9. LA LEY: LAS ESTIPULACIONES DEL PACTO PARA ISRAEL


    El Antiguo Testamento contiene más de seiscientos mandatos, los cuales se esperaba que los israelitas guardaran como evidencia de su lealtad a Dios. Sólo cuatro de los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento contienen estas leyes: Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Aunque en estos libros hay mucha información además de las listas de mandamientos, se llaman "los libros de la Ley". El Génesis. que no contiene mandamientos del sistema legal de Israel, también era considerado tradicionalmente entre los libros de la Ley. Vemos pues. que no hay una correspondencia exacta entre lo que llamaríamos "leyes" y lo que el Antiguo Testamento llama "libros de la ley".
    Otra cosa que complica la interpretación para muchos cristianos es la referencia ocasional a los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. desde Génesis hasta Deuteronomio, como un solo libro. Jehová. después de la muerte de Moisés, urge a Josué a permanecer fiel a El, el Señor su Dios, con estas palabras: "Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él. para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está
escrito" [losué 1:8). En el Nuevo Testamento a veces se hace referencia a la "Ley" con la implicación clara de que se habla de todo el Antiguo Testamento, pues la función de la mayoría de los libros del Antiguo Testamento es en gran parte la ilustración y aplicación de la ley que se encuentra en el Pentateuco (véanse Mateo 5:17, 18; Lucas 16:17; Tito 3:9).
    Sin embargo. en la mayoría de los casos. cuando se habla de la "Ley" en la Biblia. se habla de toda la información contenida entre Exodo 20 y Deuteronomio 33. Al echar un vistazo a esta porción de la Escritura. se puede ver que no todo lo contenido allí está en forma de mandatos. pero la mayor parte de su contenido es de formulación legal y por eso se llama "la Ley" del Antiguo Testamento.
    El problema más difícil para muchos cristianos con respecto a estos mandamientos es hermenéutico. ¿Cómo se nos aplican estas formulaciones legales? ¿o no se nos aplican? Como este es el problema principal, comenzamos este capítulo con unas observaciones sobre los cristianos y la Ley, lo cual ayudará al hacer la exégesis de estos textos.

