8. LAS PARÁBOLAS: ¿ENTIENDE USTED SU SENTIDO?


      Se debe anotar al principio que todo lo que se dijo en el capitulo 7 acerca de las enseñanzas de Jesús en los evangelios se aplica también a las parábolas. ¿Por qué entonces necesitan las parábolas su propio capitulo en un libro como éste? ¿Cómo podrían presentar problemas estas historietas directas y sencillas que Jesús contó para el lector o el intérprete? Parece que habría que ser muy tonto para no entender el significado del buen samaritano o del hijo pródigo. La lectura misma de esas historias punza el corazón o lo consuela. 
    Sin embargo, se necesita un capitulo especial porque, aunque sean atractivas y sencillas, la mala interpretación de las parábolas en la Iglesia es superada solamente por el Apocalipsis.

LAS PARÁBOLAS EN LA HISTORIA

    La razón para la larga historia de malas interpretaciones de las parábolas se puede extender hasta algo que Jesús mismo dijo, como está escrito en Marcos 4:10-12 (y paralelos en Mateo 13:10-13; Lucas 8:9, 10). Cuando se le preguntó sobre el propósito de las parábolas, parece haber sugerido que contenían misterios para los de adentro, mientras endurecían a los de afuera. Como después procedió a "interpretar" la parábola del sembrador de modo medio alegórico, esto pareció dar licencia a la teoría del endurecimiento y a interpretaciones alegóricas sin fin. Las parábolas se consideraban como historias sencillas para los de afuera. para quienes el "verdadero significado", los "misterios", estaban escondidos; estos pertenecían
solamente a la Iglesia y se podían descubrir por medio de alegadas.
    Así vemos que un erudito tan grande y brillante como Agustín podía presentar la siguiente interpretación de la parábola del Buen Samaritano:

  • Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó: Adán
  • Jerusalén: la ciudad de paz celestial de la cual cayó Adán.
  • Jericó: la luna, y por eso significa la mortalidad de Adán.
  • ladrones: el diablo y sus ángeles.
  • le despojaron: de su inmortalidad.
  • hiriéndole: al persuadirlo a pecar.
  • dejóndole medio muerto: como hombre vive, pero murió espiritualmente, por eso está medio muerto.
  • El sacerdote y el levita: el sacerdocio y ministerio del Antiguo Testamento.
  • El samaritano: se dice que significa "guardián"; por lo tanto se implica que se refiere a Cristo mismo
  • vendó sus heridas: significa que vendó las limitaciones impuestas por el pecado.
  • aceite: el consuelo de la buena esperanza.
  • vino: una exhortación a caminar con espíritu ferviente.
  • cabalgadura: la carne de Cristo encarnado.
  • mesón: la Iglesia
  • otro día: después de la resurrección.
  • dos denarios: promesa para esta vida y para la venidera.
  • mesonero: Pablo.

