El documento autógrafo, sin embargo, no nos ha llegado, como es el caso de otros documentos que utilizó Blain para escribir la biografía del Fundador. Blain dice que los Hermanos encontraron este escrito entre sus cosas cuando marchó al sur de Francia; por lo tanto, hacia 1711.
En este escrito Juan Bautista de La Salle describe los comienzos del Instituto. Se remonta hasta 1679, cuando tuvo lugar su primer encuentro con Adrián Nyel, y llega hasta 1694, el año en que él, con 12 Hermanos, hicieron votos perpetuos de asociación y de obediencia. El período comprende, pues, 15 años.
Blain afirma que este memorial lo escribió de propia mano, para comunicar a los Hermanos cuáles habían sido los caminos de la Providencia en el nacimiento del Instituto.
Los párrafos que conocemos a través de los biógrafos sólo reproducen parte del escrito. Tal vez era bastante más largo y relataba circunstancias que los mismos biógrafos aprovecharon para escribir ciertos pasos de su vida.
Blain tenía la buena costumbre de entrecomillar las citas textuales que hacía, cuando las tomaba de algún documento. También las emplea en los párrafos que cita de este escrito. Pero sus citas no van todas seguidas. Cita el documento en el tomo I de la Vida del Señor de La Salle, en las páginas 167, 169, 191, 192, 193 y 326. En las citas de las páginas 167 a 169 (MSO 1 a 6), dice con claridad que copia textualmente del documento. En la larga cita de las páginas 191 y 192 (MSO 7 a 14), no lo dice expresamente, pero comienza diciendo: «He aquí las razones que le convencieron y que se daba a sí mismo»; y luego emplea comillas para todo el párrafo. En la cita se dan las diez razones, y numeradas, que movieron a Juan Bautista a dejar su canonjía. Es de suponer que no habiendo alusiones a un documento distinto, la cita está tomada del mismo memorial.
En la página 326 cita de nuevo el memorial, haciendo referencia a que son las palabras con que termina el documento.
El Hno. Maurice Auguste, en el Cahier Lasallien n.o 10, pp. 108-109, alude a tres pasajes de las biografías del santo que pudieran haberse sacado de este memorial. Son los siguientes:
1. Una visita hecha al señor de La Barmondière, párroco de San Sulpicio, en 1683.
2. La actitud con que actuaban los primeros maestros.
3. La vocación que él sentía, como venida de Dios, para encargarse de la dirección de las escuelas y de los maestros.
En la edición francesa de las Obras Completas este documento no se recogió. Tal vez por conocerlo tan sólo a través de las citas aludidas.
Sin embargo, se incluye en esta edición española, porque no creemos que se pueda dudar razonablemente de su autenticidad. Y, además, por el valor que tiene en el itinerario espiritual del Fundador de los Hermanos de las Escuelas CristiMSO 1 Yo pensaba que la dirección de las escuelas y de los maestros, que yo iba tomando, sería tan sólo una dirección exterior, que no me comprometería con ellos más que a atender a su sustento y a cuidar de que desempeñasen su empleo con piedad y aplicación.
MSO 2 Fueron esas dos circunstancias, a saber, el encuentro con el señor Nyel y la propuesta que me hizo esta señora, por las que comencé a cuidar de las escuelas de niños. Antes, yo no había, en absoluto, pensado en ello; si bien, no es que nadie me hubiera propuesto el proyecto.
MSO 3 Algunos amigos del señor Roland había
intentado sugerírmelo, pero la idea no arraigó en
mi espíritu y jamás hubiera pensado en realizarla.
MSO 4 Incluso, si hubiera pensado que por el
cuidado, de pura caridad, que me tomaba de los
maestros de escuela me hubiera visto obligado
alguna vez a vivir con ellos, lo hubiera
abandonado; pues, como yo, casi naturalmente,
valoraba en menos que a mi criado a aquellos a
quienes me veía obligado a emplear en las
escuelas, sobre todo, en el comienzo, la simple
idea de tener que vivir con ellos me hubiera
resultado insoportable.
MSO 5 En efecto, cuando hice que vinieran a mi
casa, yo sentí al principio mucha dificultad; y eso
duró dos años.
MSO 6 Por este motivo, aparentemente, Dios,
que gobierna todas las cosas con sabiduría y
suavidad, y que no acostumbra a forzar la
inclinación de los hombres, queriendo
comprometerme a que tomara por entero el
cuidado de las escuelas, lo hizo de manera
totalmente imperceptible y en mucho tiempo; de
modo que un compromiso me llevaba a otro, sin
haberlo previsto en los comienzos.