LOS CRISTIANOS Y LA LEY DEL ANTIGUO TESTAMENTO

    Si uno es cristiano, ¿debe acatar la ley del Antiguo Testamento? Si es así, ¿cómo podría hacerlo, puesto que ya no hay un templo, ni un santuario central en cuyo altar se puedan ofrendar cosas como la carne de animales (Levítico 1-5)? En realidad, si usted quemará animales como se describe en el Antiguo Testamento, tal vez lo arrestarían por crueldad con los animales. Ahora bien, si no tiene que acatar las leyes del Antiguo Testamento, entonces ¿por .qué dijo Jesús: "Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mateo 5:18)1 Esta pregunta demanda una respuesta que nos permita considerar la manera como la Ley del Antiguo Testamento puede representar todavía una responsabilidad. para el cristiano (es decir, la manera como estamos todavía obligados. a obedecer algunos o todos los mandatos de Éxodo 20-Deuteronomio 33). 
    Sugerimos seis guías iniciales para la comprensión de la relación del cristiano con la Ley del Antiguo Testamento. Estas guías requieren explicación. Parte de ella la incluimos inmediatamente, y otra parte aparece más completa después en este mismo capítulo: El
propósito de las guías es ayudar a orientar hacia una apreciación correcta de la Ley.
    1. La Ley del Antiguo Testamento es un pacto. Un pacto es un contrato que compromete a dos partes, que tienen las obligaciones especificadas en el mismo. En tiempos del Antiguo Testamento, muchos pactos eran del tipo de protectorado. Estos pactos eran dados generosamente por un señor todopoderoso a un siervo vasallo dependiente y más débil. Le garantizaban al vasallo beneficios y protección. A su vez, el vasallo quedaba obligado en lealtad a aquel señor solamente, con la advertencia de que cualquier deslealtad recibiría castigo, según las especificaciones del contrato. ¿cómo debía el vasallo mostrar su lealtad? Acatando las estipulaciones (reglas de conducta) especificadas en el pacto. Mientras el vasallo acatara las estipulaciones, el protector sabía que el vasallo era leal. Cuando las estipulaciones eran violadas, sin embargo, el protector se veía obligado por el contrato a tomar acción para castigar al vasallo.
    Dios formó la Ley del Antiguo Testamento con analogía a estos antiguos pactos y, por ende, ésta constituyó un contrato de obligatoriedad entre Jehová, el Señor, y su vasallo, Israel. A cambio de beneficios y protección, se esperaba que Israel guardara más de seiscientas estipulaciones (mandatos) contenidas en la Ley del pacto, como se encuentra en Éxodo 2o-Deuteronomio 33.
    2. El Antiguo Testamento no es nuestro Testamento. Testamento es otra palabra para hablar de un pacto. El Antiguo Testamento representa un pacto antiguo que ya no estamos obligados a guardar. No podemos suponer que el Pacto Antiguo sea de obligación para nosotros. Tenemos que suponer, en realidad, que ninguna de sus estipulaciones (leyes) son de obligatoriedad para nosotros, a menos que sean renovadas en el Pacto Nuevo. Es decir, que a menos que una ley del Antiguo Testamento sea reafirmada o reforzada en el Nuevo Testamento, no nos obliga directamente a nosotros como pueblo de Dios (Romanos 6:14, 15). Ha habido cambios del Antiguo Pacto al Nuevo Pacto. Los dos no son idénticos. Dios espera de
nosotros evidencias de lealtad diferentes de las que esperaba de los israelitas del Antiguo Testamento. Todavía se espera la lealtad, pero es la manera de demostrarla que ha cambiado en ciertos modos.
    3. Algunas estipulaciones del Antiguo Pacto no han sido renovadas en el Nuevo Pacto. Aunque tratar de abarcar las categorías de la ley del Antiguo Testamento sería suficiente para llenar un libro, sin embargo es posible agrupar la mayoría de las leyes del Pentateuco en dos categorías principales, ninguna de las cuales se aplica ya a los cristianos. (1) Las leyes civiles de los israelitas y (2) las leyes rituales israelitas. Las leyes civiles eran las que especificaban los delitos (mayores y menores) por los cuales alguien podía ser arrestado y juzgado en Israel. Tales leyes se aplicaban solamente a los ciudadanos del Israel antiguo [gobernado por una teocracia], y no hay nadie vivo hoy en día que lo sea. Las leyes rituales constituyen la parte mayor de las leyes del Antiguo Testamento, y se encuentran en el Levítico y también en muchas partes del Éxodo, Números y el Deuteronomio. Estas leyes le decían al pueblo de Israel cómo realizar la adoración, detallando todo, desde el diseño de los utensilios de adoración hasta las responsabilidades de los sacerdotes, las clases de animales que se debían sacrificar y el método para sacrificar y el método para el sacrificio. El sacrificio de animales (la muerte ceremonial, la preparación y la comida) era de importancia esencial en la forma de adorar a Dios en el Antiguo Testamento. Sin derramamiento de sangre, no era posible la remisión de pecados (Hebreos 9:22). Cuando se realizó el sacrificio de Jesús una sola vez, este método del Antiguo Pacto quedó abolido-de inmediato. Ya no aparece en la práctica cristiana, aunque la adoración continúa, a la manera del Nuevo Pacto. 