    Por novedoso y atractivo que pueda ser todo esto, uno puede estar seguro de que no es lo que Jesús quiso decir. Al fin y al cabo, el contexto se refiere claramente a la comprensión de las relaciones humanas (¿quién es mi prójimo?), no las de Dios con el hombre. No hay razón para pensar que Jesús fuera a predicar a la Iglesia y a Pablo de este modo tan difícil de comprender.
    En verdad es dudoso en extremo que la mayoría de las parábolas fueran para un círculo reducido de personas. En tres casos por lo menos, Lucas dice específicamente que Jesús enseñaba en parábolas a la gente (15:3; 18:9; 19:11), con lo que indica claramente que entendían las parábolas. Además, el intérprete de la ley a quien Jesús le dijo la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37) entendió la parábola, y también los jefes de los sacerdotes y los fariseos entendieron la parábola de los mayordomos en Mateo 21:45.
    Si a veces tenemos problemas para entender las parábolas, no es porque sean alegorías para las cuales necesitemos claves de interpretación especiales, sino por algunas cosas que ya sugerimos en el capítulo previo sobre los evangelios. Una de las claves para entenderlas está en el descubrimiento de los oyentes originales a los cuales fueron dichas; como anotamos, muchas veces llegaron a los evangelistas sin un contexto.
    Si las parábolas, entonces, no son misterios alegóricos para la Iglesia, ¿qué quiso decir Jesús en Marcos 4:10-12 al hablar del misterio del reino y su relación con las parábolas? Es posible que la Las parábolas: ¿entiende usted su sentido? 121 clave para este dicho esté en un juego de palabras en arameo, el idioma materno de Jesús. La palabra mezal, que se tradujo parabalé
en griego, se usaba para todo un conjunto de figuras de dicción en la categoría de las adivinanzas, los rompecabezas, los enigmas y las parábolas, y no solamente para la variedad de historias llamada "parábolas" en castellano. Probablemente el versículo 11 quisiera decir que el significado del ministerio de Jesús (el secreto del reino) no podía ser percibido por los de afuera; era como un mezal, una adivinanza, para ellos. De donde su discurso en mazelin (parábolas) era parte del mezal (adivinanza) de todo su ministerio para ellos. Ellos veían, pero no podían ver; oían - y aun entendían - las parábolas, pero no sabían apreciar todo el empuje del ministerio de Jesús.
    Nuestra exégesis de las parábolas, por lo tanto, debe comenzar con las mismas suposiciones que hemos hecho con respecto a los otros géneros hasta ahora. Jesús no estaba tratando de ser oscuro; El quería que 10 entendieran. Nuestra tarea es ante todo tratar de oír lo que ellos oyeron. Ahora bien, antes de poder hacer eso adecuadamente, debemos comenzar a considerar esta pregunta: ¿Qué es una parábola?

CARACTERÍSTICAS DE LAS PARÁBOLAS

Clases

    La primera cosa que debemos notar es que no todos los textos que llamamos parábolas son del mismo tipo. Hay una diferencia fundamental, por ejemplo, entre el buen samaritano (verdadera parábola), por una parte, y la levadura en la masa (símil), por otra, y ambas difieren de los dichos: "Vosotros sois la sal de la tierra" (metáfora), o "¿Recoge la gente uvas de los espinos, o higos de los cardos?" (epigrama). No obstante, todos ellos se hallan de vez en cuando al estudiar las parábolas.
    El buen samaritano es un ejemplo de parábola verdadera. Es una historia, pura y sencilla, con principio y fin; tiene una especie de "trauma". Otras parábolas semejantes son la oveja pérdida, el hijo pródigo, la gran cena, los obreros de la viña, el hombre rico y Lázaro, y las diez vírgenes.
    La levadura y la masa, en cambio, es un símil. Lo que se dice de la levadura, o del sembrador, o de la semilla de mostaza, siempre fue cierto con respecto a la levadura, la siembra o las semillas de mostaza. Tales "parábolas" son más bien ilustraciones de la vida cotidiana que Jesús tomó para hacer entender el significado de algo.
    Dichos como "vosotros sois la sal de la tierra", difieren de los anteriores. Estos se llaman algunas veces dichos parabólicos, pero en realidad son metáforas y símiles. A veces se parecen a una semejanza, pero su propósito - su razón de ser - es muy diferente.
    Debe notarse además que en algunos casos, especialmente el de los labradores malvados (Marcos 12:1-11; Mateo 21:33-44; Lucas 20:918) una parábola puede acercarse mucho a la alegoría, cuando muchos detalles de una historia tienen el propósito de representar alguna otra cosa (así como en la mala interpretación que hizo Agustín del buen samaritano). Ahora bien. las parábolas no son alegorías, aunque a veces tengan lo que nos parece que son rasgos
alegóricos. La razón de que podamos estar seguros de eso está en sus funciones diferenciantes. Como todas las parábolas no son del mismo tipo, no se pueden trazar reglas que las cubran todas. Lo que decimos aquí se aplica a las parábolas propiamente dichas, pero mucho de lo que se dice, también abarca a los otros tipos.

