#ReflexiónCGR N.° 43
18 de diciembre de 2020
Los niveles actuales de deuda requieren tomar medidas extraordinarias de corto plazo, dado que en su gestión podrían recaer riesgos adicionales que afecten su estabilidad en el plazo inmediato y su sostenibilidad en el mediano y largo plazo.
Los mecanismos de transición hacia una gestión de la deuda en el corto plazo incorporan aspectos de revisión de la composición y estructura del portafolio, así como la participación de las instituciones del Sector Público en apoyar dicha transición.
Los espacios de mejora identificados para la gestión de deuda ascienden al menos a ¢71.000 millones en el 2020 y representan ejemplos sobre acciones en las cuales la administración requiere avanzar de cara a una transición solvente y estable de la deuda.
La gestión de la deuda pública conlleva de forma inherente una serie de riesgos (riesgos de mercado, cambiarios, de tasa de interés, de reputación, entre otros) vinculados con su estructura, los cuales requieren de un monitoreo, y evaluación pertinente, exhaustiva y continua. Ante la pandemia COVID-19, muchos de los riesgos se incrementaron, acentuando la necesidad de una administración de la deuda capaz de mitigar sus efectos en el corto, mediano y largo plazo. Lo anterior, al tomar como punto de partida, variables estructurales como la magnitud, los plazos o vencimientos, la estructura de las tasas de interés, la composición por moneda, así como otras relacionadas con las condiciones del mercado y el comportamiento de los inversionistas. Esta reflexión forma parte de un conjunto de reflexiones que abordan cambios estructurales en el ámbito de la Hacienda Pública, que toman relevancia en este contexto de emergencia.
La pandemia provocada por el COVID-19, ha tenido implicaciones desde el ámbito social, ambiental y económico, con un fuerte impacto sobre las finanzas públicas, que, desde años previos, daban muestras de deterioro, tanto desde la perspectiva de los ingresos como presiones en los gastos y por ende en la sostenibilidad de la deuda. Estos elementos, unidos a la caída en la actividad económica, han incrementado los niveles de deuda, lo que implica mayores riesgos. Por ejemplo, antes de la emergencia sanitaria, los datos rondaban el 62% del PIB, el cual según datos del Ministerio de Hacienda, alcanzará cifras superiores al 69% al finalizar el 2020 (ver gráfico siguiente).
Figura N.° 1
Comportamiento de la deuda del Gobierno Central
2006-2020
Igualmente, es posible observar que para el año 2020, la baja en las tasas de interés no ha logrado repercutir de manera importante en el costo financiero de la deuda interna, e incluso las tasas de interés asignadas a los títulos del Gobierno Central, se han alejado de las tasas de referencia del mercado (ver gráfico siguiente). Ante dichas cifras de deuda, el ajuste parece más que necesario para lograr una estabilidad en las finanzas públicas, con una visión integrada de estas, en búsqueda de escenarios de estabilización fiscal en el corto plazo, como base para la sostenibilidad en el largo plazo.
Figura N°2
Comportamiento de las tasas de interés
2020
No obstante, el tema de la deuda merece mención particular, no solo por los ajustes requeridos en sus determinantes (ingresos y gastos), sino también porque en su gestión, podrían recaer riesgos adicionales de liquidez e impago que afecten su sostenibilidad. En esa línea, es necesario que los administradores de deuda se preparen para utilizar todos los instrumentos y estrategias a su disposición, como medidas extraordinarias en tiempos tan complejos que les permitan transitar con cautela entre desajustes temporales y cambios permanentes[1].
Cabe añadir que, una crisis de deuda, y presiones altas de liquidez pueden conducir a que las autoridades tomen medidas alejadas a las mejores prácticas de gestión, lo que podría implicar mayores costos en la administración de la deuda. Por lo tanto, es necesaria una orientación en la gestión de mediano y largo plazo, bajo ajustes estructurales. Lo anterior, sin descuidar la gestión de deuda de corto plazo, y aprovechar aquellos espacios que permitan mejoras en su gestión. Dichos espacios de cara a un ajuste sostenido, requieren la dinamización del mercado bursátil, así como participación de los rectores en la generación de instrumentos variados.