    Hay muchas analogías de esta suerte de cambios de estipulaciones de un pacto a otro. En el caso de los contratos laborales, por ejemplo, un contrato nuevo puede especificar cambios en las condiciones de trabajo, diferentes estructuras de la organización del personal, diferentes tablas de pagos, etc. Puede también retener ciertos aspectos del contrato viejo, como el escalafón por antigüedad, los descansos, provisiones contra la cesantía arbitraria, etc. Aunque un contrato de trabajo no está al mismo nivel que el contrato entre Dios y el pueblo de Israel, es no obstante un tipo de contrato y nos ayuda a ejemplarizar el hecho de que un nuevo contrato puede ser muy diferente del contrato viejo, pero no tiene que ser diferente por completo. Este es precisamente el caso de los pactos bíblicos.
    Podríamos preguntarnos entonces: "¿No dijo Jesús que todavía estábamos bajo la Ley, pues no pasaría ni una jota ni una tilde de ella?" La respuesta es que no; El no dijo eso. Lo que dijo (Lucas 16:16, 17) fue que la Ley no puede ser cambiada. La Ley y los profetas llegaron a su fin cuando Juan el Bautista comenzó a predicar el Nuevo Pacto, y por eso Jesús insistía en que la gente debía entrar al Reino de Dios pronto, pues de lo contrario todavía estaría obligada a
obedecer la ley vieja, la cual era imposible de enmendar. Jesús dio una nueva Ley, que no abolía la antigua, sino que la cumplía. La nueva Ley o pacto podía darles a los que la cumplieran una justicia mayor que la de los escribas y fariseos, que guardaban rigurosamente
el Pacto Antiguo. Jesús cumplió todo el Antiguo Testamento y dio una nueva ley, la del amor.
    4. Parte del Antiguo Pacto es renovada en el Nuevo. ¿A cuál parte nos referimos? La respuesta es que algunos aspectos de la ley ética del Antiguo Testamento se restablecen en el Nuevo Testamento como aplicables a los cristianos. Era la intención divina que estos aspectos de la antigua ley se siguieran aplicando a todo su pueblo a través del Nuevo Pacto que Dios establecería con él. Tales leyes derivan su aplicabilidad continua de que sirven para apoyar las dos leyes fundamentales del Nuevo Pacto, de las cuales dependían toda la ley y los profetas (Mateo 22:40): "Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas" (Deuteronomio 6:5) y "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18).
Así Jesús extrae unas leyes del Antiguo Testamento, les da nueva aplicación (léase Mateo 5:21-48) y las redefine, para incluir más que su enfoque original. Decimos que los aspectos, y no las propias leyes, fueron renovados del Antiguo Pacto al Nuevo, pues son sólo los aspectos de esas leyes que caen directamente bajo el mandato de amar a Dios y al prójimo los que constituyen una obligación que continúa vigente para los cristianos.
    5. Toda la ley del Antiguo Testamento es todavía Palabra de Dios paro nosotros, aunque ya no sea mandato de Dios para nosotros. La Biblia contiene toda suerte de mandatos, de los cuales quiere Dios que tengamos conocimiento, pero que no están dirigidos personalmente
a nosotros. Un ejemplo es Mateo 11:4, donde Jesús ordena: "Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis". La audiencia original de este mandato era los discípulos de Juan el Bautista.
Leemos el mandato, pero es para nosotros. Asimismo, la audiencia original de la Ley del Antiguo Testamento es el Israel antiguo. Leemos acerca de esa Ley, pero no es aplicable a nosotros.
    6. Solamente 10 que haya sido renovado explicitamente en la Ley del Antiguo Testamento puede considerarse como parte de la "Ley de Cristo" que encontramos en el Nuevo Testamento (Gálatas 6:2). Se incluyen en tal categoría los Diez Mandamientos, pues se citan de varios modos en el Nuevo Testamento como mandamientos obligatorios para los cristianos (Mateo 5:21-37; Juan 7:23), y los dos grandes mandamientos de Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18. No se puede probar que otras leyes específicas del Antiguo Testamento sean estrictamente obligatorias para los cristianos, por valiosas que sean para ellos todas las leyes.