Función de las parábolas

    Las mejores claves en cuanto a lo que son las parábolas se encuentra en su función. En contraste con la mayoría de los dichos parabólicos, tales como el de los higos y los cardos. las parábolas con historias no sirven para ilustrar la enseñanza de Jesús en prosa con palabras pictóricas. Ni se dice que sirvan de vehículos para la verdad revelada, aunque al fin eso hacen. Antes bien las parábolas funcionan como un medio para obtener una reacción de parte del oyente.
    La parábola en sí es el mensaje. Se dirige a los oyentes y los cautiva, para referirse a sus propias acciones, o para hacerlos reaccionar de cierto modo ante Jesús y a su ministerio.
La causa del dilema mayor en la interpretación de las parábolas es su "obtención de reacción". pues en cierto modo. interpretar una parábola es destruir lo que fue en su origen. Es como interpretar un chiste. Todo el significado de un chiste y lo que lo caracteriza como tal, es que el oyente se identifica con su contenido mientras lo cuentan. Es chistoso para el oyente, precisamente porque éste es "cautivado", como era el propósito del chiste. Ahora bien, solo puede cautivarlo si entiende los puntos de referencia, el chiste ya no cautiva al oyente, y por tanto, deja de obtener la misma calidad de risa. Cuando se interpreta el chiste, se puede entender muy bien, y puede que hasta sea chistoso (por lo menos se entiende qué es lo que debía habremos hecho reír), pero deja de producir el mismo efecto, así que ya no funciona. de la misma manera.
    Igual pasa con las parábolas. Fueron habladas, y podemos suponer que la mayoría de los oyentes podían identificarse con los puntos de referencia que les hacían entender el mensaje, ser cautivados por él. Para nosotros, las parábolas son escritas. Podemos identificar los puntos de referencia o no; por lo tanto, no pueden tener sobre nosotros el mismo impacto que tuvieron en los primeros oyentes, pero al interpretarlas, podemos entender lo que aquellos entendieron, o lo que podríamos haber entendido si hubiéramos estado allí. Esto es lo que debemos hacer en nuestra exégesis. La tarea hermenéutica va más allá de eso: ¿Cómo recobramos la "fuerza" de las parábolas para nuestro tiempo y nuestro ambiente?

LA EXÉGESIS DE LAS PARÁBOLAS

Búsqueda de los puntos de referencia

    Volvamos a nuestra analogía del chiste. Las dos cosas que cautivan al oyente en un chiste y producen una reacción de risa, son las mismas dos cosas que cautivaban la atención de los oyentes de las parábolas de Jesús; es decir, su conocimiento de los puntos de referencia y el giro inesperado que toma la historia. Las claves para su comprensión son los puntos de referencia, las varias partes de la historia con las que uno se identifica al escucharla. Si uno pierde estos en un chiste, entonces no puede haber un giro inesperado, pues los puntos de referencia son los que crean las expectativas ordinarias. Si uno pierde éstas en una parábola, entonces la fuerza y el significado de lo que Jesús dijo también se perderán.
    Lo que queremos decir al hablar de "puntos de referencia" se puede ilustrar mejor con una parábola de Jesús registrada en su contexto original completo: Lucas 7:40-42. Jesús había sido invitado a comer por un fariseo llamado Simón, pero la invitación no era como la que se hacía a un famoso rabí visitante. El dejar de ofrecerle a Jesús aun la hospitalidad común de la época, de seguro tenía la intención de humillarlo, Cuando la prostituta del pueblo entra delante de los invitados y se humilla delante de Jesús, para lavarle los pies con sus lágrimas y enjugárselos con su cabello, sólo confirma las sospechas de los fariseos de que Jesús no podía ser profeta, y al mismo tiempo dejar sin condenación esta clase de deshonra pública.
    Conocedor de los pensamientos de ellos, Jesús le cuenta a su anfitrión una sencilla historia. Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno debía quinientos denarios (un denario era el pago de un día de trabajo); el otro debía cincuenta. Ninguno podía pagar; entonces, él les canceló la deuda a ambos. El punto central es: ¿Quién crees tú que respondería al prestamista con una manifestación mayor de amor?
    Esta historia no necesitaba interpretación, pero Jesús quiso asegurarse después de que lo golpeaba con toda fuerza. Hay tres puntos de referencia: el prestamista y los dos deudores, y las identificaciones son inmediatas. Dios es como el prestamista; la prostituta del pueblo y Simón son como los dos deudores. La parábola es un mensaje de juicio que busca obtener una reacción en Simón. Este recibió el mensaje en el poder de la parábola y en la reprensión directa de Jesús.
    Debemos observar que la mujer también escuchó la parábola. Ella también se identifica con la historia al ser contada, pero no oye juicio para sí, sino su aceptación por Jesús, y por consiguiente, por Dios.
    TENGA EN CUENTA que esta no es una alegoría, sino una parábola. Una verdadera alegoría es una historia en la cual cada uno de los elementos significa algo muy diferente de la historia misma. La alegoría les daría un significado a los quinientos denarios, a los cincuenta denarios y a los otros detalles que se pudieran encontrar. Además, y esto es especialmente importante, el sentido de la parábola no está en los puntos de referencia, como ocurre en las alegorías. Los puntos de referencia son solamente aquellas partes de la historia que atraen al oyente, con las cuales se identifica al progresar la historia. El sentido de la historia se ha de encontrar en la reacción propuesta. En esta parábola, es la condenación de la actitud de Simón y sus amigos, o la aceptación y el perdón a la mujer.

