1. El documento
1. El documento.
Este precioso documento, autógrafo de Juan Bautista de La Salle, consta de cuatro folios escritos por ambas caras, es decir, ocho páginas. No lleva título pero, tradicionalmente, cuantos estudiosos lo han citado, le han dado el nombre de Memoria o Memorial sobre el Hábito (Mémoire sur l’habit). No está firmado, pero la caligrafía es, sin ningún género de duda, del Fundador.
Se trata, ciertamente, de un borrador, elaborado para ser puesto luego en limpio. Se deduce claramente de las correcciones que el mismo autor hizo sobre el texto, tachando palabras, añadiendo entre líneas, completando al margen, etc.
El contenido versa sobre el hábito de los Hermanos. Recoge y ordena una serie de razones para convencer a alguien de la conveniencia de mantener el hábito que llevan los Hermanos y no introducir cambio alguno. En el texto se encuentra una serie de referencias que nos dan pistas para datar el escrito y para conocer las razones que le movieron a escribirlo. Además contiene datos muy valiosos para conocer la vida y las prácticas de los primeros años en la Comunidad de las Escuelas Cristianas.
Se conserva en los Archivos de la Casa Generalicia. Ha sido publicado en varias ocasiones.
1. Guibert lo publicó en francés, pero omitió cuatro líneas.
2. El Hermano Maurice-Auguste lo recogió en el Cahier Lasallien n.o 11, pp. 349 a 354.
3. Battersby lo publicó en edición bilingüe, francés-inglés, en su obra De La Salle: Letters and Documents, pp. 239 a 257.
3. Se ha reproducido también en el Cahier Lasallien n.o 5, primero en texto seguido, en las páginas 256 a 262, y luego en una presentación más crítica del texto, que ofrece, en contraposición, las páginas del original manuscrito y las de la transcripción tipográfica, acompañadas de comentarios relativos a la transcripción; todo ello preparado por el Hermano Maurice-Auguste para el estudio crítico del documento, que no pudo terminar.
4. En español fue recogido en el tomo II de la obra de Saturnino Gallego, Vida y pensamiento de San Juan Bautista De La Salle, pp. 716 a 724.
2. Origen del Memorial
2. Origen del Memorial sobre el Hábito.
Juan Bautista de La Salle llegó a París, con dos Hermanos, la víspera de San Matías de 1688. Era el martes 24 de febrero, teniendo en cuenta que ese año era bisiesto. A los pocos días se hicieron cargo de la escuela que el párroco de San Sulpicio, el señor de La Barmondière, tenía en la calle Princesa.
La labor de los Hermanos dio pronto fruto, en cuanto al orden y al progreso de los niños. Pero, meses después, algunas manipulaciones por parte del anterior encargado de la escuela indispusieron al párroco contra Juan Bautista, que pensó retirarse de la escuela al terminar el curso. Era coadjutor en la parroquia el señor Baudrand, quien apreciaba a La Salle, y en el momento en que los Hermanos fueron con él a despedirse del párroco para dejar la escuela, supo sostener a Juan Bautista, sugiriéndole que el señor de La Barmondière no consentiría que se marcharan. Sería a principios de septiembre, mes de vacaciones escolares. Y, en efecto, el párroco, que se tomó su tiempo para reflexionar sobre la retirada de los Hermanos, nunca dio su anuencia. Al comienzo de octubre los Hermanos seguían en la escuela de la calle Princesa.
El señor de La Barmondière presentó poco después, en diciembre, su renuncia, por razones de salud. Le sucedió, el 7 de enero de 1689, su vicario, el P. Henri Baudrand, que inició su mandato apoyando plenamente a Juan Bautista de La Salle y a sus Hermanos.
Meses después, tal vez al comenzar el nuevo curso en octubre, el nuevo párroco debió de sugerir a Juan Bautista la conveniencia de cambiar el hábito de los Hermanos. Realmente era un hábito peculiar, no usado hasta entonces, pues ni era el que vestía habitualmente el clero, ni tampoco el que llevaban los seglares.
