempre se note la cordura en sus conversaciones, sobre todo cuando trata con los de fuera.
C 57,2 Proceda también con mucha caridad con el Hermano. Cuando haya algo que corregir, dígaselo al Hermano José, para que él ponga orden.
C 57,3 Hará usted bien si despide a las personas que vayan a hablar con el Hermano durante la lectura espiritual y la oración.
C 57,4 Cuídese de comer fuera de las comidas; eso no se puede consentir; el hambre que le parece tener en ese momento es una tentación.
C 57,5 Sea exacto en tocar la campana al último tañido del reloj; esto es importante en una comunidad.
C 57,6 Tenga mucho cuidado en no mentir nunca; es falta considerable; y no se deje llevar nunca de la curiosidad; eso perjudica mucho.
C 57,7 Tal vez porque la tiene, encuentra usted dificultad en aplicarse a la oración mental y a los demás ejercicios.
C 57,8 Su dedicación durante la misa de los alumnos ha de consistir en vigilarlos.
C 57,9 No se permita llegar a pegarlos; es falta importante; nunca velará lo suficiente en eso.
C 57,10 Hace usted bien al tratar de que sus alumnos progresen, para que aumente su número; pero también con el fin de cumplir su obligación. C 57,11 Conténtese con comenzar la clase a la hora.
C 57,12 Cuide de que la escuela funcione siempre bien, tan bien como la regularidad en casa.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Roberto,
[26 de abril de 1709]
C 58,1 Sin duda, carísimo Hermano, actuó usted muy mal al haber reñido en San Yon; eso no hay que hacerlo nunca, y en los Hermanos es bochornoso. Me alegro de que haya hecho penitencia por ello.
C 58,2 Hable en voz baja cuando tenga que pedir alguna cosa en San Yon, y pídalo con moderación.
C 58,3 Sea fiel a los ejercicios y a dejarlo todo al primer sonido de la campana.
C 58,4 Acostúmbrese a hablar siempre en voz baja y de cerca, y no de lejos, y a acudir con rapidez a la puerta, y de tocar exactamente al último tañido del reloj.
C 58,5 Aplíquese mucho al recogimiento. Considere cuán necesario le es.
C 58,6 Guárdese mucho de pegar a los niños; es falta considerable.
C 58,7 Estoy satisfecho de que su casa esté bien regulada.
C 58,8 Sea fiel a la obediencia y a no hacer nada sin permiso; eso es lo que atraerá las bendiciones de Dios sobre usted.
C 58,9 Tenga cuidado de que el mundo no entre en su casa, y sufra por amor de Dios las molestias que le causen fuera.
C 58,10 ¿Qué necesidad tenía usted de escribir a su hermana?
C 58,11 Sean exactos a dejarlo todo para acudir a los ejercicios.
C 58,12 El Hermano no tiene por qué preocuparse de la huerta. Si hay que hacer alguna cosa, tiene que hacerlo usted o un hortelano.
C 58,13 Sean exactos a la lectura espiritual.
C 58,14 Estoy satisfecho de que el Hermano no salga; manténgalo en esta práctica.
C 58,15 Procure mantenerse ecuánime en clase y no se deje llevar de la impaciencia. No es sensato arrojar la palmeta a los alumnos, pero es indigno darles bofetadas, particularmente en la iglesia.
C 58,16 Estoy satisfecho de que tenga un número elevado. Sea cuidadoso para hacerles adelantar.
C 58,17 El Hermano Tomás debe darle cuanto necesite, sin tantas consideraciones. No es cierto que tenga orden de mortificarle a usted; pero es preciso que usted se comporte con sensatez.
C 58,18 Entre nosotros no existe la norma de pesar el pan que han de comer los Hermanos; toman según su necesidad; deben darle a usted la sal que necesita.
C 58,19 Hace bien acomodándose al tiempo y sufriendo de buena gana.
C 58,20 Estoy satisfecho de que su escuela funcione bien y de que tenga un número suficiente de alumnos; cuide de instruirlos bien.
C 58,21 ¿Quién es el Hermano que dio dinero a un niño para que le comprara rapé, y quién es ese niño?
C 58,22 Cuando usted conozca algo contra las Reglas, debe decírmelo.
C 58,23 No entiendo lo que quiere decir con que el Hermano compra libros para ir a Ruán.
C 58,24 Diga al Hermano Tomás que no es necesario que los Hermanos tengan una orden para solicitar lo que precisen, y que él debe proporcionárselo.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
62. 3.11.1710 - H. Roberto
Al Hermano Roberto,
en Darnétal, 3 de noviembre
[de 1710]
C 62,1 Le ruego, carísimo Hermano, que obre con prudencia y no haga nada inconveniente.
C 62,2 Proveeremos a su casa lo mejor que nos sea posible.
C 62,3 Le ruego que vaya a Ruán y diga al Hermano Director que le asigne al Hermano Luis para que esté con usted.
C 62,4 Es un Hermano sensato, del que creo que quedará usted satisfecho. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
A 3 de noviembre.
Le escribiré más largo dentro de poco; me urge la posta.
63. 13.7.1706 - H. Severino
Al Hermano Severino, en San Yon,
13 de julio de 1706
París, a 13 de julio de 1706.
C 63,1 No hay motivo, carísimo Hermano, para que torture su espíritu por lo que dice, de haber calumniado a una señora ya difunta.
C 63,2 No es necesario ni conveniente que para reparar esta calumnia vaya al lugar donde la hizo.
C 63,3 En esto basta que siga el parecer del señor confesor, es decir, escribir al señor párroco de esa parroquia y rogarle que diga al marido de esa señora que lo que le han dicho de su esposa fallecida es falso, y que quien le dio tal información se desdice, por tratarse de una cosa falsa.
C 63,4 Y mediando eso, yo lo descargo de todo ante Dios. Por lo tanto, no se inquiete más.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
102. 15.5.1701 - Anónimo
102 Anónimo (a un inferior),
15 de mayo de 1701
C 102,1 Preste atención, carísimo Hermano, a no dejarse guiar de su propio criterio; eso no es conveniente y, si usted procediera así, Dios no le bendeciría.
C 102,2 No debería haberse disgustado porque el carísimo Hermano Director le rompió lo que usted había escrito; pues, al parecer, fue porque lo había escrito sin permiso, lo cual nunca debe hacerse, y es muy justo destruir lo que sólo es fruto de la propia voluntad.
C 102,3 Hizo usted bien en manifestar su pena a su director. Sea fiel a manifestar así todo, y Dios lo bendecirá.
C 102,4 Vele mucho sobre sí mismo para no disiparse, pues la disipación es muy perjudicial y seca mucho el corazón.
C 102,5 Sea fiel en cumplir con exactitud las penitencias y a no hacer nada sin permiso, pues Dios no lo bendecirá sino en la medida en que actúe con dependencia.
C 102,6 Siéntase satisfecho de que le adviertan de sus defectos; es uno de los mayores beneficios que le pueden hacer; considérelo así.
C 102,7 La presencia de Dios le será de gran utilidad para ayudarlo y animarlo a realizar bien sus acciones.
C 102,8 Me alegro mucho de que usted se aplique con facilidad a la oración mental. Este ejercicio es el que atrae las gracias de Dios sobre los demás.
C 102,9 Aplíquese también de modo particular a la lectura espiritual, que es de gran eficacia para disponerse a hacer bien la oración mental.
C 102,10 Usted sabe que la santa Misa es el primer ejercicio de religión; he ahí por qué debe poner en ella toda la atención posible.
C 102,11 No sufra por las acciones de sus Hermanos; a Dios corresponde juzgarlas, y no a usted.
C 102,12 Vigile sobre sí mismo en clase para no dejarse llevar nunca por la impaciencia, pues muy lejos de procurar el orden, lo obstaculiza.
C 102,13 Ruego a Dios que le dé su espíritu y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
111
C 111 A los señores alcalde y concejales de Château-Porcien,
20 de junio de 1682
Reims, a 20 de junio de 1682.
C 111,1 Señores,
Por muy poco que me interesara en lo que mira a la gloria de Dios, tendría que ser yo muy insensible para no dejarme mover por los apremiantes ruegos de su señor deán, y por la cortesía con que me honran al escribirme hoy.
C 111,2 Sería yo, señores, muy injusto si no les enviara maestros de escuela de nuestra comunidad, visto el empeño y el ardor que me manifiestan por la instrucción y la educación cristiana de sus hijos.
C 111,3 Les ruego, pues, estén persuadidos de que nada tomaré tan a pechos como secundar sus buenas intenciones al respecto. El sábado próximo les enviaré dos maestros de escuela, de los que espero queden satisfechos, para comenzar las clases al día siguiente de San Pedro. Les quedo sumamente agradecido por todas sus atenciones y les ruego me consideren, señores, con respeto, su humilde y muy obediente servidor en Nuestro Señor.
De La Salle, sacerdote, canónigo de Reims.
112. 26.9.1704 - Des Hayes
Al señor Des Hayes, París,
26 de septiembre de 1704
Al señor,
Señor Des Hayes, dignísimo sacerdote, calle de Ancrière, Ruán.
C 112,1 Señor,
Esta mañana he sabido, por medio del señor Chardon, que usted le había escrito para conseguir alguno de nuestros Hermanos para Ruán; que solicitaba dos y que deseaba saber qué sería necesario. C 112,2 Estoy muy dispuesto a darle dos.
C 112,3 En lo tocante al precio, usted sabe que no somos exigentes, y que no podríamos enviar uno solo.
C 112,4 Si tiene usted a bien comunicarme para qué barrio se piden, y lo que desean darles, le quedaría muy agradecido.
C 112,5 Creo que llegaremos fácilmente a un acuerdo y que quedarán satisfechos de los que les envíe.
Con todo respeto quedo, señor, su muy humilde y muy obediente servidor.
De La Salle.
París, calle Charonne,
barrio de San Antonio,
a 26 de septiembre de 1704.
113. 18.11.1704 - Des Hayes
Al señor Des Hayes,
18 de noviembre de 1704
Al señor,
Señor Des Hayes, dignísimo sacerdote, calle de Ancrière. Ruán.
C 113,1 Señor,
Ayer recibí su carta, con la que me siento honrado.
C 113,2 Permítame, se lo ruego, que le pida una aclaración sobre un extremo que no me ha explicado, a saber, si el maestro de escuela que solicitan estará obligado a cantar en la parroquia y a ayudar al señor párroco en sus funciones, pues usted sabe que nuestros Hermanos no hacen ni lo uno ni lo otro.
C 113,3 Hágame también el favor de indicarme, más o menos, cuántos comulgantes hay entre las dos parroquias, y si cada parroquia tiene su maestro de escuela.
C 113,4 Yo estuve en Darnétal; creía que estaba más alejado de Ruán.
C 113,5 Le quedo muy agradecido por sus atenciones, y soy, señor, con respeto, su muy humilde y muy obediente servidor.
De La Salle.
París, a 18 de noviembre de 1704.
A su hermano Luis de La Salle,
París, 2 de marzo de 1718
Señor.
Señor De La Salle, doctor por la Sorbona y canónigo de la iglesia de Reims. Reims.
C 134,1 Señor, hermano mío:
Ya que me indica en su última que una sola carta mía es suficiente para declarar mis intenciones tocante a los bienes que me quedan en sus manos, declaro, pues, por medio de ésta, que cedo y dejo desde ahora a los hijos nacidos y por nacer del señor Juan Remigio Delasalle, hermano mío, por la compasión que siento por el estado de miseria a que se ven reducidos, la renta de un capital de dos mil libras, impuesta sobre el clero de la diócesis de Reims, reservándome la facultad, yo o aquellos a quienes ceda el derecho, de retomar y retirar dicha renta cuando yo o aquellos a quienes ceda el derecho lo consideren oportuno, abonando la suma de dos mil libras, con las que se constituirá un fondo en provecho de dichos hijos.
C 134,2 También les cedo y dejo los dos tercios de otra renta debida por el gremio de cerrajeros de la misma ciudad de Reims, cuyo capital es de mil cuatrocientas libras en total, al cuatro por ciento; los citados dos tercios me producen treinta y ocho libras de renta; otrosí la mitad de una finca en los terrenos de Thillois, cerca de Reims, cuya otra mitad pertenece al citado señor Juan Remigio Delasalle, mi hermano; otrosí el derecho que me corresponde sobre una casa sita en la aldea de Tres Pozos, cerca de Reims, proveniente de la herencia del llamado Mateo Menu.
C 143,3 El usufructo de dichas rentas y fondos pertenecerá desde ahora a los citados hijos, y será recibido por usted, señor De La Salle, canónigo de la iglesia de Reims, hermano mío, y les será distribuido por usted y según su criterio, sin que tenga obligación de rendirles ninguna cuenta, en ningún momento ni por ninguna razón que pueda sobrevenir.
C 134,4 Quedo, mi querido hermano, con mucho respeto, su muy humilde y muy obediente servidor.
De La Salle.
En París, Seminario de San Nicolás de Chardonnet.
A 2 de marzo de 1718.
135. 15.7.1708 - H. J osé
Obediencia del Hermano José,
15 de julio de 1708
C 135,1 El que suscribe, sacerdote, doctor en Teología, Superior de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, envía a nuestro Hermano José a visitar las casas de Rethel, Guisa, Laon y Reims. En virtud de lo cual, ordena a los directores de dichas casas que reciban al citado Hermano en calidad de tal y le den a conocer cuanto sucede en su casa.
Dado en París, a quince de julio de mil setecientos ocho.
De La Salle.
136. 30.7.1709 - H. J osé
Obediencia del Hermano José,
30 de julio de 1709
C 136,1 El que suscribe, sacerdote, doctor en Teología, Superior de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, envía a nuestro carísimo Hermano José a las casas de Guisa, Laon, Reims, Rethel y Troyes para hacer en ellas la visita.
En fe de lo cual firma las presentes.
Dado en París, a treinta de julio de mil setecientos nueve.
De La Salle.
137. 16.11.1711 - H. J osé
Obediencia del Hermano José,
16 de noviembre de 1711
C 137,1 El que suscribe, sacerdote, doctor en Teología, Superior de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, declara a todos aquellos a quienes corresponda, que envía a nuestro carísimo Hermano José, de la citada Sociedad, a visitar las casas de Moulins, Dijon, Troyes, Reims, Rethel, Laon, Guisa, Calais, Boloña, Ruán, San Yon, Darnétal, Chartres, Versalles y San Dionisio, dependientes de la citada Sociedad de las Escuelas Cristianas.
En fe de lo cual firma las presentes.
Dado en París, el dieciséis de noviembre de mil setecientos once.
De La Salle.
Segunda Parte
CARTAS COPIADAS (CC)
9
9. 26.6.1706 - H. Clemente
Al Hermano Clemente,
26 de junio de 1706
C 9,1 He tenido mucho consuelo, carísimo Hermano, de que su reumatismo se haya curado. Le ruego ponga cuidado en ser muy prudente y en conformarse en todo con la voluntad de Dios, y sobre todo con sumisión no sólo externa, sino también interna.
C 9,2 Guárdese mucho de pegar a los alumnos con la mano. Usted sabe que es cosa prohibida por las Reglas.
C 9,3 Me alegro mucho de que tenga un buen confesor y de que le dé muy buenos consejos. Trate de aprovechar de ellos mientras lo tenga.
C 9,4 Si usted quiere llegar a ser interior, es muy importante que mortifique la mente y los ojos. Sin estas dos clases de mortificación es casi imposible que adelante mucho en la virtud.
C 9,5 Cultive mucho la indiferencia en la obediencia. Es una de las cosas que le atraerá más gracias de Dios.
C 9,6 Es buena costumbre leer a menudo las Reglas para ser plenamente fiel a ellas. Usted sabe que la observancia le procurará su santificación.
C 9,7 La mira de Dios en sus ejercicios es lo que más contribuirá a que los realice bien. Dios no pide sólo lo exterior de nuestras acciones, quiere que se realicen con disposiciones interiores.
C 9,8 No considere más que un defecto a la vez durante su examen particular, y eso durante varios días seguidos.
C 9,9 Si usted sabe cómo podría hacer yo para impedir que se destruyan las escuelas de nuestros Hermanos, tenga la bondad de dármelo a conocer, pues hay que poner los medios para mantenerlas.
C 9,10 Me parece que hay que despedir a los alumnos que no son asiduos o que llegan tarde, pues es un desorden para la escuela soportar lo uno y lo otro.
C 9,11 En el tiempo de vacaciones veremos lo que podemos hacer con relación a usted, para un director. Hasta entonces, actúe lo mejor que pueda tocante a su conciencia.
C 9,12 No es necesario que se acomode a los Hermanos en cuanto a la comida, a menos que se encuentre completamente bien de salud. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 9,12
Al Hermano Gabriel Drolin,
13 de agosto de 1704
París, a 13 de agosto de 1704.
C 13,1 Su última carta, carísimo Hermano, fechada el 19 de febrero, tan sólo hace hoy ocho días que la recibí.
C 13,2 Al leer la suya, no he podido entender cómo pudo usted meterse donde me ha escrito que estaba por entonces, cuidando de enseñar a leer y escribir a niñas, y adquiriendo los aires del mundo.
C 13,3 No hay que pretender ahorrar dinero haciendo cosas totalmente contrarias al propio Instituto.
C 13,4 Habría hecho usted mejor, y hará bien, si en cuanto reciba esta carta, pone por obra lo que en su última me indica que le han permitido; pues le ruego que no realice nada que no sea conforme con su Instituto, aunque sea costoso; de lo contrario, Dios no lo bendecirá.
C 13,5 Examine bien a ese canónigo que le ha hablado, si es persona en la que se pueda tener seguridad, y si lo que le ha dicho no está en el aire. Si este señor quiere escribirme, yo veré de qué se trata y si se puede confiar en él.
C 13,6 En cuanto a usted, quédese donde está y haga lo que me ha propuesto.
C 13,7 Me parece que esa parte de la ciudad donde hay pobres que instruir, que carecen de enseñanza, es preferible a vivir en una casa, incluso si fuera para instruir a pobres que pueden encontrar a alguien que les instruya.
C 13,8 Ya sé que el señor Théodon permanece ahí y que su señora esposa parte dentro de poco. Ella quiere encargarse de comprarle y mandar que le hagan un hábito.
C 13,9 No sé lo que valen cuarenta escudos, que me dice haber recibido. Le ruego que me dé sus cuentas en libras y sueldos de Francia para que me haga una idea.
C 13,10 La señora Théodon dice que llevará un Nuevo Testamento en lengua vulgar. Usted podría también contar con uno, igual que ella.
C 13,11 Si ella no parte muy pronto, y si usted lo desea, yo le daré uno para usted, si no lo tiene. Le ruego que no lo compre ni lo busque en latín.
C 13,12 También yo he temido, como usted, que se hayan abierto mis cartas. La señora Théodon dijo que dejó una olvidada durante tres semanas o un mes.
C 13,13 Pida mucho a Dios que haga de usted lo que le plazca.
C 13,14 Es necesario que se entregue usted del todo a su gobierno y a su santa voluntad, y sobre todo, que no realice nada sin consejo.
C 13,15 Tal vez el señor Langlois podría hacerme llegar sus cartas, y a usted hacerle llegar las mías.
C 13,16 Le ruego, por encima de todo, que no haga nada que sea contrario a su Instituto. C 13,17 Le ruego que tome residencia fija cuanto antes, si aún no la tieneC 13,18 Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
38. 2.10.1710 - H. Huberto
Al Hermano [Huberto],
2 de octubre de 1710
C 38,1 Bien sé, carísimo Hermano, que es inconveniente que los Hermanos sirvientes se enreden totalmente en lo temporal; pero más lo es si se enreda en ello un director.
C 38,2 Ya tenemos, carísimo Hermano, demasiada experiencia del pasado. Si un director se vuelve exterior, se pierde toda la casa; pero si se pierde un Hermano sirviente, sólo se pierde él.
C 38,3 Se dice, por ejemplo, que desde que está usted en Chartres no ha hecho ni media hora de lectura espiritual. ¿Qué pueden hacer sus Hermanos durante ese tiempo?
C 38,4 Es preciso que un director no se mueva de sus ejercicios. Usted no tiene nada que hacer en la cocina. Aquí, que es una casa grande, nadie entra en ella, sea quien sea, excepto el que cuida de los enfermos; con mayor razón, en una casa de cuatro, el director no debe pisarla.
C 38,5 Sus ejercicios y su escuela; he ahí todo su cuidado. Si se mezcla en otras cosas, contraviene las órdenes de Dios.
C 38,6 Un Hermano sirviente debe hablar siempre con cortesía y con respeto, y hay que exigírselo.
C 38,7 No es inútil que exponga usted sus dificultades. Intentaré remediarlas; pero a menudo será inútil decir «Haga esto de mí».
C 38,8 Es verdad que sólo se tiene un alma que salvar, pero usted la salvará obedeciendo y superando sus repugnancias.
C 38,9 No tiene por qué acongojarse cuando ha de reprender a sus Hermanos; es obligación suya. Debería haber impuesto una buena penitencia a esos dos Hermanos que se confabularon de esa manera.
C 38,10 Es bien cierto que para lograr que una casa funcione con orden, es necesario que el director y el subdirector se entiendan y que estén muy unidos. Procuraré hacer que sea así.
C 38,11 Pero los Hermanos se quejan de que usted actúa sólo por antojos, desde que marchó el Hermano José. Dicen que es porque el Hermano sirviente es quien dispone del dinero. Tenga la seguridad de que eso será así en su casa y en todas las demás. Si hay alguna casa donde no ocurre así, que son poquísimas, eso no durará mucho.
C 38,12 No es razonable que cuando sale el despensero tome todo el dinero que le plazca sin pedirlo. Tampoco debe decir: quiero tanto; sino que debe preguntar cuánto ha de tomar. C 38,13 Debe tener mucho cuidado de que se toque a la hora. Es punto muy importante, sobre todo para levantarse. Usted no indica si ha atrasado su reloj en relación a las horas señaladas.
C 38,14 Le ruego que controle que no se hable en voz alta, y que se observen las Reglas durante el recreo. A usted corresponde atender a eso y velar por el Hermano Norberto durante ese tiempo. No me indica el motivo por el cual dejó de estar usted al comienzo del recreo.
C 38,15 Nunca hay que dejar de salir de paseo los días de asueto, a menos que esté lloviendo. Las nubes y otras menudencias no han de impedir salir de paseo.
C 38,16 El Hermano Atanasio actuó mal al escribirle, a usted y a otros. Me ha preguntado si debería desdecirse, y que escribió movido por la pasión.
C 38,17 ¿Dejará usted así que se pierdan sus Hermanos por no haber tenido la valentía de reprenderlos, y consentir al Hermano Quintín que obre a su antojo? Con su tolerancia le está poniendo en situación de salirse. No permita que haga nada sin permiso.
C 38,18 Tampoco permita que el Hermano Norberto hable contra las Reglas en los recreos. También le ocurre que no inspira la piedad a sus alumnos.
C 38,19 El Hermano Quintín insiste en aprender caligrafía. No lo necesita.
C 38,20 Si el Hermano Quintín desea emitir voto, convendrá permitirle que lo haga. Con todo, tal vez sería oportuno probarle todavía un poco.
C 38,21 Me proponen que envíe al Hermano Anselmo a París, si no ve usted inconveniente en ello. Yo lo acompañaré.
C 38,22 Al Hermano Norberto hay que exigirle que cumpla su deber.
C 38,23 El Hermano Quintín se queja con facilidad, si se le presta oído.
C 38,24 No debe usted dejar de comulgar. Ya comprende que con eso daría mal ejemplo para sus Hermanos.
C 38,25 No existen dos superiores por el hecho de que en todas las casas religiosas haya uno que cuida de lo espiritual y del gobierno, y otro que atiende lo temporal.
C 38,26 Están muy contentos del Hermano Jacinto donde se encuentra. Dése cuenta de que es usted demasiado difícil, y que quiere hacer cosas distintas de su obligación, que es dirigir la escuela y los ejercicios, y velar por el Hermano sirviente.
C 38,27 El Hermano Quintín no estará nunca bien con el Hermano Norberto, ni aunque fuera sólo por un año.
C 38,28 Al Hermano Norberto no hay que dejarle seguir sus caprichos.
C 38,29 No debe usted ausentarse de los ejercicios. Es grave defecto en usted el estar ausente, como ha sucedido en el pasado.
C 38,30 No es necesario que usted enseñe caligrafía al Hermano Hilario.
C 38,31 Cuando usted advirtió que no cumplía la penitencia, no tenía que dejar traslucir nada, sino rogar a Dios por él, tranquilizarse, y en otro momento tratar de ganarle y animarle a acusar su falta y a cumplir una penitencia conveniente.
C 38,32 En esas ocasiones, actúa usted demasiado por movimiento natural. Eso hace que Dios no bendiga lo que usted realiza.
C 38,33 Usted desea que sus Hermanos tengan paciencia. Es necesario que usted la manifieste en sí mismo, y no que en semejantes ocasiones deje traslucir el mal humor o impulsos naturales.
C 38,34 Dice él, que cuando hay dinero usted quiere que se lo entregue para comprar lo que se le antoja. En eso es usted más difícil de contentar que yo y que otros, y eso no es sensato.
C 38,35 No tiene que darle dinero a usted, sino que él debe comprar todo lo necesario. Eso es lo conveniente. Debe usted entregarle el dinero. Si él no compra lo que es necesario, dígamelo, y yo haré que lo compre.
C 38,36 Ponga cuidado en exigir que sus Hermanos cumplan su deber. Debe usted actuar con discreción al tratarlos.
C 38,37 La mayor parte de sus cartas vienen por diligencia. ¿Le parece juicioso? Mucho le convendría un poco más de cordura y de amor de Dios.
C 38,38 Ruego a Nuestro Señor que le dé su espíritu y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
A un director (anónimo)
C 69,1 Tiene que tener usted mucho cuidado, carísimo Hermano, en corregirse de su disipación. Es un defecto del cual debe vigilarse mucho, pues es muy perjudicial para usted.
C 69,2 Cuide mucho de no obrar por costumbre. Tenga en sus acciones más miras de fe de las que parece tener.
C 69,3 Ahogue los resentimientos de disgusto en las humillaciones, pues éstas producirán mucho bien en usted si las recibe con buena disposición.
C 69,4 Trate de aniquilar sus sentimientos sobre lo que le viene a la mente, y no se deje llevar nunca a enjuiciar lo que se le manda hacer.
C 69,5 Sea fiel a dejar todo al primer sonido de la campana; es importante, lo mismo que aplicarse a la lectura espiritual, pues ella le servirá mucho para la oración mental.
C 69,6 También el examen le es muy necesario.
C 69,7 Las distracciones que tiene durante la oración mental provienen de su disipación; elimínela, pues; se lo ruego.
C 69,8 No se inquiete en lo tocante a sus confesiones. Proceda con sencillez en este asunto. Las congojas que le vienen sobre ello, igual que sobre sus comuniones, son tentaciones del demonio.
C 69,9 Cuide de que sus niños recen a Dios con piedad.
C 69,10 No deje nunca su sitio; no atienda ningún pretexto para ello. C 69,11 Sea moderado en lo que respecta a las correcciones, y no las haga cuando se sienta movido por la impaciencia.
C 69,12 Hable con el Hermano José sobre lo que se propone hacer leer durante el desayuno.
C 69,13 Es bueno que entre en sí mismo para reflexionar sobre sus debilidades y humillarse por ellas.
C 69,14 Cuanta mayor repugnancia sienta por una cosa, con tanta mayor decisión debe realizarla.
C 69,15 Está bien que cumpla lo que se le manda, a pesar de la repugnancia que sienta en ello.
C 69,16 En casa evite gesticular; es falta notable.
C 69,17 Durante la santa Misa, siga el método.
C 69,18 Cuanto más silencio haya en su clase, más orden habrá; por lo cual, esfuércese en que se guarde.
C 69,19 Me parece bien que emita voto por tres años el día de la Santísima Trinidad.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un director), 1710-1711
C 73,1 No sé, carísimo Hermano, por qué hay tan poco orden en su casa.
C 73,2 ¿No será, acaso, porque usted no observa el silencio? Examínese sobre ello. Se quejan de que habla usted demasiado alto.
C 73,3 Tenga, pues, cuidado en observar el silencio exactamente. Bien sabe que el silencio y el recogimiento son dos medios para ser muy interior.
C 73,4 Evite con cuidado el hablar por las calles.
C 73,5 Cuide de caminar siempre pausadamente. Rece el rosario con mucha piedad. Es el medio de frenar sus ojos y de centrar su espíritu; y sobre todo, de atraer las gracias de Dios para dar bien la clase.
C 73,6 Usted sabe que siempre se han quejado de que camina usted demasiado deprisa.
C 73,7 Hubiera sido más prudente no responder nada a ese sacerdote que le habló en la calle, una vez que usted le dijo que el Hermano José había regresado de... a París.
C 73,8 Ponga cuidado para no discutir nunca con nadie, ya que eso es capaz de destruir la caridad, que debe ser grande entre ustedes.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un director)
C 74,1 Haga lo posible, carísimo Hermano, para estar muy atento durante la santa Misa.
C 74,2 Las distracciones en que uno se detiene hacen que no se oiga.
C 74,3 Aplíquese a ella según el método que está establecido en la Sociedad, es decir, de manera interior. Es la mejor para usted. Comiéncela con sentimientos de humillación.
C 74,4 No deje de agradecer a Dios todas las gracias que le concede, pues la ingratitud por los beneficios le resulta sumamente desagradable.
C 74,5 Es cierto que en la diócesis de Reims la fiesta de la Visitación se celebra el día 8. En cuanto al día, se sigue a la diócesis. Respecto al oficio, nosotros seguimos el romano. Si ustedes no tienen libros, pero disponen de los de la diócesis, hagan como puedan.
C 74,6 Tiene usted razón al decir que está loco por las capillas.
C 74,7 Debería usted tener mucho cuidado de no ocuparse tanto de las cosas exteriores.
C 74,8 Bien sabe que no tolero todas esas capillas en clase. Por eso le ruego que entregue a los alumnos las cosas que el Hermano N. dejó en la clase.
C 74,9 Con todo, podría conservar usted el cáliz pequeño para enseñar a ayudar a misa. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un director), diciembre de 1706
C 75,1 Bien ve, carísimo Hermano, que no tiene por qué preocuparse tan fácilmente respecto de los cambios.
C 75,2 Ya comprende que el empleo en que está es mucho más conveniente para usted que el que tenía antes.
C 75,3 Paso muchos apuros cuando tengo que hacer cambios.
C 75,4 Estoy persuadido de que usted podría impedir el desorden que los niños del Hermano... tienen en la iglesia, y el poco orden que hay en la clase. Por eso le ruego que las cosas se sigan haciendo como se han hecho.
C 75,5 Usted comprende que sería poco discreto, y que la gente se podría molestar, si yo accediera a ello fácilmente.
C 75,6 Siento mucho, carísimo Hermano, el haber partido sin decirle adiós. Lo mandé llamar varias veces, pero como no vino, pensé que no estaba en casa. C 75,7 Le ruego que todos se conduzcan bien en la casa. Si hay alguna cosa que no va bien, tenga la bondad de comunicármelo. C 75,8 Procure que su escuela funcione bien. Haré cuanto pueda para contribuir a ello. C 75,9 Saludo al Hermano M... y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
Anónimo (a un director)
C 76,1 En efecto, carísimo Hermano, es falta importante el haber bebido y comido fuera.
C 76,2 Bendigo a Dios porque ha hecho que usted lo reconozca, y por ponerle en la disposición de no volver a incurrir en ello.
C 76,3 Bien sabe usted que todo eso es escandaloso, y que es efecto o de la gula o de una cobarde complacencia.
C 76,4 Para reparar esta falta, procure, por amor de Dios, ser muy regular.
C 76,5 Me consuela mucho ver que usted está un poco [desprendido (?)], y que es algo más prudente en Reims que en París.
C 76,6 Doy gracias a Dios de que también tenga menos molestias en los ojos de las que tenía. Me cuidaré de que su dolencia esté atendida.
C 76,7 No me indica usted quién es el que estuvo enfermo.
C 76,8 Vele un poco sobre sí mismo para corregir sus prontos, y trate de no ser tan exterior.
C 76,9 Ruego a Dios que le conceda esa gracia, y que le dé un poco menos afán de actuar. Eso no es conveniente.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un director)
C 77,1 Bien sabe usted, carísimo Hermano, que una de las cosas de mayor importancia en una comunidad es tocar con exactitud a la hora, especialmente para levantarse.
C 77,2 Sea exacto en interrumpir a la primera señal, al primer sonido de la campana. Sabe que es cosa importante en la comunidad.
C 77,3 Hay que dejar todo al primer sonido de la campana para comenzar en cuanto acabe de sonar. A esta fidelidad Dios une de ordinario muchas gracias.
C 77,4 El tiempo de la oración mental y de la lectura no se debe ocupar nunca en otra cosa. Por amor de Dios, sean exactos a ello, y que todos los ejercicios se hagan exactamente a la hora.
C 77,5 También hay que hacerlo todo por principio de regularidad. Dios no bendecirá lo que realice, sino en la medida en que observe esta fidelidad. Cuando se es infiel a eso, uno se priva de muchas gracias.
C 77,6 Pida, pues, mucho a Dios esta fidelidad. También yo se la pediré a Dios para usted.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
78. 23.8. - A un director
Anónimo (a un director)
23 de agosto
C 78,1 Tengo mucho pesar, carísimo Hermano, por el sufrimiento que le han causado esos dos Hermanos. ¡Se necesita ser bien poco sumisos!
C 78,2 Bien veo que mientras los Hermanos no se sometan, no habrá orden en su casa.
C 78,3 Cuando los Hermanos no quieran comer un día, no hay que permitirles comer al día siguiente.
C 78,4 El primer día sería por antojo, y al día siguiente como penitencia de su antojo. Hay que estar muy lejos de pedirles que coman.
C 78,5 Ha hecho usted bien al decirle que acuda a comer con los demás.