Identificación de los oyentes

    En la ilustración anterior también hemos señalado la importancia de identificar a los oyentes, porque el significado de la parábola tiene que ver con la manera como fue oída en su origen. En muchas de las parábolas, por supuesto, se indica quiénes eran los oyentes en el relato de los evangelios. En tales casos, la tarea de interpretación es una combinación de tres cosas: (1) sentarse a leer o escuchar la parábola una y otra vez, (2) identificar los puntos de referencia propuestos por Jesús, que los oyentes originales habrían identificado, y (3) tratar de determinar come se habrían identificado con la historia los oyentes originales, y por consiguiente qué habrían oído.
    Probemos esto con dos parábolas bien conocidas: el buen samaritano (Lucas 10:25-37) y el hijo pródigo (Lucas 15:11-32). En el caso del buen samaritano, cuenta la historia a un experto en la Ley. quien queriendo justificarse a sí mismo, dice Lucas, había preguntado: "y ¿quién es mi prójimo?" Al leer la parábola varias veces, se observa que no responde la pregunta del mismo modo que fue hecha. sino que, de modo más narrativo, pone al descubierto la autojustificación de aquel intérprete de la Ley. El sabe lo que la Ley dice acerca de amar al prójimo "como a sí mismo", y está listo para definir "prójimo" con palabras que demuestran que obedece la Ley con devoción.
    En realidad, hay solamente dos puntos de referencia en la historia: el hombre herido y el samaritano, aunque hay otros detalles que ayudan a crear el efecto. Hay que notar dos cosas en particular: (1) Los dos que pasaron de largo son tipos sacerdotales. el orden religioso que estaba por encima de los rabinos y fariseos, quienes eran los expertos en la Ley. (2) La gran obra de los fariseos era la dádiva de ofrendas a los pobres. Así era como amaban al prójimo
como a ellos mismos.
    Obsérvese entonces que el intérprete de la Ley queda cautivado por esta parábola. Un hombre cae en manos de salteadores en el camino de Jerusalén a Jericó, un suceso bastante común. Dos tipos sacerdotales pasan luego por el camino y siguen su camino sin detenerse. La historia se cuenta desde el punto de vista del hombre que está en la zanja. y el intérprete de la Ley queda "cautivado". "Por supuesto", piensa él para sus adentros, "¿quién esperaría otra cosa de los sacerdotes? La próxima persona en bajar será un fariseo, y se mostrará amable al ayudar al pobre hombre." Pero no, resultó que era... ¡un samaritano! Hay que reconocer el desprecio que tenían los fariseos por los samaritanos, para oír lo que él oyó. Note que él ni siquiera se decide a usar la palabra "samaritano" al final.
    ¿Ve usted cómo ha tratado Jesús a este hombre? El segundo gran mandamiento es amar al prójimo como a uno mismo. El intérprete de la ley tenía un sistema que le permitía amar, dentro de ciertas limitaciones. Lo que hace Jesús es descubrir los prejuicios y el odio de su corazón, y por tanto, su verdadera falta de obediencia a este mandamiento. "Vecino"o "prójimo" ya no se pueden definir como palabras limitantes. Su falta de amor no es que él no ayude al hombre de la zanja, sino que odie al samaritano (y desprecie a los sacerdotes).
    El caso del hijo pródigo es similar. El contexto es la murmuración de los fariseos contra Jesús, porque acepta a los despreciados y pecadores y come con ellos. Las tres parábolas de las cosas perdidas en Lucas 15 son una justificación que hace Jesús de sus acciones. En la parábola del hijo perdido hay solamente tres puntos de referencia: el padre y los dos hijos. El sentido es el mismo: Dios no se limita a perdonar al perdido con generosidad. sino que lo acepta con gran gozo. Los que se consideran justos. se manifiestan como injustos si no comparten el gozo del padre y del hijo recuperado.
    Los que comían con Jesús, por supuesto. se identificaban con el hijo perdido. como lo haríamos también todos nosotros. Sin embargo, esa no es la verdadera fuerza de la parábola, la cual encontramos en la actitud del segundo hijo. El estaba "siempre con el padre". pero se había puesto a sí mismo afuera. Había dejado de compartir los 126 La lectura eficaz de la Biblia sentimientos de su padre por el hijo perdido. Alguien dijo: "¿Puede
imaginarse algo peor que volver a casa y caer en las manos del hermano mayor?" .
    En cada uno de estos casos, y en otros, las dificultades exegéticas que se encuentran, surgen principalmente del vacío cultural que existe entre usted y los oyentes originales de Jesús, que puede hacerle perder algunos de los sentidos más sutiles que componen toda la historia. Es precisamente aquí donde tal vez se necesite la
ayuda externa. No desprecie estos asuntos, pues las costumbres culturales son las que ayudan a dar a las historias originales su vitalidad.