Mucho debió de insistir el párroco en su propuesta –el mismo documento lo sugiere–, y mucho también debió de reflexionar Juan Bautista sobre el asunto. Su experiencia le brindaba muchas razones para no admitir el cambio que le pedía el párroco. Los biógrafos dicen que lo consultó, además, con personas prudentes, quienes oídas las razones que aportaba, le aconsejaron que no introdujera cambios.
Este es el contexto en que fue elaborado este Memorial sobre el Hábito. Por los datos que ofrece el mismo documento, se puede datar a finales de 1689 o en los comienzos de 1690: «Hace cinco años que este hábito se utiliza en cinco villas diferentes...», «Hace casi dos años que los Hermanos de las Escuelas Cristianas trabajan en París con ese mismo hábito...».
Probablemente, Juan Bautista, una vez acabado el escrito, lo pasaría a limpio y se lo mostraría a las personas que le habían aconsejado, antes de hablar del asunto con el señor Baudrand. Y, ciertamente, la actitud de Juan Bautista hubo de ser convincente, pues el párroco no volvió a tocar el asunto.
Notemos, finalmente, que en el documento se reproducen casi literalmente algunas frases (cf. CL 11, p. 52) que se hallan en las Reglas de los Hermanos, según la copia que conocemos de 1705. Eso significa que ya estaban formuladas, al menos en esos puntos, en 1690, cuando Juan Bautista escribió este borrador; lo cual coincide con el testimonio de los biógrafos que aseguran que las Reglas fueron aprobadas y adoptadas en la Asamblea de 1686, es decir, cuatro años antes de la fecha en que fue elaborado el Memorial sobre el Hábito.
El interés de este documento no se limita al asunto del hábito, sino que se extiende a otros puntos, como la percepción que de sí misma tenía la comunidad de los Hermanos, de su misión y de las obras que podía atender, como las escuelas y el Seminario de Maestros.
3. El texto de la presente edición
3. El texto de la presente edición.
Aunque existen diversas traducciones del documento, publicadas de manera privada, la primera traducción publicada en lengua española la ofreció Saturnino Gallego, como se ha dicho antes, en el II tomo de Vida y pensamiento de San Juan Bautista de La Salle. La versión para la presente edición se atiene, lo más posible, al texto original francés.
(Mémoire sur l’habit)
MH 0,0,1
De si es oportuno cambiar o conservar el hábito que llevan actualmente los Hermanos de la Comunidad de las Escuelas Cristianas.
Qué Comunidad es ésta y quiénes la integran.Qué Comunidad es ésta
MH 0,0,2
Esta Comunidad se denomina de ordinario la Comunidad de las Escuelas
Cristianas; y en la actualidad no se halla establecida ni fundada más que en la Providencia. Se vive en ella según reglas, en dependencia para todo, sin nada en propiedad y en completa uniformidad.
MH 0,0,3
En esta Comunidad se dedican a regentar escuelas gratuitamente, sólo en las ciudades, y a explicar el catecismo todos los días, incluso los domingos y fiestas.
MH 0,0,4
También se atiende a formar maestros para las escuelas rurales, en una casa separada de la Comunidad, que se denomina seminario.
Los que allí se forman sólo permanecen unos años, hasta que están enteramente formados, tanto en la piedad como en lo que atañe a su empleo.
MH 0,0,5
No tienen otro vestido que el que se lleva de ordinario en el mundo, salvo que es negro o al menos muy oscuro; ni se distinguen de los demás seglares más que por un cuello blanco y el cabello más corto.
MH 0,0,6
Se les enseña a cantar, a leer y a escribir perfectamente; se les aloja, alimenta y lava la ropa gratuitamente, y luego se les coloca en algún pueblo o aldea para desempeñar allí el oficio de clérigo; y una vez colocados, no mantienen con la Comunidad otra relación que las de cortesía. Con todo, se les recibe para practicar retiro.