C 78,6 También ha actuado usted bien por la tarde no dándole de cenar. Es lo que hay que hacer cada vez que no se quiere obedecer.
C 78,7 Por lo cual le mando que diga al Hermano... que yo le he dado la orden de que cada vez que haga su capricho y que no haya sido sumiso, no le permita comer.
C 78,8 En una comunidad nunca se ha de llegar a emplear la fuerza. Eso no es prudente, pero si no se puede hacer de otro modo, hay que disminuir la comida.
C 78,9 Si ustedes beben agua, también nosotros la bebemos. No hubiera debido usted comprar cerveza.
C 78,10 Cuídese bien de dejar actuar a esos dos Hermanos como les parece, ni permita que no cumplan su penitencia.
C 78,11 No sé por qué dicen que nadie da cuenta de su conciencia.
C 78,12 No permita a los Hermanos leer libros que no son piadosos. Eso no es prudente ni tolerable.
C 78,13 Le ruego que haga lo posible para que haya regularidad en su casa.
C 78,14 El día de la octava del Corpus por la mañana, se hace como los días de fiesta; y por la tarde, como los días de asueto, salvo que no se va de paseo.
C 78,15 Vigile mucho sobre sí mismo para no dejarse llevar de la flojedad, pues Dios concede pocas gracias a los flojos; en lo que realizan consiguen poco éxito. C 78,16 Ruego a Dios que le llene de sus gracias.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 91 Anónimo (a un inferior) [1709]
C 91,1 Estoy muy lejos de abandonarle, carísimo Hermano. Yo estaba esperando la respuesta del señor... en lo que se refiere a sus necesidades. Debe tener un poco de paciencia.
C 91,2 En un año de carestía como éste, es preciso asistir a los Hermanos en todas partes.
C 91,3 Bien ve que la Providencia le ayuda. Tenga la seguridad de que no le faltará, con tal que usted sirva bien a Dios.
C 91,4 Cuando todo está contra uno y parece que todo va a faltar al mismo tiempo, entonces Dios suscita a otro que habla en favor de uno y consigue que le den lo que necesita.
C 91,5 No creo que haya que suprimir el desayuno. Usted puede privarse de él. Aquí se come pan moreno. Se pone en la mesa. Del mismo, en Reims se da media libra en cada comida, y cuatro onzas en el desayuno.
C 91,6 Desde Aviñón me comunican que a todos los habitantes se les ha reducido el pan a una libra; libra de pan que sólo pesa 14 onzas. A los Hermanos se les dan cuatro onzas para desayunar y cinco para comer.
C 91,7 No le puedo enviar estampas. No tengo con qué conseguir pan para cuarenta personas que somos.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
92. 14.9.1709 - A un inferior
92
Anónimo (a un inferior)
[Reims, a 14 de septiembre de 1709].
C 92,1 Es cierto, carísimo Hermano, que un poco de humildad le haría mucho bien. Es usted demasiado orgulloso; es en usted un mal considerable.
C 92,2 A menos que se aplique usted a la mortificación del espíritu y de los sentidos, irá perdiendo insensiblemente la virtud. C 92,3 Tenga la seguridad de que cuanta menos sumisión tenga, menos sentirá en usted el aprecio por las prácticas de su estado.
C 92,4 No me sorprende que me diga que piensa rara vez en Dios; y no puede ser de otro modo. A usted le repugnan todas las virtudes, y no las practica.
C 92,5 No se piensa en Dios sino en la medida del amor que se le tiene. Parece que el suyo es muy débil. Si usted no pone remedio, se va a perder.
C 92,6 Usted tiene mucha necesidad de humillaciones. Aplíquese particularmente a ello y recíbalas con disposición de gratitud y reconocimiento.
C 92,7 Sobreponiéndose a las repugnancias que siente hacia las humillaciones, obtendrá muchas gracias y sofocará la naturaleza. C 92,8 Ruego a Dios que le conceda esa gracia.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
93. 1702 - A un inferior
C 93,1 Usted bien sabe, carísimo Hermano, que entre nosotros no se debe actuar ni por inclinación ni por estado de ánimo. Le ruego que se esfuerce en esto. Ponga todo su cuidado para lograrlo.
C 93,2 Usted sabe que actuar según el humor es obrar más como animal que como hombre.
C 93,3 La mortificación es la que más se practica entre nosotros. Debe, pues, considerarla como compañera inseparable.
C 93,4 Hemos de estar dispuestos a recibir las humillaciones con espíritu de sencillez. Tenemos frecuentes ocasiones para ello. Por lo tanto, no deben parecernos extrañas. Hemos de familiarizarnos con ellas. Siempre nos son beneficiosas.
L 93,5 De poco sirven las penitencias si no se practican con espíritu interior. Por eso, aplíquese a practicarlas y Dios lo bendecirá por ese medio.
L 93,6 Sea fiel en acusarse todos los días de sus defectos en el comedor. Dios une a esa acción muchas gracias.
Ruego a Dios que lo colme de ellas durante este santo tiempo. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un inferior)
C 94,1 Las mortificaciones que le hacen practicar, carísimo Hermano, son admirables para hacerle progresar en la virtud.
C 94,2 Por eso, por amor de Dios, ámelas, tanto más cuanto que sólo afectan al espíritu y no causan ningún perjuicio al cuerpo.
C 94,3 En esas ocasiones, dígase a sí mismo: «Vuestro espíritu mortificaréis y los sentidos, frecuentemente». Diga después: «Dios mío, concédeme la gracia de amar todo lo que sirve para mortificar mi espíritu»; y en cada acción particular, diga: «Amo, Dios mío, esta ocasión, y la considero provechosa porque sirve para mortificarme».
C 94,4 Estoy muy contento de que en su última haya sido fiel en decirme las faltas que había cometido.
C 94,5 En penitencia, dése dos veces veinte golpes de disciplina, y desde ahora hasta la Asunción, cada vez que pase cerca del Hermano... le besará los pies y le pedirá perdón, siempre que no sea en un ejercicio público.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
95. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 95,1 Bien sabe, carísimo Hermano, que para recibir los sacramentos con todas las disposiciones debidas, hay que tener mucha fe y fervor.
C 95,2 Antes de confesarse, sea exacto en hacer actos de contrición.
C 95,3 Guárdese bien de dejar la confesión.
C 95,4 La confesión y la comunión son las que lo sostendrán en sus dificultades; y debe considerar como una gran dicha el comulgar con frecuencia.
C 95,5 Debe aplicarse mucho a corregir sus faltas, pero si no comulgara sería aún peor.
C 95,6 No hay que comulgar después de haber desobedecido.
C 95,7 No hay que abstenerse de ello cuando se ha caído por debilidad.
C 95,8 Sucede a menudo, por la noche, que el demonio provoca esas impurezas naturales para impedir la comunión. Por eso, creo que no debe dispensarse de ella, ni ayunar por ese motivo.
C 95,9 Si se comulgase todos los días, se podría hacer, pero como el día de la comunión es para la comunidad, no me parece que haya de cambiar. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
96. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 96,1 Debe cuidar mucho, carísimo Hermano, de no desalentarse en las penas que tiene. Al contrario, viendo su debilidad, debe humillarse y acudir a Dios, en quien y por quien usted lo puede todo.
C 96,2 El buen ánimo y un poco de generosidad le harán vencer todas sus dificultades. Aproveche los tiempos de fervor para animarse. Cuanto más venza sus repugnacias en la mortificación, tanto más le bendecirá Dios.
C 96,3 Por amor de Dios, no se deje llevar del desaliento. Sería eso una muestra de que todavía es muy débil.
C 96,4 Cuide, pues, de no inquietarse por nada. No es prudente ni razonable atormentar el espíritu por poca cosa.
C 96,5 Acabo de recibir su última, en la que me parece muy cambiado de disposición. Se deja usted abatir ante la primera dificultad que le viene al espíritu.
C 96,6 No se deje llevar tanto de su vehemencia. Un poco de paciencia y Dios apaciguará todo. Él quiere que alcance méritos por medio de las dificultades. C 96,7 No haga nada sin permiso.
C 96,8 Vele sobre usted para dominar sus arrebatos.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
97. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 97,1 No dejo ni dejaré de rogar a Dios por usted, carísimo Hermano, para que le conceda la firmeza en su vocación. Usted, en efecto, necesita que Él le sostenga en ella.
C 97,2 Me dará usted mucho contento si le pide por mí. La ternura con que usted me escribe, carísimo Hermano, me llega al alma.
C 97,3 Le agradezco mucho el interés que ha mostrado por mi salud. Ruego a Dios que se la conceda a usted plena y entera, y que Él le haga muy santo.
C 97,4 Para ello, debe aplicarse mucho a la mortificación.
C 97,5 Sea muy fiel a dar cuenta de conciencia. Eso le mantendrá en la paz y en el espíritu de su estado.
C 97,6 Ponga cuidado en no hablar al Hermano Director con demasiada libertad, y adore a Dios en su persona.
C 97,7 Sabe que está muy mal salir solo o hacer algo sin permiso.
C 97,8 Aplíquese, sobre todo, a ser muy prudente y muy observante. Con ello dará usted buen ejemplo a sus Hermanos.
C 97,9 Ruego a Dios que le conceda esta gracia.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un inferior)
C 98,1 Tenga cuidado, carísimo Hermano, para no dejarse llevar de la impaciencia en clase. Esto es muy importante, y capaz de atraer la maldición de Dios sobre su clase.
C 98,2 Es un defecto en que a menudo se tiene ocasión de caer. Hay que vigilar mucho sobre sí mismo para no dejarse llevar de él.
C 98,3 Por amor de Dios, no pegue con la mano. A la gente no se la lleva al bien ni a Dios a fuerza de golpes.
C 98,4 Que nunca sea tampoco con la vara. En cuanto al azote, no lo use sino por necesidad. Devuélvalo en cuanto se haya servido de él, para no exponerse a usarlo en los arrebatos de impaciencia.
C 98,5 Vigile, pues, mucho sobre sí mismo en clase para no descuidarse.
C 98,6 Hay que ser exacto en hacer todos los ejercicios a su hora en clase; pues para tener orden en ella, todo debe estar regulado.
C 98,7 Hay que hacerlo todo por principio de regularidad, y Dios bendecirá cuanto haga si observa esta fidelidad. Pídala mucho a Dios, y yo la pediré también para usted.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor y en su santo amor.
De La Salle.
99. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 99,1 Sabe muy bien, carísimo Hermano, cuán nociva es la ligereza en la clase. Por eso debe usted, no sólo abstenerse de este defecto, sino también acusarse de él con fidelidad.
C 99,2 Precisamente porque incurre usted a menudo en ella, debe acusarse de ella especialmente.
C 99,3 Evite mucho, pues, esas ligerezas en la clase, y corregir por impulso, pues esas prácticas destruirían el orden.
C 99,4 Ponga cuidado en enseñar bien a sus alumnos.
C 99,5 Estoy satisfecho de que en la escuela y en la casa se observen las Reglas mejor de lo que se hacía antes.
C 99,6 En clase no haga nada sin permiso.
C 99,7 Cuídese mucho de tomar cosa alguna a los alumnos. Esa es falta muy importante.
C 99,8 Tampoco haga que griten en clase. No les dé ocasión a ello, ni a que tengan que quejarse las señoras.
C 99,9 A tal efecto hay que emplear procedimientos sensatos; porque si los echa de clase porque gritan mucho, los otros también gritarán, para que se los eche. C 99,10 Ya sabe lo que le sucedió, y los malos efectos que eso produce. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
100. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 100,1 Hará bien, carísimo Hermano, en aplicarse en dar las lecciones. Para darlas bien hay que comenzar, resueltamente, por darlas mal, pues al comienzo nadie es hábil para nada.
C 100,2 Me parece que se desazona usted demasiado por lo que es sólo exterior, y que no es el fin de su estado, sino sólo un medio, que no le atañe a usted, sino a sus superiores, a cuya voluntad debe usted abandonarse.
C 100,3 Con tal que enseñe usted a sus alumnos en la medida que sabe hacerlo, manténgase tranquilo sobre el particular.
C 100,4 Ojalá fuera usted tan delicado para preocuparse por enseñar bien el catecismo, que es el fin de su estado, como lo es por la caligrafía, que es sólo un medio.
C 100,5 Ya conoce usted la necesidad que los Hermanos tienen de estudiar su catecismo, y cómo, a menudo, es una de las cosas que más se descuida.
C 100,6 La escritura es necesaria pero, con toda seguridad, el catecismo es todavía mucho más propio de su profesión.
C 100,7 Es la primera cosa en la que debe usted ocuparse, ya que su principal cuidado es procurar a los alumnos el espíritu del cristianismo.
C 100,8 No piense tanto en su caligrafía y en su aritmética; las cuatro operaciones le bastan. No se requiere tanto tiempo para aprenderlas. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
101. 21.9.1709 - A un inferior
Anónimo (a un inferior)
[Reims, a 21 de septiembre de 1709.]
C 101,1 Tengo mucho consuelo, carísimo Hermano, al conocer su buena voluntad. Pediré a Dios que se la aumente más y más.
C 101,2 Si tiene usted dificultades, no debe extrañarse; el diablo tiene buen cuidado de no dejarlo a usted tranquilo.
C 101,3 El remedio lo encontrará usted recurriendo a Dios por la oración, y descubriéndolas sencillamente a su director y a mí. Verá que a través de ese medio Dios le dará facilidad para soportarlas. C 101,4 Sea muy regular y muy dócil y tenga la seguridad de que, mediante ello, Dios le concederá muchas gracias.
C 101,5 No debe usted inquietarse ni sufrir por sus tentaciones. Cuando le vengan, abandónese a Dios como a su padre bondadoso. Pídale que lo sostenga, persuadido de que usted no lo puede por sí mismo.
C 101,6 Acérquese de buena gana a los sacramentos; en ellos encontrará la fuerza que necesita para superar sus dificultades.
C 101,7 Sofoque todos los pensamientos que le vienen en sus oraciones.
C 101,8 Me parece, según el modo de actuar Dios con usted y los deseos que usted ha mantenido durante tanto tiempo, que Dios lo llama al estado en que se encuentra.
C 101,9 A lo que usted debe aplicarse ahora, no es a examinar su vocación, sino a corresponder a ella con fidelidad.
C 101,10 No debió abrazar su estado sino dispuesto a padecer sufrimientos en él. Esto supuesto, cuando los tenga, no se sentirá engañado.
C 101,11 Preséntese cada día ante Dios con todo lo que sufre para que Él disponga según su agrado.
C 101,12 Ruego a Dios que le bendiga para que no se deje llevar por la inconstancia, al desear tan pronto una cosa como otra.
C 101,13 Cuando uno se entrega a Dios, debe ser más estable y no buscar sino a Él. La inconstancia es señal de que se presta mucha atención, y con frecuencia, a las propias ideas.
C 101,14 Ruego a Dios le conceda el espíritu de su estado.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 114
Al señor Rigoley, París,
10 de julio de 1705
Señor:
C 114,1
Recibí su última a mi regreso de provincias.
C 114,2 Estoy muy pesaroso de la molestia que le ocasionan nuestros Hermanos al estar por tanto tiempo en su casa, y a la vez le estoy sinceramente agradecido por la caridad y la bondad que tiene con ellos.
C 114,3 Me hago cargo de los muchos disgustos que el inicio de esta fundación le ha ocasionado y aún ahora le ocasiona; y es prueba manifiesta de su celo por la instrucción de los niños el haber emprendido y el proseguir su ejecución, a pesar de los apuros que esto le ha causado.
C 114,4 En cuanto a los libros que he mandado enviar para la escuela, no se me habría ocurrido si no me los hubiera pedido el Hermano Antonio.
C 114,5 Lamento que esto no le haya satisfecho.
C 114,6 Le ruego que queden en Dijón hasta que se puedan trasladar a otro sitio, si no necesitan ahí ninguno.
C 114,7 No sé, señor, si ha tenido usted la precaución de que la casa que ha alquilado tenga dos salas contiguas una con otra para poner en ellas las clases, ya que es algo indispensable para nuestros Hermanos.
C 114,8 Si no hubiera tomado usted esta providencia, le suplico lo tenga en cuenta, alquilando algunas habitaciones vecinas antes de que nuestros Hermanos ocupen la casa.
C 114,9 Quedo, señor, con todo el respeto y el agradecimiento posibles, su muy humilde y muy obediente servidor.
De La Salle. París, a 10 de julio de 1705.
Tercera Parte
CARTAS IMPRESAS
(CI) 2
2. H. Bartolomé
C 2 Al Hermano Bartolomé (maestro de novicios)
C 2,1 [...] Vi en San Yon que caminaba usted con los brazos colgando, con descuido. Es cosa indecorosa para un maestro de novicios, que debe ser en todo el modelo de aquellos a quienes instruye.
C 2,2 Es preciso que camine usted pausadamente, con los brazos cruzados, y que no tolere a sus novicios que caminen de otro modo. [...]
4.
C 4,1 Le escribo, carísimo Hermano, muy extrañado de ver su noviciado en el estado en que está: dos o tres novicios que no están formados en nada, y que no observan mejor las Reglas que si acabasen de ingresar en la casa.
C 4,2 Además hay cinco postulantes, dominados por sus pasiones y que casi no tienen ningún ejemplo.
C 4,3 Como el nuevo maestro de novicios no está él mismo formado para su cargo, y como casi no sabe ni lo que debe hacer, ni lo que deben hacer los novicios, dice que no tiene regla, y los novicios tampoco.
C 4,4 No creo haber visto, al menos desde hace muchos años, un noviciado semejante en la comunidad; ¡y con eso piensa usted abrir nuevos establecimientos! [...]
C 4,5 Se quejan, incluso, de que los novicios que hay en Ruán no tienen mucho espíritu de su estado y que no prestan atención a las cosas pequeñas.
4,6 Piense, se lo ruego, en remediar todo esto lo antes posible, pues usted sabe que la consolidación del Instituto depende de los novicios bien formados y muy observantes. [...]
C 4,7 Estoy en condiciones de ir a los ejercicios principales como los demás, de dormir en el dormitorio común y de comer como los demás en el refectorio. Le ruego no se oponga a ello.
C 4,8 Lo esperamos sin dilación, pues esta casa necesita su presencia. C 4,9 Soy, carísimo Hermano, en Nuestro Señor...
5. 1717-1718 - H. Bartolomé
Al Hermano Bartolomé,
C 5,1 [...] Tengo la insistente idea de que como hace tanto tiempo que hago poca oración mental, es conveniente que dedique a ella mucho tiempo, para reconocer la voluntad de Dios acerca de lo que tendré que hacer.
C 5,2 Me parece que lo que tengo que pedir a Dios en la oración mental es que me dé a conocer lo que quiere que haga, y que me ponga en la disposición en que Él me quiere. [...]
6. d. 1717 - H. Bartolomé
6
Al Hermano Bartolomé,
C 6,1 [...] Casi no conviene tener trato con esa clase de personas, y menos aún depender de ellas. [...]
7. d. 5.1717 - H. Bartolomé
7
Al Hermano Bartolomé,
C 7,1 [...] Usted sabe que estoy siempre pronto a obedecerle en todo, puesto que ahora vivo en sumisión, y puesto que no hice voto de obediencia para actuar a mi antojo. [...]
8. d.5.1717 - H. Bartolomé
8
Al Hermano Bartolomé,
[...] Si se me considera como unido a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, parece que mi situación actual debe ser de simple sumisión, sin que dé un paso respecto a lo que les concierne, a no ser por dependencia.
C 39,1 [...] Cuando le asalten imaginaciones impuras, procure, si es durante la clase, aplicarse a lo que está haciendo.
C 39,2 Esos pensamientos son de las tentaciones más sutiles del demonio; hay que pensar en lo presente sin preocuparse del futuro. Esa intención de volver al mundo para realizar buenas obras perdió a muchos solitarios.
C 39,3 Las penitencias son de mucha utilidad para corregirse de los defectos y para progresar en la virtud.C 39,4 Sean cuales fueren las disposiciones en que se encuentre, tiene que procurar ejercitarse en aceptar que le reprendan y corrijan. Si tiene dificultad para hacerlo de corazón, hágalo de boca. C 39,5 No se atormente con actos frecuentes; podrían dañar a su salud. Basta una simple mirada a Dios, de vez en cuando. C 39,6 ¿Por qué le intranquilizan los días de confesión? Al contrario, debería usted desearlos. C 39,7 Absténgase de hablar en la escuela. Acostúmbrese a usar las señales ordinarias; tales son nuestros usos. C 39,8 Cuando se sienta tentado de impaciencia, domínese y no actúe hasta que haya pasado el impulso.
C 39,9 Soy todo suyo en Nuestro Señor...
53. 1705 - H. Roberto
Al Hermano [Roberto], 1705
C 53,1 Recibí su carta, carísimo Hermano. Estoy muy satisfecho de que su alma tenga gran tranquilidad. Ruego a Dios que se la mantenga.
C 53,2 También siento mucha alegría porque usted me hace saber la buena disposición en que está de perseverar en la Sociedad hasta el fin de su vida; y esta alegría aumenta en gran manera por el deseo que tiene usted de volver al noviciado.
C 53,3 Es señal de que tiene usted vivo deseo de progresar en la virtud, lo cual me complace mucho.
C 53,4 Hay que amar la pobreza, carísimo Hermano. Nuestro Señor fue muy pobre, aunque hubiera podido ser rico. Debe usted, pues, imitar a este divino modelo.
C 53,5 Sin embargo me parece que usted querría que no le faltase nada para estar contento. ¡Vaya!, ¿quién no desearía ser pobre con esa condición? ¿No abandonarían los grandes y poderosos del mundo todas sus riquezas para disfrutar de tal ventaja, que los haría más felices que los príncipes y que los reyes de la tierra?
C 53,6 Recuerde, se lo ruego, que no vino usted a la comunidad para tener todas sus comodidades y satisfacciones, sino para abrazar la pobreza y sus consecuencias. Digo sus consecuencias, porque de nada le serviría amar la virtud si no amase todo lo que deriva de ella, y cuanto puede darle ocasión de practicarla.
C 53,7 Usted es pobre, dice; ¡cuánto me agrada esta palabra!; pues decir que es usted pobre, es decir que es feliz. «Bienaventurados, vosotros, que sois pobres», decía Jesucristo a sus apóstoles. Yo le digo lo mismo.
C 53,8 ¡Oh!, ¡cuán feliz es usted, pues dice que nunca ha sido tan pobre! Tanto mejor, pues nunca ha tenido usted tantos medios de practicar la virtud como ahora.
C 53,9 Le podría decir a este propósito lo que un gran papa respondió una vez a un jesuita que le exponía la extrema pobreza de su casa, la cual, decía, nunca había sido tan pobre: «Tanto mejor para ustedes», le replicó; «cuanto más pobres sean, mejores serán».
C 53,10 Ponga cuidado para no dejarse llevar de la disipación en estos comienzos de la casa.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
59. 1709 - H. Roberto
Al Hermano [Roberto], 1709
C 59,1 Me parece, carísimo Hermano, que debería usted ser más sumiso y confiado de lo que es.
C 59,2 No hemos venido a la comunidad para andar en regateos con nadie. No se deben poner condiciones; la sumisión debe ser la regla de nuestra conducta.
C 59,3 Tenga la seguridad de que Dios no le bendecirá sino en la medida en que siga ese proceder.
C 59,4 Por amor de Dios, nunca haga propuestas semejantes a la que ha hecho en su última, pues no son propias de una persona obediente.
C 59,5 Es cierto que hay que confiar en la gracia de Dios, pero en una comunidad no se obtiene la gracia sino en la medida en que se practica la obediencia.
C 59,6 Pida, pues, a Dios una obediencia ciega; nada le es más necesario.
C 59,7 Haga caso a las inspiraciones y no tanto a sus repugnancias y dificultades. No demuestra uno que es sumiso cuando no siente repugnancia, pues en esas ocasiones todo el mundo obedece fácilmente, sino precisamente cuando se sobrepone a ella.
C 59,8 Me alegro mucho de que se sienta usted inclinado a la virtud. La principal que debe practicar es la sumisión.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
60. 1709 - H. Roberto
Al Hermano [Roberto], 1709
C 60,1 Mucho me alegro, carísimo Hermano, de que haya usted salido del miserable estado en que permaneció durante tanto tiempo, y de que reconozca el cambio que Dios ha obrado en usted.
C 60,2 Le aseguro que nunca siento mayor alegría que cuando me entero de que caminan con valentía por los senderos de la justicia aquellos que están confiados a mi dirección.
C 60,3 Ruego a Dios, carísimo Hermano, que continúe lo que ha comenzado en usted, y le doy gracias por haberle concedido amor a la santa virtud de la mortificación.
C 60,4 Puesto que actualmente reconoce usted sus defectos, como su poca obediencia y observancia de las Reglas, etc., piense ante Dios, se lo ruego, en los medios para corregirse de ellos.
C 60,5 Y ya que advierte que su falta de mortificación y su poca docilidad han sido la causa de ellos, ponga los medios para llegar a ser más mortificado y más sumiso.
C 60,6 Estoy muy contento del abandono que hace de sí mismo para que se disponga de usted en todo.
C 60,7 Puesto que se halla usted en disposición de obedecer en todo, no diga nunca: «yo quiero», pues es impropio del obediente.
C 60,8 No tengo dificultad para creer que usted sienta repugnancia en obedecer; basta con que la supere.
C 60,9 Recuerde que lo que santifica las acciones de una persona de comunidad, es la obediencia [...].
61. 1709 - H. Roberto
Al Hermano [Roberto], 1709
C 61,1 Las penas que cree usted haberme ocasionado, carísimo Hermano, no me duelen en absoluto por lo que a mí se refieren. Lo único que me apena al respecto es que no sepa usted lo que le conviene.
C 61,2 Tenga por seguro que lo más conveniente para usted será aquello que la obediencia le depare.
C 61,3 Por eso debe estar usted muy atento sobre su conducta, no sólo en lo que a usted respecta, sino también en relación con los demás, ya que no es posible que pueda agradar a Dios sin acomodarse a los otros, ni que pueda tener paz y tranquilidad de corazón sin tener miramiento por los demás, para quienes debe usted ser motivo de edificación.
C 61,4 Le ruego que pida a Dios que le toque el corazón y lo haga dócil a su voluntad.
C 61,5 Esmérese en tenerlo contento con sus acciones; por mi parte, también yo rezaré por usted.
C 61,6 Le ruego que las penas que lo afligen no le impidan hacer su retiro y aprender en él a obedecer bien. Hágalo porque se lo pido yo.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano [Tomás]
C 64,1 [...] De esa forma encontrarán el medio de ganar el aprecio y la estima de los habitantes de una ciudad donde no se los ama; podrán sufrir un poco, pero no durará. Por lo demás, tengan la seguridad de que Dios les dará siempre todo lo necesario para la vida, si lo sirven bien. [...]
C 64,2 Se queja usted de que el noviciado es muy pobre. Creo que el medio de que
quiere servirse Dios para asegurar su subsistencia es que admitan niños a pensión, y que los instruyan y eduquen bien [...]
65. 28.1.1719 - Director de Calais
Al Hermano Director de Calais
Ruán, a 28 de enero de 1719.
C 65,1 No creo, carísimo Hermano, haber dado motivo al señor deán de Calais para decir que soy del número de los apelantes.
C 65,2 Jamás pensé en apelar, ni tampoco abrazar la doctrina de los apelantes al futuro Concilio.
C 65,3 Siento demasiado respeto hacia nuestro Santo Padre el Papa y demasiada sumisión hacia las decisiones de la Santa Sede, para no acatarlas.
C 65,4 En esto quiero conformarme a san Jerónimo, quien en un conflicto causado en la Iglesia por los arrianos, que le exigían que admitiese en Dios tres hipóstasis, 1. Consideró un deber consultar a la Cátedra de San Pedro, sobre la cual sabía, dice, que está edificada la Iglesia; y dirigiéndose al papa Dámaso, le manifestó que, 2. Si Su Santidad le mandaba reconocer en Dios tres hipóstasis, a pesar de los inconvenientes que encontraba en ello, no temería confesar tres hipóstasis. Por lo cual, el santo terminaba su carta, 3. Suplicando instantemente a Su Santidad, por Jesucristo crucificado, que es el Salvador del mundo, y por la Santísima Trinidad de las divinas personas en una misma naturaleza, que le hiciera el favor de autorizarle, mediante una carta suya, o a confesar o a negar tres hipóstasis en Dios.
C 65,5 Ni el señor deán ni ningún otro deben, pues, extrañarse si, conformándome con este gran santo, tan esclarecido en materia de religión, me basta con que quien se sienta hoy en la Cátedra de San Pedro haya declarado mediante una bula, aceptada por casi todos los obispos del mundo, y que haya condenado las ciento una proposiciones tomadas del libro del padre Quesnel, para que después de una decisión tan auténtica de la Iglesia, yo diga con san Agustín que la causa está terminada.
C 65,6 He ahí cuál es mi sentimiento y mi disposición, que nunca fue otra, y que no cambiaré jamás. C 65,7 Soy, mi carísimo Hermano, su muy humilde y afectísimo servidor en Nuestro Señor.
De La Salle, sacerdote.
C 65,8 1.: mihi cathedram Petri censui consulendam... super illam petram aedificatam Ecclesiam scio. 2.: discernite, si placet, obsecro, non timebo dicere tres hypostases, si jubetis. 3.: obtestor beatitudinem tuam per crucifixum mundi salutem, per homousion trinitatem, ut mihi epistolis tuis sive tacendarum sive dicendarum hypostaseôn detur auctoritas.
66. A un director
Anónimo (a un director)
C 66,1 Estoy muy satisfecho, carísimo Hermano, de la buena disposición en que está de trabajar tenazmente en corregirse de sus defectos y en vencerse.
C 66,2 Cuando se presente alguna ocasión de impaciencia, acuda mucho a Dios. Y, por su parte, para trabajar en vencerla, guarde silencio y no actúe hasta que haya pasado esa ocasión.
C 66,3 Humíllese, considerando su flaqueza, cuando haya caído en algún defecto.
C 66,4 Sea fiel en declararlos, y tenga la seguridad de que la dificultad que experimente al hacerlo, unida a la penitencia que se le imponga, lo ayudarán mucho a corregirse de sus defectos.
C 66,5 Tiene usted razón al decir que la reflexión que se hace de vez en cuando sobre las dificultades de su estado, no es más que un engaño del demonio, que sólo busca desanimarlo e impedirle que soporte con amor las dificultades que van unidas a él.
C 66,6 Persuádase de que la felicidad del cristiano consiste en hacerse violencia para sufrir todas las penas que Dios envíe.
C 66,7 A Él ruego que le conceda a usted esta gracia.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
67. A un director
Anónimo [al mismo director de C 66]
C 67,1 Siento mucha alegría, carísimo Hermano, al ver la buena disposición en que está usted.
C 67,2 Estoy muy contento por la estima que tiene de su estado.
C 67,3 Trate de conservar esta gracia y obre de modo que haya entre ustedes mucha caridad para procurar la salvación del prójimo; y que todo se realice con decoro y cortesía, como entre Hermanos que deben amarse mutuamente y soportar los defectos, los unos de los otros.
C 67,4 Eso atraerá las gracias y las bendiciones de Dios sobre ustedes. Para ello, hay que soportarse unos a otros.
C 67,5 Pida mucho a Dios esta paz y esta unión.
C 67,6 Es verdad, tal como usted dice, que necesitan mucha caridad para mantener la paz entre ustedes; pero tengan las seguridad de que no necesitan menos la excelente virtud de la obediencia, noble fruto de la santa caridad; y mientras en su comunidad exista el espíritu de sumisión, Dios siempre la bendecirá.
C 67,7 También yo deseo tanto como usted que se conserve la paz. Trate de conservarla y el Dios de la paz estará con ustedes.
C 67,8 Me doy perfecta cuenta, tal como usted indica, de que no existe mucho orden en su casa. Trate de poner remedio.
C 67,9 Me satisface que tenga usted aversión a los cargos. Manténgase siempre en estos sentimientos y Dios le bendecirá por ese medio. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo [al mismo director de C 66 y C 67]
C 68,1 No sé cómo no me ha descubierto antes la tentación que ha tenido usted, carísimo Hermano. ¿No sabe que el mal está medio curado cuando se da a conocer al médico?
C 68,2 Vea, pues, cuán débil es usted, después de haber renovado su decisión de ser todo de Dios.
C 68,3 No es verdad que en su estado se sufra sin mérito. Cada estado tiene sus penas. No debe extrañarse por tener que sufrir. Eso entra en el orden de Dios, que quiere que, por ese medio, se adquieran méritos.
C 68,4 Pues bien, carísimo Hermano, si hubiera usted sufrido con paciencia la molestia que le ocasionó el Hermano..., ¡cuántas gracias de Dios habría merecido! Tenga, pues, cuidado en lo sucesivo de sufrir con paciencia.
C 68,5 Si quiere usted ser agradable a Dios, ofrézcale sus penas en unión a las de Jesucristo Nuestro Señor.
C 68,6 La turbación que siente usted en lo tocante a sus defectos, nada bueno le puede traer. Lo único que importa es pensar, ante Dios, en los medios que hay que adoptar.
C 68,7 Un poco de paciencia y Dios apaciguará todo.
C 68,8 Cavila usted demasiado.
C 68,9 Cuide mucho de no dejar traslucir a los demás que usted siente congoja. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
70. 1.1706 - A un director
Anónimo [a un director]
[enero de 1706]
C 70,1 Debería poner mucho cuidado, carísimo Hermano, en no hablar de forma tan altanera, como usted me indica que hace a veces. El Espíritu de Dios no permite que se hable de esa forma.
C 70,2 Por lo tanto, que la humildad y la mansedumbre se manifiesten siempre en su hablar. «La lengua mansa, dice el Sabio, rompe las cosas más duras». Nada le hará más agradable a Dios y a los hombres que estas dos virtudes.
C 70,3 Pero si debe usted hablar a sus Hermanos con humildad y mansedumbre, no menos debe cuidar de comportarse de la misma forma con los de fuera. Es lo que exige san Pablo a todos los cristianos.