Las parábolas sin contexto

    ¿Qué decir de las parábolas de los evangelios que se encuentran sin su contexto histórico original? Como ya hemos ilustrado este interés en el capítulo anterior con la parábola de los obreros de la viña (Mateo 20:1-16), sólo lo repasaremos brevemente aquí. Se trata de ver cuáles son los puntos de referencia y los oyentes originales. La clave está en repetir la lectura de la parábola hasta que surjan claramente los puntos de referencia. Usualmente, esto también da una pista al instante para hallar a sus oyentes originales.
    En la parábola de los obreros de la viña, hay sólo tres puntos de referencia: dueño, los obreros de todo el día y los obreros de una hora. Esto se decide fácilmente, porque ellos son los únicos que se mencionan al concluir la historia. Los oyentes originales también se determinan con facilidad. ¿Quiénes podrían ser cautivados por una historia como ésta? Obviamente, los oyentes que se identificaban con los trabajadores de todo el día, pues solamente se los enfoca a ellos al final.
    El mensaje es similar al del hijo pródigo. Dios es misericordioso, y el justo no debe protestar por la generosidad de Dios. Lo que ha pasado en su contexto actual en Mateo en este caso, no obstante, es que se da el mismo mensaje a un nuevo grupo de oyentes. En el contexto del discipulado, sirve como confirmación de la generosidad de Dios, a pesar de los vituperios o el odio de otros.
    También pasa lo mismo en la parábola de la oveja perdida, en Mateo 18:12-14. En el evangelio de Lucas, .esta parábola tiene un mensaje para los fariseos, junto con la moneda perdida y el hijo prodigo. Es claro que la oveja perdida es un pecador, cuyo hallazgo produce mucho gozo en el cielo. Como mensaje a los fariseos, justifica la aceptación de los despreciados por parte de Jesús; pero cuando la oyen los despreciados, les confirma que ellos son objeto de la búsqueda del amoroso pastor. En Mateo, la parábola es parte de la colección de dichos sobre relaciones dentro del Reino. En este contexto, se da el mismo mensaje: El interés de Dios por los perdidos. Aquí los "perdidos" son ovejas que se han "descarriado". En el contexto de Mateo, se refiere a la cuestión de lo que debemos hacer por los "pequeñitos", que son débiles en la fe y tienden a descarriarse. En los versículos 6-9 se dice a la comunidad de Mateo que ojalá ninguno de ellos sea responsable de hacer descarriar a uno de los "pequeñitos". En los versículos 10-14, la parábola de la oveja perdida les dice, al contrario, que deben buscar a la descarriada y volverla al redil con amor. La misma parábola, el mismo mensaje, pero para una audiencia completamente nueva.