MH 0,0,7
En esta Comunidad también se educa a muchachos dotados de inteligencia y disposición para la piedad, cuando se los juzga aptos, y que por propia voluntad se disponen a ingresar luego en la Comunidad.
Se les acepta desde los catorce años y más.
Se les forma en la oración mental y en los demás ejercicios de piedad.
Se les instruye en todas las materias del catecismo y se les enseña a leer y escribir perfectamente.
MH 0,0,8
Estos grupos de personas que se forman y educan en esta Comunidad tienen vivienda, oratorio, ejercicios, mesa y recreación separados; y sus ejercicios son diferentes y proporcionados a la capacidad actual de su espíritu y a lo que deberán practicar en el futuro.
MH 0,0,9
Los que componen esta Comunidad son todos laicos, sin estudios eclesiásticos y de cultura más bien mediana.
La Providencia ha dispuesto que algunos que se presentaron ya tonsurados o con estudios, no hayan permanecido.
MH 0,0,10
Con todo, no se rechazaría a personas que hubieran seguido estudios eclesiásticos, pero sólo se les recibiría a condición de no continuarlos en lo sucesivo,
l.o, porque no necesitan esos estudios;
2.o, porque en el futuro les servirían de ocasión para abandonar su estado;
3.o, porque los ejercicios de la Comunidad y del empleo de la escuela exigen un hombre por entero.La forma del hábito
MH 0,0,11
¿Cuál es la forma del hábito que se lleva en esta Comunidad?
El hábito de esta Comunidad es una especie de sotanilla que baja hasta media pierna. Sin botones, se abrocha por dentro con pequeños corchetes negros desde arriba hasta cerca de medio cuerpo, y de allí hasta abajo va cosida de un extremo al otro.
La bocamanga se estrecha en la muñeca, y se cierra con corchetes que no se ven.
MH 0,0,12
A este hábito se le llama bata, para no darle el nombre del hábito eclesiástico, del que tampoco tiene del todo la forma.
MH 0,0,13
Lo que sirve de manteo es una casaca o capote sin esclavina y sin botones por delante, abrochado en la parte superior, y por dentro, con un grueso corchete. Este capote es un poco largo, pues cubre toda la sotanilla y tiene como una pulgada más de largo.
MH 0,0,14
Las casacas o capotes que llevan los Hermanos de las Escuelas Cristianas se les dieron para protegerse del frío cuando todavía no tenían esas sotanillas peculiares, como tienen actualmente, sino jubones sin bolsillos y muy dignos.
MH 0,0,15
Esos capotes se usaban mucho entonces y se pensó que serían muy adecuados, útiles y cómodos a los maestros de las escuelas, en particular a los que van a dar clase fuera de casa y en barrios alejados, para comodidad de los niños; pues estos maestros, que se sirven de tales capotes como de manteo en las calles, en invierno los usan también como bata cuando llegan a sus escuelas y en casa.
MH 0,0,16
En aquel momento se dudó mucho si darles manteos en vez de esa especie de capotes, pues ya se pensaba que en lo sucesivo iban a ser mirados como un hábito peculiar.
MH 0,0,17
Pero lo impidieron cuatro consideraciones:
La primera, que esos manteos no les serían útiles contra el frío en clase, y les estorbarían mucho.
La segunda, que con manteos cortos habrían tenido la apariencia de abates de corte, y se temía que adoptasen sus maneras.
La tercera, que hubieran parecido eclesiásticos, vestidos a la moda y contra las normas de la Iglesia, aunque no lo fueran.
La cuarta, que se habrían llevado consigo tanto los manteos como los jubones a la primera tentación que les hubiera venido a la mente, y se habrían marchado vestidos como señores los que al venir no habían traído más que ropa de campesinos o de pobres artesanos.