EL PAPEL DE LA LEY EN ISRAEL Y EN LA BlBLIA

    Sería un error deducir de lo señalado anteriormente que la Ley ya no es una parte valiosa de la Biblia. Actuó en la historia de la salvación para "traernos a Cristo", como dice Pablo (Gálatas 3:24), mostrándonos cuán elevadas son las normas de justicia de Dios, y cuán imposible es para cualquiera cumplir con esas normas sin la ayuda divina. La Ley funcionó exactamente del mismo modo para el Israel antiguo. La Ley misma no los salvaba: esa seria una noción incompatible con el Pentateuco y los profetas. Dios fue quien salvó a Israel. El solo suplió los medios para el rescate de la esclavitud en Egipto, la conquista de la tierra de Canaán y la prosperidad como habitantes de esa tierra prometida. La Ley no hizo nada de eso. La Ley solamente representaba las condiciones del convenio de lealtad que Israel tenía con Dios.
    La Ley en ese sentido es un paradigma (modelo). No es una lista completa de todas las cosas que uno podía o debía hacer para agradar a Dios en el Israel antiguo. Antes bien, la Ley presenta ejemplos, o muestras de lo que significa ser leal a Dios.

    Ley apodíctica (evidente)

    A la luz de lo que se acaba de decir, considérese el pasaje siguiente:
 
Cuando siegues la mies de tu tierra. no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada. Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios. No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro. Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová. No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana. No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová. (Levítico 19:9-14).

    Los mandamientos como estos, que son directos (positivos o negativos), son los que se llaman "leyes apodíctícas". Tienen aplicación general, y les dicen a los israelitas las cosas que deben hacer o evitar para cumplir su parte del pacto con Dios. Es bastante obvio que tales leyes no son exhaustivas (minuciosas). Veamos, por ejemplo, las leyes del bienestar en la cosecha en los versículos 9 y 10. Sólo se mencionan las viñas y las cosechas de los campos (trigo, cebada, etc.), ¿Significa eso que si uno criaba ovejas o cosechaba higos o aceitunas, no tenía obligación de compartir su producto con los pobres y los extranjeros residentes? ¿Debían otros llevar la carga de hacer funcionar el sistema de bienestar social dispuesto por Dios en el Antiguo Testamento, mientras uno quedaba libre? Por supuesto que no. La leyes paradigmática: pone una norma como ejemplo, en vez de mencionar todas las circunstancias posibles. En los versículos 13 y 14 está la prohibición de retener el pago de los jornaleros, y de abusar de los incapacitados. ¿Qué sucedía si uno retenía el pago del jornalero casi toda la noche y se lo entregaba poco antes del amanecer? Los escribas y fariseos del tiempo de Jesús podrían haber dicho que tal acción era justa, pues la ley decía claramente "hasta la mañana". Ese legalismo egoísta y estrecho es en realidad una distorsión de la Ley. Las declaraciones de la Leyeran una guía digna de confianza con aplicación general; no es una descripción técnica de todas las circunstancias que uno pudiera imaginar. Asimismo, si uno le hacía daño a un mudo, un lisiado o un retardado mental, ¿todavía habría cumplido con el mandamiento del versículo 14? Por supuesto que no. El "sordo" y el "ciego" son solamente ejemplos escogidos entre todas las personas cuya debilidad física requiere respeto en vez de desprecio.
    Las sociedades modernas tienen códigos legales bastante minuciosos. Los códigos federales de los Estados Unidos, por ejemplo, contienen millares de leyes específicas contra toda clase de cosas.
    Aun así, siempre se necesita un juez (y a menudo un jurado) para decidir si un acusado ha violado una ley, porque es imposible escribir leyes tan completas, que especifiquen todos los modos posibles de violar cierta regla. Por eso, la ley del Antiguo Testamento se encuentra más cerca de la Constitución - que establece a grandes rasgo~ y en bosquejo las características de la justicia y libertad en una tierra - que de la forma de los códigos federales.
    Obsérvese que nuestra explicación de que las leyes del Antiguo Testamento son apodícticas o paradigmáticas no es de utilidad para la persona que desea que la obediencia de esas leyes sea fácil. Hemos dícho que estas leyes, aunque limitadas en su forma, son en realidad muy extensas en espíritu. Si alguien tratara de acatar el espíritu de la ley del Antiguo Testamento, de seguro fracasaría al final. Ningún ser' humano puede agradar a Dios constantemente a la luz de normas tan elevadas y amplias (Romanos 8:1-11). Sólo el método farisaico la
obediencia a la letra antes que al espíritu de la ley, puede tener un éxito limitado, pero sólo un éxito mundano; nunca el que es resultado de guardar la Ley como Dios quiere (Mateo 23:23).
    He aquí una. obser~aCión hermenéutica preliminar: La ley nos muestra cuan Imposíble es agradar a Dios por nuestras propias fuerzas. No es una observación nueva, pues Pablo dice la misma cosa en Romanos 3:20. Esto es aplicable a los lectores de la Ley, no solamente como verdad teológica. Cuando leemos la Ley del Antiguo Testamento, debemos ser humildes para comprender cuán indignos somo de pertenecer a Dios. Debemos alabarlo y darle gracias porque nos hizo aceptos en su presencia, sin que tuviéramos que cumplir humanamente la Ley del Antiguo Testamento, pues de lo contrario, no tendríamos ninguna esperanza de complacerlo.