Las parábolas del Reino

    Hasta aquí todas las ilustraciones han sido tomadas de las parábolas de conflicto entre Jesús y los fariseos. Hay además un grupo de parábolas mucho más grande - las parábolas del Reino que necesitan una mención especial. Es verdad que todas las parábolas que hemos considerados son también parábolas del Reino. Expresan el amanecer del tiempo de salvación con la venida de Jesús, pero las parábolas que vamos a estudiar aquí son las que dicen claramente: "El reino de los cielos es semejante a ... ".
    En primer lugar, hay que tener en cuenta que la introducción "El reino de los cielos es semejante a ... ", no se debe tomar junto al primer elemento mencionado en la parábola. Es decir, el reino de los cielos no es semejante a una semilla de mostaza, o a un mercader, o a un tesoro escondido en un campo. El significado literal de la expresión sería: "Así es con respecto al reino de los cielos... " Así que toda la parábola nos dice algo sobre las características del Reino, no uno solo de los puntos de referencia, ni uno solo de los detalles de este.
    En segundo lugar, nos sentimos inclinados a tratar estas parábolas de modo diferente a las que acabamos de estudiar, como si en realidad fueran sólo instrumentos de enseñanza y no historias que demanden una reacción; pero eso sería abusar de ellas. Concedemos que los textos divinamente inspirados de Marcos 4 y Mateo 13, en su disposición actual, tienen el propósito de enseñarnos acerca del Reino, pero en su origen estas parábolas fueron parte de la proclamación misma de Jesús acerca de la llegada del Reino con su venida. Son en sí mismas los vehículos del mensaje que pide una respuesta a la invitación de Jesús y su llamamiento al discipulado.
    Veamos, por ejemplo, la parábola interpretada del sembrador (Marcos 4:3-20; Mateo 13:3-23; Lucas 8:5-15), la cual Marcos considera apropiadamente como la clave para las demás. Verá usted que Jesús. lo que interpretó fueron los puntos de referencia: Los cuatro tipos de suelos son semejantes a los cuatro tipos de reacciones ante la proclamación del Reino. No obstante. el mensaje de la parábola es la urgencia de la hora: "Pongan atención a lo que oyen. Se está sembrando la palabra. el mensaje de las buenas nuevas del Reino, el gozo del perdón. la exigencia y el regalo del discipulado. Está delante de todos, de modo que escuchen y pongan atención; sean un suelo fructífero." Se debe notar también que la mayoría de estas parábolas se dirigen a los que se hallan en multitud como posibles discípulos.
    Como estas parábolas son en realidad parábolas del Reino, vemos que proclaman el Reino como "ya/todavía no". pero su énfasis principal es el "ya". El Reino ya ha llegado; la hora de Dios está cerca. Por tanto. el momento presente es de gran urgencia. Tal urgencia en la proclamación de Jesús tiene un énfasis doble: (1) El juicio es inminente; el desastre y la catástrofe están cerca. (2) Por otra parte. hay buenas nuevas: la salvación es ofrecida a todos con liberalidad. Consideremos un par de parábolas que.ilustran estos dos aspectos del mensaje.