C 70,4 No sea, pues, desabrido nunca con nadie; eso es muy poco edificante. Por el contrario, hable de manera educada, lo cual es muy conforme al Espíritu de Dios.
C 70,5 Tenga también mucho cuidado de no hablar con excesiva desenvoltura a sus alumnos; eso enajena todo el respeto.
C 70,6 Debe evitar cuidadosamente las ligerezas en clase, pues causan mucho mal.
C 70,7 Es contrario a nuestras Reglas dar el catecismo en la iglesia.
C 70,8 No debe admitirse a nadie del otro sexo.
C 70,9 No debe darse de beber a los escolares.
C 70,10 No hay que pedir la misa de San Nicolás. Más bien, hay que mandarla decir. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
71. 14.9.1709 - A un director
Anónimo [a un director]
[14 de septiembre de 1709]
C 71,1 Sabe muy bien, carísimo Hermano, que hay que tener mucho amor los unos para con los otros; y para ello hay que soportarse mutuamente las faltas en que la debilidad humana nos hace caer con frecuencia.
C 71,2 En esto es donde se cumple particularmente el precepto de la caridad, que debe ser grande en usted.
C 71,3 Tiene que amar a sus Hermanos para poderlos reprender con mansedumbre y cordialidad, pues sin eso, la reprensión no produce, de ordinario, su fruto.
C 71,4 Los Hermanos tienen que vencerse para corregirse de sus defectos. También usted debe vencerse para corregirse de los suyos y para darles buen ejemplo.
C 71,5 De ordinario, usted los corregirá mejor de esa forma que mediante todas las duras reprensiones que pudiera darles.
C 71,6 No debe alarmarse cuando alguno incurra en falta, sino al contrario, debe avisarlo de forma cordial y persuasiva, y sobre todo con pocas palabras, pues esto es muy importante.
C 71,7 Le ruego trate de usar modos persuasivos, y procure que una de sus principales ocupaciones sea facilitar la unión entre sus Hermanos.
C 71,8 Ruego a Dios que le conceda a usted mismo esa unión. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
72. 15.9.1709 - A un director
Anónimo [a un director]
[15 de septiembre de 1709]
C 72,1 Tenga cuidado, carísimo Hermano, en no hacer su lectura por curiosidad, pues esa es falta muy notable.
C 72,2 Estoy satisfecho de que la lectura le dé animos. Hágala con el mayor esmero que le sea posible.
C 72,3 Le ayudará mucho para la oración mental, en la cual ha de procurar ocuparse.
C 72,4 Su lectura espiritual contribuirá también mucho para llegar a ser muy interior y para su progreso en la virtud.
C 72,5 Siento mucho gozo de que se complazca usted en cumplir las Reglas. El mucho amor que manifiesta en ello es indicio de su vocación.
C 72,6 Tiene usted razón al afligirse porque no se observen bien las Reglas. Con todo, lo que lo remedie no será el disgusto que usted mismo sienta, sino el ejemplo que usted mismo dé, pues debe ser usted como el primer motor y quien contribuya con su prudencia a que se observen.
C 72,7 ¡Pues vaya!, ¿hay en ellas algo que parezca tan difícil? Me agradaría que me lo diera a conocer.
C 72,8 Procure, pues, ser piadoso, modesto y muy fiel en la observancia de las Reglas. De ese modo dará buen ejemplo a sus Hermanos. C 72,9 Ruego a Dios le conceda esa gracia.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un director)
C 79,1 [...] Un Director debe tener paciencia tan grande y virtud tan probada, que se debe considerar como el receptáculo donde se recogen todas las inmundicias de la casa; es decir, que debe estar en disposición de sufrirlo todo sin dejar traslucir ni pena ni disgusto...
Anónimo (a un director)
C 80,1 [...] Es falta suya. Porque usted no se aplica a adquirir esa ecuanimidad de espíritu que le es tan necesaria.
Sus Hermanos se quejan de que nunca se le ve ecuánime, y dicen, en general, que parece usted la puerta de una cárcel...
81. A un Hermano
Anónimo (a un Hermano antiguo)
C 81,1 [...] Bien, mi querido Hermano; usted desea, pues, que todavía me siga encargando yo de su dirección.
Lo haré con gusto, a condición, sin embargo, de que usted me indique mis defectos sin halagarme. Puesto que es usted el más antiguo de nuestros Hermanos, es propio que lo haga...
82. A u
Anónimo (a un inferior)
C 82,1 Creo que no duda usted, carísimo Hermano, de lo mucho que necesita la virtud de la humildad.
C 82,2 Bien ve que no tiene entera sumisión de espíritu. ¡Ay, carísimo Hermano!, le ruego que trabaje en adquirirla, y sepa que no se es feliz en este mundo sino en la medida en que se tiene humildad, sumisión y paciencia; tres virtudes que son inseparables y que usted necesita por igual.
C 82,3 Aplíquese, pues, a adquirirlas, y verá que en la medida en que las posea, disfrutará usted de tranquilidad y de satisfacción en su estado.
C 82,4 No hay nada que no haga yo para sacarle de la dificultad; pero créame, mi querido Hermano, que el mejor medio para salir de ella es trabajar en la adquisición de las virtudes que acabo de proponerle.
C 82,5 Sin embargo, a través de su última, me parece que no se esfuerza usted bastante en adquirirlas. Ponga cuidado en ello, se lo ruego; pues sin ellas, no hará nada provechoso ni agradable a Dios. Con todo, ni fuera ni dentro podrá usted hacer gran cosa sin ellas.
C 82,6 Dése cuenta de que ha sido la falta de esa virtud lo que le impidió comulgar el día de Reyes.
C 82,7 Por amor de Dios, carísimo Hermano, cambie de conducta. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor. De La Salle.
83. A un inferior
Anónimo [al mismo inferior de C 82]
C 83,1 Mi carísimo Hermano, lejos de sentirse molesto porque le acusen de sus faltas pasadas, debería, por el contrario, bendecir a Dios sin cesar. Una vez más, trate de sacar provecho de ello.
C 83,2 Reciba bien cuanto le digan en la advertencia de defectos. Este ejercicio le será muy útil si sabe aprovecharlo.
C 83,3 ¿Qué humildad es, pues, la suya, si no puede aguantar una cosa que le causa ligera confusión?
C 83,4 Ahora entiendo lo que usted desea, carísimo Hermano. Usted quiere de buena gana profesar que es gran amante de la humildad, y que la estima mucho; pero, al mismo tiempo, evita la humillación cuanto le es posible. ¿De qué le servirá amar la virtud si rechaza su práctica?
C 83,5 ¡Vaya!, se queja usted de que los otros no tienen bastante caridad, ¡y no se queja de que usted mismo carece de humildad! ¿De qué valen las grandes disposiciones que usted tiene para esta virtud, sino para hacerle más culpable ante Dios?
C 83,6 Así, pues, que en lo sucesivo no se le vuelva a ocurrir quejarse de las advertencias que le hicieren, ni piense que su director está disgustado con usted.
C 83,7 Si él es fiel en reprenderle e imponerle penitencias, y no hace lo mismo con los demás, es que le ve a usted dispuesto y desea más su progreso en la virtud.
C 83,8 Procure que esto sea verdad, y que en adelante, su especial esfuerzo consista en alegrarse de las reprensiones y por las penitencias que se le impongan, y corregirse de sus defectos.
C 83.9 En las ocasiones es donde se encuentran los medios. Vigile, pues, sobre sí mismo para no acongojarse por lo que no es sino un bien para usted.
C 83,10 Ruego a Dios que le conceda esta gracia y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
84. A un inferior
Anónimo [al mismo inferior de C 82 y C 83]
C 84,1 Guárdese mucho, carísimo Hermano, de sentirse contrariado cuando le advierten sus defectos. C 84,2 De cualquier forma que se los digan, mucho más le dijeron a Nuestro Señor, de quien ha hecho profesión de ser discípulo.
C 84,3 Si realmente lo es, se alegrará usted de ser tratado como su maestro, que sufrió con paciencia todo lo injurioso que le dijeron, y lo mismo hicieron los santos, sus servidores.
C 84,4 Tenga, pues, cuidado, cuando le advierten de manera que parece que lo ofenden o menosprecian, de adorar la justicia de Dios en quien le advierte.
C 84,5 Debe usted, carísimo Hermano, amar mucho este ejercicio y considerarlo como medio que Dios le ofrece para librarse de sus defectos; y aunque sólo fuera la humillación el único fruto que se pudiera obtener de este ejercicio, debería apreciarlo y amarlo.
C 84,6 Cuídese mucho de dolerse de sus faltas por la penitencia que se le pueda imponer para satisfacer por ellas, pues eso sería señal de que busca más su descanso y su apetito sensual que a Dios, y estaría sirviendo a Dios como un esclavo.
C 84,7 Una de las cosas que le atraerá más gracias de Dios es cumplir gustoso las penitencias que se le impongan. Practíquelas con amor, se lo ruego. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
85. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 85,1 Si la divina y adorable providencia quiere, carísimo Hermano, dejarle en el estado en que se encuentra, debe querer lo que ella quiere, abandonarse a ella.
C 85,2 A ello estamos obligados por nuestra profesión, y debemos adorar constantemente sus designios sobre nosotros.
C 85,3 Pues si usted desea salir de este estado para buscar consuelos, es de temer que sea el propio consuelo el que usted busca, más bien que al Dios de los consuelos.
C 85,4 Usted no ignora que la virtud de un religioso es la obediencia.
C 85,5 Y así, aun cuando encontrara usted mayor dificultad, debería someterse por amor de Dios.
C 85,6 Se da usted cuenta, carísimo Hermano, de que las dificultades que usted encuentra provienen de la falta de sumisión.
C 85,7 Lo que debe usted hacer en tales casos, si quiere verse libre de tribulaciones, es cerrar los ojos del alma y decirse a sí mismo: «Haré esto por obediencia, a pesar de mis razones y repugnancias».
C 85,8 Si procede así, pronto se verá libre de congojas.
C 85,9 Estoy contento de que me escriba usted con mucha sencillez.
C 85,10 Trataré de ayudarle en todo cuanto yo pueda; pero no basta que me indique que es irregular, en general; debe señalarme en qué, para que pueda yo indicarle los remedios.
C 85,11 Deseo vivamente que encuentre usted un método.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un inferior)
C 86,1 No sé por qué dice, carísimo Hermano, que la oración mental dura cinco cuartos de hora en lugar de una hora. Creo que la oración mental se hace de igual forma en todas partes y que se termina a la misma hora.
C 86,2 Usted se inquieta porque la oración mental es demasiado larga; señal de que apenas la aprecia.
C 86,3 ¡Ay, carísimo Hermano, ella es el sostén del alma!, ¿quisiera usted descuidarla?
C 86,4 Si no puede ejercitarse en un acto, ejercítese en otro. En tiempo de sequedad, ejercítese con reflexiones.
C 86,5 En ella, manténgase humillado ante Dios, a la vista de sus defectos.
C 86,6 La disipación de que se deja llevar es la causa de la dificultad que encuentra para aplicarse a la oración mental, y es indicio y consecuencia del desarreglo de su interior. Por eso vigile mucho para corregirse de ese defecto.
C 86,7 Aplíquese, por encima de todo, a conocer bien el método de oración mental que se usa en la Sociedad, y sígalo. No me extraña que, al no seguirlo, tenga usted dificultad para aplicarse a ella.
C 86,8 Ahora tiene usted medios para ocuparse en Dios y para entrar a menudo en sí mismo; hágalo, se lo ruego.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un inferior)
C 87,1 Siento mucho consuelo, carísimo Hermano, al ver que usted ama apasionadamente su estado. Bendigo a Dios por ello.
C 87,2 Usted me pide que le ponga el último entre sus Hermanos. Veremos si en lo sucesivo podemos acceder a su petición.
C 87,3 Dice que a menudo no sabe usted callarse. Debe intentar aprenderlo. Es ciencia excelente el saber callarse a tiempo.
C 87,4 Dice que teme no ser suficientemente paciente para soportar todo lo que hay que sufrir. Ese debe ser su esfuerzo diario. El silencio y la circunspección le ayudarán a conseguirlo. C 87,5 Sea muy estricto en lo tocante al silencio. Es uno de los principales puntos de regularidad, sin el cual una casa cae en el desorden.
C 87,6 Tal vez me diga que desearía mucho observarlo, pero que la ocasión en que se halla continuamente de contestar a quienes le preguntan no se lo permite.
C 87,7 ¡Disculpa frívola! ¿No sabe usted en qué ocasiones debe responder y en cuáles debe callar?
C 87,8 Sólo la caridad debe hacerle responder, y en las demás ocasiones debe guardar silencio.
C 87,9 Si otro le habla, cállese.
C 87,10 Hable siempre con respeto a su director, considerándolo como a quien representa, para usted, la persona de Dios.
C 87,11 Evite con cuidado contradecir en los recreos. En ellos nunca se deben manifestar opiniones contrarias a las de otros Hermanos. C 87,12 Manténgase siempre en estas disposiciones.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo [a un inferior], septiembre de 1709
C 88,1 Cuando está haciendo alguna cosa, carísimo Hermano, ponga atención a que en este mundo no se es feliz, sino cuando se realizan las cosas con la mirada puesta en Dios, por su amor y sólo para agradarle.
C 88,2 Parece que el suyo es muy débil; no me sorprende, ya que dice usted que piensa rara vez en Dios. ¡Vaya!, ¿qué medio de progresar en la virtud del santo amor si nunca se piensa en quien ha de ser el objeto único de nuestros pensamientos?
C 88,3 Sepa, pues, que mientras se mantenga en ese estado, siempre sentirá repugnancia hacia todas las virtudes.
C 88,4 Ya ve que durante las sequedades que experimenta, no practica ni siquiera una sola.
C 88,5 Humíllese, pues, mucho ante Dios. Confiésele que está usted tan contento como si sintiese gusto, y que es a Él a quien busca, y no sus consuelos.
C 88,6 Cuando se vea en dificultad acuda a Dios, expresándole que puesto que Él es su refugio, también debe ser su consuelo.
C 88,7 Aplíquese en sus ejercicios de tal manera que no pueda decir que, habiendo comenzado por el espíritu, haya acabado por la carne, es decir, de modo meramente natural.
C 88,8 Para no realizar nada sino con la mirada puesta en Dios se necesita la mortificación. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en su santo amor. De La Salle.
Anónimo (a un inferior)
C 89,1 Bien sabe usted, carísimo Hermano, cuán importante es seguir las inspiraciones que Dios le concede.
C 89,2 Son preciosas y Dios, de ordinario, une a ellas sus gracias. No es su intención dárselas en vano. Él sabe vengarse cuando no se es fiel a ellas.
C 89,3 Así, pues, las inspiraciones que Dios nos concede son algo precioso, y no nos comunica sus gracias sino en la medida en que somos fieles en seguirlas.
C 89,4 Esa es una gracia particular que Dios le ha dado. Es señal de que Dios lo quiere en su estado.
C 89,5 El medio seguro de que debe servirse para evitar la desgracia en que pensó es la obediencia y la acusación diaria.
C 89,6 Tenga la seguridad de que esas dos prácticas le impedirán sucumbir en la tentación.
C 89,7 Esfuércese mucho en rechazar todas los pensamientos contrarios a su estado.
C 89,8 Escuche al Espíritu Santo, que le habla en lo profundo de su corazón.
C 89,9 Ruego a Dios que le conceda esta gracia.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Anónimo (a un inferior)
C 90,1 Aplíquese mucho a la presencia de Dios, carísimo Hermano. Considere esa práctica como la suprema felicidad para usted.
C 90,2 Para poder conseguirla, debe tener mucha modestia y atención sobre sí mismo.
C 90,3 Ellas le servirán de medio para vencerse en las ocasiones y le impedirán que realice sus acciones de forma puramente natural, inspirándole que tenga siempre en vista la voluntad de Dios, que es la única cosa que debe proponerse como fin.
C 90,4 No sin razón dice usted que es bastante disipado, pues efectivamente lo es en demasía, carísimo Hermano, ya que tan poco frecuente es para usted el pensamiento de la presencia de Dios, y que no lo mantiene ni siquiera en los más santos ejercicios.
C 90,5 Le ruego que se esfuerce en realizar todo lo que hace con la mirada puesta en Dios y por sentimientos de fe, pues ése es el espíritu de su estado. C 90,6 Lo compadezco mucho por la situación en que se encuentra, y lamento la congoja que experimenta, al verse obligado a rechazar de continuo los pensamientos inútiles que le abruman.
C 90,7 Pero, me atreveré a decirlo, si le abruman de esa forma, es porque usted no practica los ejercicios con suficiente fervor, y porque emplea el tiempo en muchas cosas inútiles.
C 90,8 Esfuércese, pues, se lo ruego en nombre de Jesucristo, en vencer su negligencia en estos puntos, pues nada puede dañarle tanto como eso en el servicio de Dios. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en su santo amor.
De La Salle.
103. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 103,1 [...] La disipación y la curiosidad son un mal considerable en el servicio de Dios. Esfuércese, pues, carísimo Hermano, en restablecer su interior. Bien sabe usted que esto es lo principal y lo que más conduce a Dios.
C 103,2 Sus ojos son sus dos mayores enemigos. He ahí por qué debe usted velar continuamente sobre ellos, para no permitirles ver sino lo que exige la necesidad.
C 103,3 El mayor bien que puede usted procurarse es el recogimiento, y cuando lo haya conseguido, podrá decir lo que Salomón dijo de la sabiduría, que todos los bienes le vinieron con él.
C 103,4 La curiosidad es una de las cosas que más impiden tener piedad. Por tanto, guárdese de ella y aplíquese por encima de todo al recogimiento y a la presencia de Dios, pues es el medio más adecuado que pueda usted adoptar para llegar a ser interior. ¡Ea!, por amor de Dios, esfuércese en ello.
C 103,5 Ya ve los males que causa en usted la disipación. Por eso, retenga sus ojos y su lengua. Nada es tan importante para usted como esta práctica.
C 103,6 Este medio le facilitará tener la mirada puesta en Dios en sus ejercicios, y le comprometerá a realizarlos bien, tanto interior como exteriormente, pues Dios no pide sólo lo exterior de sus acciones; quiere que se realicen con disposiciones interiores. [...]
C 103,7 Se queja usted de que tiene que combatir una legión de pensamientos inútiles. Si se aplicara con ahínco a mantener el pensamiento de Dios, no le resultaría tan fácil tenerlos inútiles.
104. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 104,1 [...] Cuídese mucho de impacientarse en el ejercicio de su ministerio; éste es el medio para no producir en él ningún fruto.
C 104,2 Cuando se sienta agitado por la impaciencia, contenga ese impulso y espere a que se haya desvanecido, antes de obrar; y cuando se deje llevar de impaciencias como las que me indica en su última, ruegue a su Hermano Director que las castigue debidamente en usted y a costa de usted; será ése un buen medio para que se corrija tan notable defecto.
105. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 105,1 [...] El espíritu de fe es una participación del Espíritu de Dios que reside en nosotros, que hace que nos regulemos y nos guiemos en todo por sentimientos y máximas que nos enseña la fe. Por consiguiente, todo su empeño debe ser adquirirlo, a fin de servirse de él como de un escudo, para apagar todos los dardos inflamados del demonio. [...]
Anónimo (a un inferior)
C 106,1 [...] No se angustie ante el porvenir; abandónelo todo a Dios, que tendrá cuidado de usted. [...]
107. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 107,1 [...] Le ruego que en medio de sus enfermedades, procure tener completo abandono a la voluntad de Dios, pues a Él corresponde disponer de usted como le plazca. [...]
C 107,2 Tenga cuidado de no desanimarse ante las penas, dificultades y molestias; esta vida está llena de ellas.
C 107,3 Mientras es usted joven, debe disponerse a aceptarlas de buena gana y a servirse, como ya lo ha hecho, de las máximas del Evangelio, para recibirlas bien y para aprovechar de ellas...
108. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 108,1 [...] Le ruego que tenga en mucho aprecio la observancia de las Reglas, pues Nuestro Señor no lo bendecirá sino en la medida en que se esfuerce por observarlas con exactitud.
C 108,2 Y si me pide un medio fácil para cumplirlas como debe, le diré que ha de considerarlas como la voluntad de Dios para con usted, y entonces verá que nada le parece difícil.
C 108,3 Entre todas las Reglas, aquella a la que más debe aficionarse, es ser fidelísimo en no hacer nada sin permiso; eso es de extrema importancia. [...]
109. A un inferior
Anónimo (a un inferior)
C 109,1 [...] Me pide usted, carísimo Hermano, que resuelva cierta dificultad... [...]
C 109,2 Acerca de ella sólo le puedo responder que, siendo los obispos los superiores y yo un simple sacerdote, no soy juez en tal materia. Al Papa y a los obispos hay que dirigirse para saber lo que piensan acerca de lo que usted me pregunta, y qué juicio les merece. [...]
110. 1719 - A un inferior
Anónimo (a un inferior) [1719]
C 110,1 [...] Le ruego, por amor de Dios, querido Hermano, que en lo sucesivo no se le ocurra dirigirse a mí para nada.
C 110,2 Tiene usted a sus superiores, y a ellos debe comunicar sus asuntos espirituales y temporales.
C 110,3 En adelante, no quiero pensar sino en prepararme a la muerte, que muy pronto me ha de separar de todas las criaturas. [...]
115. Sr. Gense
Al señor Gense
C 115,1 [...] Acabo de enterarme con mucho agrado del celo que usted despliega en defender la religión, tan turbada actualmente en este reino.
C 115,2 Usted desea, señor, que yo me una a usted con ese mismo fin, ya que Dios me ha concedido la gracia de emplearme en ello hasta el presente.
C 115,3 No dejaré de rogarle con insistencia que bendiga su celo y le conceda feliz
éxito, para que sea como una barrera contra todo lo que el demonio emprende en los tiempos en que vivimos para quitar la paz a la Iglesia. [...]
116. Anónimo
Anónimo
C 116,1 Permítame, señor, que aunque pobre sacerdote de San Yon, me tome la libertad de unir esta esquela a la carta del Hermano Bartolomé, Superior de los Hermanos, para rogarle que tenga la bondad de hacer en su favor lo que él se toma la libertad de proponerle.
C 116,2 Estoy tan persuadido del celo de usted y de su afecto por todo lo que a ellos les atañe que, conociendo su buen corazón, tengo por seguro que mi pobre súplica no era necesaria, y que con su carta habría sido suficiente.
C 116,3 Con todo, es tan importante para mí la ocasión que me ofrece para renovarle la continuidad de la perfecta estima y consideración que tengo hacia usted, que le ruego sirva, al menos, para dársela a conocer y para manifestarle que soy, señor, con muy profundo respeto, su humilde y muy obediente servidor.
De La Salle, pobre sacerdote.
117. Anónimo
Anónimo
C 117,1 Permítame decirle, señor, que, al parecer, le han informado mal sobre mí, cuando le han dicho que yo hacía tanto bien a la Iglesia y que enviaba maestros a las ciudades y pueblos para instruir a la juventud.
C 117,2 Es cierto que comencé a formar Hermanos para tener las escuelas gratuitamente, pero hace mucho que estoy descargado de su dirección.
C 117,3 Uno de los Hermanos, llamado Hermano Bartolomé, que vive en esta misma casa, es el que los gobierna actualmente; y a quien los Hermanos, incluso los de San Dionisio, reconocen como su Superior... [...]
118. A un canónigo amigo
A un canónigo, amigo suyo
C 118,1 Esta es la tercera vez que he tomado la pluma para tener el honor de escribirle, desde el comienzo del año, que le deseo bueno y feliz. [...]
C 118,2 Permítame que le manifieste una pena que tengo respecto de usted. Y es que haya estado usted mezclado en el entredicho de sus compañeros, y que haya logrado levantarlo por jueces seculares, reconociéndolos así como sus superiores respecto de las funciones eclesiásticas.
C 118,3 Me extraña que no se haya hecho entregar en ceremonia el cáliz y la sobrepelliz por algún juez de dicho tribunal, como si tuviera el mismo derecho, para devolverle su uso, que el que tuvo su prelado para otorgárselo.
C 118,4 ¿Cómo ha podido usted reconocer a seglares como jueces suyos en un asunto tan eclesiástico como nunca hubo otro? De verdad, usted que es tan ilustrado en lo referente a su estado y que no es indiferente en lo que le concierne, ¿cómo ha podido recurrir a una jurisdicción puramente laica y secular?
C 118,5 Usted me responderá, tal vez, que lo hizo con otros muchos. ¿Fue, pues, por respeto humano? C 118,6 Añadirá, pienso, que esto ocurrió por habérselo encargado sus cohermanos; pero usted sabe muy bien que ellos no tienen derecho para obligarle a prevaricar contra los derechos de la Iglesia, ni para someterlo a una justicia secular, en algo que a ella no le compete.
C 118,7 Conozco la sumisión que san Pedro y san Pablo quisieron que se tuviese a los poderes temporales, pero nunca pretendieron que se extendiera a las cosas espirituales; y cuando se apela a un poder y jurisdicción superior, es preciso que sea in eodem genere, para cosas que atañen solamente lo que deriva de esa jurisdicción superior, y no para otras, como son, respecto de los jueces seculares, el uso del cáliz y de la sobrepelliz. [...]
C 118,8 Al caso presente se podría aplicar, aunque no absolutamente en el mismo sentido, lo que dice san Pablo en el capítulo sexto de su primera Epístola a los Corintios: «¿Osa alguno que tenga una queja con su hermano acudir al juicio de los impíos, es decir, de los gentiles, y no al de los santos, es decir, de los cristianos?».
C 118,9 Yo, por mi parte, diría de buena gana de cualquier eclesiástico que tuviera un pleito con su superior eclesiástico: «¿Osará hacerse juzgar por jueces laicos, y no por eclesiásticos, que son sus jueces naturales en tales asuntos?». «¿No sabéis, añade el santo apóstol, que los santos serán puestos como jueces vuestros en los asuntos de que se trata?».
119. A un religioso
A un religioso desconocido
C 119,1 [...] La aversión hacia el prójimo y el resentimiento por las injurias impiden que nuestras oraciones lleguen a Dios. Si nuestros corazones están divididos por la ira y por el odio, es imposible conservar la unión con Jesucristo; y al dejar así de ser miembros de su cuerpo místico, no se puede pretender que el Padre nos escuche, pues no reconoce en nosotros el Espíritu de su Hijo. [...] C 119,2 (Después le da algunos consejos para mantener la caridad).
C 119,3 Amóldese usted, por medio de una caridad condescendiente, a todas las debilidades de su prójimo; y, sobre todo, tome como norma disimular sus sentimientos sobre muchas cosas indiferentes.
C 119,4 Deponga toda acritud contra su prójimo, quienquiera que sea, y convénzase íntimamente de que es en todo mejor que usted; lo que no le costará mucho si se observa a sí mismo, por poco que sea, y con ello le será fácil vencer sus repugnancias.
C 119,5 Busque todos los días ocasiones en que pueda prestar algún servicio a aquellos por quienes siente antipatía. Después de hacer cada mañana examen sobre este tema, adopte resoluciones que habrá de poner fielmente en práctica, con mansedumbre y humildad.
C 119,6 Tenga particular cuidado en prevenir las necesidades de los más débiles, a pesar de la repugnancia natural que pueda sentir; todo ello, sin embargo, según el orden y las prácticas regulares de su comunidad; y si se ve precisado a rehusar algo, hágalo de modo que queden satisfechos con su negativa.
C 119,7 Procure ser cordial con todos, de hablar y responder con mucha amabilidad y deferencia, proponiéndose como modelo el modo de hablar y de responder de Nuestro Señor cuando más lo maltrataban.
C 119,8 Nunca diga palabra sobre los defectos ni la conducta del prójimo. Cuando se hable de ellos, interprete bien sus acciones, y si cree que no puede hacerlo, permanezca en silencio.
C 119,9 Jamás haga recaer una falta sobre el prójimo para ponerse usted a cubierto. Aunque fuera él quien la hubiere cometido y usted no tuviere parte alguna en ella, debe sentirse muy contento de que crean que fue usted, por espíritu de caridad y de humillación. Tome por costumbre no excusarse nunca; y menos aún ponerse a cubierto y al abrigo a costa de los demás.
C 119,10 No se queje nunca de los otros por nada, si la necesidad no le obliga a ello; y cuando se vea obligado a ello, que no sea en forma de queja.
C 119,11 Por poca razón que le parezca que tienen los demás en sus sentimientos y deseos, cuando no pueda avenirse a ellos por observar las Reglas, conténtelos con palabras de mansedumbre y de humildad.
C 119,12 Cuando le suceda contradecir a alguien o manifestar sus sentimientos contra el prójimo, al darse cuenta de ello, si está todavía hablando, se callará; y si le preguntan la razón, diga que estaba equivocado al hablar así. Usted comete otras muchas faltas y más importantes, a las que debe prestar mucha atención, para no interpretar mal las acciones de los demás.
C 119,13 Está usted lleno de celo, pero no lo entiende bien, pues quiere que se reprenda a los otros por sus defectos y no quiere ser reprendido por los suyos. Soporte los defectos de los demás e interprételos según el lado bueno.
C 119,14 En fin, tenga por norma no hablar nunca de las imperfecciones de los demás ni reprenderlos por ellas, por importantes que le parezcan. Cuando vea a alguien caer en algún defecto, recuerde lo que se dice en el Evangelio: «Veis la paja en el ojo de vuestro hermano, y no notáis la viga que tapa el vuestro». [...]
120. 1718 - A una sobrina religiosa
A su sobrina religiosa [1718]
Mi querida sobrina:
C 120,1 El día de la Ascensión contesté a la carta con que usted me había honrado; pero como no pudieron entregársela, le respondo de nuevo.
C 120,2 Le estoy muy agradecido por haberme hecho saber el día de su profesión, y comparto mucho el gozo que usted siente y su ardiente deseo de consagrarse totalmente a Dios. Es conseguir en esta vida un goce anticipado de la eterna.
C 120,3 ¡Cuán dichosa la considero por desprenderse así de los cuidados y de los impedimentos del mundo! C 120,4 No dejaré de unir mis oraciones a las suyas para pedir a Dios para usted la gracia de realizar bien este sacrificio. C 120,5 Desearía vivamente poder asistir a ella, pero me lo impiden dos razones. La primera, es que soy aquí el único sacerdote para confesar a cincuenta personas, y es difícil encontrar otro para esta casa, por estar alejada de la ciudad; de ahí que yo no pueda dejarla ahora. La segunda, es que por tener un superior, no soy dueño de mí mismo. C 120,6 Por eso, le ruego que tenga la bondad de contentarse con que yo me una a usted en este santo acto, con las mismas miras con que Dios le conceda la gracia de realizarlo. C 120,7 Quedo, con suma estima y todo el afecto posible...
A una religiosa
C 121,1 [...] Las Reglas deben servirle de guía en todos sus actos, y no los ejemplos de quienes las quebrantan. Si ha leído bien al señor de la Trapa, habrá aprendido, sin duda, en él, que no es singularidad el observar las Reglas en una comunidad cuando algunos no las observan. Que piensen de usted todo lo que quieran; mientras cumpla con su deber, no se preocupe en absoluto.
C 121,2 Tenga celo contra y respecto de sí misma; y si lo muestra para con las demás, que sea solamente dándoles buen ejemplo.
C 121,3 Considérese y actúe como lo haría una fervorosa novicia respecto de todas las prácticas regulares. ¡Con qué cuidado, fervor y afecto observa hasta las mínimas cosas y cómo se vigila para no omitir ninguna! He ahí cómo debe ser usted y lo que, tal vez, no es. Piense en ello, se lo ruego.
C 121,4 La desidia y las cavilaciones le hacen incurrir en muchas faltas. En adelante, considere que las Reglas son para usted como la explicación y la aplicación que le hacen a usted de cuanto contiene el Evangelio. Obsérvelas del mismo modo. El espíritu de fe le permitirá ponerse en tales sentimientos y en este proceder.
C 121,5 Del mismo modo que no hay que seguir fácilmente todos los pensamientos que le vienen a uno de realizar algo bueno, ni tomarlos ligeramente como inspiraciones de Dios, así también es necesario alejarse totalmente de aquellos que inducen a la relajación. Incluso hay que sentir santo horror hacia ellos; y respecto de unos y otros, debe usted pedir consejo antes de decidirse a actuar. Si no tiene tiempo u ocasión para ello y se trata de algo que hay que hacer o dejar de inmediato, debe acudir a Dios, y luego realizar decididamente, con ánimo y sencillez de corazón, lo que crea que le habrían aconsejado como lo mejor en tal situación. Las repugnancias de la naturaleza deben impulsar a realizarlo más bien que a desistir.
C 121,6 Le aconsejo que en todo se guíe por la observancia de las Reglas, teniendo la mira en Dios y no en agradar a los hombres; pues debe saber que poner cuidado en que los hombres no nos reprochen nada y no preocuparse de Dios, es ser farisea e hipócrita, y no cristiana. C 121,7 En fin, mi querida hermana, cumpla su regla y su reglamento diario. Haga de ambos lo esencial para usted. Eso será para usted mejor que hacer milagros. Y sobre todo, por el amor de Dios, sea más fiel en todo lo que más contraría a la naturaleza y más dificultad le ofrece, que en lo que más le agrada. C 121,8 Me alegro de que tenga salud para seguir a la comunidad. A eso debe entregarse y es lo que deseo yo de usted, pues es excelente medio para hacerla agradable a Dios, en cuyo amor, quedo...
122. A una religiA una religiosa
C 122,1 [...] Arrójese en los brazos de Dios y de su santa madre para que la sostengan en su gran debilidad; no de manera sensible y consoladora, sino como Dios quiere y usted lo merece. La violencia que haya de hacerse no será siempre tan grande ni durará mucho, tanto de parte de Dios, que consolará, como de parte suya, que no ha de permanecer largo tiempo en este mundo. Pero aun cuando hubiera de prolongarse, ¿no la merecen sus pecados, el ejemplo de Jesucristo, el amor de Dios y la posesión de la felicidad eterna?