Ley casuística

    La Ley apodítica tiene su contraparte en la ley casuística (caso por caso). Consideremos el siguiente pasaje de Deuteronomio:

    Si. se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te hubiere servido seis años, al séptimo le despedirás libre. Y cuando le despidieres libre, no le enviarás con las manos vacías. Le abastecerás liberalmente de tus ovejas, de tu era y de tu lagar; le darás de aquello en que Jehová te hubiere bendecido. y te acordarás de que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te rescató; por tanto yo te mando esto hoy.
    Si él te dijere: No te dejaré; porque te ama a ti ya tu casa, y porque le va bien contigo; entonces tomarás una lesna, y horadarás su oreja contra la puerta, y será tu siervo para siempre; así también harás a tu criada (Deuteronomio 15:1217).

    Los elementos de una ley como esta son condicionales. Esta ley se aplica solamente en el caso de que (1) un israelita tenga sólo un esclavo, o (2) un israelita que tenga sólo un esclavo que quiera quedarse como esclavo voluntario después de pasar el tiempo de esclavitud obligatorio. Si uno no es israelita o no tiene esclavos, la ley no se le aplica. Si uno es esclavo, la ley, puesto que se dirige al amo, se le aplica sólo indirectamente, porque protege sus derechos, pero no concierne a todos. Es condicional, fundada en una situación puede aplicarse o no a una persona dada en una cierta ocasión.
    Tales leyes casuísticas, o de caso por caso, constituyen una gran porción de los seiscientos y tantos mandatos que encontramos en el Pentateuco. Es interesante saber que ninguna de ellas se renueva explícitamente en el Nuevo Pacto. Como tales leyes se aplican específicamente a la vida ética, religiosa y civil de Israel, están por lo tanto limitadas en su aplicación y es muy improbable que se apliquen al cristiano. Entonces, ¿cuáles principios hermenéuticos puede aprender el cristiano de las leyes casuísticas?
    En Deuteronomio 15:12-17 observamos lo siguiente: Primero, aunque nosotros mismos no tengamos esclavos, vemos que lo determinado por Dios para la esclavitud en el Antiguo Pacto, no era una serie de reglas duras. No podríamos justificar la clase de esclavitud practicada durante la mayor parte de la, historia universal tomando de base tal ley. La libertad de los esclavos después de seis años de servicio ponía una gran limitación a la práctica de la esclavitud, para que no se abusara de ella.
    Segundo, aprendemos que Dios ama a los esclavos. Su amor se manifiesta en las garantías que les dio en su ley, así como en los versículos 14 y 15, que demandan generosidad para los esclavos, como El mismo tiene consideración con Israel, su pueblo, un grupo de esclavos redimidos por El.
    Tercero, aprendemos que la esclavitud se podía practicar de modo tan benigno, que los esclavos podían estar mejor en la esclavitud, que libres. Esto es, el amo, al cumplir con su obligación de proveer alimento, vestido y techo para sus esclavos, en muchos casos los mantenía vivos y bien. Solos, podían morir de hambre, o por exposición a los elementos naturales, si les faltaban los recursos para sobrevivir en las duras condiciones económicas que prevalecían en la antigua Palestina.
    Cuarto, el amo no tenía propiedad real del esclavo en todo sentido. El poseía al esclavo, sujeto a muchas restricciones declaradas o aludidas en muchas otras leyes sobre la esclavitud. Su poder sobre el esclavo no era absoluto, según la ley. Dios era el dueño del amo y del esclavo. El había redimido (comprado) a todos los hebreos, como dice el versículo 15, y tenía derecho de propiedad sobre todos ellos, ya fueran esclavos o libres.
    Estas cuatro observaciones son lecciones valiosas para nosotros. No importa que la ley de Deuteronomio 15:12-17 no sea un mandato directo para nosotros, o acerca de nosotros. Lo que importa es cuánto podemos aprender de esta ley acerca de Dios. Su demanda de justicia, sus ideales para la sociedad israelita y su relación con su pueblo, especialmente con respecto al significado de la "redención". Esta ley, entonces, nos provee: (1) una parte importante del fondo para la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la redención, (2) una imagen más clara de la esclavitud del Antiguo Testamento; muy diferente de la que usualmente tenemos al pensar en la esclavitud, y (3) una perspectiva del amor de Dios, que no podríamos haber tenido de otra manera. Este pasaje legal, en otras palabras, sigue siendo la preciosa Palabra de Dios para nosotros, aunque es obvio que no es un mandato de Dios para nosotros.
    En esta ley, sin embargo, no se puede aprender todo lo relacionado a la esclavitud en el Israel antiguo. Las reglas para los esclavos de origen extranjero tienen un enfoque diferente. En realidad, todas las leyes del Pentateuco sobre la esclavitud, puestas juntas, apenas dan una información superficial. Es obvio que unos pocos centenares de leyes sólo pueden funcionar de modo paradigmático; esto es, como ejemplos de conducta para el pueblo, y no en manera detallada. Si aun los códigos civiles y criminales, con sus millares de estatutos, no pueden dar una guía minuciosa a una sociedad, entonces la Ley del Antiguo Testamento no se puede considerar completa. No obstante, como contiene las clases de normas que Dios estableció para su pueblo del Antiguo Pacto, debe ser una enorme fuente de instrucción para nosotros, que queremos hacer su voluntad.