    1. En Lucas 12:16-20 la parábola del rico insensato ha sido puesta en un contexto de actitudes hacia las posesiones. a la luz de la presencia del Reino. La parábola es de comprensión bastante fácil. Un hombre rico. por su duro trabajo. piensa que tiene la vida asegurada y descansa complacido. Sin embargo. dice Jesús en otra parte: "Todo el que quiera salvar su vida, la perderá" (Marcos 8:35 y paralelos). Así que el hombre es un insensato en el sentido bíblico: trata de vivir sin tener en cuenta a Dios. pero el desastre repentino está a punto de sobrevenirle.
    El mensaje de la parábola no es lo inesperado de la muerte. Es la urgencia de la hora. El Reino está cerca. Es necio todo aquel que vive para las posesiones. para su propia seguridad. cuando el fin está a la puerta. Observe que el contexto apoya esto. Un hombre quiere que su hermano divida la herencia con él, pero Jesús rehúsa tomar parte en el arbitraje. Su mensaje está en que el deseo de posesiones carece de importancia a la luz del momento actual.
    Así es también como debemos entender la parábola más difícil de todas: la del mayordomo infiel (Lucas 16:1-8). La historia es sencilla: Un mayordomo estaba desfalcando, o malgastando el dinero de su amo. Fue llamado a rendir cuentas y supo lo que le esperaba; entonces hizo un engaño aun mayor. Dejó que los deudores redujeran sus cuentas. probablemente con la esperanza de conseguir amigos. La impresión que causa esta parábola. y la parte que es más difícil de interpretar. es que los oyentes originales esperaban la desaprobación. pero en su lugar rindió alabanza a esta mala acción.
    ¿Cuál podría ser el propósito de Jesús al contar una historia así? Es muy posible que trata de impresionar a sus oyentes con la urgencia del momento. Si se indignan justamente con tal historia. cuánto más deberían aplicarse la lección. Ellos estaban en la misma posición del mayordomo que vio el desastre inminente, pero la crisis que los amenazaba a ellos era mucho más terrible. Ese hombre actuó (observe que Jesús no excusa su acto); hizo algo para remediar su situación. Ahora, Jesús parece decimos que la urgencia del momento demanda acción. pues todo está en peligro de perderse.
    2. La hora urgente que demanda acción, arrepentimiento, es también el tiempo de salvación. Así que el Reino en la actualidad es también buenas nuevas. En las parábolas gemelas de Mateo 13:44·46 (el tesoro escondido y la perla de gran precio), el énfasis se pone en el gozo del descubrimiento. Los hombres de estas parábolas, en su entusiasmo, venden todo lo que tienen para obtener el tesoro y la perla. El Reino no es el tesoro; tampoco es la perla. El Reino es un don de Dios. Su descubrimiento produce un gozo indescriptible. Este mismo motivo aparece también en las tres parábolas de las cosas perdidas, en Lucas 15.
    Así es como debemos aprender a leer y estudiar las parábolas. No se deben alegorizar. Hay que oírlas como llamadas para que respondamos ante Jesús y su misión.