C 122,2 Apoye sus debilidades en Jesucristo y confíe en su bondad; Él no la dejará caer en sus miserias, si sus infidelidades no le dan motivo para ello. Tenga, pues, paciencia, espere, y el consuelo llegará a su tiempo.
C 122,3 Todas las inquietudes y todas las penas que usted padece son medios poderosos para satisfacer a Dios por su pasado. Séale fiel, y tenga por seguro que habrá de dar muy estrecha cuenta del uso que de ellas haya hecho. Manténgase, se lo ruego, apegada a la cruz de Jesucristo; no se separe nunca de ella, y aunque todo el infierno ruja, diga con valentía que jamás se apartará ni cosa alguna será capaz de apartarla de ella. Si adopta una resolución tan generosa, Nuestro Señor vendrá en seguida en ayuda suya y la sostendrá con su mano.
C 122,4 Seamos infelices de buen grado ya que nuestro Dios permanece siempre en su felicidad. Esto debe darnos paz. Arrastremos nuestra pobre existencia el tiempo que a él le plazca, sin quejarnos a nadie, ni siquiera a quien puede librarnos de ella. Busquemos únicamente su voluntad. Reconozco que la violencia perpetua que ha de ejercer sobre sí misma es algo muy penoso para la naturaleza; pero, ¿qué no habrá de soportarse para rescatar un paraíso perdido y para evitar un infierno merecido? Todo hay que referirlo a estos dos grandes destinos de la eternidad. Que Dios sea, en sus combates y en los desfallecimientos de la naturaleza, su único recurso, y que la visita al Santísimo Sacramento sea el único remedio de sus penas.
C 122,5 Aunque la disposición en que usted se encuentra es un martirio, es la mejor que podría desear, pues es la más santificante. Basta que se muestre sumisa en sus penas, por poco que sea. Lo único de temer es que las descubra usted a otros distintos de quienes la dirigen. Ponga cuidado en no hacerlo.
C 122,6 Sé muy bien, mi querida Hermana, que sufre usted mucho, y comparto profundamente sus penas; pero me parece que no debería desolarse tanto. El abandono que usted experimenta es sólo exterior, y esas tinieblas tan profundas en que se encuentra, son medios que le da Dios para hacer que vaya a Él con mayor seguridad. Sabe usted muy bien que cuantas más tinieblas y oscuridades haya en su camino, más fe habrá; y sabe que sólo la fe constituye la vida y la norma de quienes son de Dios. En ese abismo, dígase a menudo a sí misma: «Aun cuando fuere reprobada, haría por Dios cuanto pudiera». Y si de veinte acciones, no hiciera usted más que una buena, o medio buena, siempre sería otro tanto hecho por amor de Dios. En el estado en que usted se encuentra, será buena algunas veces la humillación; pero la valentía y la confianza en Dios le serán todavía mejores. Una vez más, acuda a Dios por la oración. ¿Se le puede disgustar con esta acción? Aléjese de nosotros tal pensamiento, mi querida Hermana. Créame: la oración siempre atrae alguna gracia de Dios, incluso para los mayores pecadores.
Es, casi, su único refugio, y aun cuando no hiciera usted otra cosa que estar delante de Dios, siempre le resultaría muy útil para sostenerla en sus penas y para ayudarle a soportarlas con paciencia. Hágala, siempre que pueda, ante el Santísimo Sacramento. Esto le ayudará a tranquilizar su espíritu y lo más hondo del alma.
C 122,7 No se deje persuadir equivocadamente de que haya sido abandonada de Dios. Por el contrario, crea que Dios está más dispuesto que nunca a recibirla en sus brazos, y a medida que aumente su mal, también se hace mayor y más abundante su misericordia para con usted. Él sabe cuán grande es su debilidad y que es preciso que su gracia asiente y fortifique en usted lo que su debilidad y su cobardía le pueden hacer perder en cualquier momento. [...]
123. A una religiosa
A una religiosa
C 123,1 [...] Persuádase de que la vida que lleva exige de usted mucha mayor humildad, mucha mayor renuncia al mundo, a su espíritu y a usted misma; de modo que lo que en otra podría ser tolerable, de ninguna forma le debe parecer así en usted.
C 123,2 Considerándose como un desecho del infierno, debe ponerse por debajo de todo el mundo, extrañarse de que la puedan soportar, y de que la tierra se avenga a sostenerla.
C 123,3 Vea cuán alejada está de tales sentimientos; confúndase por conocerse tan poco y pida a Nuestro Señor que grabe esta humildad en lo profundo de su corazón.
C 123,4 No puede usted excederse en humillarse, aborrecerse y anonadarse, ya que es el único medio de salvación que le queda.
C 123,5 Así, pues, si desea realizar mucho progreso en esta virtud, observe los puntos siguientes:
C 123,6 De cualquier parte que le llegue la humillación, recíbala como algo que justamente se le debe.
C 123,7 Aguarde las humillaciones, a menos que Dios le dé un atractivo particular por buscarlas, y que la ocasión venga naturalmente.
C 123,8 Tenga todo por bueno, mi querida Hermana, especialmente lo que le humille y sea más opuesto a su inclinación. No existe mejor medio para destruir su fondo de orgullo que la práctica frecuente y diaria de las humillaciones. Si usted las desea y las ama, para estar unida en todo a Nuestro Señor, Él le procurará numerosas ocasiones para ello, además de las que ya le vienen de parte de su espíritu y de su talante. Si siente tal hambre de humillaciones y de alejamiento del mundo, llegará a conseguirlo con la gracia de Nuestro Señor.
C 123,9 Véase siempre con sentimiento de humillación, y humíllese en todo con todas. Humíllese cuando haga sufrir a las demás, considerando que es eso de lo que es capaz, y cuando note que se censuran sus acciones, convénzase de que tienen razón.
C 123,10 Es bueno que la desprestigien, para que pueda vivir más alejada y enemistada con el mundo, y más unida a Dios.
C 123,11 Cuando la reprendan por alguna falta que no haya cometido, o cuando la menosprecien, agradézcaselo con mucha mansedumbre y humildad a las que así se conducen, como gracia que le hubieran hecho, y manifieste que está dispuesta a corregirse. Bien sabe usted que no merece ningún respeto, deferencia, ni aprobación alguna. Ni siquiera merece usted ser escuchada. Póngase en estos sentimientos.
C 123,12 Escoja siempre el último lugar y el más incómodo, a pesar de todas sus repugnancias, que son consecuencias de su orgullo. Siempre será gran beneficio para usted el ser tratada como la criada de las demás, y es lo que debiera desear ansiosamente: 1. Para abatir su orgullo; 2. Para vencer su flojedad; 3. A causa de sus pecados, que por su elevado número y enormidad deben colocarla a los pies de todos, y especialmente de sus Hermanas. Cuando se persuada de que no merece nada ante de Dios, sino desprecios, y cuando considere a las criaturas como instrumentos de los que su misericordia y su justicia se valen, ya para elevarla, ya para abatirla, y que la Providencia sólo las emplea para la salvación de usted y para su gloria, entonces le importarán muy poco todos los malos tratos que le puedan dar.
C 123, 13 Póngase siempre en su lugar, es decir, a los pies de los demonios, donde tantas veces ha merecido estar, y donde, tal vez, podría estar para siempre; y con esta mirada, póngase a los pies de todas sus Hermanas, sin pretender que hayan de guardar con usted ninguna consideración ni tener ningún miramiento. Crea que no hay ninguna que no la supere en virtud y en inteligencia. Nadie mostraría tener menos que quien arriesga su eternidad, como tantas veces hizo usted. Si usted puede, mi querida Hermana, grabar estos sentimientos en su corazón y obrar en conformidad, amar la abyección, el desprecio y el rechazo de las criaturas, buscarlos y abrazarlos, como algo que le es tan justamente debido, creo que será un medio eficaz, y tal vez el único, para atraer sobre usted la misericordia de Dios. [...]
A una religiosa
C 124,1 [...] No atraerá las gracias de Dios sobre usted sino obedeciendo y sometiéndose en todo por amor de Dios. [...] C 124,2 Obedezca con anonadamiento interior al Espíritu de Nuestro Señor, que reside en quienes ocupan su lugar, para cumplir la voluntad de Dios. Adore a menudo a este Espíritu, de acuerdo con cuyas mociones debe usted actuar y dejarse guiar. C 124,3 Sea fiel en pedir permiso para las mínimas exenciones, y no escuche en eso los razonamientos de su espíritu. Nada pide la naturaleza con más fuerza que sacudir el yugo de la sumisión. Sea fiel en esto, se lo ruego.
C 124,4 Es natural realizar sin dificultad lo que se conforma con nuestro sentimiento y hacerlo sólo por inclinación; eso no es obedecer. Pero cumplir lo que se nos manda sin enjuiciarlo, por muy contrario que sea a nuestro sentimiento o a nuestras inclinaciones, ésa es la obediencia que Dios exige de nosotros.
C 124,5 En la obediencia hay que obrar por espíritu de fe, para que sea pura. Nunca hay que examinar las miras y las razones que haya habido para mandarnos una cosa, sino que hemos de sofocar todos nuestros razonamientos y dificultades; actuar sólo porque se nos manda, he ahí cómo debe usted obrar en adelante.
C 124,6 Haga todo cuanto se le prescriba y obedezca siempre ciegamente. Por mucha repugnancia que experimente en hacer lo que se le ordena, no manifieste nada que pueda hacer que le den otra orden contraria a la primera, a menos que considere que va en ello la gloria de Dios; pues entonces usted puede proponer su idea, sin desear, con todo, que la sigan.
C 124,7 Nunca decida nada por sí misma, ya que es contrario a la obediencia y a la dependencia que debe existir en una comunidad. En cuanto haya de realizar, esté atenta a recibir la orden de sus superiores, y cuando ellos le digan, prescriban u ordenen algo, acéptelo y ejecútelo sin réplica, por ridículo que le parezca lo que le manden o digan; pues ha de saber que, en cuanto uno quiere comenzar a buscar razones, ya no hay obediencia. ¡Hermosa perfección amar sólo lo que gusta! No obre así, se lo ruego; no razone en nada, ni respecto de nadie. Ante Dios, todo es bueno cuando lo sazona la obediencia.
C 124,8 A Él le pido que la anime a usted con este espíritu. [...]
125. A una religiosa
A una religiosa
C 125,1 [...] Recuerde continuamente que todo lo que tiene que hacer es tratar de salvarse, pues no está usted en el mundo sino para eso; y que el Salvador, que previó sus debilidades, no murió sino para procurarle las gracias y los medios de trabajar en ello provechosamente.
C 125,2 Es, pues, necesario: 1. Que renuncie al malhadado «qué dirán», pensando que una pecadora, como usted, no debe ya mirar a su honra y a su reputación, ya que las perdió ante Dios y los santos, y que no debería tener otro deseo que el de ser conocida por lo que es, o sea, por la abominación del cielo y de la tierra.
C 125,3 Es absolutamente preciso que aprenda a conocerse a sí misma mejor de lo que se conoce, pues en verdad le digo que usted no conoce ni la milésima parte de la enormidad de su vida; y mientras permanezca en esta ceguera, vivirá usted en la mentira, y por lo tanto, alejada de Dios, que es la verdad...
C 125,4 Ruego a Nuestro Señor que la haga humilde, pura y penitente. Son tres cosas que necesita por igual. Pídaselas usted todos los días con lágrimas y gemidos; y, sobre todo, desconfíe de sí misma, poniendo toda su esperanza en aquel que puede, Él solo, sacar al pobre del estercolero, como dice el profeta, para hacerla sentar con los príncipes de su reino.
C 125,5 Aunque tenga usted naturalmente poca disposición para la virtud, Dios quiere, sin embargo, infundirla en usted, por medio de su poder y de su amor.
C 125,6 Si tiene usted un poco de generosidad, no encontrará mucha dificultad para entregarse a Dios. Espero que Él se la dé. Ánimo, mi querida Hermana; con un poco de deseo de sufrir, todo le resultará suave y fácil.
C 125,7 Considere que su estado de vida proviene de Dios; y hastiarse de él, sería, en consecuencia, pretender oponerse a la voluntad de Dios. Bendígale todos los días por haberla llamado a participar en sus diversos estados de sufrimiento, y sienta profunda confusión por ser infiel a ello.
C 125,8 ¿No es para usted importante, importantísimo asunto, entregarse totalmente a Dios? Ésa es, a mi parecer, la única cosa en la que debe usted pensar.
C 125,9 Si busca usted a Dios y no el consuelo, conseguirá fácilmente la paz de espíritu.
C 125,10 A veces parece que Nuestro Señor duerme respecto de nosotros; pero sabe despertarse en seguida y hacernos caminar. No hay que ir más aprisa ni de otro modo que como Él quiere; y hay que descansar cuando Él lo quiere.
C 125,11 ¿Será posible, querida Hermana, que sólo los gustos sensibles y las ternezas hayan de mantenerla en el servicio de Dios? ¿No quiere ser de Él por principio de su solo amor? Arrójese entre sus brazos; Él es su padre y la llevará en los malos caminos, es decir, en las tentaciones.
C 125,12 No debe esperar su salvación de los hombres, cuando se dirige a ellos, sino sólo de Dios; y, tal vez por la falta de este sentimiento de fe, es por lo que Dios no da a usted los socorros que necesita.
C 125,13 En fin, ruego a Nuestro Señor que abra sus ojos más y más, para que conozca, por un lado, la profundidad del abismo de donde usted ha salido; y por otro, la infinidad del amor que la ha sacado de él; para que esta doble mirada la obligue a corresponderle con amor y fidelidad proporcionados a los pecados de usted y a los beneficios de Él. Así sea.
126. A una religiosa
A una religiosa
C 126,1 [...] Sea para usted la oración mental ejercicio frecuente, y trate de encontrar en ella su consuelo en las arideces, porque encontrará en ella a Dios de forma más pura. Persevere en ella con fe y constancia durante las arideces y las oscuridades, sin ningún atractivo; ése es muy buen estado y muy santificador.
C 126,2 La oración mental, hecha como le dije, la conducirá en breve tiempo y sin otro esfuerzo, a la presencia de Dios.
C 126,3 La oración mental es preferible a todo. Después del oficio divino, debe ser para usted punto esencial de regla.
C 126,4 La oración mental de padecimiento vale más que cualquiera otra; y si Dios le concede experimentarla, debe considerarla como gran dicha para usted. No tome ningún libro durante ese tiempo, que no lo necesita.
C 126,5 No se extrañe del alejamiento de Dios y de las arideces en la oración mental; usted es la única causa. Renúnciese a sí misma, hágase violencia, sea fiel a lo que la gracia exige de usted; y por indigna que sea de las caricias y favores del esposo de las almas, Él la colmará de ellas.
C 126,6 Sea tanto más fiel a la oración mental, cuanto que, por un lado, siente a Dios, que en lo íntimo del alma la atrae hacia ella; y, por otro, al demonio, que emplea todas sus fuerzas para apartarla.
C 126,7 La oración mental debe ser su principal apoyo; por lo mismo, no falte nunca a ella, a menos que esté enferma. Ella disipará las tinieblas y la ignorancia de su espíritu. Revístase del espíritu de fe: está usted ante Dios, lo cual ya es demasiado para usted. No se detenga nunca en los gustos sensibles; témalos, más bien, y desconfíe de ellos.
C 126,8 Su oración mental está bien, tal como usted la hace; continúe así. Dios se halla en ella y actúa por usted. Por tanto, basta que renuncie usted algunas veces, con paz y serenidad de corazón, a las dificultades y distracciones que experimenta en ella, y que se abandone a Nuestro Señor, para que Él venga a vivir en usted y se haga dueño de sus pasiones.
C 126,9 Debe usted aceptar la situación en que se encuentra durante la oración mental como penitencia que Dios quiere que cumpla por sus pecados. No saldrá de ella tan pronto; debe soportarla con paciencia e incluso con alegría. ¿No es bastante para una miserable saber que está en la presencia de Dios? Ésa es la reflexión que debe hacerse de vez en cuando, ya durante el día, ya durante la oración mental, para procurarse algún recogimiento interior y exterior.
C 126,10 El estado en que usted me indica que se encuentra durante la oración mental no es ociosidad peligrosa, como cree. Con tal que tenga usted a Dios y que vaya a Él, ¿de qué se ha de acongojar? No tiene Él necesidad de todos sus esfuerzos.
Hay que evitar la ociosidad, pero también el embarazarse con multitud de actos. Basta para usted y para contentar a Dios, que se mantenga en su santa presenciia
C 126,11 En fin, recurra una vez más a la oración mental y manténgase en ella, ante Dios, en estado de anonadamiento y de desasimiento de todo lo que no es Dios. Pídale con sencillez de corazón los medios para salir del miserable estado en que se encuentra. Si no puede hacer oración mental, dígale a Dios que no puede, y quede tranquila; Él no la obligará a lo imposible. O diga, como los santos apóstoles: «Señor, enséñame a orar», y luego permanezca anonadada ante Él, como incapaz de todo, y ésa será su oración mental. [...]
127. A una religiosa
A una religiosa
C 127,1 [...] Esa clase de silencio ha de ser la herencia del alma verdaderamente solitaria y apartada del amor del mundo.
C 127,2 Debe permanecer en reposo y callarse, pues es el medio de elevarse sin cesar por encima de sí misma, y nada hay más peligroso para ella que dejarse arrancar de esta conversación divina para abajarse hasta los hombres. [...]
A una religiosa
C 128,1 [...] Es tiempo de hablar poco y de hacer mucho. Mucho silencio, mucha humildad y mucha oración sean toda su solicitud, pues eso es lo que Dios quiere de usted.
C 128,2 Para ello debe razonar poco, desear poco y saber poco; es el medio para vivir contenta.
C 128,3 El silencio es virtud muy útil y muy necesaria para adorar a Dios, para servirle en espíritu y en verdad, para resistir las tentaciones y para preservarse de los pecados.
C 128,4 Hay que aprender a callarse, a disimular y hablar bien cuando la necesidad lo requiere; y para no excederse en este punto, tratar de observar puntualmente las siguientes reglas:
C 128,5 No hable nunca fuera de los recreos sin gran necesidad, e incluso durante el tiempo de los recreos hable poco. Su estado actual requiere de usted que sea fiel en esto. Y no debe decir ni una palabra sobre lo que sucede; pero recuerde que su silencio debe ser sin arrogancia.
C 128,6 Guárdese mucho de justificarse en nada; por el contrario, reconozca que está equivocada, sin incurrir, no obstante, en mentira, y observe en todo silencio cuando no puede hablar sin justificarse. No encuentro en usted nada que le dé motivo para hacerlo.
C 128,7 Nunca hable de los asuntos de la casa, ni de lo que crea usted que en ella se realiza contrario al buen orden. En esos encuentros, conténtese co encomendarlo todo a Dios y, cuando se hable de negocios y de cosas indiferentes, no manifieste nunca su opinión; y eso, porque considera su poco talento y discernimiento.
C 128,8 Manténgase siempre en silencio en las pequeñas molestias que le causen, y sea sólo Dios el testigo de su inocencia.
C 128,9 En fin, si después de haberse contenido, cuenta luego lo que apenas pudo ocultar, e incluso las gracias que Dios le hubiere concedido, entonces pierde el fruto de su silencio, y debe imponerse una penitencia. [...]
129. A una religiosa
A una religiosa
C 129,1 [...] Crea que no adelantará en el camino del amor sino en la medida en que sea fiel a no endurecer su corazón a las inspiraciones de la gracia. Usted sabe lo que dice el Espíritu Santo por boca del profeta: «Si hoy oyereis su voz, cuidaos de no endurecer vuestro corazón», pues ése sería el medio de alejarle de usted, tal vez para siempre...
130. A una persona piadosa
A una persona piadosa
C 130,1 [...] La fe es el camino por el que Dios quiere conducirla hasta Él, y en el que usted más le agradará. Tal vez la naturaleza se resista, ¿pero qué le importa a usted? ¿No le es suficiente conocer sólo a Dios? Ciertamente, esto vale más que todos los otros conocimientos de los más sabios doctores. [...]
C 130,2 Este camino de la fe, en el cual Dios la quiere a usted, no sólo le es muy útil, sino también le es muy necesario; pues bien sabe usted que en cuanto se apartó de él, cualquier otro camino la puso en trance de perderse y de hacerle perder a Dios...
131. A una persona piadosa
A una persona piadosa [la misma de C 130]
C 131,1 [...] Este espíritu de fe, en el cual la quiere Dios, es el estado en que vivió siempre la Santísima Virgen. Por eso puede usted dirigirse provechosamente a ella, para pedirle que la conduzca hasta Nuestro Señor por esta senda y por la que más le plazca. [...]
A una persona piadosa (la misma de C 130)
C 132,1 [...] Mire todo con los ojos de la fe. No debe apartarse de ella por ninguna razón.
C 132,2 Ella le producirá en un día más provecho, más aplicación interior, más unión con Dios y más vigilancia sobre sí misma, que un mes de penitencia y austeridades, a las que se siente tan inclinada.
C 132,3 Créame, usted experimentará su efecto, aunque tal vez ahora no lo comprenda.
C 132,4 Una vez más aún: cuanto más se ponga en una simple mirada de fe, más se situará en el estado de sencillez de acción y de conducta que es aquél en que Dios la quiere. [...]
133. A una persona piadosa
A una persona piadosa [la misma de C 130]
C 133,1 [...] Siento mucha alegría, señora, de que actualmente viva usted más en paz y en espíritu de fe.
C 133,2 Tiene usted razón al decir que con este espíritu se ven las cosas de forma muy distinta a como se las ve en sí mismas, sin ir más lejos. [...]
Índice
CARTAS AUTÓGRAFAS
Presentación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 625
1. Al Hermano Anastasio. 28 de enero de 1711. . 631
3. Al Hermano Bartolomé. 17 de enero de 1718 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 631
10. Al Hermano Dionisio. 30 de mayo de 1701. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 632
11. Al Hermano Dionisio. 8 de julio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 633
12. Al Hermano Dionisio. 1 de agosto de 1708 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 635
14. Al Hermano Gabriel Drolin. Roma, octubre de 1704 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 636
15. Al Hermano Gabriel Drolin. París, 23 de diciembre de 1704 . . . . . . . . . . . . . 637
16. Al Hermano Gabriel Drolin. París, 11 de febrero de 1705. . . . . . . . . . . . . . . . 638
17. Al Hermano Gabriel Drolin. 27 de abril de 1705. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 639
18. Al Hermano Gabriel Drolin. París, 28 de agosto de 1705 . . . . . . . . . . . . . . . . 640
19. Al Hermano Gabriel Drolin. París, 4 de septiembre de 1705. . . . . . . . . . . . . . 642
20. Al Hermano Gabriel Drolin. 28 de octubre de 1705 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 643
21. Al Hermano Gabriel Drolin. 11 de febrero de 1706. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 644
22. Al Hermano Gabriel Drolin. 16 de abril de 1706. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 646
23. Al Hermano Gabriel Drolin. 12 de mayo de 1706. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 647
24. Al Hermano Gabriel Drolin. 21 de junio de 1706 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 648
25. Al Hermano Gabriel Drolin. 26 de noviembre de 1706. . . . . . . . . . . . . . . . . . 649
26. Al Hermano Gabriel Drolin. 1 de abril de 1707. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 651
27. Al Hermano Gabriel Drolin. 14 de febrero de 1710. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 651
28. Al Hermano Gabriel Drolin. 12 de mayo de 1710. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 652
29. Al Hermano Gabriel Drolin. Marsella, 24 de agosto de 1711 . . . . . . . . . . . . . 654
30. Al Hermano Gabriel Drolin. Julio de 1712 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 655
31. Al Hermano Gabriel Drolin. 16 de diciembre de 1712 . . . . . . . . . . . . . . . . . . 656
32. Al Hermano Gabriel Drolin. San Yon, 5 de diciembre de 1716 . . . . . . . . . . . 658
33. Al Hermano Huberto. 5 de mayo de 1702 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 659
34. Al Hermano Huberto. 1 de junio de 1706 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 660
35. Al Hermano Huberto. 30 de enero de 1708 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 662
36. Al Hermano Huberto. 18 de abril de 1708. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 663
37. Al Hermano Huberto. 20 de julio de 1709. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 665
40. Al Hermano José. 23 de diciembre de 1710. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 666
41. Al Hermano José. 6 de febrero de 1711. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 667
42. Al Hermano Matías. 3 de diciembre de 1706. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 667
43. Al Hermano Matías. 18 de noviembre de 1707 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 668
44. Al Hermano Matías. 30 de diciembre de 1707. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 669
45. Al Hermano Matías. 13 de enero de 1708 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 670
46. Al Hermano Matías. 8 de febrero de 1708. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 670
47. Al Hermano Matías. 23 de marzo de 1708. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 671
48. Al Hermano Matías. 4 de abril de 1708 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 672
49. Al Hermano Matías. 13 de abril de 1708 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 673
50. Al Hermano Matías. 1708 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 674
51. Al Hermano Matías. 16 de mayo de 1708 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 675
52. Al Hermano Paulino. 25 de octubre. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 676
54. Al Hermano Roberto. 1 de mayo de 1708 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 676
55. Al Hermano Roberto. 21 de mayo de 1708 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 677
56. Al Hermano Roberto. 7 de diciembre de 1708. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 678
57. Al Hermano Roberto. 26 de febrero de 1709. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 679
58. Al Hermano Roberto. 26 de abril de 1709 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 680
62. Al Hermano Roberto, en Darnétal, 3 de noviembre de 1710. . . . . . . . . . . . . 681
63. Al Hermano Severino, en San Yon, 13 de julio de 1706 . . . . . . . . . . . . . . . . 682
102. Anónimo (a un inferior). 15 de mayo de 1710. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 682
111. A los señores alcalde y concejales de Château-Porcien. 20 de junio, 1682. . 683
112. Al señor Des Hayes. París, 26 de septiembre de 1704. . . . . . . . . . . . . . . . . . 683
113. Al señor Des Hayes. 18 de noviembre de 1704 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 684
134. A su hermano Luis de La Salle. 2 de marzo de 1718. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 685
135. Obediencia del Hermano José. 15 de julio de 1708. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 685
136. Obediencia del Hermano José. 30 de julio de 1709. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 686
137. Obediencia del Hermano José. 16 de noviembre de 1711 . . . . . . . . . . . . . . . 686
Cartas copiadas
CARTAS COPIADAS
9. Al Hermano Clemente. 26 de junio de 1706 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 689
13. Al Hermano Gabriel Drolin. 13 de agosto de 1704 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 690
38. Al Hermano [Huberto]. 2 de octubre de 1710 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 691
69. A un director (anónimo). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 693
73. Anónimo (a un director). 1710-1711 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 694
74. Anónimo (a un director). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 695
75. Anónimo (a un director). Diciembre de 1706 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 695
76. Anónimo (a un director). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 696
77. Anónimo (a un director). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 696
78. Anónimo (a un director). 23 de agosto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 697
91. Anónimo (a un inferior) [1709] . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 698
92. Anónimo (a un inferior). 14 de septiembre de 1709 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 698
93. Anónimo (a un inferior) [1702] . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 699
94. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 699
95. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 700
96. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 700
97. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 701
98. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 702
99. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 702
100. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 703
101. Anónimo (a un inferior). 21 de septiembre de 1709 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 703
114. Al señor Rigoley. París, 10 de julio de 1705 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 704
Cartas impresas
CARTAS IMPRESAS
2. Al Hermano Bartolomé (maestro de novicios). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 709
4. Al Hermano Bartolomé. Marzo de 1718 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 709
5. Al Hermano Bartolomé. Octubre de 1717 - mayo de 1718 . . . . . . . . . . . . . . 709
6. Al Hermano Bartolomé. Después de 1717. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 710
7. Al Hermano Bartolomé. Después de mayo de 1717 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 710
8. Al Hermano Bartolomé. Después de mayo de 1717 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 710
39. Al Hermano Ireneo. 1716. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 710
53. Al Hermano [Roberto]. 1705 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 711
59. Al Hermano [Roberto]. 1709 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 712
60. Al Hermano [Roberto]. 1709 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 712
61. Al Hermano [Roberto]. 1709 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 713
64. Al Hermano [Tomás] . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 714
65. Al Hermano Director de Calais. 1719 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 714
66. Anónimo (a un director). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 715
67. Anónimo (a un director) [al mismo director de C 66] . . . . . . . . . . . . . . . . . . 715
68. Anónimo (a un director) [al mismo director de C 66 y C 67] . . . . . . . . . . . . 716
70. Anónimo (a un director). Enero de 1706 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 717
71. Anónimo (a un director). 14 de septiembre de 1709 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 717
72. Anónimo (a un director). 15 de septiembre de 1709 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 718
79. Anónimo (a un director). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 718
80. Anónimo (a un director). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 719
81. Anónimo (a un Hermano antiguo) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 719
82. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 719
83. Anónimo (al mismo inferior de C 82) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 720
84. Anónimo (al mismo inferior de C 82 y C 83) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 720
85. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 721
86. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 722
87. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 722
88. Anónimo (a un inferior). Septiembre de 1709 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 723
89. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 724
90. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 724
103. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 725
104. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 725
105. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 726
106. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 726
107. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 726
108. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 726
109. Anónimo (a un inferior) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 727
110. Anónimo (a un inferior). 1719 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 727
115. Al señor Gense . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 727
116. Anónimo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 727
117. Anónimo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 728
118. A un canónigo, amigo suyo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 728
119. A un religioso desconocido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 729
120. A su sobrina religiosa. 1718. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 730
121. A una religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 731
122. A una religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 732
123. A una religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 733
124. A una religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 735
125. A una religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 735
126. A una religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 737
127. A una religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 738
128. A una religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 738
129. A una religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 739
130. A una persona piadosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 739
131. A una persona piadosa (la misma de C 130) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 739
132. A una persona piadosa (la misma de C 130) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 740
133. A una persona piadosa (la misma de C 130) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 740
Orden cronológico
ORDEN CRONOLÓGICO
(El cuadro que sigue está tomado, con ligeros retoques, de la edición italiana de las Cartas de San Juan Bautista de La Salle, y fue elaborado por Serafino Barbaglia, fsc. Cità Nuova, Roma, 1993).
N.o
Año
Fecha
Destinatario
Tipo
Página
111
1682
20 junio
Alcalde y concejales de Château-Porcien.
autógrafa
683
102
10
1701 [1701]
15 mayo
30 mayo
Anónimo (a un inferior) Al Hermano Dionisio
autógrafa autógrafa
682
632
33
93
1702 [1702]
5 mayo
Al Hermano Huberto Anónimo (a un inferior)
autógrafa copiada
659
699
13
112
14
113
15
1704
1704
[1704]
1704
1704
13 agosto
26 septiembre
Octubre
18 noviembre
23 diciembre
Al Hermano Gabriel Drolin
Al señor Des Hayes
Al Hermano Gabriel Drolin
Al señor Des Hayes
Al Hermano Gabriel Drolin
copiada autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa
690
683
636
684
637
16
17
114
18
19
52
20
53
1705
1705
1705
1705
1705
[1705]
1705
[1705]
11 febrero
27 abril10 julio
28 agosto
4 septiembre
25 octubre
28 octubre
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin
Al señor Rigoley
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano Paulino
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano [Roberto]
autógrafa autógrafa copiada autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa impresa
638
639
704
640
642
676
643
711
70
21
22
23
34
24
9
63
25
42
75
2
[1706]
1706
1706
1706
1706
1706
1706
1706
1706
[1706]
[1706]
[1706]
[Enero]
11 febrero
16 abril
12 mayo
1 junio
21 junio
26 junio
13 julio
26 noviembre
3 diciembre
Diciembre
Anónimo (a un director)
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano Huberto
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano Clemente
Al Hermano Severino
Al Hermano Gabriel Drolin.
Al Hermano Matías
Anónimo (a un director)
Al Hermano Bartolomé (maestro de novicios)
impresa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa copiada autógrafa autógrafa autógrafa copiada impresa
717
644
646
647
660
648
689
682
649
667
695
709
26
43
44
1707
1707
1707
1 abril
18 noviembre
30 diciembre
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano Matías
Al Hermano Matías
autógrafa autógrafa autógrafa
651
668
669
45
35
46
47
48
49
36
54
51
55
11
135
12
56
50
[1708]
1708
[1708]
[1708]
[1708]
[1708]
[1708]
[1708]
[1708]
[1708]
[1708]
1708
[1708]
[1708]
[1708]
13 enero
30 enero
8 febrero
23 marzo
4 abril
13 abril
18 abril
1 mayo
16 mayo
21 mayo
8 julio
15 julio 1708
1 agosto
7 diciembre
Al Hermano Matías
Al Hermano Huberto
Al Hermano Matías
Al Hermano Matías Al Hermano Matías.
Al Hermano Matías
Al Hermano Huberto Al Hermano Roberto
Al Hermano Matías
Al Hermano Roberto
Al Hermano Dionisio
Obediencia del Hermano José
Al Hermano Dionisio
Al Hermano Roberto
Al Hermano Matías
autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa
670
663
670
671
672
673
663
676
675
677
633
685
635
678
674
N.o
Año
Fecha
Destinatario
Tipo
Página
57
69
58
37
136
59
60
61
92
71
72
101
88
91
78
[1709]
[1709]
[1709]
[1709]
1709
[1709]
[1709]
[1709]
[1709]
[1709]
1709
1709
1709
[1709]
[09-10]
26 febrero marzo
26 abril
20 julio 30 julio antes sept. antes sept. antes sept.