MH 0,0,18
Estos inconvenientes llevaron a la persuasión de que era mejor que tuvieran un hábito que no fuera ni eclesiástico ni seglar.
MH 0,0,10
3-B MEMORIAL SOBRE EL HÁBITO - 6
MH 0,0,19
Inconvenientes que parecen derivarse del cambio de dicho hábito. Respecto de todo cambio, en general.I nconvenientes del cambio de hábito
MH 0,0,20
Pocos cambios hay que no sean perjudiciales a una comunidad, particularmente en cosas de importancia, por pequeña que sea.
MH 0,0,21
Los cambios son siempre indicio de inconstancia y de poca estabilidad.
Y, con todo, la estabilidad en las prácticas, usos y puntos de regla aparece como uno de los principales sostenes de una comunidad.
MH 0,0,22
Cualquier cambio en la comunidad da ocasión y abre la puerta a otros, y causa desazón de espíritu en todos o al menos en una parte de sus miembros.
MH 0,0,23
La mayoría de los desórdenes y desarreglos que ocurren en las comunidades no provienen sino de la excesiva facilidad en admitir cambios.
Por esta razón, todas las personas que tienen experiencia de comunidad dan por válido el principio de que:
MH 0,0,24
Antes de introducir alguna cosa en una comunidad hay que pensarlo mucho y examinar con cuidado las consecuencias, buenas o perniciosas, que pudiera tener; pero, una vez establecida, hay que ser muy circunspectos para no eliminarla sino en caso de ineludible necesidad.
MH 0,0,25
Fue, al parecer, por estas razones, por las que los RR. PP. Jesuitas, al encontrar algunas dificultades en sus constituciones, después de la muerte de San Ignacio, y someter a deliberación, en su primer Capítulo General, la conveniencia de introducir algún cambio en ellas, resolvieron por unanimidad no cambiarlas en ningún punto, sino tan sólo añadir algunas apostillas a modo de explicación, para esclarecer los pasajes que creaban dificultad.I nconvenientes del hábito
MH 0,0,26
Inconvenientes respecto del hábito, en particular.
MH 0,0,27
El cambio de hábito es algo importante en una comunidad; por eso se han tomado muchas cautelas en la mayoría de las comunidades religiosas para eliminar toda ocasión de cambiarlo; y, en varias, el hábito está determinado no sólo en cuanto a la forma, calidad y color de la tela, sino también en cuanto a anchura y longitud; y todas las dimensiones están exactamente señaladas y pormenorizadas, para que se pueda conservar siempre el mismo hábito que en la fundación.
Y las comunidades regulares que en su fundación tomaron el hábito ordinario de los demás eclesiásticos se han esforzado por conservar su hábito primitivo, para no dar lugar a cambios, y así han convertido su hábito en algo peculiar.
MH 0,0,28
Hace cinco años que este hábito se utiliza en cinco ciudades diferentes, tanto de la diócesis de Reims como de la diócesis de Laon.
MH 0,0,29
Allí lo ven como hábito digno y adecuado para mantener a los maestros en la regularidad y en el recato que convienen a su estado y a su empleo, y para atraerles el respeto de sus alumnos y la consideración de la gente, mucho mejor que los jubones que llevaban antes.
MH 0,0,30
La gente se ha acostumbrado allí a este atuendo, y un cambio de hábito daría pie a habladurías, para condenarlo como novedad o ligereza; y a los superiores, por reducirlo a traje seglar.
MH 0,0,31
Hace casi dos años que los Hermanos de las Escuelas Cristianas trabajan en París con ese mismo hábito, y durante ese tiempo nadie se ha quejado de él, salvo, desde hace algún tiempo, el señor párroco de San Sulpicio, que lo hace de manera bastante enérgica.
MH 0,0,32
Si este hábito mereciera desaprobación, parece que hubiera debido hacerse cuando los Hermanos de las Escuelas Cristianas vinieron a París y antes de emplearlos en las escuelas.