LA CUESTIÓN HERMENÉUTICA

    La tarea hermenéutica propuesta por las parábolas es muy singular. Tiene que ver con el hecho de que cuando fueron expresadas en su origen, rara vez necesitaban interpretación. Representaban una necesidad inmediata para los oyentes, y parte del efecto de muchas de las parábolas era su poder de "cautivar" al que las escuchaba. En cambio, llegan hasta nosotros en forma escrita y con necesidad de interpretación. precisamente porque nos falta la comprensión inmediata de los puntos de referencia, que tenían los oyentes originales.
¿Qué hacemos, entonces? Sugerimos dos cosas:
    1. Como siempre. nuestro interés fundamental está en las parábolas, en su contexto bíblico actual. Las parábolas están en un contexto escrito, y mediante el proceso exegético que se acaba de describir, podemos descubrir su significado y su mensaje. con un alto grado de precisión. Lo que necesitamos hacer entonces es lo que hizo Mateo (18:10-14; 20:1-16j: Traducir ese mismo mensaje a nuestro propio contexto.
    Aun se las puede tratar de relatar de nuevo, de modo que con nuevos puntos de referencia. nuestros oyentes puedan sentir el enojo o el gozo que experimentaron los oyentes originales. La versión siguiente del buen samaritano no es inspirada, pero esperamos que ilustre una posibilidad hermenéutica. Se supone que los oyentes forman una congregación evangélica hispana.
    Una señora se encontraba en una esquina de una calle muy concurrida, en una gran ciudad. La rodeaban cuatro niños harapientos y sucios. Quería pedir limosna, pero se moría de la vergüenza, pues nunca antes se había visto en tal necesidad. Pero ahora, con su esposo muerto después de una larga enfermedad, y el terrenito familiar perdido a manos de los acreedores, habían tenido que huir a la ciudad, donde quizá encontrarían la seguridad que habían
perdido.
    Un sacerdote que pasaba se detuvo para darle ánimo: "No se preocupe, señora. La pobreza es una virtud. Rece tres Padrenuestros, y Dios proveerá." Y siguió adelante. Poco después pasó un misionero protestante que le entregó unos trataditos con mensajes evangélicos, oró con ella y la invitó a ir al culto en una iglesia cristiana.
    Por último, se detuvo allí una señora que jamás iba a iglesia alguna y era mal vista por los cristianos. Después de saludar amablemente a la pobre señora y de acariciar a los niños, le insistió en que la acompañara a su casa, y allí les sirvió una sopa caliente, bañó a los niños y les consiguió ropa limpia. Al día siguiente, llevó a la señora a trabajar con una familia de buenos recursos que ella conocía. En poco tiempo, la señora y los niños pudieron reorganizarse y vivir
independientes.
    Como se ve en la historia anterior, la semejanza con la parábola del buen samaritano salta a la vista. Dejamos la reacción al lector, aunque debemos anotar que no fueron los que suponíamos que la debían ayudar quienes resolvieron la gran necesidad de la señora y sus niños, sino aquella persona a quien nos sentimos más inclinados a criticar.
    Esta adaptación de la parábola a nuestro contexto social puede parecer muy dura, pero insistimos en que hay que estar seguro de haber hecho la exégesis con mucho cuidado antes de buscar una nueva forma de llevar el mismo mensaje de la parábola a una audiencia contemporánea. Sin embargo, nuestra experiencia nos ha enseñado que la mayoría tenemos un concepto demasiado elevado de nosotros mismos, y nos aprovechamos de la adaptación de algunas parábolas de Jesús para manifestar nuestra propia carencia de perdón en el corazón (Mateo 18:23-35), o nuestro enojo por las "injusticias" de Dios (Mateo 20:1-16), o nuestro orgullo por nuestra propia posición en Cristo, en comparación con los "malos" (Lucas 18:9-14). No sabíamos si reír o llorar cuando nos hablaron de un maestro de escuela dominical que, después de una hora de instrucción sobre la parábola del fariseo y el publicano, en la que explicó los abusos del fariseísmo, concluyó en oración y con absoluta seriedad "¡Gracias. Señor, porque no somos como el fariseo de esta historia!" No nos reímos porque tampoco queríamos que nuestra risa dijera: "¡Gracias, Señor, porque no somos como ese maestro de escuela dominical!"
    2. La otra sugerencia hermenéutica es que todas las parábolas de Jesús son, en cierto modo, vehículos para la proclamación del Reino. Por lo tanto, es necesario entender bien el significado del Reino dentro del ministerio de Jesús.
    El mensaje urgente del Reino, como presente y a consumarse pronto a la vez, todavía es necesario en nuestro tiempo. Los que tratan de asegurar su vida con posesiones, necesitan urgentemente oír el mensaje del juicio inminente, y los perdidos necesitan oír las Buenas Nuevas. Esto dijo con elocuencia [Joachím Jeremías (Hediscovering the Parables. Nueva York: Scribner's, 1966, p. 181):
    
La hora del cumplimiento ha llegado; esa es la nota sobresaliente de todas ellas. El hombre fuerte está desarmado. Ias fuerzas del mal tienen que ceder, el médico ha venido
a ver al enfermo, los leprosos son limpiados, la pesada carga de culpabilidad es quitada, la oveja perdida es traída a casa, la puerta de la casa del Padre está abierta, los pobres y los mendigos son llamados al banquete, un amo cuya bondad es inmerecida paga salarios completos, y un gran gozo llena todos los corazones. El año aceptable de Dios ha llegado, pues ha aparecido Aquel cuya majestad velada resplandece a través de cada palabra y cada parábola: el Salvador.