14 septiembre
14 septiembre
15 septiembre
21septiembre Septiembre
23 agosto
Al Hermano Roberto
A un director (anónimo)
Al Hermano Roberto
Al Hermano Huberto
Obediencia del Hermano José
Al Hermano [Roberto]
Al Hermano [Roberto]
Al Hermano [Roberto]
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un director)
autógrafa copiada autógrafa autógrafa autógrafa impresa impresa impresa copiada impresa impresa copiada impresa copiada copiada
679
693
680
665
686
712
712
713
698
717
718
697
723
698
697
27
28
38
62
40
73
1710
1710
1710
[1710]
[1710]
[10-11]
14 febrero
12 mayo
2 octubre
3 noviembre
23 diciembre
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano Gabriel Drolin
Al Hermano [Huberto]
Al Hermano Roberto, en Darnétal
Al Hermano José
Anónimo (a un director)
autógrafa autógrafa copiada autógrafa autógrafa copiada
651
652
691
689
666
694
1
41
29
137
1711
1711
[1711]
1711
28 enero
6 febrero
24 agosto
16 noviembre
Al Hermano Anastasio
Al Hermano José
Al Hermano Gabriel Drolin
Obediencia del Hermano José
autógrafa autógrafa autógrafa autógrafa
631
667
654
686
30
31
1712
1712
Julio
16 diciembre
Al Hermano Gabriel Drolin Al Hermano Gabriel Drolin
autógrafa autógrafa
655
656
32
39
1716 [1716]
5 diciembre
Al Hermano Gabriel Drolin Al Hermano Ireneo
autógrafa impresa
658
710
115
116
117
7
8
6
118
5
[1717]
[1717]
[1717]
1717
1717
1717
[1717]
1717-18
des. de abril desp. 23 mayo desp. 23 mayo desp. mayo desp. mayo desp. mayo
Octubre-mayo
Al señor Gense
Anónimo
Anónimo
Al Hermano Bartolomé
Al Hermano Bartolomé
Al Hermano Bartolomé
A un canónigo, amigo suyo
Al Hermano Bartolomé
impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa
727
727
728
710
710
710
728
709
3
134
4
120
1718
1718
1718
[1718]
17 enero 2 marzo marzo
Al Hermano Bartolomé
A su hermano Luis de La Salle Al Hermano Bartolomé.
A su sobrina religiosa
autógrafa autógrafa impresa impresa
631
685
709
730
65
110
1719
1719
28 enero
Al Hermano Director de Calais Anónimo (a un inferior)
impresa impresa
714
727
N.o
Año
Fecha
Destinatario
Tipo
Página
64
66
67
68
74
76
77
79
80
81
82
83
84
85
86
87
89
90
94
95
96
97
98
99
100
103
104
105
106
107
108
109
119
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha sin fecha
Al Hermano [Tomás]
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un director)
Anónimo (a un Hermano antiguo)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (al mismo inferior de C 82)
Anónimo (al mismo inferior de C 82 y C 83)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
Anónimo (a un inferior)
A un religioso desconocido
A una religiosa
A una religiosa
A una religiosa
A una religiosa
A una religiosa
A una religiosa
A una religiosa
A una religiosa
A una religiosa
A una persona piadosa
A una persona piadosa (la misma de C 130)
A una persona piados (la misma de C 130)
A una persona piadosa (la misama de C 130)
impresa impresa impresa impresa copiada copiada copiada impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa copiada copiada copiada copiada copiada copiada copiada impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa impresa
714
715
715
716
695
696
696
718
719
719
719
720
720
721
722
722
724
724
699
700
700
701
702
702
703
725
725
726
726
726
726
727
730
731
732
733
735
735
737
738
738
739
739
739
740
740
OBRAS COMPLETAS - I
Índice general - Tomo I
Índice general
OBRAS COMPLETAS
DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
TOMO I
Obras ascéticas y espirituales y escritos personales
749
1. Reglas Comunes de los Hermanos de las Escuelas Cristianas - RC . . . . . .
1
Presentación de la obra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
5
Reglas Comunes - texto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
13
Índice. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
56
2. Regla del Hermano Director - RD. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
57
Presentación de la obra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
59
3. Escritos personales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
71
3-A. Memorial sobre los orígenes - MSO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
73
Presentación del escrito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
75
Memorial sobre los orígenes - texto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
77
3-B. Memorial sobre el Hábito - MH. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
81
Presentación del escrito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
83
Memorial sobre el Hábito - texto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
85
3-C. Voto heroico - VH . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
91
Presentación del escrito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
93
Voto heroico - texto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
95
3-D. Fórmula de votos - FV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
97
Presentación del escrito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
99
Fórmula de votos - texto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
101
3-E. Memorial a favor de la lectura en francés - MLF. . . . . . . . . . . . . . . .
103
Presentación del escrito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
105
Memorial a favor de la lectura en francés - texto . . . . . . . . . . . . . .
107
3-F. Prefacio (para un tratadito) - P . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
109
Presentación del escrito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
111
Prefacio (para un tratadito) - texto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
113
3-G. Reglas personales - RP. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
115
Presentación del escrito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
117
Reglas personales - Reglas que me he impuesto - texto . . . . . . . . .
119
3-H. Testamento - T . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
121
Presentación del escrito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
123
Testamento - texto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
125
4. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. Colección de varios trataditos - CT. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127
Presentación de la obra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129
Colección de varios trataditos - texto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
Índice. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185
5. Directorios - D. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187
Presentación de la obra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
Directorios - texto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191
6. Explicacion del Método de Oración Mental - EMO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 197
Presentación de la obra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 199
Explicacion del Método de Oración Mental - texto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203
Índice. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 275
7. Meditaciones - M . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 279
Presentación de la obra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 281
Primera Parte: Meditaciones para todos los domingos del año (MD). . . . . 287
Segunda Parte: Meditaciones para las fiestas principales del año - (MF). . 403
Tercera Parte: Meditaciones para los días de retiro - (MR) . . . . . . . . . . . . 577
Índice. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 613
8. Cartas - C . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 623
Presentación de la obra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 625
Cartas autógrafas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 629
Cartas copiadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 687
Cartas impresas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 707
Índice. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 741
Orden cronológico de las cartas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 745
Índice general - 2
1
1. 28.1.1711 - H. Anastasio
C 1
Al Hermano Anastasio, a 28 de enero de 1711
C 1,1 Aplíquese, carísimo Hermano, por encima de todo, a regirse por motivos de fe, para ejecutar bien sus acciones.
C 1,2 Me alegro mucho de que toda su mira e intención sea cumplir la voluntad de Dios.
C 1,3 Para conseguirlo, esmérese por encima de todo en ser plenamente sumiso y en observar perfectamente las Reglas, pues con ello, particularmente, cumplirá usted la voluntad de Dios.
C 1,4 Dése mucho a la oración y procure hacer todas sus acciones en espíritu de oración. Cuanto más fiel sea en ello, más lo bendecirá Dios.
C 1,5 Entre con frecuencia dentro de sí para renovar y vigorizar el recuerdo de la presencia de Dios.
Cuanto más procure mantenerlo, mayor facilidad hallará para hacer bien sus acciones y cumplir bien sus obligaciones.
C 1,6 Estoy muy contento por la disposición en que me dice se encuentra de realizar todo lo que yo desee de usted.
C 1,7 Pido a Dios le dé con abundancia el espíritu de su estado, y me digo, carísimo
Hermano, todo suyo en Nuestro Señor,
De La Salle. A 28 de enero de 1711.
3. 17.1.1718 - H. Bartolomé
3
C 3 Al Hermano Bartolomé (Superior general),
Mi carísimo Hermano Bartolomé, Superior de la Sociedad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, en la casa de San Yon, barrio de San Severo, en Ruán.
París, Seminario de San Nicolás de Chardonnet, a 17 de enero de 1718.
C 3,1 El Hermano Tomás me ha dicho que se iba hoy.
C 3,2 Me ha pedido le entregase un recibo de las rentas de usted, y me ha pedido que pusiera que esas rentas pertenecen actualmente a los herederos de la Sra. de Louvois; y otro recibo ordinario pocos días antes.
C 3,3 Ruégole no tenga en cuenta esos dos recibos, ni uno ni otro, sino en la medida que sean de su agrado, pues hice una declaración como usted me lo pidió en su último viaje, allá por la Concepción de la Virgen Santa, en la que testifiqué, el pasado día 11 de diciembre, que sus cuatro contratos de renta sobre los arbitrios de la ciudad de Ruán no me pertenecen, ya que en ellos me limité a prestar mi nombre; sino que pertenecen a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la casa de San Yon, sita en el barrio de San Severo, de la misma ciudad, y que el dinero lo suministró Carlos Frapet, llamado Hermano Tomás, a la sazón ecónomo de dicha casa; y en seguida esta declaración, firmada por mí, la puse en depósito en manos del Sr. Berton, procurador de este seminario, quien se hizo cargo de ella.
C 3,4 Respecto a la casa de San Yon, tocante a si habrá de comprarla usted o no, y de qué manera, sobre lo cual solicita mi opinión, no atienda para nada a lo que el Hermano Tomás le pueda decir o dar a entender de parte mía o como mío, sino atienda sólo a lo que le indico en esta carta, y es que no puedo darle consejo sobre ello, y que debe usted consultar a personas más ilustradas que yo, pues es asunto de importancia.
C 3,5 Piénselo muy detenidamente, ya que el asunto no está aún ultimado.
C 3,6 No le aconsejo que pida prestado dinero para comprarla.
Con todo, tampoco le digo terminantemente que no lo haga; puede usted consultar con otras personas sobre este punto.
C 3,7 Creo que lo que usted haga a este respecto siempre estará bien hecho. No conviene que yo tenga parte alguna en todos esos asuntos, pues en cuanto a ellos no soy nada, y usted, como superior, es el dueño.
C 3,8 Tocante a las personas que me indica usted que yo visite, si usted lo quiere, las veré; en este supuesto, tenga la bondad de enviarme que me lo ordena como superior mío y de los Hermanos, e iré inmediatamente, o el primer día de asueto, y les diré que usted me ha ordenado que vaya a verlas.
C 3,9 Le deseo feliz y próspero año y a todos los Hermanos, a quienes saludo.
C 3,10 Soy con todo respeto, carísimo Hermano, su muy humilde y obediente servidor.
De La Salle.
París, Seminario de San Nicolás de Chardonnet, a 17 de enero de 1718.
10. 30.5.1701 - H. Dionisio
10
Al Hermano Dionisio,
C 10,l Me parece, carísimo Hermano, que no debería preocuparse usted tanto de los pensamientos que le vienen acerca de su estado, pues cuanto más se preocupe de ellos tanto más le molestarán.
C 10,2 Trate de adquirir la mayor aplicación interior que le sea posible, porque sólo ella es capaz de santificar sus acciones.
C 10,3 Procure también que le sea frecuente la santa presencia de Dios, pues ella es el principal fruto de la oración; pero de poco le servirá si no pone empeño en mortificarse y si busca sus comodidades.
C 10,4 No es suficiente tener la intención de allegarse a Dios lo más perfectamente que le sea posible; hay que hacerlo en efecto, y eso sólo se logra en la medida en que uno se violenta.
C 10,5 No me sorprende que encuentre muchas dificultades en las Reglas; la costumbre que tiene de observarlas poco es lo que hace que las encuentre así. Si las observara exactamente, hallaría en ellas facilidad y gusto.
C 10,6 También por ese mismo motivo siente usted desgana por la sagrada comunión.
C 10,7 Le ruego que no falte nunca a los recreos. Es asunto de importancia. Sin duda se pasa usted su recreación con el Hermano Claudio, mientras deja solos a los dos Hermanos jóvenes; eso está muy mal.
C 10,8 Mucho me ha complacido su abandono a Dios y su indiferencia respecto a cualquier lugar que sea; pues es también necesaria en nuestra Comunidad. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle, sacerdote.
11. 8.7. - H. Dionisio
11
Al Hermano Dionisio,
C 11,1 Bien lejos estoy de abandonarlo, carísimo Hermano; si no le contesté la última vez al mismo tiempo que a los Hermanos de Ruán, fue porque no tuve tiempo; hubo también otros dos Hermanos a quienes tampoco pude responder, igual que a usted.
C 11,2 No es necesario que compre tela para la sotana; aquí hay una hecha para usted; nada le faltará.
C 11,3 Me alegro de que haya usted sacado de apuro a su padre.
C 11,4 Me disgusta que el Hermano Tomás proceda como usted me indica. Procuraré que cambie de conducta a ese respecto. No es cierto que yo haya escrito al Hermano Tomás lo que usted me señala tocante a las necesidades, ya que le he reprochado el que no diese las cosas necesarias a los Hermanos.
C 11,5 Debería usted tener mucho cuidado en no ser negligente en los ejercicios. No es ése el medio para [que Dios] le bendiga. No hay virtud sin hacerse violencia; y no se trata de tener sólo un ligero tinte de ella; es preciso que la suya sea sólida; y esto no se consigue satisfaciendo y buscando las propias comodidades.
C 11,6 Me agrada que practique usted algunas veces mortificaciones del espíritu y de los sentidos; pero procure practicarlas cuando las ocasiones se presenten.
C 11,7 Sea exacto en el silencio por amor de Dios; es uno de los principales puntos de regularidad.
C 11,8 Aplicarse a la presencia de Dios es práctica de mucha utilidad; sea fiel a ella.
C 11,9 Nada atraerá tanto las bendiciones de Dios sobre usted como la fidelidad a las cosas pequeñas. C 11,10 Ponga esmero, sobre todo, en rezar pausadamente las oraciones, y que se recen del mismo modo en la escuela, pues la atención que se pone en las oraciones vocales es lo que las hace agradables a Dios. C 11,11 Guárdese de impacientarse con su Hermano; háblele siempre con moderación. C 11,12 La oración es el sostén de la piedad; esmérese, por tanto, mucho en ella. C 11,13 Sea exacto en dejar todo, y a cualquier persona, en cuanto suene la campana. C 11,14 Termine en pocas palabras con las personas que vienen a la puerta de la escuela, para no hacer perder el tiempo a los escolares. C 11,15 Sea fiel en corregirlos, y más aún a los ignorantes que a los otros. C 11,16 Es indigno darles nombres injuriosos. Cuide que el respeto humano no le impida obrar el bien. Es muy indigno dar nombres injuriosos a los escolares; lo cual supone, además, darles muy mal ejemplo. C 11,17 Ya sabe que no se adelanta en la virtud sino en la medida en que uno se hace violencia; por eso ponga cuidado en hacérsela. C 11,18 Aplíquese mucho a la mortificación del espíritu y de los sentidos, que para usted son de obligación en su estado. C 11,19 En la advertencia de defectos no hay que mirar la intención de los demás; hay que mirar, en cambio, el bien que de ella se deriva para usted. C 11,20 No cabe duda que se pueden observar las Reglas cuando sólo hay dos. Me agrada que procure usted ser exacto en ello. Bendigo a Dios por los buenos sentimientos que Él le da a este respecto. C 11,21 La mira que tiene usted al hacer sus ejercicios es buena; continúe con ella. C 11,22 Es gran defecto hacer la lectura espiritual por curiosidad, y no es ése el medio para aprovechar de ella. C 11,23 Cuando se sienta árido en la oración, humíllese. C 11,24 Tiene razón en que los afectos particulares entre los Hermanos originan grave daño a la comunidad. C 11,25 Me alegro mucho de que tenga actualmente un crecido número de niños. Procure mantenerlo. C 11,26 Cuide del Hermano; que no pegue a los escolares con la mano. Esto es importante. C 11,27 Ruego a Dios lo mantenga en sus buenas disposiciones y me digo, carísimo
Hermano, todo suyo en Nuestro Señor,
De La Salle. A 8 de julio.
C 12 Al Hermano Dionisio,
C 12,1 Me han apenado mucho, carísimo Hermano, los achaques que usted me dice padecer; habría que intentar buscar algún medio para remediarlos.
C 12,2 Debe usted aplicarse a la oración mental lo mejor que pueda, pues es este ejercicio el que de ordinario atrae las gracias sobre los demás.
C 12,3 Ya sabe que es indigno hablar movido por ira; absténgase de ello. ¿No tenían aquellos guardias derecho a ver lo que usted llevaba?
C 12,4 No debe usted ir a San Yon sino con los otros, los días de asueto; ni tiene usted nada que tratar con el Hermano Hilario ni con los otros Hermanos que están allí.
C 12,5 No se enfade con nadie; eso no es sensato ni cristiano.
C 12,6 Cuide de no ser ligero cuando va usted a los recreos con los Hermanos de Ruán; eso los perjudica.
C 12,7 Bien advierte usted que le es bueno trabajar en morir a sí mismo y a sus inclinaciones.
C 12,8 Vele sobre sí mismo para aceptar de buen grado las humillaciones que le sobrevienen, y eso con la mira de que es Dios quien se las envía.
C 12,9 Para tener verdadera obediencia, carísimo Hermano, hay que estar dispuesto a obedecer a todos los superiores. La dificultad que usted encuentra es porque no ve en ellos a Dios.
C 12,10 Está bien que se esmere en la lectura espiritual. Le será de mucho provecho, y sobre todo para ayudarle a hacer bien la oración mental.
C 12,11 Vele sobre sí mismo para no dejarse llevar de las distracciones en la oración mental; le pueden venir por ser demasiado exterior; ponga cuidado en ello.
C 12,12 Se dice que algunos eclesiásticos lo encontraron a usted solo por Ruán, y que han dicho que no era usted Hermano, sino seglar, al ir así solo por la ciudad; si eso es verdad, hace usted muy mal.
C 12,13 Le ruego que no vaya más a Ruán fuera de los días de asueto; vaya con el Hermano, y derecho a San Nicolás, pues fuera de eso no tiene más que hacer. C 12,14 Ya he encontrado su carta del 21 de abril.
C 12,15 Hizo usted mal al dejar la clase para salir por cosa semejante como la que me indica; le ruego que no le vuelva a ocurrir esto.
C 12,16 Cuando el Hermano le diga o haga algo inconveniente, usted, por su parte, no lo deje traslucir y trate de dominarse; después puede usted escribirme esas cosas.
C 12,17 Una cosa en la que debe trabajar especialmente, es en ser fiel a las inspiraciones que le vienen, cuando tienden a vencerse a sí mismo; es una señal de que proceden de Dios. C 12,18 Puesto que el estar con el Hermano Roberto en la ciudad le ofrece ocasión de humillaciones, demuestre en esa circunstancia que las ama, y no siga entonces lo que la naturaleza le sugiere para tratar de eximirse de ellas. C 12,19 Sea fiel a hacer siempre su lectura y en acostarse a la hora. No falte en eso, se lo ruego; nada puede excusarlo de ello; y que se sea muy regular en el silencio.
C 12,20 Usted necesita entrar con frecuencia en sí mismo; eso le impedirá incurrir en sus defectos.
C 12,21 Haría usted bien en poner por obra la idea que ha tenido de permanecer como en una especie de noviciado, para no atender más que a lo interior; esto sería un gran bien para usted.
C 12,22 Me agrada mucho que desee ardientemente que en todas las cosas se cumpla en usted la voluntad de Dios.
C 12,23 Sea exacto en tener sus recreos. No tolere a niños durante ese tiempo. Para observar bien el silencio ha de tenerse la recreación a su tiempo.
C 12,24 Es necesario que sus escolares no digan nada inconveniente al Hermano.
C 12,25 Procure que sus escolares sean exactos en llegar a la hora, y que acudan los domingos y fiestas.
C 12,26 No deje de cumplir lo que le [recomiendo insistentemente].
Soy todo suyo en Nuestro Señor, carísimo Hermano,
De La Salle. A 1 de agosto.
Al Hermano Gabriel Drolin, Roma [octubre de 1704]
Al señor Gabrieli Drolini. Roma.
C 14,1 He recibido sus tres cartas, carísimo Hermano; una, de mano del señor De la Bussière; la del 9 de septiembre, por correo; y la tercera, del 16 de septiembre, por conducto del señor párroco de San Hipólito.
C 14,2 Como yo no conozco el valor de la moneda romana, cuando en sus cartas hable de alguna cantidad, especifíquelo según la moneda de Francia.
C 14,3 No sé por qué dice que se ha instalado donde se halla para ahorrar gastos; porque, ¿en qué ahorra, si tal vez habrá que seguir haciéndolos como si no estuviera usted ahí?
C 14,4 ¿De qué le ha servido eso desde que está ahí?
C 14,5 No sé si es que teme usted abandonarse demasiado a la Providencia; no crea que yo lo iba a abandonar.
C 14,6 Dicen que el señor Theodon regresará pronto; no sé qué hay de cierto.
C 14,7 Le envío a usted una esquela para él, en la que le ruego entregue a usted cincuenta libras, con las cuales se establezca usted y atienda a sus necesidades en su establecimiento.
C 14,8 Le ruego que esto lo haga en seguida, pues cuanto más tarde, tanto más avanzará usted en edad, y al final de todo esto, nada.
C 14,9 Después de haber pasado un año, o dos años, en una casa tal como usted está, al final de esto, ¿qué habrá conseguido?
C 14,10 Es preciso que se determine a regresar o a emprender algo concreto donde se halla.
C 14,11 Sin duda usted recibirá esta carta pocos días antes de la Dedicación de San Pedro. Haga una novena para esto, desde la víspera hasta el final de la octava, y después comience alguna cosa.
C 14,12 Fíese más de Dios.
C 14,13 Yo respondo del alquiler de los locales que usted alquile hasta que la Providencia provea a ello.
C 14,14 Hace casi dos años que está usted en Roma; tiene que concluir alguna cosa y vivir según su vocación.
C 14,15 No estoy yo para hacerlo o dejarlo morir a usted de hambre.
C 14,16 El señor Brodart de Retel me ha dejado más de dos mil libras de renta. No las disfruto todavía, porque no será sino después de la muerte de su señora hermana, que tiene ochenta y cinco u ochenta y seis años; aparentemente, no habrá que esperar mucho tiempo.
C 14,17 Somos muy pobres, porque el señor párroco de San Sulpicio ahora nos da poquísimo.
C 14,18 Tenga cuidado, por favor, con esos memoriales que se le piden, no nos vayan a perjudicar; eso es muy arriesgado.
C 14,19 Si pudiera dar la clase donde explica usted el catecismo, sería ciertamente lo mejor.
C 14,20 Lo mejor será que salga usted cuanto antes de donde se halla y que se ocupe según su estado.
C 14,21 Se lo suplico por el amor de Dios.
Soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor,
De La Salle.
15
Al Hermano Gabriel Drolin,
A mi carísimo, mi carísimo Hermano Gabriel, de la Sociedad de las Escuelas Cristianas. Roma. París, 23 de diciembre [1704] .
C 15,1 Como respuesta a su última, carísimo Hermano, le diré que no sé por qué vacila tanto, después de todas mis cartas. Por mi parte, no puedo urgirle más.
C 15,2 A usted le tocaría urgirme a mí. Si no pone usted mismo mucha diligencia en esta obra, lo que no manifiesta, no triunfará.
C 15,3 No pretendo que usted no cueste nada; pero pienso, y he pensado, que después de haber comenzado, al cabo de seis meses o un año, a lo más, lo que me parecía mucho, usted no nos costase ya nada.
C 15,4 No creo que deba usted mezclarse en la dispensa de votos del Hermano Gerardo. Es un espíritu de los más inconstantes que yo conozco; no es apto para el mundo y hubiera sido apto para la Trapa.
C 15,5 Estoy muy disgustado por no haberlo dejado en ella. Nunca acaba de saber lo que quiere hacer.
C 15,6 Ya me expuso usted los gastos que tendrá que hacer. Puede comenzar cuando quiera.
C 15,7 Yo le ayudaré en todo lo que pueda; pero me parece que para que la empresa triunfe es necesario que ella salga de usted, y no de mí, y que yo no haga sino secundarlo.
C 15,8 Usted sabe que ya he gastado cuatrocientos francos para usted, de los cuales no veo todavía el resultado.
C 15,9 Haga, le ruego, que esto no sea así en lo sucesivo.
Soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor,
De La Salle.
Ruegue mucho a Dios y piense en lo que tiene que hacer.
Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 11 de febrero de 1705
Al señor,
Señor Claude de la Bussière, para el señor Santenot, en Roma. París, a 11 de febrero de 1705.
C 16,1 Hace mucho tiempo, carísimo Hermano, que no he recibido noticias suyas.
C 16,2 Le ruego nos las envíe y que nos escriba a través de Aviñón, así: «Al carísimo Hermano Alberto, escuelas gratuitas, cerca de San Sinforiano, para el Sr. De La Salle, en Aviñón».
C 16,3 Allí las clases van bien. Tendremos en ellas cuatro Hermanos y vamos a disponer de una casa para alojar a veinte personas.
C 16,4 Yo presenté tres al Sr. Arzobispo de Aviñón, Nuncio extraordinario en Francia, que los recibió muy bien, y con suma bondad les dio su bendición antes de que se fueran.
C 16,5 Le ruego que mantenga todo esto secreto, y que no hable nunca de ello a nadie; e incluso queme esta carta. Habla usted demasiado.
C 16,6 No sé si alguna vez realizará usted algo donde está. C 16,7 Es preciso que sea el Espíritu de Dios y un gran celo los que le guíen, y me parece que no veo en usted lo suficiente ni de lo uno ni de lo otro para una empresa semejante.
C 16,8 Bendito sea Dios, y que se cumpla en esto su voluntad.
C 16,9 Dígame si continúa usted en el mismo empleo, y si no busca otra cosa.
C 16,10 Tenga cuidado para no acostumbrarse al espíritu y a los modales del mundo, que deben inspirarle horror, de tal manera que luego tenga dificultad para abandonarlos.
C 16,11 Ruego a Nuestro Señor lo colme de su Espíritu y haga de usted cuanto le plazca.
C 16,12 Cuando tenga que escribirme, no me escriba sino por Aviñón, para que todas sus cartas estén seguras y secretas.
C 16,13 Saludo al Sr. De la Bussière y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 16,14 Le ruego se informe exactamente de qué es el Instituto de los padres de las Escuelas Pías: cuáles son sus Reglas, cuál es su modo de vida y su gobierno; si se han propagado, si tienen un General y cuáles son sus poderes; si son todos sacerdotes, si reciben dinero. Averigüe cuanto pueda sobre ello y mándemelo con todos los pormenores que pueda.
17. 27.4.1705 - H
. 17
Al Hermano Gabriel Drolin,
27 de abril de 1705
Al señor,
Señor Claude de la Bussière, para el señor Santenot. Roma. París, a 27 de abril de 1705.
C 17,1 Dicen, carísimo Hermano, que su carta llegó aquí el día de Pascua; yo estaba fuera y la he recibido el sábado siguiente.
C 17,2 Me ha causado mucha alegría, tanto porque hacía mucho tiempo que no había recibido noticias suyas, como porque me dice que por fin ejerce usted las funciones propias de su estado.
C 17,3 Es inútil examinar en qué desaprovechó usted las ocasiones, puesto que no se percató de ello.
C 17,4 Ha hecho bien estableciéndose en un barrio alejado de las Escuelas Pías.
C 17,5 Ha hecho bien al seguir comiendo en casa del Sr. De la Bussière; le ruego lo salude de mi parte.
C 17, 6 También ha hecho bien en no ir allí para nada.
C 17,7 Si necesita algunos libros escolares, como el de oraciones para la escuela, que no sé si lo tiene, y lo hemos hecho reimprimir hace poco, se los podremos mandar fácilmente por Aviñón.
C 17,8 Respecto de lo que me dice de ese maestro de escuela del Papa, siga el parecer del señor Divers.
C 17,9 Más valdría, tal vez, que rezara usted mucho a Dios y que esperase la ocasión más favorable y como venida por sí misma.
C 17,10 Estamos muy lejos de criticarlo; todo lo que yo esperaba con impaciencia era que usted fuese lo que es.
C 17,11 Me extraña que diga usted que nunca se ha sentido bien correspondido de nuestra parte, pues no hay nada que yo no haya tratado de hacer y que todavía no esté dispuesto a hacer para complacerlo.
C 17,12 Bien sé que usted está muy lejos de hacer lo que hizo el Hermano Nicolás, y por eso he confiado tanto en usted.
C 17,13 Todavía no es el momento de apresurarse demasiado en Roma; ya es bastante con que haya usted comenzado.
C 17,14 En Aviñón se ha comprado una casa cómoda para nuestros Hermanos, suficiente para alojar a veinte Hermanos; el Vicelegado los estima y envía a su paje a su escuela.
C 17,15 Quise enviarle a usted al que ha comenzado allí; pero usted no lo ha querido.
C 17,16 El señor arzobispo de Aviñón, que es nuncio extraordinario en Francia, y que me conoce desde que nos establecimos en Aviñón, ha sido nombrado arzobispo de Génova y sale inmediatamente para Roma, donde va a recibir el capelo cardenalicio.
C 17,17 Me dijo que protegerá y favorecerá al Instituto de nuestros Hermanos en todo lo que pueda, y les dio su bendición antes de que se fueran.
C 17,18 Le ruego que procure dejar ese espíritu del mundo al que está usted bastante inclinado, dándose a la oración y a los ejercicios interiores, y frecuentándolo poco. Trabajando por poseer el espíritu de su Instituto lo más que pueda, atraerá con abundancia las gracias de Dios sobre usted.
Todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor,
De La Salle.
1
Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 28 de agosto de 1705
Al señor,
Señor Claude de la Bussière, comerciante, para el señor Santenot. Roma. París, a 28 de agosto de 1705.
C 18,1 Efectivamente, carísimo Hermano, me ha sorprendido no recibir sus noticias desde hace tanto tiempo.
C 18,2 Le ruego que en lo sucesivo me escriba con más frecuencia; convendría, a mi parecer, que lo hiciera todos los meses.
C 18,3 Desde que recibí sus cartas, han fallecido en Chartres, uno tras otro, de púrpura, el Hermano Miguel y el Hermano Santiago. Le ruego pida a Dios por ellos.
C 18,4 Me agrada que ya no esté usted dependiendo de la casa del señor De la Bussière; pero entonces, ¿cómo y de qué vive usted?
C 18,5 Dice usted que no le gusta tener deudas; bueno sería saber si debe algo, cuánto es, a quién y por qué. Nada de eso me indica usted.
C 18,6 No apruebo de ningún modo que aprenda usted latín. Usted bien sabe que eso es contrario a nuestro Instituto; porque es preciso atenerse siempre a su Instituto; de lo contrario, todo se desvirtúa y Dios no nos bendice.
C 18,7 No me gustan esas monedillas del sábado, pues ese tipo de dinero recibido de los escolares, aunque no se aproveche de él, no suena bien en nuestras escuelas.
C 18,8 Si necesita un libro de oraciones, los hemos hecho reimprimir el año pasado, con todas las rúbricas necesarias.
C 18,9 Si necesita algunos más, podremos enviárselos por Aviñón. Con todo, yo creo que se podrían hacer imprimir nuestros libros en Aviñón, donde están aprobados, y después enviárselos.
C 18,10 Debería darme a conocer cómo se explica la doctrina en Roma.
C 18,11 Nuestros Hermanos de Aviñón me dicen, lo mismo que usted, que padecen mucho con los fuertes calores.
C 18,12 Me agrada que actualmente viva con sosiego, y sin visitas, ni activas ni pasivas.
C 18,13 Procure aprovechar bien este tiempo y tan buena oportunidad, y aplíquese mucho a desprenderse de esos aires mundanos, y a adquirir aspecto sencillo y modales y comportamiento que transparenten el Espíritu de Dios.
C 18,14 En cuanto al catecismo, me parece conveniente e importante que lo explique usted en su escuela.
C 18,15 ¿Acaso está prohibido que el maestro explique el catecismo a sus alumnos en la escuela?
C 18,16 No me gusta que nuestros Hermanos den el catecismo en la iglesia; con todo, si estuviere prohibido darlo en la escuela, es preferible que lo hagan en la iglesia a no hacerlo.
C 18,17 Por mi parte, no me gusta adelantarme en cosa alguna, y no me adelantaré en Roma, como en ningún otro sitio. Es preciso que la Providencia vaya por delante, y yo la sigo contento.
C 18,18 Cuando parece que actúo sólo bajo sus órdenes, no tengo nada que reprocharme; mientras que cuando soy yo el que emprende algo, sigue siendo cosa mía, y no espero de ello muy buenos resultados; ni Dios, quien, de ordinario, no le otorga especial bendición.
C 18,19 Se decía que el señor arzobispo de Aviñón, y al presente de Génova, iba a ser nombrado pronto cardenal.
C 18,20 El señor obispo de Vaison pide Hermanos. Usted lo conoce.
Soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 4 de septiembre de 1705
Al señor,
Señor Santenot. Roma.
París a 4 de septiembre de 1705.
C 19,1 La extrañeza que me produce, carísimo Hermano, el no recibir ninguna noticia suya desde hace cinco meses, fue lo que me ha obligado a escribirle a usted, al escribir al señor De la Bussière, por temor de que no hubiera usted recibido mi penúltima.
C 19,2 Yo no sabía cuándo vendría el señor Théodon, y aún no sé si ha llegado.
C 19,3 No sabía que hubiese usted salido de la casa del señor De la Bussière, ni hubiera pensado que usted lo hiciese sin escribirme antes; pues, si al presente me tiene a mí como único recurso, me pone en aprieto; pues estoy en peor situación que nunca estuve en el pasado, para ayudarlo, y mucho menos, al estar siempre muy escaso de dinero.
C 19,4 He instalado nuestro noviciado en una hermosa casa, que había estado ocupada por religiosas, en uno de los arrabales de Ruán; pues nuestros Hermanos tienen actualmente las escuelas de Ruán, donde está el Hermano Ponce; esto hace que me encuentre siempre tan escaso de dinero.
C 19,5 No hubiera debido contraer usted deudas sin tener antes mi consentimiento.
C 19,6 Yo le dije que todo lo que podía esperar de mí, al establecerse, sería el que le ayudara durante seis meses o un año, a lo sumo. Después, me he metido en este asunto de Ruán, que me deja sin nada.
C 19,7 Todo lo que puedo hacer es conseguirle cincuenta francos, vía Aviñón, por medio del señor de Chateaublanc, tesorero del Papa, que ha establecido allí a nuestros Hermanos, que son cinco actualmente y para los que ha comprado una casa.
C 19,8 Puede usted informarse, por el señor arzobispo de Aviñón, en qué lugar de Roma paga el Sr. de Chateaublanc las rentas del Papa, y quién es su corresponsal en Roma.