Dicho lo anterior, para atender esta situación es necesario se tomen en consideración, de manera temporal y sujetas a revisión constante, medidas vinculadas con la gestión de la deuda, tomando como punto de partida las necesidades de financiamiento y creando confianza y seguridad a los inversionistas. Las medidas que se tomen en conjunto con una estrategia de gestión integral de la deuda, podrán conducir a esta a una senda de estabilidad y sostenibilidad.
En ese sentido, se requiere que las acciones que tome la administración se alineen con el Marco Fiscal Presupuestario de Mediano Plazo, y con la revisión y balance de la estructura de ingresos y gastos. Adicionalmente, es pertinente tomar en consideración los diversos instrumentos[2] con los que cuenta la administración, con el objetivo de buscar espacios de ahorro y reducción de presiones de liquidez a corto plazo.
Si bien la búsqueda de financiamiento adicional en tiempos de emergencia se puede considerar prioritaria, las acciones de transición (ver imagen siguiente) del manejo de la deuda en el corto plazo, requieren de una valoración de los riesgos vinculados con el portafolio y con el efecto que nuevas emisiones pueden tener sobre su composición. Asimismo, se deben considerar aspectos como la tasa de interés, el refinanciamiento (plazo) y la moneda. Adicionalmente, los espacios de negociación con inversionistas, la comunicación con el mercado y la capacidad de adaptarse ante los nuevos cambios, son factores claves para esta propuesta de transición.
Figura N.° 3
Mecanismos de transición hacia una gestión de la deuda en el corto plazo
Fuente: Elaboración CGR, diciembre 2020.
De manera puntual, ante el significativo monto de vencimientos de deuda interna para los años venideros, el cual por ejemplo para 2021 alcanza 5,8% del PIB, son necesarias la incorporación de medidas alternativas y el ajuste de dichos vencimientos, con el fin de reducir las presiones por liquidez y potenciar ahorros que permitan la disminución del nivel de endeudamiento futuro y reducir la presión del servicio de la deuda en el presupuesto, así como en el gasto por intereses. Además, dada la composición de la deuda según moneda (a julio, los montos en dólares representaban el 41,2% de la cartera) es imprescindible orientar las decisiones de colocación hacia una estructura deseable de mediano plazo, que permita la generación de espacios de ahorro y minimicen los riesgos del portafolio actual.
Asimismo, en este contexto, resulta pertinente propiciar canales de comunicación con los inversores actuales de la deuda pública, con el fin de promover mejores condiciones en el mercado, principalmente con aquellas instituciones públicas que invierten en deuda del Gobierno Central, y que por su volumen de inversiones, podrían incidir en una gestión de deuda acorde con un portafolio saludable. Al respecto, esta comunicación requiere de la participación de todos los actores involucrados, en aras de buscar la sostenibilidad de las finanzas públicas, en equilibrio con las condiciones de mercado y la entrega final de servicios públicos.
Ahora bien, es posible aprovechar los espacios de mejora en la gestión de la deuda con el fin de generar potenciales beneficios. Dichos beneficios pueden surgir de acciones de corto plazo para una mejora en la gestión del portafolio de deuda del Gobierno Central, o de acciones de aplazamiento que permitan una disminución del monto pagado por concepto de intereses y la extensión de los plazos de colocación, bajo un balance entre costos y riesgos (ver imagen siguiente).
Figura N.° 4
Beneficios potenciales de los mecanismos de transición hacia una gestión de la deuda en el corto plazo, 2020
Por ejemplo, de acuerdo con el Ministerio de Hacienda[3], la composición de deuda ideal de mediano plazo implica un porcentaje en dólares bajo el intervalo de 25% a 35% del portafolio total. No obstante, existen espacios de mejora si se considera que la composición en dólares del portafolio a julio de 2020 se encuentra en un 40,3%[4], de forma tal que bajo el escenario de una recomposición de la deuda hacia los niveles deseados, es posible obtener beneficios de al menos un 0,17% del PIB, los cuales podrían ascender hasta un 0,46% del PIB, según el tipo de cambio y la composición de la cartera[5].