LA LEY DEL ANTIGUO TESTAMENTO Y OTROS CÓDIGOS LEGALES
DE LA ANTIGÜEDAD

    Los israelitas no fueron el primer pueblo que tuvo leyes. Otros códigos legales de naciones antiguas han sobrevivido, y son de épocas aun anteriores a la entrega de la ley a Israel por medio de Moisés (1440 a.C., o más tarde, según la fecha del éxodo de Egipto). Cuando estas leyes primitivas se comparan con la Ley del Antiguo Testamento, se hace evidente que esta representa un avance definitivo sobre las anteriores. Se puede apreciar más la Ley del Antiguo Testamento si se reconocen las diferencias entre ella y las otras leyes antiguas que superó. No queremos decir con esto que la Ley del  Antiguo Testamento represente la moral o la enseñanza ética más elevada posible. Esto en realidad viene solamente con la enseñanza de Cristo mismo en el Nuevo Testamento. No obstante, la Ley del Antiguo Testamento sí muestra un extraordinario grado de progreso, más allá de las normas establecidas antes de ella.
    Consideremos por ejemplo, los dos conjuntos de leyes siguientes. El primero es el de las leyes de Eshnunna, un código legal de Acad redactado cerca del 1800 a.C.:

    Si un hombre libre no tiene reclamación contra otro hombre, pero captura a la esclava del otro hombre libre, detiene a la capturada en su casa y le causa la muerte, él debe dar dos esclavas al dueño de la esclava como compensación. Si no tiene reclamación contra una persona de la clase alta, pero captura a l~esposa o al hijo y les catisa la muerte, es un crimen capital. El que los capturó debe morir (Eshnunna, leyes 23, 24, traducción del autor; J. B. Pritchard, ed. Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament. 3a. ed.; Princeton: University Press, 1969, p. 162).