C 19,9 Se los remitiré en seguida, aunque ello me causará apuros, pues hasta dentro de tres meses no puedo contar con anticipos de dinero; por el contrario, estaré con atrasos.
C 19,10 No se comprometa más sin contar conmigo, se lo ruego, pues me sentiré muy incómodo con las deudas. No quiero ninguna más; nunca las quise ni las toleré en ninguna de nuestras casas, y a nada tengo más repugnancia; por eso, no cuente más conmigo para contraer deudas, porque nunca escucharé la menor propuesta.
C 19,11 En lo tocante a los gastos, quiero ver por delante de mí, y no hacia atrás; no tome nunca ninguna medida ni ninguna determinación sin pedirme antes el parecer; yo le responderé en seguida. C 19,12 Acabo de recibir su carta; la vía de Aviñón nos resulta muy cómoda.
C 19,13 No sé si el señor arzobispo de Aviñón, actualmente de Génova, es ya cardenal, como me dijeron que habría de serlo en llegando a Roma.
C 19,14 Bien sé que es preferible vivir desasido del mundo, aunque con más aprietos; y me alegro mucho de verlo en esta disposición; pero puesto en ella, o bien hay que abandonarse por completo a la Providencia, o bien, si no se tiene suficiente virtud ni suficiente fe para ello, hay que tomar las debidas precauciones antes de actuar; lo contrario es no obrar ni cristianamente ni con sensatez.
C 19,15 Guárdese bien de dar letras de cambio a nadie sin que yo se lo haya ordenado, porque no las pagaré. Además, actualmente, no estoy en situación de pagarlas, pues tengo que vivir al día. Recibirá usted el dinero sin cambio.
C 19,16 No sé lo que usted entiende cuando dice que trabajará para ver si en breve puede hacer algo por mí. Explíquese, se lo ruego, pues me gusta ver un poco más claro.
C 19,17 Me alegro mucho de que se le haya pasado el sarampión.
C 19,18 El Hermano Alberto me escribe, el 29 de agosto, que el padre inquisidor le ha devuelto todos nuestros libros y que todos los ha aprobado. Cuando conozca yo su dirección, le diré a él que le haga llegar dos, oraciones de la escuela y de la misa.
C 19,19 Hemos hecho reimprimir las de la escuela, con todas las rúbricas, de forma muy útil para los maestros y para los escolares.
C 19,20 Vamos a abrir un establecimiento en Marsella; allí estará el Hermano Alberto hasta después de Pascua; luego se lo podría enviar a usted, para que le ayude un poco a adelantar sus asuntos, si es que no lo están, pues es muy adecuado para ello. En los seis primeros meses hará maravillas.
C 19,21 Pida mucho a Dios por esto, de aquí a entonces, y para que Dios guíe nuestros asuntos en Roma y en otras partes según su santa voluntad.
C 19,22 Creía haberme explicado suficientemente con usted por Navidad.
C 19,23 Tenemos Hermanos en Dijón y en Brest; no sé si se lo he comunicado.
C 19,24 Le ruego que vaya con frecuencia a San Pedro para ser muy sumiso a la Iglesia, y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor,
De La Salle.
20
Al Hermano Gabriel Drolin
28 de octubre de 1705
Al señor Claude De la Bussière para el señor Santenot. Roma. París, a 28 de octubre de 1705.
C 20,1 No sé, carísimo Hermano, si habrá recibido la carta en la que daba respuesta a su anterior. Puse la dirección tal como usted me la había indicado. Escríbame siempre a través de Aviñón. C 20,2 Le dirijo ésta por medio del señor De la Bussière, para no equivocarme y para mayor seguridad. Déme otra dirección para lo sucesivo si ésta no conviene, o indíqueme dónde reside.
C 20,3 Hace usted bien en esperar la disposición de la Providencia.
C 20,4 Le he escrito que no me contraiga deudas, porque no quiero de ningún modo oír hablar de ellas, y porque no debe usted esperar que pague yo ninguna, ni por letra de cambio ni por otro medio. Nunca quise deudas, ni las quiero en absoluto.
C 20,5 Cuando necesite alguna cosa, hágamelo saber antes.
Usted sabe lo que le tengo ordenado anteriormente; aténgase a ello, por favor.
C 20,6 No debiera usted haber dejado al señor De la Bussiére sino de acuerdo conmigo, y sin saber dónde vivir.
C 20,7 Le comuniqué lo que yo podía hacer; es preciso atenerse a lo que digo.
C 20,8 Quiero ver claro en lo que emprendo.
C 20,9 Dios lo había puesto a usted en casa del señor De la Bussière; hubiera debido quedarse allí hasta haber tenido un empleo con que poder vivir independientemente.
C 20,10 Le comuniqué que podía hacerle llegar cincuenta libras que están en Aviñón, por las cuales, al parecer, no habrá que pagar cambio.
C 20,11 Voy a enviar a Aviñón las oraciones de la escuela, que hemos hecho imprimir con las rúbricas. Desde allí se le podrán enviar algunas.
C 20,12 Al señor Théodon sólo lo he visto una vez, en que se hallaba indispuesto.
C 20,13 En su última me indica que me envía el recibo del señor Théodon. Sin embargo no lo he recibido, ni venía en su carta.
C 20,14 Sería inútil que girase letras de cambio a mi cargo, pues no podría pagarlas.
C 20,15 Bien sé que es cosa ventajosa estar retirado del mundo, pero hay que tener con qué vivir; y, antes de dejar el mundo, hay que saber dónde se conseguirá.
C 20,16 Mi última la dirigí sencillamente al Sr. Santenot; vea si se ha perdido o no.
C 20,17 Vea si Dios manifiesta que aprueba su trabajo, y si le ayuda la Providencia, o si parece que quiere ayudarlo.
C 20,18 Desearía saber en qué barrio está usted alojado.
C 20,19 Ruegue a Dios por nosotros y créame, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Gabriel Drolin,
11 de febrero de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Misión, para el señor Santenot, Roma.
París, a 11 de febrero de 1706.
C 21,1 Bien he visto, carísimo Hermano, que cuando me escribió la carta anterior, a la que contesto, no era usted totalmente dueño de sí mismo; con todo, yo he procurado no darle ocasión para ello.
C 21,2 Estoy contento de saber por su última, que su disgusto había disminuido; espero que haya desaparecido del todo al recibir mi última.
C 21,3 Hará bien en cobrar lo antes que pueda los cien francos que he depositado para que los cobre.
C 21,4 Respecto de lo que usted me indica sobre mis cartas, le he escrito en dos momentos distintos: 1, durante la etapa en que usted no tenía otra cosa que hacer, sino cuidar de los hijos del señor De la Bussière; 2, durante la etapa en que buscaba montar una escuela, aunque seguía viviendo en su casa.
C 21,5 En la primera temporada, siempre lo insté a que saliera de esa situación, por no considerarla conforme con su vocación.
C 21,6 En la segunda temporada le escribí que debía tener en cuenta que yo no podría ayudarlo más que seis meses o un año; o, no sé si dije, un año o año y medio; pero eso es todo, si es que he llegado a tanto.
C 21,7 Consideré después providencial que el señor De la Bussière lo instase a usted a comer en su casa, porque yo no me encontraba en buena situación para ayudarlo, y actualmente lo estoy menos que nunca.
C 21,8 No debería usted haber salido de esta disposición de la Providencia sin saber si yo lo aprobaba, y si me hallaba en condiciones de sostenerle y por cuánto tiempo, y sin que uno y otro hubiéramos tomado decisiones en firme sobre el asunto.
C 21,9 Sin embargo, haré por usted todo lo que me sea posible, aunque estoy lejos de tener actualmente dinero, y debo casi novecientas libras.
C 21,10 Me da mucha congoja ver lo pobremente que vive usted; dígame, le ruego, qué puedo hacer para remediarlo.
C 21,11 Ya ve la situación en que me encuentro; con todo, la situación en que está usted me parece embarazosa, y mucho lo siento.
C 21,12 Me alegraría saber si algo va mejorando para usted.
C 21,13 Si, con todo, hubiera que pagar el cambio de Aviñón a Roma, prefiero hacer venir aquí los cien francos y pagar la letra de cambio del señor De la Bussière, pues así el cambio no nos costaría nada, y usted tendría los cien francos íntegros. Dígame lo que haya de hacerse.
C 21,14 He tardado en contestarle porque no había prestado atención a la esquela incluida en su carta, y porque creí que mi última le habría tranquilizado.
C 21,15 Desde hace quince días tenemos escuelas en Marsella.
C 21,16 No debe usted pensar en retirarse sin que hayamos tomado medidas de común acuerdo.
C 21,17 Si pasado algún tiempo, no logra usted que la situación mejore, para lo cual hay que acudir únicamente a Dios, dejándole el cuidado, la dirección y la organización, en el verano veré el modo de adoptar medidas para que no se pierda lo ya comenzado y para sacarlo a usted de apuros, y también a mí. C 21,18 Pida mucho a Nuestro Señor por éste y por todos nuestros asuntos, desde hoy a Pentecostés. C 21,19 Me he enterado de que el señor cardenal de Janson regresa a Francia y que va a ocupar su puesto el señor abate de Estrés. C 21,20 Le ruego que no escriba, como escribe, a todo tipo de personas. Esa correspondencia de cartas inútiles no es adecuada para nosotros. C 21,21 Me uno a usted en Nuestro Señor y soy todo suyo, carísimo Hermano, en su santo amor. De La Salle.
22
C 22
Al Hermano Gabriel Drolin,
16 de abril de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma.
París, a 16 de abril de 1706.
C 22,1 He recibido, carísimo Hermano, sus dos cartas; una del 23 de febrero y la otra del 2 de marzo, pero la primera no la he recibido por medio del señor De la Bussière, sino por la posta de Francia.
C 22,2 He hecho llegar al señor Théodon la carta que me incluía para él.
C 22,3 Me alegro mucho de que tenga suficiente confianza en el señor Divers para decirle a quién escribe y para qué.
C 22,4 Me cuesta creer que él se haya enterado de la carta al gobernador de Calais relativa a él.
Le ruego que se abstenga de cartas tan inútiles como ésa.
C 22,5 Debería haberme enviado primero la copia de su aprobación para las escuelas, sin esperar a que yo la conociese por otros. Le agradezco que me la haya enviado en su última.
C 22,6 Estoy lejos de molestarme por las cartas que usted ha includo en las mías; no es eso lo que pretendí expresarle. Quise decir que no escriba ni reciba ninguna de toda esa clase de cartas inútiles, que no son adecuadas para nosotros.
C 22,7 He avisado a Aviñón que paguen la letra de cambio del señor De la Bussière.
C 22,8 Procederé de manera que esté usted contento de mí.
C 22,9 Tenemos Hermanos en Marsella, que han comenzado desde hace poco. En una sola escuela tienen casi doscientos alumnos. Hay escuelas en cuatro barrios, y las tendrán todas en lo sucesivo.
C 22,10 Es de esperar que, al irse acercando cada vez más a usted nuestros Hermanos, al final Dios bendiga y aumente su escuela. C 22,11 Trataremos de facilitarle los medios y en breve veremos qué se puede hacer a este respecto. C 22,12 Pida mucho a Dios por nosotros, que bien lo necesitamos. También nosotros le pediremos por usted y trataremos de ayudarlo y de aliviarlo en todo lo que podamos. Todavía un poco de paciencia. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor, De La Salle
Al Hermano Gabriel Drolin,
12 de mayo de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma.
París, a 12 de mayo de 1706.
C 23,1 Hasta ayer, carísimo Hermano, no recibí su carta.
C 23,2 Hace tres días libré una letra de cambio contra los Hermanos de Aviñón para el pago de las cien libras que debía usted al señor De la Bussière. Le remito el recibo para que usted pueda entregarlo al señor De la Bussière y retirar el suyo, que habrá usted de enviarme.
C 23,3 Creí que no había de pagarse cambio alguno sobre esas cien libras; supone cada vez una pérdida importante. Quizás pudiéramos evitarla, o al menos buena parte de ella; hubiera debido usted avisármelo con antelación.
C 23,4 Estoy disgustado de que haya presentado un memorial al limosnero del Papa; no era oportuno.
C 23,5 Puede usted creer, tal como le escribí, que yo no lo había abandonado.
C 23,6 Si no ha conseguido nada, dígamelo cuanto antes, y en tal caso sólo tiene usted que avisar al Hermano Alberto, de Aviñón, que le envíe diez escudos; pero no lo haga en el caso de que haya obtenido algo, pues él se verá muy apurado para pagárselos.
C 23,7 De haber recibido su carta cuatro días antes, no habría librado esta letra de cambio, y habría encargado a Aviñón que le enviasen dinero.
C 23,8 ¿Cree usted que yo quiero dejarlo morir de hambre?
C 23,9 Hay que ver cómo hará usted desde ahora hasta el mes de octubre; en ese tiempo, sin falta, introduciré algún cambio.
C 23,10 Hay que evitar a toda costa que las personas a quienes pertenece su casa lo encarcelen.
C 23,11 Tampoco es conveniente que se dirija usted a su hermana.
C 23,12 La posta sale todas las semanas. ¿Es que no me escribe usted? ¿Por qué ha estado cinco semanas sin escribirme?
C 23,13 Le ruego no vuelva a proceder así, ni a adoptar determinaciones, a menos que en asuntos totalmente imprevistos no pueda esperar mi respuesta. C 23,14 Rezaré y haré rezar mucho a Dios por usted y por sus asuntos. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
C 23,15 No me ha comunicado usted la fecha de sus patentes. Sólo puso Datum, etc. Le ruego me envíe la copia completa y las firmas. De La Salle.
Al Hermano Gabriel Drolin,
21 de junio de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma. París, a 21 de junio de 1706.
C 24,1 Supongo, carísimo Hermano, que desde el 16 de abril, habrá recibido ya dos cartas antes que ésta.
C 24,2 En la primera le decía que libré una letra de cambio en Aviñón al señor Marteau, que no quiso aceptar más que cien libras, aunque le insistí que la tomase de ciento siete libras.
C 24,3 Le envié a usted un recibo que él me dio; y le decía que lo entregase usted al señor De la Bussière, y obtuviera de él otro, con el acuse de recibo de la cantidad que yo he proporcionado al señor Marteau.
C 24,4 He indicado al señor de Chateaublanc que le entregue a usted diez escudos. Le ruego me indique usted por medio de quién y cómo.
C 24,5 No sé qué gastos ha podido hacer usted, y de los cuales siente pesar. Tenga la seguridad de que no dejaré que le falten las cosas necesarias.
C 24,6 Dé la clase tranquilamente, sin ir más lejos. De otro modo, me parece que Dios no lo bendecirá.
C 24,7 Ya ve para qué sirven todos sus memoriales. No hable a Su Santidad; lo echaría todo a perder; habrá que tomar otras medidas; Dios nos dará los medios para ello.
C 24,8 No desaproveche las ocasiones que pueda encontrar, pero no se apresure.
C 24,9 Me decía que usted sólo me pedía el alquiler de la escuela y de la habitación.
¿De qué vive? Guárdese bien de abandonar.
C 24,10 Estoy muy contento de que el señor Fieschi sea cardenal.
C 24,11 El abate de La Trémouille, ¿no es el sacerdote de Noirmoutier que conocí como vicario general en Laon, que es jorobado, y que hace ya tiempo que está en Roma?
C 24,12 Dentro de cinco o seis meses, cuando haya llegado a Roma el Hermano que va de Aviñón, se ofrecerá mejor coyuntura de presentarse por medio del señor Fieschi, que ha sido allí arzobispo, sin hablar de otra cosa, tanto más cuanto que el vicelegado de Aviñón va a ser, o lo es ya, gobernador de Roma.
C 24,13 Pero no me gustan en absoluto todas esas miras humanas, y no son ésas de las que se sirvieron los santos.
C 24,14 Me habla como si yo me mostrara muy duro con usted, y como si no quisiera darle nada. No sé si es porque no recibe mis cartas.
C 24,15 Le he dirigido la última por medio del señor de Chateaublanc, de Aviñón.
C 24,16 No creía yo que su vida fuese tan dura como la señala.
C 24,17 El señor Leroy, que está por estas tierras, me dijo que había comido con usted, y que tenía usted vino en la bodega, y del bueno.
C 24,18 Un sacerdote bretón que ha obtenido un curato y que ha regresado a su país, y que dice que residió varios años en San Sulpicio y que vivió cerca de usted, ha dado a entender en su tierra que, cuando él vino de ahí, usted era diácono. No sé qué quiere decir.
C 24,19 No sé lo que quiere usted decir, cuando afirma que ha entregado una letra de cambio de ciento siete libras al señor De la Bussière, y que ha dado órdenes para el pago de mi letra de cambio, sin indicar a quién hay que dirigirla. Explíqueme lo que entiende por eso. Bien claro está lo que sobre el particular le escribo al comienzo de la presente.
C 24,20 Desde Aviñón me dicen que se ha pagado la letra de cambio de Roma. Vea, le ruego, que no haya ningún enredo en todo eso.
C 24,21 No sé por qué me indica que no le escriba a través de Marsella. Todavía no le he escrito por esa vía.
C 24,22 A mi parecer, mis cartas de Aviñón no deben costarle más que cuatro sueldos, pues eso es lo que cuestan de Roma a Aviñón. Escríbame a menudo.
C 24,23 Pido a Nuestro Señor que lo colme de sus gracias, y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
25
Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 26 de noviembre de 1706
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma. C 25,1 He recibido, carísimo Hermano, su carta fechada el 16 de octubre.
C 25,2 Me parece que no había recibido nada de usted desde el 24 de julio; es mucho tiempo.
C 25,3 Estoy muy pesaroso por el percance que le ha sucedido.
C 25,4 Estoy satisfecho de que haya librado usted una letra de cambio contra Aviñón, pues pedí muchas veces que se le enviase ese dinero. No sé por qué no lo han hecho.
C 25,5 Es verdad que ellos me han indicado que no es fácil encontrar oportunidad y medios para hacer llegar dinero a Roma. Sin duda, le será entregada esa cantidad.
C 25,6 Ha hecho bien al desistir de la diligencia que había hecho para conseguir algo, y siento consuelo de que tenga buen número de escolares. ¿Pero no le habla ningún italiano respecto de la gratuidad de su escuela? ¿Eso no consigue darlo a conocer? ¿Ninguno pregunta de qué vive usted, o quién es el que le permite mantener así la escuela gratuitamente?
C 25,7 No sabía nada del proceso de los señores de San Lázaro.
C 25,8 En efecto, sólo se pagan cuatro sueldos de porte desde Roma a Aviñón, por la posta del Papa. Eso es lo que siempre va consignado en las cartas que recibo de usted. He ordenado que se expida la presente por la posta del Papa; ya me dirá usted el resultado.
C 25,9 Transmita al señor Leroy, parisiense, mis saludos.
C 25,10 Mucho me gustaría saber qué es lo que hizo aquel bretón, que tanto lo ha deshonrado; eso me agradaría.
C 25,11 Conozco al señor cardenal de la Trémouille; es persona buena y sencilla.
C 25,12 He visto por aquí a aquel que fue vicelegado en Aviñón, y que salió de allí en el mes de agosto. Creo que ha regresado a Roma. Es un sacerdote que sentía mucho aprecio por las escuelas de Aviñón.
C 25,13 Le agradezco que me haya dado a conocer detalladamente la distribución de su tiempo.
C 25,14 Rece por nosotros especialmente, en cuanto haya recibido mi carta, y desde el día de Navidad hasta el domingo, día siguiente de Año Nuevo, haga una novena a san Pedro por una necesidad particular urgente y muy importante para la comunidad. Si recibe mi carta más tarde, lo que no creo, al comenzar su novena más tarde, también la acabará más tarde.
C 25,15 Tenemos una casa cerca de donde vive su hermano, y de donde he logrado colocarlo de sacristán, pues peligraba su salvación en el mundo, por ser demasiado débil; ahora lleva vida muy ordenada, es muy sensato, y se confiesa conmigo.
C 25,16 Habitualmente estoy más en esta casa, en la calle de San Honorato, porque tenemos las escuelas de San Roque.
Soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Gabriel Drolin,
París, 1 de abril de 1707
Al señor,
Señor Divers, Procurador general de la Congregación de la Misión, para el señor Santenot. Roma.
París, a 1 de abril de 1707.
C 26,1 Hace unos ocho días, carísimo Hermano, que he recibido su carta.
C 26,2 He sentido mucho su enfermedad y me alegré mucho porque Dios le ha devuelto la salud.
C 26,3 También yo he estado seis semanas muy indispuesto, sin poder caminar; actualmente me encuentro mucho mejor.
C 26,4 Estaba muy sorprendido de no recibir sus noticias, y esto me preocupaba.
C 26,5 Todavía no he entregado a su cuñado el dinero que usted me indicaba, pero haré que se lo entreguen lo antes que me sea posible.
C 26,6 Todavía hay que esperar algún tiempo. Lo que pretendo hacer es enviarle un Hermano hacia el final del verano, pues mucho deseo procurarle más sosiego y facilidad para que se aplique a la oración.
C 26,7 Con todo, no sé qué puede impedírselo.
C 26,8 Bien sé que la mayoría de las ciudades de Italia no son ni grandes ni populosas, y el señor Bonhomme, cuando estuvo aquí, me dijo la razón.
C 26,9 Pida mucho a Nuestro Señor que bendiga su obra.
C 26,10 De nuevo, el Hermano Alberto ha abierto un establecimiento, en Valreas, en el Condado, en la diócesis de Vaison.
C 26,11,1 El señor obispo de Vaison, a quien usted conoce, aprecia mucho a nuestros Hermanos y les ha dado para alojarse su casa de Valreas.
C 26,11,2 Hace poco, el Hermano Ponce ha abierto un establecimiento en Mende, ciudad episcopal de Francia, a la entrada del Languedoc; allí ha caído enfermo.
C 26,12 Pida a Dios por nosotros, y créame, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Su última no tenía fecha.
Al Hermano Gabriel Drolin,
14 de febrero de 1710
Al señor,
Señor Santenot. Roma.
C 27,1 He recibido con alegría hace pocos días, carísimo Hermano, su carta del 7 de noviembre, que me ha enviado su hermano.
C 27,2 Le he escrito dos cartas, una en el mes de agosto y otra hacia finales de noviembre, y me dice el Hermano Ponce que él mismo las llevó al portador. Dirigí las dos al señor De la Bussière, para que se las entregara a usted.
C 27,3 Si no hay que dirigirlas a él, dígamelo y déme una dirección segura, sea directamente a usted, sea a otra parte; pero, por favor, que no pueda fallar.
C 27,4 Estoy muy contento de que usted tenga actualmente una escuela del Papa; eso es a lo que yo aspiraba.
C 27,5 He indicado al Hermano Ponce que vaya a saludar de mi parte al señor obispo de Cavaillon, si está allí, y que le manifieste mi agradecimiento por sus atenciones con usted.
C 27,6 Para lo sucesivo, habría que procurar que haya otro Hermano más con usted.
C 27,7 Estoy satisfecho de que haya dejado la casa del señor De la Bussière; le escribo para agradecerle el afecto que le ha manifestado a usted y la ayuda que le ha prestado. También le manifiesto que no lo olvidaré y que pediré y haré que pidan a Dios por él y por su familia.
C 27,8 Estoy satisfecho de que haya estado en retiro para tratar de recuperar el espíritu de su estado con más abundancia, y el espíritu de oración. Pediré a Dios que se lo conceda.
C 27,9 Bien sé que es una gran desgracia verse obligado a tratar con el mundo, y es gran beneficio para usted que se haya desligado en buena parte de él. Intente desentenderse también de esos ordenandos.
C 27,10 Puede estar seguro de que no dejo de pedir a Dios por usted.
C 27,11 Me alegro mucho de que disfrute de perfecta salud.
C 27,12 Sé que hay mucho trabajo donde usted se encuentra, y me alegro de que tenga muchos alumnos.
C 27,13 También sé que la corrupción es ahí grande, y que hay que tener atención y vigilancia muy particular sobre sí mismo para librarse de ella; y bendigo a Dios de que hasta el presente le haya hecho la gracia de preservarlo de ella.
C 27,14 Desde que no tengo respuesta suya, me parece, tenemos Hermanos en Grenoble, en Alais, en Mende y en Mâcon.
C 27,15 Pida a Dios que bendiga nuestro Instituto, y créame, mi carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle. París, a 14 de febrero de 1710.
Al Hermano Gabriel Drolin
12 de mayo de 1710
Al señor, Señor Gabriele Santenot. Roma. 12 de mayo de 1710.
C 28,1 Su carta no está fechada. He recibido su última carta, carísimo Hermano, con mucho consuelo.
C 28,2 Dice usted que de mis cartas sólo ha recibido la del 14 de febrero; con todo, le diré que, desde el pasado mes de agosto último o septiembre, era ésa la tercera que le había escrito, y he estado siempre muy preocupado por sus noticias.
C 28,3 Me apena mucho que el no recibir mis cartas haya perturbado su amor a la piedad.
C 28,4 Habría sido muy lamentable que hubiera abandonado usted su escuela, ya que, según parece, hasta el presente Dios la quería.
C 28,5 No hay duda de que habría que dar todos los días el catecismo a sus escolares.
C 28,6 No sé por qué dice que, al estar solo, le resulta difícil hacer que sus alumnos oigan la misa.
C 28,7 La mejor razón que usted me da para tener un ayudante es que usted ya no es joven, y que es el momento de formar a otro en las costumbres del país y en la lengua.
C 28,8 Comprendo bien sus razones en contra, y resulta difícil poner remedio a la primera; en primer lugar porque, sobre todo actualmente que la moneda tiene un precio muy alto en Francia, hay que perder muchísimo en el cambio, y, al correr tiempos tan malos, sería difícil proporcionar desde aquí lo que requiera este gasto. Doce doblones harían aquí, al pago, más de veinticuatro; pero, como me indica usted que eso sería sólo por un año, no hay mucho que examinar.
C 28,9 No sé qué quiere decir usted con que hasta ahora se ha mostrado regular a medias. ¿Es que ha cambiado alguna cosa de su hábito o en su exterior y en qué? Indíquemelo.
C 28,10 Sin duda que si ahí fueran dos, ambos tendrían que mostrarse regulares. Hará bien si habla de eso al secretario del cardenal vicario.
C 28,11 No sé por qué dice que el doblón mensual se le ha concedido sólo en tanto que particular, y no en cuanto maestro de escuela. Me parece que usted había indicado a su hermano que encima de la puerta de su escuela estaba el escudo del Papa, y que su escuela era una de las escuelas del Papa.
C 28,12 Así lo he creído yo desde entonces, y que el motivo por el que usted seguía cerca de los Capuchinos es porque la escuela que usted regenta pertenece a ese barrio.
C 28,13 Sería conveniente que tuviera usted una escuela de ésas y las autorizaciones debidas.
C 28,14 Procuraré enviarle un ayudante en las próximas vacaciones; trate de adoptar medidas para eso.
C 28,15 Le enviaré dos libros de las oraciones de la escuela. Los hay en Aviñón. El Hermano Ponce podría enviarle algunos. Me gustaría que usted le escribiese alguna vez.
C 28,16 Todavía no he pensado yo en ir a Roma, y actualmente no podría hacerlo sino difícilmente.
C 28,17 No dejo de pedir a Dios por usted y por el éxito de sus trabajos.
C 28,18 Estoy apenado de que se haya visto usted obligado a tratar tanto con el mundo. No me cuesta creer que, por ello, su piedad se haya enfriado. Vuelva a entregarse con intensidad a la oración, se lo ruego.
C 28,19 Varias de sus cartas y de las mías han tenido que desaparecer por algún medio.
Yo podría intentar escribir a algún capuchino, para ver si mi carta le llega antes.
C 28,20 Hace ya ocho días que pedí al señor Divers, que vino por aquí, que escribiera para que le hiciesen saber a usted que yo le había escrito muchas cartas, y que estaba preocupado por no recibir noticias suyas. Me dijo que iba a escribir, hoy hace ocho días, y que yo le escribiera a usted directamente.
C 28,21 Ha hecho bien en no entrar donde querían ponerlo; esto habría arruinado todo, y tiene usted razón al decir que los trabajos de ocho años habrían sido inútiles.
C 28,22 No he recibido la carta que asegura haberme escrito por esas fechas.
C 28,23 Lo que el Papa le da viene a ser, entonces, como una especie de limosna; explíqueme lo que hay sobre esto.
C 28,24 Me han comunicado que usted quiso recibir la tonsura; indíqueme qué hay sobre eso. Sabe usted muy bien que eso es contrario a las prácticas de nuestra comunidad.
C 28,25 No es cierto que yo esté hablando con usted a medias; le digo simplemente las cosas tal como las pienso.
C 28,26 Tiene que intentar aumentar el número de sus escolares.
C 28,27 Estoy contento de que vaya, de vez en cuando, a hacer retiros a la Misión.
C 28,28 Me decía usted en su anterior que tenía por lo menos sesenta alumnos.
C 28,29 Me alegro mucho de que se haya separado de sus ordenandos; intente, cuanto antes, separarse del resto.
C 28,30 Pido a Dios que le dé su Espíritu y soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Gabriel Drolin,
Marsella, 24 de agosto [de 1711]
Al señor,
Señor Gabrieli Drolini, maestro de una escuela del Papa, cercana a los Capuchinos. Roma.
C 29,1 Le escribo, carísimo Hermano, por medio del señor conde Miaczinski, hijo del tesorero mayor de Polonia, que va a Roma con un ayuda de cámara para estudiar allí teología.
C 29,2 Aunque es el mayor de su familia, con todo quiere renunciar al mundo y estudiar teología.
C 29,3 Le ruego que, el día que llegue, le busque una hospedería donde esté bien. Es un señor muy piadoso y con quien tengo relación muy especial; le podrá ayudar mucho a usted.
C 29,4 Le he escrito desde Aviñón; supongo que habrá recibido mi carta y que me habrá respondido.
C 29,5 Muy pronto podremos enviarle un ayudante, pero le ruego que no deje el hábito de nuestros Hermanos.
C 29,6 No atienda en nada sobre ese punto a lo que le digan los señores de San Lázaro. Los de París quisieran encontrar el modo de destruir nuestra comunidad. Estoy satisfecho de poder escribirle esto de manera segura.
C 29,7 Le ruego me escriba de vez en cuando, y que actúe de modo que procure en todo el bien de nuestra comunidad. El señor conde podrá ayudarle mucho en esto.
C 29,8 Dígame exactamente cómo van sus asuntos.
Como el Papa tiene seis escuelas en Roma, sería bueno aspirar a que todas ellas pudieran estar atendidas y bajo la dirección de nuestros Hermanos.
C 29,9 Haga cuanto pueda por el señor conde Miaczinski; le será útil a usted y también a nosotros.
C 29,10 Acabamos de abrir escuelas en Versalles, en Boulogne-sur Mer y en Moulins. Pida a Dios que las extienda cada vez más.
C 29,11 Pido a Nuestro Señor que le llene de sus gracias y soy todo suyo, carísimo Hermano, en Nuestro Señor.
C 29,12 Vuelvo a Francia.
C 29,13 Dígame el modo como le reciba Monseñor el Cardenal de la Trémouille.
C 29,14 He comido con el señor obispo de Cavaillon, a quien he agradecido las atenciones que tuvo con usted.
De La Salle. Marsella, a 24 de agosto.
Al Hermano Gabriel Drolin
[julio de 1712]
Al señor,
Señor Gabrieli Drolini, maestro de una de las escuelas del Papa, cerca de los Capuchinos. Roma.
C 30,1 Hubiera deseado, carísimo Hermano, ir a verlo, y estaba preparado para ir con un tal señor Ricordeau, canónigo de una colegiata de Troyes, que ha ido a Roma, hace un mes; pero me sobrevino aquí, en ese momento, un asunto que, dada su urgencia, retrasó el viaje; sin embargo no ha prosperado.
C 30,2 Me será difícil enviarle un Hermano antes de que haya abierto en esta comarca un noviciado, que voy a iniciar inmediatamente, porque aquí quieren gente de la tierra, a causa de la diferencia que existe entre su lengua y la de Francia.
C 30,3 Tiene usted razón en no acompañar continuamente al señor conde.
C 30,4 Estoy satisfecho de que el señor conde le haya pagado todo.
C 30,5 Dígame si cuando vaya yo a verlo puedo llevar libros para él, y por qué importe, pues no quisiera verme obligado a esperar después el pago.
C 30,6 Tan pronto como el noviciado esté en condiciones, iré a verlo y a platicar con usted.
C 30,7 He respondido sin dilación a todas su cartas, y a las de la partida de bautismo. Le decía que habían respondido que para tenerla se necesitaba saber el año y el día de nacimiento, o al menos el año.
C 30,8 Le contesté a usted esto; ya tiene usted que haber recibido mi carta. Si me lo indica, se lo enviaré en seguida, pues ese registro sólo lo tiene el escribano de la bailía.
C 30,9 Le envío todas las estampas que se han encontrado en la casa.
C 30,10 Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
C 30,11 Ese señor Ricordeau está en entredicho, no sé por qué. Tal vez por eso ha ido a Roma. Él no me lo ha dicho, pero si yo le he pedido a usted que le ayude es sólo porque él me lo pidió. Si todavía está en Roma, no haga nada por él sino con prudencia.
C 30,12 Yo no le di cartas para otros, sino sólo para usted, aunque él me insistió; pues no quise enredarme, ya que no conocía ni sus asuntos ni sus designios.
De La Salle.
31
Al Hermano Gabriel Drolin,
Al señor,
Señor Gabrieli Drolini, maestro de una de las escuelas de Nuestro Santo Padre el Papa, cerca de los Capuchinos. Roma.
C 31,1 Me parece, carísimo Hermano, que no debería haber prestado ni adelantado tanto dinero al señor conde; eso no es conveniente, sobre todo entre nosotros. Es más, no debería haberle prestado nada. C 31,2 Acerca de esto, sólo puedo decirle que la cosa está hecha; a usted le corresponde consultar antes de hacer las cosas, y no después de que están hechas. Si me lo hubiera preguntado antes, le hubiera respondido que no le prestase nada.