[He aquí las razones que le persuadían y lo que se decía a sí mismo:]
MSO 7 1. No puedo hablar, pues no tengo ningún
derecho a usar el lenguaje de la perfección, que
les dirigía sobre la pobreza, si yo mismo no soy
pobre; ni del abandono en la Providencia, si yo
poseo recursos seguros contra la miseria; ni de la
perfecta confianza en Dios, si unas muy buenas
rentas me quitan cualquier motivo de inquietud.
MSO 8 2. Si permanezco yo tal como estoy, y
ellos tal como están, su tentación continuará,
porque seguirá subsistiendo el motivo que la
ocasiona; y yo no podré poner remedio, pues
ellos siempre verán en mis rentas un pretexto
especioso, e incluso razonable, para mantener su
desconfianza por el presente y su inquietud por el
futuro.
MSO 9
3. Esta tentación, en apariencia tan plausible, no dejará de producir, pronto o tarde, el efecto que el demonio espera de ella. Los maestros, todos a la vez, o uno tras otro, se irán, y me dejarán la casa vacía, por segunda vez, y las escuelas sin personas adecuadas para llevarlas.
MSO 10
4. Esta deserción, que tendrá resonancia en la ciudad, asustará a cuantos pudieran tener idea de hacerse maestros de escuela; su vocación se marchitará, y antes de entrar en la casa, ya se habrán visto asaltados por la misma tentación que los que salieron de ella.
MSO 11
5. Las escuelas, al estar sin maestros, se hundirán, con sus fundaciones; y entonces, los herederos querrán recuperar los bienes asignados para establecerlas.
MSO 12
6. Así, cayendo de peldaño en peldaño, la Institución de las Escuelas Cristianas y Gratuitas quedará sepultada bajo sus ruinas, y no habrá que pensar más en restablecerla.
MSO 13
7. Y aun cuando no hubiera que temer todos estos inconvenientes, ¿debo yo, e incluso, puedo ser yo el superior de estos maestros sin dejar de ser canónigo? ¿Puedo yo conjugar mi asidua presencia en la casa, para estar al frente de ellos en los ejercicios de piedad, y para velar por ellos, con la asiduidad al coro y al oficio canónico? ¿Son compatibles estos dos empleos? Si no lo son, es preciso renunciar a uno o a otro.
MSO 14,1
8. Es cierto que la prebenda de canónigo no es obstáculo a las buenas obras, y que el esmero en asistir al coro y en cantar las alabanzas de Dios no impiden prestar otros servicios a la Iglesia ni dedicarse a la salvación de las almas.
MSO 14,2
Se puede distribuir el tiempo entre estas dos nobles funciones y manifestar que un canónigo no debe permanecer ocioso fuera del coro, ni buscar en tal título decoroso pretexto para tomarse, al salir del sitial, un descanso tan largo como el resto del día, para cebarse en perezosa indolencia y no hacer nada en la viña del Señor.
MSO 14,3
Pero, ¿puedo yo ser en verdad, a la vez, buen canónigo y buen superior de una comunidad que exige residencia?
MSO 14,4
Si cumplo dignamente este último empleo, debo abandonar todas las funciones del primero; ya que al verme obligado a estar siempre en casa, no podría asistir nunca al coro.
MSO 14,5
Así, pues, al no poderse compaginar ambos deberes, hay que decidirse por el uno o por el otro. Cinco o seis horas diarias de oficio canónico serían una brecha demasiado grande en la asiduidad que debo a una casa, cuya dirección ostento.
MSO 15,1
9. Ahora bien, ¿qué es lo que puede determinarme en esta elección? ¿De quélado debo inclinar la balanza?
MSO 15,2
La mayor gloria de Dios, el mayor servicio a la Iglesia, mi perfección y la salvación de las almas; he ahí los objetivos que debo proponerme y los fines que deben guiarme.
MSO 15,3
Pero, si no sigo otro consejo que el de estos nobles motivos, debo decidirme a dejar mi canonjía para dedicarme al cuidado de las escuelas y a la formación de
los maestros destinados a dirigirlas.
MSO 16,1
10. Finalmente, como no me siento ya atraído por la vocación de canónigo, me parece que ella me ha abandonado antes que la abandone yo. Este estado ya no es para mí; y aunque entré en él por la buena puerta, creo que Dios me la abre hoy para que salga de él.
MSO 16,2
La misma voz que me llamó a él, parece que me llama a otro sitio. Llevo esta respuesta en el fondo de mi conciencia, y la oigo cuando la consulto.
MSO 17
Es verdad que al haberme puesto la mano de Dios en el estado en que me hallo, ella misma es la que me debe retirar de él. Pero ¿no parece suficientemente claro que me muestra hoy otro estado que merece la preferencia y al cual me lleva como de la mano?
MSO 18
Desde que dejé todo, no he conocido a uno solo que se haya visto tentado de salir con el pretexto de que nuestra comunidad no tiene bienes fundacionales.