Por otro lado, de acuerdo con información sobre los portafolios de inversión de las instituciones públicas, es posible identificar que algunos de los títulos adquiridos en el período 2014-2020 presentan tasas de interés mayores[6] a las que en promedio se negocian en el mercado interno[7], según su plazo de vencimiento y características. En ese sentido, se identifican espacios de mejora respecto a futuras asignaciones de tasas de interés por parte del Ministerio de Hacienda si se ejecuta una gestión de deuda acorde con las condiciones descritas en consistencia con las características del mercado, es decir, si se toma como referencia valores cercanos a la curva soberana de ese momento. Considerando lo anterior se realizó un ejercicio[8] en el cual las tasas de interés asignadas correspondan con las del mercado al momento de la colocación. En este caso, los potenciales beneficios derivados de dicha gestión representarían un monto de ¢5.871 millones únicamente para el año 2020[9].
Además, se tiene que al 3% de los títulos de deuda analizados, les resta un año para su vencimiento. Ante dicho escenario, al aplicar un ajuste a las tasas de interés de mercado y a los plazos acorde con una cartera saludable, es posible obtener beneficios potenciales de al menos ¢9.300 millones anuales si el vencimiento se alarga a 2 años, y de aproximadamente ¢6.300 millones anuales si el vencimiento se incrementa a un plazo de 3 años.
Dicho lo anterior, los espacios de mejora identificados para la gestión de deuda, representan ejemplos sobre acciones en las cuales la administración requiere avanzar de cara a una transición solvente y estable de la deuda, en complemento a acciones estructurales necesarias para su consolidación en el mediano y largo plazo.
La gestión de la deuda requiere avanzar hacia una transición de corto plazo (estabilidad) que permita alcanzar la sostenibilidad de mediano y largo plazo, para lo cual es necesaria la revisión constante de aspectos esenciales en la composición del portafolio y los riesgos vinculados a este. Con ello el Gobierno podría percibir beneficios por el orden del 0,2% del PIB. Esto permitirá a la administración, la reducción de presiones por liquidez, un mejor manejo de las tasa de interés, escenarios de mayor confianza en la reputación del país por parte de las calificadoras internacionales de riesgo y del mercado.
Se debe considerar además aspectos estructurales como la dinamización del mercado bursátil, la creación de instrumentos que hagan un mercado más avanzado y el apoyo de las instituciones públicas en la creación de espacios de eficiencia de las colocaciones del gobierno para solventar la problemática actual.
Notas al pie:
[1] FMI, 2020. Gestión de la deuda pública en respuesta a la pandemia
[2] Tales como la Política de Endeudamiento de Mediano Plazo (elaborada en el 2019), la revisión de la Estrategia de gestión de deuda y el plan de endeudamiento anual.
[3] Marco Fiscal Presupuestario de Mediano Plazo 2020-2025, Agosto 2020.
[4] A Julio de 2020.
[5] El tipo de cambio en el mes de enero de 2020 se ubicaba por el orden de ¢574 por $1. Al mes de diciembre de 2020, el tipo de cambio alcanza ¢600 por $1. A julio de 2020, el monto de deuda en dólares asciende a $15.841 millones, y de acuerdo con los rangos deseables debería rondar entre $9.248 millones y $12.948 millones. Las diferencias entre estos valores y la estimación del tipo de cambio actual corresponde a los potenciales beneficios de reducir la composición actual del portafolio en dólares.
[6] Las tasas de interés asignadas por la Tesorería Nacional a los inversionistas, se encuentran dentro de los límites definidos en la Ley de Presupuesto Ordinario y Extraordinario de cada año.
[7] De acuerdo con la curva de rendimientos soberanos del BCCR.
[8] Se realizó una comparación entre las tasas de interés de la curva soberana en la fecha de colocación del título y se comparó con las tasas efectivas a las que se colocaron los títulos. Además se dejó un margen de 2 desviaciones estándar para contemplar posibles fluctuaciones de mercado.
[9] Se tomó como referencia la curva soberana del BCCR para 2020 y dos desviaciones estándar según plazo, como base para la comparación con las tasas netas efectivas de colocación.