C 31,3 Esta es tan sólo la tercera de sus cartas desde la partida del señor Ricordeau, y yo he respondido a todas; a la primera, por medio del señor vicario de San Marcial, de París; a la segunda, por la posta; y ésta es la respuesta a la tercera. He dado respuesta a todas sus cartas desde que estoy en estas tierras.
C 31,4 Pienso aún en enviarle un ayudante, pero no podrá ser sino después de Pascua.
C 31,5 ¿Es verdad que lleva usted una sotana larga y manteo largo, como me ha dicho el señor Ricordeau, que ha regresado en las galeras del Papa?
C 31,6 Si eso es así, ¿qué quiere que haga ahí con usted un compañero? Pues es preciso que los dos vistan igual y lleven el hábito de la comunidad.
C 31,7 Se dice que tiene usted un sombrero muy pequeño. Los señores de San Lázaro no cambian de sombrero en Italia.
C 31,8 Me gustaría que el compañero sirviera para apartarle a usted del trato frecuente con el mundo, y que le alcanzara a él la pensión del Papa.
C 31,9 Yo, en efecto, considero lo que se ha comenzado en Roma, como algo importante, pero hay que esperar a que el noviciado que he comenzado aquí desde hace cuatro meses esté bien asentado, tanto para ir a verle, como para enviarle a alguien, que sea de esta tierra.
C 31,10 Me parece que no debe desentenderse fácilmente del señor conde.
C 31,11 El señor Ricordeau me dijo que le había vendido a usted, por seis testones, un cordón de oro que le había costado más de un luis de oro.
C 31,12 No es hombre en quien se deba confiar mucho. Estaba en entredicho. ¿Ha sido rehabilitado en Roma? Creo que fue allá para eso.
C 31,13 Yo no hubiera querido interesarme por él. Incluso se molestó porque no le quise facilitar aquí cartas; pero no me importaba, ya que él no quiso decirme el motivo por el cual iba a Roma, y sabiendo yo que había sido suspendido por su obispo, a quien estimo y venero mucho. Me parece que alguien me dijo que había celebrado aquí la santa Misa.
C 31,14 También hay un sacerdote, a quien yo he colocado, y que ha vivido algún tiempo con nosotros, que está en entredicho por haber estado en la guerra después de ser sacerdote, y tiene actualmente cincuenta y cuatro o cincuenta y cinco años.
C 31,15 Si solicitase su rehabilitación, sea a través de un banquero, sea por sí mismo, le ruego a usted que declare, donde corresponda, que no se le conceda y que se escuchen antes mis razones.
C 31,16 Es de la diócesis de Ruán. No es bueno, ni para él ni para la Iglesia, que se le rehabilite. Se llama, me parece, señor Celisier; es del mismo Ruán, pues ha cambiado su nombre y ha conservado el nombre de guerra, que es Saint-Georges.
C 31,17 El señor Ricordeau me dijo que hay un maestro de una de las escuelas del Papa que es muy anciano, cuya escuela podría fácilmente obtenerla un Hermano; y que sólo hay en Roma tres escuelas del Papa. ¿Es eso cierto?
C 31,18 También me ha dicho que no llegaban a treinta los alumnos que usted tiene, y que usted no es asiduo en ir a su escuela.
C 31,19 Haría usted bien yendo a explicar el catecismo a los pobres franceses de los dos hospitales que me ha indicado, y sería conveniente continuar esta práctica.
C 31,20 Habla muy mal el señor Ricordeau al decir que los Hermanos de Troyes quisieron pegarse.
C 31,21 Dijo que usted no le había invitado a comer más que una vez, aunque usted aseguró que siete u ocho. Yo sólo le tuve una vez, a la ida, pero ninguna al regreso. Sin embargo, él hubiera querido venir a menudo por aquí con ese fin.
C 31,22 ¿De dónde sale, pues, que hayan hablado de mí a la reina de Polonia?
C 31,23 Mi ida habrá de retrasarse mucho tiempo.
C 31,24 Le ruego pida a Dios por nosotros; y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
C 31,25 El señor conde me pide libros y otras cosas por doscientos francos, pero no puedo llevarle ni enviarle nada si no estoy seguro de recibir el dinero al llegar.
De La Salle. Marsella, a 16 de diciembre de 1712.
Al Hermano Gabriel Drolin San Yon,
5 de diciembre de 1716
Al señor,
Señor Gabrieli Drolini, cerca de los Capuchinos. Roma.
C 32,1 Ha sido muy a pesar mío, carísimo Hermano, el que no le haya escrito desde hace tanto tiempo. Le escribí varias veces sin haber recibido respuesta suya. Creo que ha sido porque mis cartas han sido interceptadas, del mismo modo que sé que han interceptado las suyas para mí.
C 32,2 Desde entonces he tenido muchos asuntos desagradables. Actualmente resido en una casa de un barrio de Ruán, llamado San Yon, donde está el noviciado.
C 32,3 Le aseguro que siento mucha ternura y afecto por usted, y que con frecuencia pido a Dios por usted.
C 32,4 Puede usted escribirme cuando quiera. Espero que el Hermano que está actualmente en Aviñón será fiel en enviarme sus cartas, pues es muy prudente, y yo le responderé.
C 32,5 Desde hace diez meses he estado enfermo en esta casa, en la que resido desde hace un año.
C 32,6 El asunto del señor arzobispo de París causa inquietud entre los obispos. No sé lo que piensan en Roma sobre esto.
C 32,7 He sentido gran consuelo con su última, y la continuidad de su afecto y de su buen corazón me han producido mucho contento.
C 32,8 Le ruego nos informe de cómo van sus asuntos.
C 32,9 Pensaba enviarle en las vacaciones un Hermano que ha estado en Roma y que sabe algo de italiano, que es muy prudente y buen maestro; pero lo hemos destinado a otro sitio, por creer que sus servicios en este lugar eran de mucha trascendencia.
C 32,10 Los Hermanos se disponen a celebrar una asamblea desde la Ascensión hasta Pentecostés, con el fin de ordenar muchas cosas relativas a las Reglas y al gobierno del Instituto.
C 32,11 Le ruego dé su consentimiento a todo lo que se disponga en esa asamblea por parte de los Hermanos principales de la Sociedad.
C 32,12 Supongo que usted continúa con su escuela. Le ruego me comunique cuántos escolares tiene.
C 32,13 Su sobrino vino a verme, y me dijo que quería ser Hermano, que había ido a verle a usted, y que usted iba a hacerse sacerdote.
Como es ligero, le despedí para pensarlo, y no he vuelto a tener noticias suyas desde entonces.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle. En San Yon, barrio de Ruán,
a 5 de diciembre de 1716.
33. 5.51702 - H. Huberto
Al Hermano Huberto,
5 de mayo de 1702
A 5 de mayo de 1702.
C 33,1 Uno de sus primeros cuidados, carísimo Hermano, debería ser aplicarse a la oración y a la clase, pues esas son sus dos principales ocupaciones, y de las que mayor cuenta dará a Dios.
C 33,2 Es preciso, carísimo Hermano, que se deje guiar como hijo de obediencia, que no tiene otra mira sino obedecer, y al obedecer, cumplir la voluntad de Dios.
C 33,3 Ponga mucho cuidado para no servirse nunca de esas expresiones: «quiero», «no quiero», o «es preciso». Son expresiones y formas de hablar horribles, y que sólo pueden alejar las gracias de Dios, que no las concede sino a los que no tienen otra voluntad que la suya; pues no hay otra cosa que conduzca al infierno sino la propia voluntad, como dice san Bernardo.
C 33,4 Cuando tenga penas de espíritu, expóngalas a su director, y verá cómo Dios lo bendice y le concede la gracia de soportarlas por su amor, o de quitárselas.
C 33,5 Ponga mucho cuidado en no dejarse llevar por antojos al actuar, pues tales acciones son aborrecibles ante Dios.
C 33,6 La principal virtud a la que se debe aplicar es la obediencia.
C 33,7 En la oración, abandónese mucho al querer de Dios, y manifiéstele con frecuencia que no desea sino el cumplimiento de su santa voluntad. C 33,8 En su santo amor, carísimo Hermano, soy todo suyo.
De La Salle.
34. 1.6.1706 - H. Huberto
34
Al Hermano Huberto
París, a 1 de junio de 1706
C 34,1 Mucho consuelo he tenido, carísimo Hermano, al conocer, por su última, que está en la disposición de un total abandono.
C 34,2 No sé por qué está usted con incertidumbres sobre su vocación.
C 34,3 Respecto de los votos, no me corresponde a mí decidir por usted, al respecto; la decisión debe venir de usted mismo. Ya que pide mi parecer, le diré que no veo nada de su parte que pueda poner obstáculo a los mismos.
C 34,4 Hay que seguir la Regla la mañana del jueves, día de asueto.
C 34,5 Nunca se debe leer durante la santa Misa cuando se asiste a ella con los alumnos.
C 34,6 No se deje enredar por las tentaciones y los movimientos de impureza; trate de pensar en otra cosa.
C 34,7 Cuando en la clase se sienta inclinado a la impaciencia, permanezca algún tiempo sin actuar y sin hablar, hasta que haya pasado el impulso.
C 34,8 Tenga cuidado de ser siempre comedido en la escuela; de eso depende mucho el orden en la clase.
C 34,9 Tenga cuidado de que se siga hablando de asuntos edificantes en los recreos y vele para que no se diga en ellos nada inútil.
C 34,10 Tenga siempre alguna mira de Dios en sus acciones; esto es importante para hacerlas cristianamente.
C 34,11 Sea fiel en seguir el método de oración.
C 34,12 Tome las medidas para que el Hermano Clemente se recupere totalmente.
C 34,13 Le ruego que, sin permiso, no se mande hacer nada, ni por recompensa ni por cualquier otra cosa.
C 34,14 Hizo bien en no realizar los encargos que el Hermano Casiano le había dado. Entre nosotros todas esas visitas sobran.
C 34,15 Cuando faltan sólo unos días para la carta del mes, no es necesario escribir, a menos de caso extremo. C 34,16 No es conveniente que el Hermano Roberto vuelva a París. C 34,17 No hay que arreglar la huerta durante los recreos, si no es que se dedica un [día] a regar; y aun eso puede hacerlo el Hermano sirviente; lo mejor es que cuide la huerta un hortelano. C 34,18 No hay nada que no deba usted hacer para conseguir que las clases funcionen bien, y particularmente la suya. C 34,19 Hay que evitar mucho que los Hermanos se junten en ella para hablar.
C 34,20 Tenga la seguridad de que aprecio mucho su alma, y que tendré cuidado de ella; pero en lo referente a una confesión general, las razones que usted me da no son suficientes para obligarlo a ello; lo mejor que puede usted hacer, en efecto, es abandonarse en manos de sus superiores.
C 34,21 Al parecer, usted habla del Hermano Carlos a los Hermanos, pues aluden a él quienes no lo conocen; eso está muy mal.
C 34,22 Las tentaciones de impureza que usted tiene no han de turbar su espíritu; no deben impedirle comulgar.
C 34,23 Propóngame todo cuanto juzgue a propósito tocante al gobierno; yo trataré de ayudarle.
C 34,24 No se deben llevar nunca antorchas, ni en San Martín ni en ningún otro sitio. Si hace un año se hizo, no me han hablado ni escrito sobre ello; dígame quién era el director en ese momento.
C 34,25 No es cierto, en absoluto, que los Hermanos sirvientes no hagan ninguna novena. Si el Hermano Isidoro no las hizo, que haga una.
C 34,26 Siga el parecer del señor párroco de San Pedro, de exigir que los escolares lleguen a la hora, aunque usted deba quedarse con sólo cuatro; y esto, tanto para las otras clases como para la suya.
C 34,27 Le ruego tenga cuidado de que las recreaciones se hagan bien. Usted sabe que reír en ellas con ligereza no es conveniente entre nosotros. La recreación es una de las cosas sobre las que más debe velar; hace bien exigiendo que se observe exactamente la Regla.
C 34,28 No pretendo nada mejor que contribuir a ordenar su interior, dándole consejos según lo que usted me escribe.
C 34,29 Dicen que la clase del Hermano Esteban y la del Hermano Isidoro se deterioran mucho; ponga mucho cuidado en ello, se lo ruego.
C 34,30 Procure que los Hermanos den cuenta de su conducta y de su conciencia.
C 34,31 Dice el Hermano Clemente que le han advertido de que va al comedor fuera de tiempo para comer, que bebe vino de ajenjo, etc. Esas cosas no deben decirse en la advertencia, pues eso no puede hacerse sin orden del Hermano Director.
C 34,32 Es preciso que el trabajo no impida al Hermano Isidoro estudiar el catecismo, pues le es más necesario saberlo que trabajar. También me parece que no es conveniente que trabaje durante el recreo largo de los jueves. C 34,33 Procure que su casa se guíe plenamente según la regularidad. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
35. 30.1.1708 - H. Huberto
Al Hermano Huberto,
30 de enero de 1708
París, a 30 de enero de 1708.
A mi carísimo Hermano,
Mi carísimo Hermano Huberto, en las Escuelas Cristianas, en Guisa.
C 35,1 Me sorprende, carísimo Hermano, que me haya escrito una carta fechada el 24, habiéndome escrito otra el 19, y teniendo que escribirme al comienzo del mes. Ya ve que inquieta usted demasiado su espíritu.
C 35,2 Es cierto que no resulta muy grato permanecer en una casa donde no hay regularidad, pero es preciso que trate de que la haya hasta que yo encuentre el medio de cambiar a los Hermanos.
Ya sabe que la regularidad depende en buena parte de quien gobierna.
C 35,3 Es cierto que el Hermano Alfonso es algunas veces difícil, pero hay que buscar la manera de hacerle más dócil. Indíqueme sus faltas más en particular, y yo procuraré que cumpla su deber.
C 35,4 Me parece que usted habla de manera demasiado poco prudente y demasiado poco sumisa, y es difícil que Dios bendiga tal proceder.
C 35,5 Estoy muy satisfecho de que aprecie la regularidad, y le ayudaré todo lo que pueda a observarla; pero no estoy en situación, ni está en mi mano, el introducir cambios antes de Pascua. Con todo, lo pensaré durante algún tiempo delante de Dios.
C 35,6 El no violentarse en rechazar los pensamientos inoportunos que acuden a la mente, supone grave perjuicio para orar bien.
C 35,7 Me sorprende que después de haberme dicho en su primera carta que se quedaría donde está mientras yo quisiera, y que se ponía en mis manos para que hiciese de usted lo que tuviera por bien, que es la mejor disposición que puede usted tener, me escriba cinco días después todo lo contrario.
C 35,8 Ya tiene que ser usted de espíritu bien inconstante. Como todo ello es tentación, ha de tratar de reconocerlo así y de humillarse por tal debilidad; y que el conocimiento que adquiera de ello, le lleve a tomar la resolución de no seguir nunca los arrebatos de su espíritu, lo cual es muy importante para usted.
C 35,9 Recurra mucho a Dios y encontrará que Él le va a ayudar, tanto para la regularidad como para la sumisión, y también para la estabilidad de su espíritu; cosas todas ellas que debe usted tratar de adquirir y pedir mucho a Dios.
C 35,10 Es preciso que yo colabore con usted, y que usted intente vivir de modo distinto al que vive; sobre todo haciendo mejor la oración y siendo muy asiduo a los ejercicios, ya que eso es a lo que más debe aplicarse y lo que ahora tiene descuidado.
C 35,11 Si hay que ir a algún sitio, envíe a un Hermano y permanezca usted en su puesto en los ejercicios; déme cuenta de cuántas veces se haya ausentado y por qué motivo, sin falta, se lo ruego, en la carta del mes; pues el principal cuidado que debe tener quien gobierna es ser el primero en todo.
C 35,12 Va usted a la cocina a charlar con el Hermano Alfonso. De ahí nace la familiaridad y el poco respeto que le tiene. Me informa usted de las cosas a medias. Si hay que ir a la cocina, envíe a un Hermano, y permanezca usted en el ejercicio.
C 35,13 No tendrá orden en su clase sino en la medida en que usted se mantenga sin moverse y sin hablar. Cuídese mucho de pegar a los escolares, tanto con la mano como con cualquier otra cosa.
C 35,14 Es también falta muy notable reír durante las comidas. Cuando usted ha cometido semejante falta, capaz de escandalizar, ¿se ha acusado? Bien sabe que, según la Regla, no debe dejar de hacerlo.
C 35,15 No sé si ustedes recitan las oraciones vocales tan reposadamente como se recitan aquí. Eso es importante para asegurar la atención en ellas.
C 35,16 Si el Hermano Antonino no tiene confianza en usted, es porque no le atrae suficientemente con su compostura, gravedad y regularidad. Usted no es suficientemente comedido ni regular, y eso sólo le atrae el menosprecio de los demás.
C 35,17 Rece mucho por la regularidad de su casa y por sus Hermanos cuando no cumplen con su deber o tienen alguna pena, para pedir a Dios las luces necesarias para que usted se comporte debidamente en tales ocasiones.
C 35,18 Ruego a Dios que le conceda la gracia de edificarlos mucho, y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
36. 18.4.1708 - H. Huberto
Al Hermano Huberto,
18 de abril [de 1708]
C 36,1 Respondo a sus dos cartas, carísimo Hermano, la última de las cuales acabo de recibir.
C 36,2 Doy gracias a Dios de que le haya dado la fidelidad de manifestarme sencillamente la falta que cometió escribiendo a su madre y al señor Lalement. Usted ve bien que la falta es considerable y de muy mal ejemplo. Es preciso que trabaje usted en morir al mundo, que debe estar muerto para usted.
C 36,3 Para otra vez, sea exacto en no hacer nada sin permiso, y en comenzar declarando sencillamente las faltas que usted haya cometido. No basta decirme, en general, que en Guisa ha cometido faltas en que no había incurrido en otros sitios; es preciso que me diga cuáles son esas faltas.
C 36,4 Como el confesor juzga conveniente que usted se quede en Guisa, debe usted quedarse. Sólo faltan tres meses hasta las vacaciones; arreglaremos todo durante ese tiempo. C 36,5 Estoy contento de que usted me exprese su pensamiento y que al mismo tiempo se muestre tan sumiso y confiado.
C 36,6 Indíqueme, pues, en qué y cómo no ha sido usted nunca tan irregular como lo ha sido en Guisa.
C 36,7 Ponga, por amor de Dios, mucho cuidado a los toques de la campana; es cosa importante.
C 36,8 Me parece que los Hermanos no deben ir al catecismo de la parroquia los días laborables.
C 36,9 Le ruego que vele por el silencio en su casa.
C 36,10 No sé por qué es usted tan irregular en los recreos. Debería poner mucho cuidado en corregirse de ello. Sabe cuán importante es hacer bien los recreos, y que la regularidad es lo que atrae las bendiciones de Dios sobre una casa.
C 36,11 Me parece que no le corresponde a usted cocinar; corresponde al Hermano Antonino.
C 36,12 No se han de suprimir los ejercicios. Ustedes tienen pocos; y podrán ustedes dos y el Hermano Isidoro hacerlos asiduamente.
C 36,13 Cuando casi no se advierten defectos es, con frecuencia, indicio de poca regularidad en la casa.
C 36,14 Tiene que ser usted más exacto en reprender a los Hermanos por sus faltas.
C 36,15 No permita que los Hermanos razonen o repliquen cuando se les manda alguna cosa.
C 36,16 Debe usted, incluso, probarles en la obediencia y hacérsela practicar bien.
C 36,17 Tiene que ejercitar al Hermano Antonino en que sea muy abierto y en que diga todo con sencillez.
C 36,18 No sé qué es lo que usted llama «picadillo», y si se vende ya todo preparado, como los «vitelots» [las masas de los pasteleros].
C 36,19 Anime a los Hermanos y sea firme en que no se comporten según su propia voluntad.
C 36,20 Que no se falte a la lectura espiritual.
C 36,21 Cuide de aplicarse mucho a la oración mental. Usted sabe que de este ejercicio depende la bendición que Dios derrama sobre los demás, y que sirve para atraer sus gracias sobre nosotros.
C 36,22 Indíqueme detalladamente cuál es la causa de que no tenga usted tranquilidad de conciencia.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
C 37
Al Hermano Huberto,
20 de julio [de 1709]
C 37,1 Lo que el señor Binet le ha dicho al Hermano Jacinto tocante a los proyectos de monseñor obispo de Chartres, también me lo ha dicho a mí el mismo monseñor. Quiere alojarnos en la casa de San Vicente, que sería muy incómoda; no tiene ni patio ni huerta, y me parece que en ella estarían ustedes muy mal. El Hermano Jacinto dice lo contrario.
C 37,2 Me parece que hay que pedir a Dios, y hacer que le pidan los alumnos, haciendo que los escolares reciten de continuo las letanías y enviando todos los domingos y días de fiesta, y los jueves y días de asueto, a dos Hermanos a que comulguen en Nuestra Señora, en la capilla de la Virgen Santa, con la intención de que no se realicen los propósitos del señor obispo; y que se cumpla lo que sea de mayor bien, tanto en lo referente al alojamiento de ustedes como para la multiplicación de las escuelas y de los escolares; pero que ninguno de ustedes tome en esto la iniciativa; dejen la ejecución en manos de Dios.
C 37,3 No era necesario que el Hermano Jacinto me escribiese antes que usted, ni tampoco, creo yo, que viniera aquí. Bastaba con escribirme. Ya lo había yo escrito todo lo que precede, antes de su llegada.
C 37,4 Anteayer hablé al señor abate de Gergy, quien me prometió que ayer escribiría al señor obispo de Chartres para esto. Si éste le pide informes, dígale que como él va a venir pronto aquí, y que como el asunto no urge hasta el mes de octubre, tendré el honor de hablarle de ello cuando esté aquí o en Saint-Cyr.
C 37,5 Usted no hizo bien comprando estampas por tanto dinero, sobre todo en un año como el presente, en que falta el pan. Le ruego que no se dirija al Hermano Atanasio para cosas semejantes.
C 37,6 Tocante a lo que le ha dicho monseñor el obispo de Chartres, que me piden Hermanos para diversos lugares, es verdad, pero lo que quieren establecer son casas de dos, que no nos convienen. Yo no las quiero; echarían a perder nuestra comunidad.
C 37,7 No se detenga tanto, se lo ruego, al hablar con los Hermanos; si no pone mucho cuidado, perderá los ejercicios por hablarles, y eso no debe ocurrir nunca.
C 37,8 Bien sé que hay que hacer que los Hermanos den cuenta de su conciencia y esforzarse por librarlos de sus penas; pero no se necesitan esas largas conversaciones en las cuales, a menudo, se habla de numerosas cosas externas, incluso perjudiciales, sin darse cuenta. Vele en eso, pues yo también velaré; este punto es de más importancia de lo que usted piensa.
C 37,9 No hable nunca yendo al recreo ni en las escaleras, ni al ir o venir por la casa.
C 37,10 Tanto usted como todos los Hermanos han de ser advertidos de sus defectos. Regule bien, para ello, el tiempo de este ejercicio. No debe leer, ni escribir, ni hablar a nadie, ni hacer ninguna otra cosa, durante este ejercicio. En él, igual que durante la acusación, debe poner toda su atención en escuchar lo que se dice.
C 37,11 Usted o el Hermano Renato han de escoger el miércoles como día de comunión. No sé por qué han de comulgar ustedes dos el mismo día y salir juntos de casa para ir a confesarse.
Convendría que él no fuera a confesarse sino cuando van los demás, y que usted hiciera lo posible para ir también el mismo día que los otros. Todas esas devociones particulares no son convenientes.
C 37,12 Parece que usted busca mucho las comodidades del cuerpo. Ponga cuidado en ello; no proponga nada relativo al exterior sin habérmelo propuesto antes. Esto es importante; y no escuche fácilmente a los Hermanos en lo que ellos le sugieran; usted es en eso demasiado condescendiente.
C 37,13 Pido a Dios que reine el orden y la regularidad en su casa; empéñese en ello. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle. A 20 de julio.
Al Hermano José,
23 de diciembre [de 1710]
C 40,1 He recibido su carta este mediodía, carísimo Hermano.
C 40,2 Yo saldré el sábado para ir a Troyes. No se marche usted; espéreme. Estaré allí el lunes y juntos trataremos de todo lo que concierne a los asuntos de esta ciudad y de todo lo que usted me propone para esos censos de Reims.
C 40,3 No diga a nadie, ni siquiera al Hermano Alberto, que tengo que ir ahí.
C 40,4 Procederé de modo que todo termine bien y que todo el mundo quede contento. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
C 40,5 Que no se ejecute nada tocante al cierre de esa escuela hasta mi llegada. C 40,6 Le ruego que pague el porte de esta carta al señor Bourgoing.
[A continuación de esta carta, sin separación, hay unas líneas con la misma caligrafía de La Salle, con esta oración:]
C 40,7 Dios mío, te prometo guardar mis resoluciones con la ayuda de tu gracia. Quiero hacer siempre lo que pueda para obedecer en todos mis actos, para agradarte.
C 40,8 Procuraré hablar en voz baja y no dejarme llevar del primer movimiento de la naturaleza; y tener mucha mansedumbre con nuestros queridos Hermanos en las ocasiones que se presenten; vigilar mucho mi lengua cuando tenga que hablar con los de fuera; y abandonarme a la dirección de Dios en toda ocasión.
C 40,9 Pongo, ¡oh Dios mío!, todas mis resoluciones bajo la protección de la Santísima Virgen, del glorioso san José y de mi santo angel custodio, ¡oh amable Salvador mío!...
De La Salle
Al Hermano José,
6 de febrero [de 1711]
A mi carísimo,
Mi carísimo Hermano José, en las Escuelas Cristianas de Reims.
C 41,1 Ayer recibí juntas, carísimo Hermano, sus tres cartas; contesto a la más urgente. C 41,2 Parece que es conveniente que el Hermano Plácido se traslade a Guisa.
C 41,3 Envío al Hermano Fabián con el Hermanito de Mende para ocupar el lugar del Hermano Plácido, y dentro de dos o tres años estará en mejor situación que al presente para aprovechar el noviciado, y llevará bien la clase.
C 41,4 Entregue el caballo al Hermano Fabián para que lo traiga aquí; el martes por la tarde estará en Reims.
C 41,5 El Hermano Dositeo no le habría escrito si primero no le hubiera escrito usted, ni tampoco los Hermanos de Guisa.
C 41,6 No sé por qué escribe así a los Hermanos que le agradan. Eso no es prudente. No tiene que haber esas relaciones epistolares de una casa a otra; eso no es conveniente entre nosotros. Si quiere impedirlas, no las comience usted mismo.
C 41,7 Sería deseable que el señor Bourgeois aprendiese a coser y a cortar bien el pelo; es importante.
C 41,8 No sé si después de mi partida ha ido a verle un muchacho, cantero. Si sigue pidiendo ingresar, hay que remitirle a después de Pascua; pero no conviene que entren juntos.
C 41,9 Le ruego disponga que se dé al Hermano Remigio lo que necesite. Ha comunicado al Hermano Tomás que necesita lana para hacer unas medias, que no tiene, y una camisola.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle. A 6 de febrero.
Al Hermano Matías,
3 de diciembre [de 1706]
C 42,1 Es usted, carísimo Hermano, el primero a quien escribo este mes.
C 42,2 No pretendo otra cosa que aliviarle en sus penas, pero bien ve que no podré aliviarle mientras no conozca sus dificultades. No veo bien cuáles son.
C 42,3 Usted sólo me dice que no se encuentra bien de salud. No sé si es ése el único motivo por el que me pide venir a París o que le envíe a otro sitio. Déme a conocer cuál es la causa.
C 42,4 En sus cartas no me dice usted casi nada. Repite muchas veces la misma cosa, cuando bastaría decirla una vez.
C 42,5 Déme a conocer todas sus penas. Si provienen de que yo no le escribo, le escribiré en lo sucesivo cada vez que escriba a los Hermanos; pero le ruego que se esfuerce para que sus cartas estén mejor escritas y con mejor ortografía, pues casi no las puedo leer.
C 42,6 En la oración mental siga ejercitándose en los actos de la preparación. Hace bien en aplicarse particularmente a recogerse interiormente y a alejar de usted las distracciones.
C 42,7 Usted me da como única razón para cambiarle que no se acomoda a Reims. Bien ve que entre nosotros debe uno acomodarse a todos los lugares a donde sea enviado por los superiores; pues la obediencia debe ser la regla principal y la mayor satisfacción de los Hermanos.
C 42,8 No entiendo qué quiere decir con que está disgustado por el modo como lo han tratado. Explíquemelo y trataré de poner remedio a su pena.
C 42,9 Tenga la seguridad, carísimo Hermano, que yo sólo quiero su bien y la tranquilidad de su alma, y soy todo suyo en Nuestro Señor,
De La Salle.
43. 18.11.1707 - H. Matías
43
Al Hermano Matías,
París, a 18 de noviembre de 1707
C 43,1 Anteayer recibí su primera carta, carísimo Hermano, y hoy la otra, que me remiten desde Ruán. Conviene que dirija todas sus cartas a París, cualquiera que sea el lugar donde yo me halle. Le contesto el día en que usted dice que espera respuesta a su primera.
C 43,2 ¿Quién ha podido decirle que Dios no le quiere a usted en su empleo?
C 43,3 En él usted se encuentra bien; en él usted está sosegado y en él usted está tranquilo cuando es apoyado. Bien sé, carísimo Hermano, que usted necesita apoyo; pero teniéndolo, usted se mantendrá firme.
C 43,4 Ya sé que vino usted a París.
C 43,5 Yo creo que sufre usted más en el espíritu que en el cuerpo.
C 43,6 En la medida en que sea usted sumiso, Dios le sostendrá.
C 43,7 Siento mucho que esté usted apenado. Haré todo lo que pueda para librarle de ello.
C 43,8 Me pide usted autorización para venir a París. Usted comprende que el invierno no es tiempo adecuado para ello.
C 43,9 La propuesta que usted me hace, de practicar una novena para pedir a Dios que le conceda cumplir su santa voluntad es excelente. Abandónese [a Dios] y esté a bien con el Hermano..., y Él le bendecirá.
C 43,10 No sé en qué es inhumano el trato que se le ha dado, ni por parte de quién.
C 43,11 No veo que lo que le ha hecho el Hermano Ponce sea tan molesto para usted como da a entender. Usted atormenta demasiado su espíritu, y eso le perjudica mucho.
C 43,12 Tenga la seguridad de que haré por usted todo lo que me sea posible, y soy, mi carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
44. 30.12.1707 - H. Matías
Al Hermano Matías,
30 de diciembre [de 1707]
.
C 44,1 No sé, carísimo Hermano, por qué me escribe usted de forma tan descomedida y tan contraria a la verdad.
C 44,2 Yo no le he dado motivo para ello hasta el presente, pues no he hecho nada sino por su bien, y si le trasladé adonde ahora se encuentra, no fue sino después de haberme insistido usted para ello durante mucho tiempo.
C 44,3 En lugar de ir contando sus penas a personas de fuera, descúbraselas al Hermano Ponce, o escríbale, si no está en Mende.
C 44,4 Le he encomendado a él que haga en esa zona todo lo que convenga para el bien de los Hermanos.
C 44,5 No hubiera debido presionarme usted tanto para que lo enviara tan lejos, para pretender volver tan pronto. Usted comprende que no puedo hacer volver a los Hermanos de tan lejos ni enviarlos ahí antes de Pascua, y que no conviene hacer viajes para dispensarse de ayunar en la Cuaresma.
C 44,6 Tenga la seguridad, carísimo Hermano, que según lo que me indique el Hermano Ponce, haré todo lo que convenga para usted. Por eso, descúbrale todas sus penas y todos sus pensamientos, y verá cómo Dios lo bendice por ese camino.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Matías,
13 de enero de 1708
C 45,1 Parece, carísimo Hermano, que hace usted sus ejercicios con muy poca aplicación y muy poco fervor. Con todo, no atraerá las gracias de Dios sobre usted sino haciéndolos con amor y lo mejor que le sea posible.
C 45,2 Me escribe usted de manera apasionada; eso no está bien; no le he dado lugar para ello.
C 45,3 Si lo he enviado adonde está, ha sido sólo después de haberme pedido durante tres meses que lo enviase muy lejos.
C 45,4 Por lo que se refiere a sus penas, en la medida en que quiera usted escribirme confidentemente, trataré de poner remedio.
C 45,5 Tomaré medidas para que le encaminen a usted hacia Dios con suavidad, y no con dureza, y no habrá nada que yo no haga para procurar su bien y su salvación; pero actúe usted, por su parte, con más delicadeza y no por malhumor y pasión.
C 45,6 ¿Hace usted oración mental? ¿Comulga? Eso es muy difícil, con las disposiciones en que usted está.
C 45,7 Haga oración, carísimo Hermano, y pida a Dios que se cumpla en usted su santa voluntad. Eso es lo que yo también le pediré mucho.
C 45,8 Tiene que acudir a Dios, carísimo Hermano, y trabajar para salvarse. No abuse de los medios que Dios le da.
C 45,9 Dos de sus hermanos vinieron el domingo aquí y me dijeron que le escribiera a usted que permanezca tranquilo en el estado en que está, y que no podría usted estar mejor.
C 45,10 Las personas a quienes ha visto usted, no lo conocen bien.
C 45,11 Rezaré mucho a Dios por usted. Le deseo un año bueno y santo y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
C 45,12 Me pide usted permiso para escribir a sus padres y les ha escrito ya; eso no está bien.
De La Salle.
Al Hermano Matías,
8 de febrero de 1708
C 46,1 Siento muchísimo, carísimo Hermano, que le molesten mis cartas. Sin embargo, no le escribo nada que dé motivo para ello. Le escribo con la mayor cordialidad que me es posible y no le escribo nada sino por su bien. Así creo yo que debe usted tomarlo.