    El segundo está tomado del famoso Código Legal de Hammurabi, un rey babilonio que "promulgó la ley de la guerra" en el 1726 a.C.:

    Si un hombre noble libre golpea a la hija de otro noble libre y la hace abortar, él debe pagar diez siclos de plata por el feto de ella. Si esa mujer muere, se debe matar a la hija de él. Si de un golpe violento, hace abortar la hija de un plebeyo, debe pagar cinco siclos de plata. Si esa mujer muere, debe pagar media mina de plata. Si golpea a una esclava que pertenece a un noble y la hace abortar, debe pagar dos siclos de plata. Si esa esclava muere. él debe pagar la tercera parte de una mina de plata (HaI1lmurabi, leyes 209214, traducción del autor:]. B. Prítchard. ed. Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament. 3a. ed.: Princeton: University Press, 1969, p. 115).

    Hay varios asuntos en estas leyes que merecen nuestro estudio, pero queremos llamar la atención a uno en particular: las distinciones de clases que aparecen en ellas. Obsérvese que las leyes solamente imponen multas como castigo por causar la muerte de una esclava o persona común, mientras que la pena por la muerte de un miembro de la nobleza es la muerte. Véase también que los hombres nobles eran prácticamente inmunes al castigo personal, siempre que el daño fuera causado a una mujer. En el segundo grupo de leyes (Hammurabi, leyes 209-214), aun cuando el noble cause la muerte de  la hija de otro noble, él mismo no sufre; en su lugar, se mata a su hija. En el primer conjunto de leyes (Eshnunna, leyes 23, 24), asimismo, la muerte de una esclava simplemente se compensa con el pago de dos esclavas. El asesino queda libre.
    En tales leyes, por tanto, las mujeres y los esclavos son tratados como propiedades. El daño causado a cualquiera de ellos se trata de la misma manera que el daño a un animal o a una posesión material en otras leyes de estos códigos.
    La Ley del Antiguo Testamento representa un gran avance ético con respecto a tales códigos. El sexo o el estado social de la víctima no afecta a la prohibición contra el homicidio: "No matarás" (Exodo 20:13); "el que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá" (Exodo 21:12). En cuanto a la compensación por heridas inferidas a los esclavos, también hubo progreso: "Y si hiciere saltar un diente de su siervo, o un diente de su sierva, por su diente le dejará ir libre" \Bxodo 2.1:2.7). Bn &ene'Ial, los esclavos tenían una posición muy diferente en la Ley del Antiguo Testamento, en comparación con su posición bajo las leyes anteriores. "No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo. Morará contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en alguna de tus ciudades, donde a bien tuviere" (Deuteronomio 23:15, 16). En contraste con las disposiciones de las leyes de Hammurabi, que le permitían a un noble hacer morir a su hija por una muerte que él hubiera causado, la Ley del Antiguo Testamento es explícita en que "los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado" (Deuteronomio 24:16).

LA LEY DEL ANTIGUO TESTAMENTO,
COMO BENEFICIO HECHO A ISRAEL

    La ley no podía dar vida eterna, ni verdadera justificación delante de Dios, pues no había sido dada con ese fin. Cualquiera que tratara de ganar la salvación y ser acepto a Dios exclusivamente a través de la Ley, fracasaría, pues era imposible guardar toda la ley. Por lo menos una vez en la vida, quebrantaría una de las reglas (Romanos 2:17-27; 3:20), yeso, por definición convierte al culpable en quebrantador de toda la Ley (Santiago 2:10).
    Sin embargo, cuando se entienden sus propósitos debidamente, se puede considerar la Ley como algo benéfico para los israelitas; un ejemplo maravilloso de la misericordia y la gracia de Dios con su pueblo. Tenga esto presente cuando se tropiece en su lectura con las clases de leyes de que hemos tratado aquí.

Leyes sobre los alimentos

   
 Ejemplo: "También el cerdo, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por inmundo" (Levítico 11:7).