En aquel momento se les debería haber dicho que no se les permitía tener las escuelas con este hábito singular, y que deberían adoptar uno más corriente.
Ellos, entonces, hubieran debido obrar en consecuencia.
MH 0,0,33
Razones que han inducido a adoptar un hábito peculiar y que podrían mover a mantenerlo.Ra adoptar un hábito peculiar
MH 0,0,34
En todas las comunidades donde los miembros no tienen nada propio y viven en total uniformidad, como sucede en la de las Escuelas Cristianas, el hábito es peculiar, ya desde la fundación o llega a serlo después.
MH 0,0,35
Para el bien de una comunidad parece más oportuno que el hábito sea peculiar desde su fundación a que llegue a serlo después; porque así ya no se cambia luego tan fácilmente, y porque este hábito, al haber sido siempre privativo, elimina cualquier ocasión de adoptar las modas y maneras de vestir de las personas del siglo.
MH 0,0,36
Como los miembros de esta Comunidad son en mayoría rústicos, sin grandes talentos y sin estudios, y no se guían de ordinario sino por la impresión, se necesita algo que haga palpable la pertenencia a una comunidad, tanto para animarlos a ingresar como para mantenerlos en ella y hacer que observen las reglas.
MH 0,0,37
Y nada produce este efecto de manera más lograda que un hábito peculiar, que parece ser característico de una comunidad, en la que sea o pueda ser costumbre el llevarlo.
MH 0,0,38
El señor Vicente juzgó que un hábito peculiar era en cierto modo necesario para retener a los sujetos en su Congregación. ¡Con cuánta mayor razón lo será en una Comunidad cuyos sujetos carecen de estudios y de cultura!
MH 0,0,39
Este hábito peculiar logra que la mayoría de los que ingresan en la Comunidad no se preocupen de si la Comunidad es estable y está fundada o no.
MH 0,0,40
Este hábito peculiar hace que los seglares miren a los de esta Comunidad como a personas separadas y retiradas del mundo; y parece muy conveniente que tengan de ellos esta idea, para que no frecuenten fácilmente ni se relacionen con demasiada soltura con las personas del siglo, y para que tengan incluso más comedimiento respecto de ellas.
MH 0,0,41
Antes de este hábito peculiar, cuando se hablaba de observar las reglas, algunos decían que no tenían mayor obligación de observarlas que las personas del mundo, ya que en nada se distinguían de ellas.
MH 0,0,42
Desde que se usa el hábito peculiar, ya no parece que exista dificultad al respecto, pues todos se consideran personas de comunidad.
MH 0,0,43
Antes de este hábito peculiar, se venía a esta Comunidad como se va a un señor que contratara maestros de escuela como criados, sin la menor idea de comunidad.
Algunos venían aquí con el fin de formarse y luego colocarse. Varios exigían sueldo, y otros creían que se les debía agradecer el que se contentaran con el sustento y el vestido.
MH 0,0,44
Desde que se usa este hábito, cuando se solicita ingresar en ella, no se tiene otra idea que la de incorporarse a una comunidad para permanecer en ella el resto de la vida.
Ya no se sabe lo que es pedir sueldo, y uno se considera muy feliz por el hecho de ser admitido en ella.
El hábito, él solo, es el que produce estos efectos.
MH 0,0,45
Antes de este hábito, la mayoría se marchaban con la ropa que se les proporcionaba.
Ahora, este hábito sirve para retener a los Hermanos en sus tentaciones; algunos han confesado, incluso, que varias veces estuvieron a punto de retirarse y lo hubieran hecho de no habérselo impedido este hábito.El hábito eclesiástico
MH 0,0,46
Inconvenientes que hay respecto del hábito eclesiástico.
