VOTO HEROICO VH
(Escritos personales - 3)
El año 1691 fue crucial en la vida de Juan Bautista de La Salle y en el proceso de fundación del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Hacía casi doce años que Juan Bautista se había comprometido con la obra de las Escuelas y con los maestros, llamados ya Hermanos. Hacía casi tres años que residía en París, donde los Hermanos regían la escuela de la calle Princesa, perteneciente a la parroquia de San Sulpicio. Pero a pesar del tiempo, las dificultades se sucedían una tras otra y la Sociedad no acababa de consolidarse.
Para colmo, parece que fue al comenzar el año, cuando, estando él en Reims, falleció en París, tras breve enfermedad, el Hermano Enrique L’Heureux. Era el discípulo en quien depositara las mayores esperanzas y al que preparaba para el sacerdocio y para encomendarle el gobierno de la Sociedad. Él mismo, viajando con prontitud a París sin haberse repuesto bien de algunas dolencias recientes, se vio postrado en cama gravemente enfermo. Si hubiera fallecido entonces, sugiere Blain, su endeble Sociedad habría sido sepultada con él.
Cuando se repuso su salud, tuvo motivo y ocasión de pensar seriamente en el porvenir de la obra que llevaba entre manos, y después de mucha oración y penitencia, adoptó una serie de decisiones de la mayor importancia: alquilar una casa más saludable para los Hermanos, intensificar su formación espiritual, abrir un noviciado... y quemar las naves, comprometiéndose sin vuelta atrás en la consolidación de la Sociedad.
En aquel verano de 1691 reunió a los Hermanos en la casa de Vaugirard, recién alquilada, para días de renovación espiritual. Probablemente durante aquellos días habló de su proyecto a dos de los Hermanos en quienes más confiaba, invitándolos a comprometerse juntos de por vida en la obra de las Escuelas gratuitas.
El hecho es que el 21 de noviembre de 1691, fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen, probablemente en Vaugirad, adonde iban los Hermanos los días de asueto, como era ese día, Juan Bautista y dos discípulos, Nicolás Vuyart y Gabriel Drolin, emitieron juntos un voto por el que se comprometían con la institución naciente, aunque se quedasen los tres solos y tuvieran que vivir de sólo pan.
Este hecho lo conocemos sólo a través de la biografía escrita por Blain (1B, 313). Los Hermanos, desde luego, no lo conocieron. Ninguno de los tres interesados lo manifestó mientras Juan Bautista vivió. ¿Y cómo lo conoció Blain? Probablemente porque el mismo Hermano Gabriel Drolin se lo confió al Hermano Timoteo, mostrándole la fórmula del voto que él conservaba, cuando regresó de Roma en septiembre de 1728. Blain, por aquel entonces, estaba trabajando en la biografía del fundador, que le había encomendado escribir el Hermano Timoteo. De hecho, Blain dice, al transcribirlo, que está copiando del documento original. Es una pena que este documento, como otros que le fueron confiados a Blain, se haya perdido.
3C - VOTO HEROICO - 3 Presentación
En el Instituto se ha conocido siempre esta fórmula como el «voto heroico», porque el compromiso adquirido por Juan Bautista y sus dos compañeros desbordaba las exigencias normales de sus vidas.
El texto se asemeja mucho a la fórmula tradicional usada desde el principio en las emisiones de votos, sobre todo la introducción, de claro sentido trinitario.
Sabemos que uno de los que se comprometieron con este voto no fue fiel. El Hermano Nicolás Vuyart abandonó el Instituto en 1704, cuando los pleitos de los maestros calígrafos con Juan Bautista y los Hermanos de París. Todo ello condujo al hundimiento de la Escuela de Maestros para el campo, de la que el Hermano Nicolás estaba encargado.
Juan Bautista, en su carta del 27 de abril de 1705 al Hermano Gabriel Drolin, le supone enterado de la salida del Hermano Nicolás, pues le dice: «Bien sé que ni por asomo hará usted lo que el Hermano Nicolás, y precisamente por eso he depositado en usted tantísima confianza».
VH 1 VOTO HEROICO
VH 1,0,1
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrados con profundo respeto ante vuestra infinita y adorable Majestad, nos consagramos enteramente a Vos, para procurar con todas nuestras fuerzas y con todos nuestros cuidados el establecimiento de la Sociedad de las Escuelas Cristianas, del modo que nos parezca más agradable a Vos y más ventajoso para dicha Sociedad.
VH 1,0,2
Y a este fin, yo, Juan Bautista de La Salle, sacerdote; yo, Nicolás Vuyart, y yo, Gabriel Drolin, desde ahora y para siempre, y hasta el último que sobreviva, o hasta la completa consumación del establecimiento de dicha Sociedad, hacemos voto de asociación y de unión, para procurar y mantener dicho establecimiento, sin podernos marchar, incluso si no quedáramos más que nosotros tres en dicha Sociedad, y aunque nos viéramos obligados a pedir limosna y a vivir de sólo pan. En vista de lo cual, prometemos hacer unánimemente y de común acuerdo todo lo que creamos, en conciencia y sin ninguna consideración humana, que es de mayor bien para dicha Sociedad. Hecho el veintiuno de noviembre, día de la Presentación de la Santísima Virgen, de 1691. En fe de lo cual hemos firmado.