Es un reglamento de tipo personal que comprende 20 puntos.
Blain, que nos lo ha transmitido, da a entender que copia del original: «helo aquí, tal como es», dice. Y lo transcribe en las páginas 318 y 319 de su volumen II. El original, desgraciadamente, se ha perdido. Antes de transcribirlo, el mismo Blain comenta: «Es una pieza que nos hace lamentar la falta de todas las otras que su humildad tuvo cuidado de ocultarnos. La divina Providencia lo ha dejado en manos de sus discípulos para que les sirva de eterno monumento, ejemplo siempre vivo, y motivo siempre nuevo para imitar la regularidad de su Padre» (p. 318).
El texto se ha publicado como apéndice en las páginas 101 y 102 del CL 16.
La fecha de este documento es difícil de señalar, pero hay indicios que nos orientan hacia una época determinada. En efecto, se habla de la «comunidad», de renovar la consagración a la Santísima Trinidad, pero no se alude al voto de obediencia, etc. Algunos consideran que son las resoluciones tomadas en un retiro. Yves Poutet piensa que pudo adoptar este reglamento de vida en los días de retiro que pasó en los carmelitas de Louviers, en Garde-Châtel, en agosto de 1685. También lo sugiere Saturnino Gallego.
Lo que parece fuera de toda duda es que La Salle se ha inspirado, al adoptar estas Reglas, en una obra del P. Julien Hayneufve, S. J., titulada Meditaciones para el tiempo de los ejercicios que se hacen en el retiro de ocho días, sobre el tema de las veinticuatro verdades y máximas fundamentales, que manifiestan el progreso en la vida espiritual, y que son el reglamento perfecto, según el orden y declaración que se verán en el desarrollo de esta Obra (París, Sebastián Cramoisy y Gabriel Cramoisy, 1645, 298 p.). Un interesante estudio del Hermano Gilles Beaudet, aparecido en Lasalliana n.o 20, fichas 3, 4 y 5, compara las sugerencias ofrecidas para los distintos días del retiro en ese libro y las resoluciones adoptadas por Juan Bautista. El autor también cree que estas resoluciones pudieron adoptarse durante un retiro.
En la «Colección de varios trataditos», La Salle ha tomado del libro del P. Hayneufve buena parte de sus «Consideraciones que deben hacer los Hermanos de vez en cuando, y sobre todo durante el Retiro».
RP 3 Reglas que me he impuesto.
RP 3,0,1
Nunca saldré sin necesidad y sin haber
dedicado un cuarto de hora de tiempo a
examinar ante Dios si la necesidad es real o
sólo imaginaria. Si el asunto urge, tomaré
para ello al menos el tiempo de un
Miserere, y para disponer mi espíritu con
algún buen sentimiento.
RP 3,0,2
Buscaré todos los días el momento para el
cuarto de hora que debo emplear en
renovar la consagración de mí mismo a la
Santísima Trinidad.
RP 3,0,3
Es buena norma de conducta no hacer
distinción entre los asuntos propios de su
estado y el negocio de la salvación y
perfección propias, y convencerse de que
nunca se asegura mejor la salvación ni se
adquiere mayor perfección que cumpliendo
los deberes del propio cargo, con tal de
que se cumplan con la mira puesta en la
voluntad de Dios. Intentaré tener esto
siempre presente.
RP 3,0,4
Cuando vaya a ver a alguien, cuidaré de no
decir más que lo necesario, y de no hablar
en absoluto de negocios mundanos o
inútiles, y de no permanecer allí más de
media hora a lo sumo.
RP 3,0,5
Uniré mis acciones a las de Nuestro Señor
al menos veinte veces al día, y trataré de
tener miras e intenciones conformes con
las suyas. Para ello dispondré de un
papelito que pincharé cada vez que lo
haga; y por cuantas veces falte a ello cada
día, diré otros tantos Pater, besando el
suelo después de cada Pater, antes de
acostarme.
RP 3,0,6 Cuando mis Hermanos vengan a
pedirme algún consejo, pediré a Nuestro
Señor que sea Él quien se lo dé. Si el
asunto es importante, tomaré algo de
tiempo para orar por ello; y por lo menos
cuidaré de mantenerme en recogimiento
durante ese tiempo y de elevar mi corazón
a Dios algunos momentos.