MH 0,0,47
Parece poco adecuado dar hábito puramente eclesiástico a laicos que no tienen estudios y que nunca los harán, y que, incluso, no tienen ni pueden ejercer función alguna, ni llevar sobrepelliz en la iglesia, como es el caso de los miembros de esta Comunidad de las Escuelas Cristianas.
MH 0,0,48
No es de creer que los señores Obispos que los tienen o los tendrán en sus diócesis, permitan y toleren que personas de esta condición lleven hábito eclesiástico.
MH 0,0,49
No se ve cómo el que ostenta el gobierno de esta Comunidad podría dar una respuesta razonable si se le preguntara por qué, por su sola autoridad, da y obliga a llevar el hábito eclesiástico a personas que no son de esta condición.
¿Cómo podría justificarse entonces?
MH 0,0,50
Hubo algún intento de hacerles recibir la tonsura, pero varias personas, y el señor Baudrand entre ellas, no son de esta opinión.
Incluso resulta difícil de creer que los señores Obispos estén dispuestos a conferir la tonsura a personas que no tienen ni pueden cursar los estudios iniciales, ni ejercer función alguna en la iglesia; y, sin embargo, eso es lo que se pretende respecto de los miembros de esta Comunidad.
MH 0,0,51
Parece importante que los miembros de esta Comunidad se distingan de los eclesiásticos por su hábito.
MH 0,0,52
Acuden todos los días a las parroquias, y sus escuelas, por lo común, están cerca de ellas; llevan allí a los niños para asistir a la santa Misa y al oficio divino.
MH 0,0,53
Los señores párrocos no los admitirían allí con manteos largos, sino que les obligarían a llevar sobrepelliz, y les encomendarían funciones eclesiásticas, al menos, cuando necesitasen su colaboración.
MH 0,0,54
Esta necesidad se dará con frecuencia, porque hay pocos eclesiásticos en la mayoría de las parroquias de las ciudades: a menudo no hay más que un párroco, o a lo más un coadjutor con él.
MH 0,0,55
Los maestros se sentirían honrados por llevar sobrepelliz en las parroquias, por estar en ellas con el clero y por ejercer allí funciones eclesiásticas.
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De este modo desatenderían fácilmente el cuidado de los niños en la iglesia, que es, sin embargo, la única cosa por la que van allí, y que, por sí misma, es bien molesta a la naturaleza.
MH 0,0,57
Todo lo que se dice en este artículo lo acredita la experiencia: Santiago, Laon, Château-Porcien.Si los Hermanos llevaran hábito eclesiástico
MH 0,0,58
Si los Hermanos de esta Comunidad llevaran hábito eclesiástico fácilmente tendrían la tentación de hacer estudios eclesiásticos, de recibir la tonsura, de avanzar en las órdenes y de pretender empleos en las parroquias.
MH 0,0,59
Se relacionarían fácilmente y alternarían con los señores párrocos y otros eclesiásticos, al verlos todos los días; y esa frecuentación demasiado libre podría ocasionarles muchas tentaciones contra su vocación y el relajamiento en su empleo.El manteo largo es incómodo para el empleo
MH 0,0,60
El manteo largo les sería muy incómodo en su empleo:
MH 0,0,61
Con ese hábito no podrían desenvolverse entre sus alumnos, ni ponerlos en fila y mantener fácilmente el orden cuando los llevan a la iglesia o cuando están en ella.
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Alguien ha hecho notar que con ese hábito se puede tirar al suelo a la mayoría de los niños pequeños, de uno y otro lado, al quererlos poner en fila.
MH 0,0,63
En la mayoría de las ciudades habrá que tener las escuelas en diferentes barrios, y los maestros deberán permanecer en ellas todos los días, tres horas y media por la mañana y otro tanto después de la comida.
MH 0,0,64
En esas escuelas, en invierno, los maestros necesitarían otras prendas, además de sus hábitos ordinarios, para defenderse del frío.
El manteo largo no les serviría allí de nada a tal efecto, mientras que el capote les sirve de bata en sus escuelas.