C 46,2 Estoy satisfecho de que usted cumpla bien su obligación, como dice. Yo lo ignoraba, aunque diga usted que lo sabía.
C 46,3 No me preocupé en absoluto de darle permiso para escribir a sus padres, visto que antes que yo respondiese a su carta, vinieron sus dos hermanos a decirme que había escrito usted dos veces a su madre, ya fallecida, y que su carta les llegó a ellos. Está, pues, claro, que escribió antes de pedir permiso para hacerlo, lo que está muy mal.
C 46,4 Me apena que no esté usted bien de salud. Con todo, tenga cuidado, no vaya a estar en parte enfermo de imaginación, pues en París parecía estar mejor de lo que decía.
C 46,5 Ni de lejos se me ha ocurrido hacerle venir a París. No le concedí hacer un viaje tan largo para hacerlo regresar tan pronto.
C 46,6 Le ruego que no se atormente con pequeñeces, como está haciendo.
C 46,7 Creo que ya le escribí que sus hermanos me pidieron que le dijera a usted que siga donde está, que es bueno para usted, y lo mejor que puede hacer. Estoy muy satisfecho de que usted tenga el mismo sentir y que desee permanecer donde está.
C 46,8 Déjese, pues, por favor, en lo sucesivo, de antojos, y no se deje llevar por lo primero que se le ocurre.
C 46,9 Procuraré que esté usted contento con aquellos con quienes viva.
C 46,10 Después de Pascua, también trataré de ponerle en otro sitio distinto de Mende, puesto que usted lo desea.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
47. 23.3.1708 - H. Matías
Al Hermano Matías,
23 de marzo [de 1708]
A 23 de marzo.
C 47,1 Creo, carísimo Hermano, que usted está todo lo bien que puede estar, y que debe vivir contento con el Hermano que actualmente tiene el cargo de dirigirle.
C 47,2 Trate, pues, de cumplir bien su deber y de aplicarse mucho a los ejercicios, pues ellos le santificarán y le conducirán a Dios.
C 47,3 Tome la resolución de llegar a ser muy recogido y de poner todos los medios posibles para ello.
C 47,4 Haga lo posible para aumentar lo más que pueda el número de sus escolares.
C 47,5 Estoy bien persuadido de que el Hermano que vive con usted no es molesto y que usted está contento con él.
C 47,6 ¿No se avergüenza de decir: «¡Que un joven tan apuesto como yo tenga que vivir en este estado!»?
C 47,7 Usted es afortunado por vivir en el estado en que está; un estado santo y santificador, que lo honra, tanto para la vida como para la salvación.
C 47,8 «¡Que es usted un joven guapísimo!» ¿Cómo puede hablar así de usted mismo? ¿Son esas expresiones propias de un religioso?
C 47,9 Si no me agradan algunas cartas que usted escribe, es porque a veces escribe cosas muy inconvenientes. Procure escribir con más sensatez y con más educación.
C 47,10 Usted comprende que es muy pernicioso incomodarse y guardar rencor.
C 47,11 Entiende también que está muy mal encolerizarse y dejarse llevar del humor. Eso es más propio de un animal que de una persona sensata.
C 47,12 Cuide mucho de no dejarse llevar de la impaciencia en clase, pues ése no es el medio para establecer el orden y el silencio.
C 47,13 Las réplicas perjudican mucho a la sumisión que debe usted tener.
C 47,14 Es muy malo seguir como norma el dejarse guiar por lo primero que le viene al espíritu, pues vienen muchos pensamientos equivocados.
C 47,15 Déjese guiar por la obediencia y verá cómo Dios lo bendice.
C 47,16 Yo le pido que lo colme a usted de sus gracias y soy, mi carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
48. 4.4.1708 - H. Matías
48
C 48
Al Hermano Matías,
4 de abril [de 1708]
C 48,1 Estoy muy contento, carísimo Hermano, por la buena disposición en que está usted actualmente, de permanecer en su estado, que es para usted tan santificante, y de cumplir bien en él su deber.
C 48,2 No pienso ponerle con el Hermano Cipriano. Y el Hermano Alberto no le conviene a usted. A menudo no sabe usted lo que pide.
C 48,3 Me gustaría saber si actualmente hay alguna cosa que le impide permanecer en la casa en que está.
C 48,4 Creo que tiene usted motivos para estar contento con el Hermano que lo dirige; y por tanto, creo que Dios le pide que se quede tranquilo, y permanezca con él. Puesto que me pide que haga todo por su bien, esto me parece lo mejor.
C 48,5 ¿Por qué ha de ser lo mejor para usted que yo lo traslade lo antes posible? Yo no lo entiendo. Usted está con un Hermano bueno, que le dará buen ejemplo.
C 48,6 Tiene usted razón al pedirme perdón por sus cartas, pues a veces han sido no sólo indiscretas, sino también ofensivas, y no sé cómo se puede escribir de esa manera.
C 48,7 Con todo, he tratado de no sentirme ofendido por ellas, y de no molestarme por lo referente a mí.
C 48,8 Usted me pide vivir con buenos Hermanos, y ya lo está. ¿De qué se queja? Mantenga, por favor, un espíritu equilibrado, estable y sumiso, pues, de otro modo, Dios no lo bendecirá.
C 48,9 Me encomiendo a sus oraciones en este santo tiempo, y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
49. 13.4.1708 - H. Matías
C 49,1 Estoy muy satisfecho, carísimo Hermano, de la buena disposición en que está usted, de permacecer gustoso en la comunidad, y trataré de ayudarle todo lo que pueda a soportar en ella las dificultades.
C 49,2 Tomaré las providencias para que usted no quede mucho tiempo aún en el lugar donde está, pero todavía debe tener paciencia.
C 49,3 Tendré cuidado de que no le incomoden; pero tiene usted que cumplir las Reglas, que son las mismas Reglas que en otros lugares. Usted bien sabe que no conviene que haya diferencia de una casa a otra.
C 49,4 Dicen que ahí viven ustedes muy libres. Tal vez le han dado a usted demasiada libertad. Tiene que volver a la norma de regularidad en que vivía cuando estaba en París.
C 49,5 Dicen que van a comer fuera de casa. Sabe muy bien que eso es totalmente contrario a las Reglas, y que nunca hay que ir a casa de nadie, sea quien sea.
C 49,6 Debe usted cumplir su deber no sólo en clase, sino también en los otros ejercicios, pues la clase sin los ejercicios no puede funcionar bien.
C 49,7 Cuando usted se haya aplicado regularmente a los ejercicios durante algún tiempo, dejarán de serle costosos. Hay que hacerse algo de violencia durante cierto tiempo por amor de Dios.
C 49,8 Dígame si el Hermano Antonio sigue alguna práctica distinta de las ordinarias de la comunidad, y en qué se diferencian esas prácticas de las del Hermano Ponce; pero no me escriba sino cuando me escriba el Hermano Antonio.
C 49,9 Dicen que al Hermano Sebastián los zapatos le venían demasiado pequeños, y que a usted le van bien. Tómelos, pues, usted, y no se haga decir nunca dos veces una misma cosa. C 49,10 Es preciso que, si los necesita, le hagan unos pantalones. Yo cuidaré de que le den todo lo que necesite.
C 49,11 Sea, pues, muy fiel en cumplir las Reglas, y Dios lo bendecirá y lo llenará de gracias.
C 49,12 Pídale que lo mantenga siempre en la disposición en que está, de ir siempre a donde me parezca bien.
C 49,13 Pero también le ruego que sea usted siempre sumiso a su director. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
Al Hermano Matías, [1708]
C 50,1 No sé por qué, mi carísimo Hermano, me escribe tantas cartas a la vez. No tendremos bastante para tantos portes de cartas. Escríbame cuando lo haga el Hermano que lo dirige; eso basta, y nunca escriba sin su permiso. Bien comprende que hay que hacer las cosas con orden.
C 50,2 Haré lo preciso para cambiarlo pronto.
C 50,3 Sea, pues, regular y prudente, y muy sumiso, pues Dios sólo lo bendecirá en la medida en que lo sea.
C 50,4 ¿Por qué quiere usted desayunar las fiestas y los domingos?
C 50,5 En sus cartas, con frecuencia se expresa usted como persona poco sumisa. Cuide mucho, por amor de Dios, de adquirir mucha sumisión, pues le es muy necesaria.
C 50,6 Ya veo que le gusta mucho disfrutar de libertad; pero, créame, le perjudicaría mucho.
C 50,7 Hay que ser muy regular y sumiso. ¿Quiere el Hermano Antonio de usted otra cosa distinta de lo que se le exigiría si estuviese usted aquí? Si es así, dígamelo, y le daré indicaciones.
C 50,8 Tiene razón el Hermano Antonio de no querer correr e ir de un lado a otro por la ciudad. Comprende usted bien que eso no conviene a los Hermanos. Tal vez ha procedido usted con demasiada libertad en el pasado. Bien ve que en eso tiene que reformarse.
C 50,9 Ruego a Dios que le dé su espíritu y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
51. 16.5.1708 - H. Matía51
Al Hermano Matías,
16 de mayo [de 1708]
C 51,1 En contestación a sus dos cartas, le diré que he escrito al Hermano Ponce para que vaya a Mende y ponga orden en todo. Creo que podrá cambiarlo y ponerlo con él.
C 51,2 Estoy satisfecho de verlo en disposición de ir donde quiera yo enviarlo. Por ahora no estoy dispuesto a aproximarlo a París ni a enviarlo allí.
C 51,3 Me satisface que viva usted contento en esa tierra en que está, y que en adelante quiera darme tantas alegrías como disgustos me ha dado hasta ahora.
C 51,4 Tal como me pide, haré de modo que tenga muchos alumnos, y que se mantenga en disposición de cumplir su deber; pero le ruego que sea tanto respecto de los ejercicios, como respecto de la clase.
C 51,5 Estoy contento de que quiera intentar hacerse apto para todo, y que cuando me escriba sea para darme cuenta de su conciencia; sea exacto en ello, se lo ruego.
C 51,6 No dejaré de rogar a Dios, como me pide, que le conceda perseverar hasta el final de sus días.
C 51,7 El Hermano Ponce proveerá a todo lo que usted necesite. Muestre sus pantalones al Hermano Antonio. Debe hacer todo lo que él le diga.
C 51,8 Tenga la seguridad de que Dios no lo bendecirá sino en la medida en que sea sumiso.
C 51,9 Es vergonzoso indisponerse con el Hermano que lo dirige y encolerizarse con él.
C 51,10 Tenga cuidado de que sus distracciones en las oraciones y en las meditaciones no provengan de que es usted demasiado disipado y demasiado exterior.
C 51,11 Trate de darse, tal como usted indica que lo hará, al recogimiento y a la sumisión que, como usted mismo dice, le es muy necesaria. Ésas son las principales virtudes que usted ha de intentar adquirir.
C 51,12 Bien sabe usted que hay que hacer los ejercicios en casa, y no irse a corretear por la ciudad. Ya se va de paseo todos los días de asueto.
C 51,13 Estoy convencido de que en lo sucesivo será usted exacto y fiel a no hacer nada sin permiso, y que quiere ser regular, puesto que desea cumplir con exactitud su deber, el cual consiste en la regularidad.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
C 51,14 Sus familiares me han pedido que le indique que siga tranquilo y que no les escriba inútilmente, ni por la posta, como ha hecho.
52. 25.10 - H. Paulino
Al Hermano Paulino,
25 de octubre
C 52,1 ¡Ay, carísimo Hermano!, ¿por qué se intranquiliza usted tanto por sus familiares? Yo creo que ellos apenas piensan en usted. ¿Por qué se acongoja tanto por ellos? Deje que realicen ellos su obra y haga usted la suya.
C 52,2 Dígase a sí mismo lo que decía Nuestro Señor, que quien mira atrás no es digno de Él.
C 52,3 Estoy satisfecho de que actualmente esté resignado a la voluntad de Dios respecto de su escuela. Dios lo bendecirá a causa de su sumisión de espíritu, a pesar de su anterior repugnancia.
C 52,4 Estoy de acuerdo, carísimo Hermano, que emita voto por tres años. Dispóngase a ello para cuando yo vaya a Ruán.
C 52,5 Debe saber que tendrá sufrimientos durante toda su vida, en cualquier lugar y en cualquier estado en que viva. Por eso, dispóngase a sobrellevar con paz los que Dios le envíe en el estado en que Él lo ha puesto.
C 52,6 Tenga cuidado, le ruego, de ser muy estricto en el silencio. Es una de las cosas más importantes para establecer la regularidad en una comunidad.
C 52,7 Vele, sobre todo, respecto del Hermano Martiniano, pues es muy charlatán. No permanezca a solas con él.
C 52,8 Aniquile sus deseos, le ruego, cuando tienden sólo a complacerlo a usted mismo. No tenga otro que el de contentar a Dios. Para eso está usted en este mundo y en el estado en que vive.
C 52,9 Usted pide que le envíe con el Hermano Bernabé porque lo conoce. ¿Cómo puede hacer tal petición? ¿No se da cuenta de que es del todo natural? Pida a Dios que cumpla su voluntad en usted y por usted. Esta petición será mucho mejor para usted.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
54. 1.5.1708 - H. Roberto
Al Hermano Roberto,
1 de mayo [de 1708]
C 54,1 Sea fiel, carísimo Hermano, en dejar todo a la primera campanada, y que se toque con exactitud en cuanto haya dado la hora.
C 54,2 No es juicioso gritar a las mujeres ni correr tras los niños. Hay que tener más sensatez. C 54,3 Le ruego que se observe el silencio en su casa.
C 54,4 Evite, sobre todo, preguntar a los niños por curiosidad.
C 54,5 No se preocupe de lo que se diga en las calles, y manténgase recogido en ellas. Tiene la obligación de edificar al mundo.
C 54,6 La razón por la que tiene tantas sequedades y distracciones en la oración mental es porque es demasiado exterior y porque habla demasiado.
C 54,7 Evite leer por curiosidad. La lectura espiritual no está hecha para eso; debe disponer a la oración mental.
C 54,8 No se gana nada con dejarse llevar del desaliento.
C 54,9 Procure que sus escolares sean asiduos; esto es importante.
C 54,10 Es indigno dar bofetadas a los alumnos. Evite la impaciencia.
C 54,11 Conozco bien al señor párroco, y sé que no es capaz de dar sino buenos consejos.
C 54,12 Le ruego que se porte bien con el Hermano y que tenga un prudente gobierno de su casa.
C 54,13 Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
55. 21.5.1708 - H. Roberto
55
Al Hermano Roberto, 21 de mayo [de 1708]
C 55,1 No debe usted disgustarse con el Hermano, sino que ha de procurar vivir en paz con él.
C 55,2 Si algo no va bien, bastará que se lo diga al Hermano José cuando pase por Ruán, o, en su ausencia, al Hermano Bartolomé, para que pongan remedio.
C 55,3 Por lo demás, sea usted muy fiel a la obediencia, pues es virtud que debe tener en mucho aprecio, ya que es la primera virtud que se debe practicar en comunidad.
C 55,4 Sea exacto para tocar en cuanto haya dado la hora, y siempre en punto; es asunto de importancia.
C 55,5 Le ruego que no haga esperar a la puerta; es ése uno de los deberes del portero.
C 55,6 Cuide de no ser negligente al levantarse, pues es falta muy desagradable a Dios.
C 55,7 No se permita tampoco hablar a los Hermanos cuando los encuentra a su paso.
C 55,8 Tampoco se deje llevar de la curiosidad, que es gran obstáculo a la virtud.
C 55,9 Cuando vaya a Ruán, dé cuenta al Hermano José o, en su ausencia, al Hermano Bartolomé.
C 55,10 Es de mucha importancia que practique usted las penitencias del comedor, pues le ayudarán mucho para corregirse de sus defectos.
C 55,11 Por amor de Dios, sea muy fiel a la obediencia.
C 55,12 El tiempo es muy precioso; Dios le pedirá cuenta del que haya perdido.
C 55,13 Aplíquese mucho a la lectura espiritual; le será muy útil para disponerse a hacer bien la oración mental.
C 55,14 Las sequedades que experimenta en la oración y en la sagrada comunión provienen de que no es nada aplicado y que no piensa en cosas espirituales fuera del tiempo de la oración mental.
C 55,15 No se abstenga de la comunión; le es necesaria.
C 55,16 Ejerza bien la vigilancia sobre los niños, pues no hay orden en la clase sino en la medida en que se vela sobre los niños, y de ello depende su aprovechamiento.
C 55,17 No será su impaciencia la que consiga que se corrijan, sino su vigilancia y su buen comportamiento.
C 55,18 Ponga cuidado, se lo ruego, en que sean muy modestos y muy piadosos en la iglesia y en las oraciones; es una de las primeras cosas que debe usted procurarles.
C 55,19 No sé por qué dice que si llegara a estar enfermo su destino sería el despido. Se tendría cuidado de usted.
C 55,20 Debería poner cuidado en lo que escribe. No se pueden leer sus cartas porque no escribe tres palabras seguidas sin olvidar alguna. Ponga cuidado en ello en lo sucesivo, por favor.
C 55,21 Me sorprende que haya tenido tan poca discreción como para decir al Hermano Dionisio que le he mandado a usted que me escriba sobre su conducta; eso está muy mal.
C 55,22 Le ruego que tal cosa, de hablar así, no le suceda más; comprenderá que eso sólo es capaz de causar malestar en su espíritu y entre ustedes dos, y de él contra mí. Todo esto tiene más importancia de la que usted piensa.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
56. 7.12.1708 - H. Roberto
Al Hermano Roberto,
7 de diciembre [de 1708]
C 56,1 No me dice, carísimo Hermano, por qué dejó de comulgar; debería haberme indicado la razón.
C 56,2 Tenga cuidado de no dejarse llevar nunca de la impaciencia ni de los arrebatos.
C 56,3 Es necesario que entre ustedes haya mucha unión; con los seglares, mucho recato, y con los alumnos, mucha paciencia.
C 56,4 Sea exacto en asistir a todos los ejercicios, y en no ir a ningún sitio sin permiso.
C 56,5 Es preferible perder algún ejercicio a tomar el tiempo de la clase para dedicarse a cosas necesarias, pues no hay que dispensarse de la clase ni un momento.
C 56,6 Sea muy exacto en hablar en voz baja en casa cuando tiene que hablar, y que sólo ocurra en caso de verdadera necesidad. Nunca hay que hablar de lejos ni desde una ventana.
C 56,7 No se entretenga con pensamientos sobre la clase durante la oración mental; cada cosa a su tiempo.
C 56,8 Ponga cuidado en que no disminuya el número de sus alumnos a causa de sus desaires, y en enseñarles mucho para que no se vayan.
C 56,9 No hay que hacerles cambiar de lección, sino cuando son capaces de ello. Hay que evitarlo con cuidado, pues si no, no aprenderán nada.
C 56,10 Tiene que procurar comprar libros, con tal que sean buenos y que yo sepa cuáles son.
C 56,11 Hay que hacer camisas y otra ropa interior si se necesita; pero envíeme una relación de la ropa que hay y de la que se necesita.
C 56,12 No se debe recibir lo más mínimo ni de los padres de los alumnos ni de los alumnos.
C 56,13 Procure que sean muy regulares y estén muy unidos; y usted sea muy respetuoso con el Hermano, lo mismo que con las personas del mundo. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
57. 26.2.1709 - H. Roberto
Al Hermano Roberto,
26 de febrero [de 1709]
C 57,1 Usted comprende, carísimo Hermano, que eso puede haber escandalizado a esa vecina al hablarle con tanta vehemencia. Es preciso que siempre se note la cordura en sus conversaciones, sobre todo cuando trata con los de fuera.
C 57,2 Proceda también con mucha caridad con el Hermano. Cuando haya algo que corregir, dígaselo al Hermano José, para que él ponga orden.
C 57,3 Hará usted bien si despide a las personas que vayan a hablar con el Hermano durante la lectura espiritual y la oración.
C 57,4 Cuídese de comer fuera de las comidas; eso no se puede consentir; el hambre que le parece tener en ese momento es una tentación.
C 57,5 Sea exacto en tocar la campana al último tañido del reloj; esto es importante en una comunidad. C 57,6 Tenga mucho cuidado en no mentir nunca; es falta considerable; y no se deje llevar nunca de la curiosidad; eso perjudica mucho. C 57,7 Tal vez porque la tiene, encuentra usted dificultad en aplicarse a la oración mental y a los demás ejercicios.
C 57,8 Su dedicación durante la misa de los alumnos ha de consistir en vigilarlos.
C 57,9 No se permita llegar a pegarlos; es falta importante; nunca velará lo suficiente en eso.
C 57,10 Hace usted bien al tratar de que sus alumnos progresen, para que aumente su número; pero también con el fin de cumplir su obligación. C 57,11 Conténtese con comenzar la clase a la hora.
C 57,12 Cuide de que la escuela funcione siempre bien, tan bien como la regularidad en casa.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
58. 26.4.1709 - H. Roberto
Al Hermano Roberto,
[26 de abril de 1709]
C 58,1 Sin duda, carísimo Hermano, actuó usted muy mal al haber reñido en San Yon; eso no hay que hacerlo nunca, y en los Hermanos es bochornoso. Me alegro de que haya hecho penitencia por ello.
C 58,2 Hable en voz baja cuando tenga que pedir alguna cosa en San Yon, y pídalo con moderación.
C 58,3 Sea fiel a los ejercicios y a dejarlo todo al primer sonido de la campana.
C 58,4 Acostúmbrese a hablar siempre en voz baja y de cerca, y no de lejos, y a acudir con rapidez a la puerta, y de tocar exactamente al último tañido del reloj.
C 58,5 Aplíquese mucho al recogimiento. Considere cuán necesario le es.
C 58,6 Guárdese mucho de pegar a los niños; es falta considerable.
C 58,7 Estoy satisfecho de que su casa esté bien regulada.
C 58,8 Sea fiel a la obediencia y a no hacer nada sin permiso; eso es lo que atraerá las bendiciones de Dios sobre usted.
C 58,9 Tenga cuidado de que el mundo no entre en su casa, y sufra por amor de Dios las molestias que le causen fuera.
C 58,10 ¿Qué necesidad tenía usted de escribir a su hermana?
C 58,11 Sean exactos a dejarlo todo para acudir a los ejercicios.
C 58,12 El Hermano no tiene por qué preocuparse de la huerta. Si hay que hacer alguna cosa, tiene que hacerlo usted o un hortelano.
C 58,13 Sean exactos a la lectura espiritual
C 58,14 Estoy satisfecho de que el Hermano no salga; manténgalo en esta práctica.
C 58,15 Procure mantenerse ecuánime en clase y no se deje llevar de la impaciencia. No es sensato arrojar la palmeta a los alumnos, pero es indigno darles bofetadas, particularmente en la iglesia.
C 58,16 Estoy satisfecho de que tenga un número elevado. Sea cuidadoso para hacerles adelantar.
C 58,17 El Hermano Tomás debe darle cuanto necesite, sin tantas consideraciones. No es cierto que tenga orden de mortificarle a usted; pero es preciso que usted se comporte con sensatez.
C 58,18 Entre nosotros no existe la norma de pesar el pan que han de comer los Hermanos; toman según su necesidad; deben darle a usted la sal que necesita.
C 58,19 Hace bien acomodándose al tiempo y sufriendo de buena gana.
C 58,20 Estoy satisfecho de que su escuela funcione bien y de que tenga un número suficiente de alumnos; cuide de instruirlos bien.
C 58,21 ¿Quién es el Hermano que dio dinero a un niño para que le comprara rapé, y quién es ese niño?
C 58,22 Cuando usted conozca algo contra las Reglas, debe decírmelo.
C 58,23 No entiendo lo que quiere decir con que el Hermano compra libros para ir a Ruán.
C 58,24 Diga al Hermano Tomás que no es necesario que los Hermanos tengan una orden para solicitar lo que precisen, y que él debe proporcionárselo.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
62. 3.11.1710 - H. Roberto
Al Hermano Roberto, en Darnétal,
3 de noviembre [de 1710]
C 62,1 Le ruego, carísimo Hermano, que obre con prudencia y no haga nada inconveniente.
C 62,2 Proveeremos a su casa lo mejor que nos sea posible.
C 62,3 Le ruego que vaya a Ruán y diga al Hermano Director que le asigne al Hermano Luis para que esté con usted.
C 62,4 Es un Hermano sensato, del que creo que quedará usted satisfecho. Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
A 3 de noviembre.
Le escribiré más largo dentro de poco; me urge la posta.
Al Hermano Severino,
en San Yon, 13 de julio de 1706
París, a 13 de julio de 1706.
C 63,1 No hay motivo, carísimo Hermano, para que torture su espíritu por lo que dice, de haber calumniado a una señora ya difunta.
C 63,2 No es necesario ni conveniente que para reparar esta calumnia vaya al lugar donde la hizo.
C 63,3 En esto basta que siga el parecer del señor confesor, es decir, escribir al señor párroco de esa parroquia y rogarle que diga al marido de esa señora que lo que le han dicho de su esposa fallecida es falso, y que quien le dio tal información se desdice, por tratarse de una cosa falsa.
C 63,4 Y mediando eso, yo lo descargo de todo ante Dios. Por lo tanto, no se inquiete más.
Soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
102. 15.5.1701 - Anónimo
102 Anónimo (a un inferior),
C 102,1 Preste atención, carísimo Hermano, a no dejarse guiar de su propio criterio; eso no es conveniente y, si usted procediera así, Dios no le bendeciría.
C 102,2 No debería haberse disgustado porque el carísimo Hermano Director le rompió lo que usted había escrito; pues, al parecer, fue porque lo había escrito sin permiso, lo cual nunca debe hacerse, y es muy justo destruir lo que sólo es fruto de la propia voluntad.
C 102,3 Hizo usted bien en manifestar su pena a su director. Sea fiel a manifestar así todo, y Dios lo bendecirá.
C 102,4 Vele mucho sobre sí mismo para no disiparse, pues la disipación es muy perjudicial y seca mucho el corazón.
C 102,5 Sea fiel en cumplir con exactitud las penitencias y a no hacer nada sin permiso, pues Dios no lo bendecirá sino en la medida en que actúe con dependencia.
C 102,6 Siéntase satisfecho de que le adviertan de sus defectos; es uno de los mayores beneficios que le pueden hacer; considérelo así.
C 102,7 La presencia de Dios le será de gran utilidad para ayudarlo y animarlo a realizar bien sus acciones.
C 102,8 Me alegro mucho de que usted se aplique con facilidad a la oración mental. Este ejercicio es el que atrae las gracias de Dios sobre los demás.
C 102,9 Aplíquese también de modo particular a la lectura espiritual, que es de gran eficacia para disponerse a hacer bien la oración mental.
C 102,10 Usted sabe que la santa Misa es el primer ejercicio de religión; he ahí por qué debe poner en ella toda la atención posible.
C 102,11 No sufra por las acciones de sus Hermanos; a Dios corresponde juzgarlas, y no a usted.
C 102,12 Vigile sobre sí mismo en clase para no dejarse llevar nunca por la impaciencia, pues muy lejos de procurar el orden, lo obstaculiza.
C 102,13 Ruego a Dios que le dé su espíritu y soy, carísimo Hermano, todo suyo en Nuestro Señor.
De La Salle.
A 15 de mayo de 1701.
111. 20.6.1682 - Château-Porcien
111
A los señores alcalde y concejales de Château-Porcien,
Reims, a 20 de junio de 1682.
C 111,1 Señores,
Por muy poco que me interesara en lo que mira a la gloria de Dios, tendría que ser yo muy insensible para no dejarme mover por los apremiantes ruegos de su señor deán, y por la cortesía con que me honran al escribirme hoy.
C 111,2 Sería yo, señores, muy injusto si no les enviara maestros de escuela de nuestra comunidad, visto el empeño y el ardor que me manifiestan por la instrucción y la educación cristiana de sus hijos.
C 111,3 Les ruego, pues, estén persuadidos de que nada tomaré tan a pechos como secundar sus buenas intenciones al respecto. El sábado próximo les enviaré dos maestros de escuela, de los que espero queden satisfechos, para comenzar las clases al día siguiente de San Pedro. Les quedo sumamente agradecido por todas sus atenciones y les ruego me consideren, señores, con respeto, su humilde y muy obediente servidor en Nuestro Señor.
De La Salle, sacerdote, canónigo de Reims.
112. 26.9.1704 - Des Hayes
Al señor Des Hayes, París,
26 de septiembre de1704
Al señor,
Señor Des Hayes, dignísimo sacerdote, calle de Ancrière, Ruán.
C 112,1 Señor,Esta mañana he sabido, por medio del señor Chardon, que usted le había escrito para conseguir alguno de nuestros Hermanos para Ruán; que solicitaba dos y que deseaba saber qué sería necesario.
C 112,2 Estoy muy dispuesto a darle dos.
C 112,3 En lo tocante al precio, usted sabe que no somos exigentes, y que no podríamos enviar uno solo.
C 112,4 Si tiene usted a bien comunicarme para qué barrio se piden, y lo que desean darles, le quedaría muy agradecido.
C 112,5 Creo que llegaremos fácilmente a un acuerdo y que quedarán satisfechos de los que les envíe.
Con todo respeto quedo, señor, su muy humilde y muy obediente servidor.
De La Salle.
París, calle Charonne,
barrio de San Antonio, a 26 de septiembre de 1704.
113. 18.11.1704 - Des Hayes
Al señor Des Hayes,
18 de noviembre de 1704
Al señor,
Señor Des Hayes, dignísimo sacerdote, calle de Ancrière. Ruán.
C 113,1 Señor,
Ayer recibí su carta, con la que me siento honrado.
C 113,2 Permítame, se lo ruego, que le pida una aclaración sobre un extremo que no me ha explicado, a saber, si el maestro de escuela que solicitan estará obligado a cantar en la parroquia y a ayudar al señor párroco en sus funciones, pues usted sabe que nuestros Hermanos no hacen ni lo uno ni lo otro.
C 113,3 Hágame también el favor de indicarme, más o menos, cuántos comulgantes hay entre las dos parroquias, y si cada parroquia tiene su maestro de escuela.
C 113,4 Yo estuve en Darnétal; creía que estaba más alejado de Ruán.
C 113,5 Le quedo muy agradecido por sus atenciones, y soy, señor, con respeto, su muy humilde y muy obediente servidor.
De La Salle.
París, a 18 de noviembre de 1704. 134
A su hermano
Luis de La Salle,
París, 2 de marzo de 1718
Señor.
Señor De La Salle, doctor por la Sorbona y canónigo de la iglesia de Reims. Reims.
C 134,1 Señor, hermano mío:
Ya que me indica en su última que una sola carta mía es suficiente para declarar mis intenciones tocante a los bienes que me quedan en sus manos, declaro, pues, por medio de ésta, que cedo y dejo desde ahora a los hijos nacidos y por nacer del señor Juan Remigio Delasalle, hermano mío, por la compasión que siento por el estado de miseria a que se ven reducidos, la renta de un capital de dos mil libras, impuesta sobre el clero de la diócesis de Reims, reservándome la facultad, yo o aquellos a quienes ceda el derecho, de retomar y retirar dicha renta cuando yo o aquellos a quienes ceda el derecho lo consideren oportuno, abonando la suma de dos mil libras, con las que se constituirá un fondo en provecho de dichos hijos.
C 134,2 También les cedo y dejo los dos tercios de otra renta debida por el gremio de cerrajeros de la misma ciudad de Reims, cuyo capital es de mil cuatrocientas libras en total, al cuatro por ciento; los citados dos tercios me producen treinta y ocho libras de renta; otrosí la mitad de una finca en los terrenos de Thillois, cerca de Reims, cuya otra mitad pertenece al citado señor Juan Remigio Delasalle, mi hermano; otrosí el derecho que me corresponde sobre una casa sita en la aldea de Tres Pozos, cerca de Reims, proveniente de la herencia del llamado Mateo Menu.
C 143,3 El usufructo de dichas rentas y fondos pertenecerá desde ahora a los citados hijos, y será recibido por usted, señor De La Salle, canónigo de la iglesia de Reims, hermano mío, y les será distribuido por usted y según su criterio, sin que tenga obligación de rendirles ninguna cuenta, en ningún momento ni por ninguna razón que pueda sobrevenir.
C 134,4 Quedo, mi querido hermano, con mucho respeto, su muy humilde y muy obediente servidor.
De La Salle.
En París, Seminario de San Nicolás de Chardonnet.
A 2 de marzo de 1718.
135. 15.7.1708 - H. J osé
Obediencia del
Hermano José,
15 de julio de 1708
C 135,1 El que suscribe, sacerdote, doctor en Teología, Superior de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, envía a nuestro Hermano José a visitar las casas de Rethel, Guisa, Laon y Reims. En virtud de lo cual, ordena a los directores de dichas casas que reciban al citado Hermano en calidad de tal y le den a conocer cuanto sucede en su casa.
Dado en París, a quince de julio de mil setecientos ocho.
De La Salle.
136. 30.7.1709 - H. J osé
Obediencia del
Hermano José,
30 de julio de 1709
C 136,1 El que suscribe, sacerdote, doctor en Teología, Superior de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, envía a nuestro carísimo Hermano José a las casas de Guisa, Laon, Reims, Rethel y Troyes para hacer en ellas la visita.
En fe de lo cual firma las presentes.
Dado en París, a treinta de julio de mil setecientos nueve.
De La Salle.
137. 16.11.1711 - H. J osé
Obediencia del
Hermano José,
16 de noviembre de 1711
C 137,1 El que suscribe, sacerdote, doctor en Teología, Superior de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, declara a todos aquellos a quienes corresponda, que envía a nuestro carísimo Hermano José, de la citada Sociedad, a visitar las casas de Moulins, Dijon, Troyes, Reims, Rethel, Laon, Guisa, Calais, Boloña, Ruán, San Yon, Darnétal, Chartres, Versalles y San Dionisio, dependientes de la citada Sociedad de las Escuelas Cristianas.
En fe de lo cual firma las presentes.
Dado en París, el dieciséis de noviembre de mil setecientos once.
De La Salle