RP 3,0,7
Cuando me manifiesten sus faltas, me
consideraré culpable de ellas ante Dios,
por mi descuido en no haberlas prevenido,
sea por los consejos que hubiera debido
darles, sea vigilando sobre ellos; y si les
impongo una penitencia, y o me impondré
otra mayor. Y si la falta es considerable,
además de la penitencia tomaré otro
tiempo en particular, como media hora o
incluso una hora, varios días seguidos,
más bien al anochecer, para pedir perdón a
Dios por ella. Si me considero como
lugarteniente de Nuestro Señor respecto
de ellos, será con la mira de que estoy
obligado a cargar con sus pecados, como
Nuestro Señor cargó con los nuestros, y
que es una carga que Dios me impone en
relación de ellos.
RP 3,0,8
Consideraré siempre la obra de mi
salvación y del establecimiento y guía de
nuestra Comunidad como la obra de
Dios: por eso le dejaré a Él el cuidado de
la misma, para no hacer lo que me corresponda en ella, sino por orden
suya; y le consultaré mucho sobre todo lo
que deba hacer tanto en una cosa como en
la otra; y le diré a menudo estas palabras
del profeta Habacuc: Domine, opus tuum.
RP 3,0,9
Debo considerarme con frecuencia como un instrumento, que no sirve para nada sino en manos del Operario; por esta razón debo esperar las órdenes de la Divina Providencia para actuar, pero sin dejarlas pasar una vez conocidas.
RP 3,0,10
En cualquier diversidad de estado en que me encuentre, seguiré siempre un orden y un reglamento del día, con la gracia de Nuestro Señor, única en la que confío para ello, pues es algo en que nunca he conseguido fijarme. Y lo primero que haré cuando cambie de estado, será elaborar uno nuevo, y para ello haré siempre un día de retiro.
RP 3,0,11
Cuando tenga que salir de viaje, haré un día de retiro para prepararme; y procuraré disponerme a hacer, al menos mientras esté de camino, tres horas diarias de oración mental.
RP 3,0,12
Cuando alguien, sea un Superior u otro, me cause algún disgusto y, hablando según la naturaleza, me moleste en algo, procuraré no hablar en absoluto de ello; y cuando me hablen de ello, los excusaré y daré a entender que tenían razón.
RP 3,0,13
Deberé prestar mucha atención al tiempo que he perdido, y a no perderlo en adelante: sólo la atenta vigilancia podrá remediarlo; e incluso parece que únicamente un retiro prolongado me podrá facilitar esta vigilancia.
RP 3,0,14
Es buena norma la de no preocuparse tanto por saber qué hay que hacer cuanto de hacer con perfección lo que se sabe.
RP 3,0,15
Por la mañana dedicaré un cuarto de hora a prever los asuntos que se presentarán, con el fin de comportarme bien en ellos; y las ocasiones de faltar que podría encontrar, para preservarme de ellas; y tomaré las medidas para el ordenamiento de mi jornada.
RP 3,0,16
En el pasado, he faltado a menudo en rezar el rosario, a pesar de ser oración de regla en nuestra Comunidad; en adelante es menester que no me acueste sin haberlo rezado.
RP 3,0,17
También es preciso que no pase un solo día, excepto si estoy de viaje, sin visitar al Santísimo Sacramento; incluso entonces, si puedo pasar cerca de la iglesia de algún pueblo, me arrodillaré para adorar al Santísimo Sacramento; lo que haré tantas veces cuantas me suceda.
RP 3,0,18
Procuraré elevar mi corazón a Dios cada vez que comience alguna acción; y procuraré no emprender ninguna cosa sin haber orado antes.
RP 3,0,19
Es regla de la Comunidad no entrar nunca en casa o en el cuarto sin orar a Dios y renovar la atención a Él; cuidaré de no faltar en ello.
RP 3,0,20
Una vez al día recitaré el Pater noster con la mayor devoción, atención y fe que me sea posible, por sumisión a Nuestro Señor, que nos lo enseñó y mandó recitar.