    Las leyes alimenticias, tales como esta prohibición contra el cerdo, no tienen por parte de Dios el propósito de restringir arbritrariamente el gusto de los israelitas. sino el de protegerlos. La vasta mayoría de los alimentos prohibidos son los que (1) posiblemente sean vehículos de enfermedades en el clima árido del desierto de Sinaí y la tierra de Canaán; o (2) su producción no es económica en esa región; o (3) eran alimentos preferidos para sacrificios religiosos por los grupos cuyas prácticas los israelitas no debían imitar. Además, según las investigaciones médicas que indican que las alergias a los alimentos varían según los grupos étnicos. vemos que las leyes sobre alimentos protegían a Israel a ciertas alergias. El desierto no tenía muchas variedades de pólenes que afectaran el sistema respiratorio de los israelitas, pero sí algunos animales cuya carne irritaba el sistema nervioso. Es interesante anotar que el cordero, la fuente principal de carne en Israel, de todas, e~ la carne menos propensa a causar alergias según los especialistas en el campo de las alergias a los alimentos.

Leyes sobre el derramamiento de sangre


    Ejemplo: "Después llevarás el becerro delante del tabernáculo de reunión, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del becerro. Y matarás el becerro delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y de la sangre del becerro tomarás y pondrás sobre los cuernos del altar con tu dedo, y derramarás toda la demás sangre al pie del altar" (Exodo 29:10-12).

    Leyes como esta dan normas importantes para Israel. El pecado merece castigo, y Dios le reveló a su pueble a través de la Ley, que quien peca contra El no merece vivir. Sin embargo, también dispuso que hubiera medios para que el pecador pudiera escapar la muerte; se podía derramar la sangre de un sustituto. Así pues, Dios aceptó la sangre de un animal en lugar de la muerte del pecador que formaba parte de su pueblo. El sistema sacrificial de la Ley incorporó este procedimiento en la vida de Israel. Era parte necesaria para la supervívencía del pueblo. "Sin derramamiento de sangre no se hace remisión" (Hebreos 9:22). Lo más importante es que las leyes que exigían un sacrificio sustituto sentaron un precedente para la obra sustituta de expiación realizada por Cristo. El principio dado en Hebreos 9:22 es enteramente bíblico. La muerte de Cristo cumple las exigencias de la Ley y es la base de nuestra aceptación por Dios. La Ley del Antiguo Testamento sirve como vívido fondo para ese gran acontecimiento de la historia.

Prohibiciones extrañas


Ejemplo: "No cocerás el cabrito en la leche de su madre" (Deuteronomio 14:21).

    ¿Qué hay de malo en eso?, nos preguntamos; y ¿por qué hay leyes en el Antiguo Testamento como estas: "No harás ayuntar tu ganado con animales de otra especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de hilos" (Levítico
19:19)?
    La respuesta es que éstas y otras prohibicíones impedían que los israelitas tomaran parte en los cultos de fertilidad de los cananeos.' Estos creían en la llamada "magia por simpatía", basada en la idea de que los actos simbólicos influían en los dioses y la naturaleza. Pensaban que si hervían un cabrito en la leche de su madre, de esa manera asegurarían por arte de magia la continua fertilidad del rebaño. La mezcla de especie animales, semillas e hilos, se creía que los "casaba"y producía "fruto", es decir, abundancia agrícola para el futuro. Dios no bendeciría a su pueblo si practicaba esas tonterías. La intención explícita de tales leyes - impedir que los israelitas se pasaran a la religión cananea, que no ofrecía salvación - no las hace arbitrarias. sino de gran importancia y muy benéficas.

Leyes que traen bendiciones a los que las obedecen


    Ejemplo: "Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiera en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren"
(Deuteronomio 14:28, 29).

    Por supuesto, todas las leyes de Israel eran un medio de bendición para el pueblo de Dios (Levítico 26:3-13). Algunas mencionan claramente que quien las obedece recibirá bendición. La ley del diezmo del tercer año, en Deuteronomio 14:28, 29, predica la bendición obtenida por la obediencia. Si el pueblo no cuida de los necesitados -levitas, huérfanos y viudas -, Dios no puede darles prosperidad. El diezmo le pertenece. y El dice cómo debe usarse. Si se viola este mandamiento, se está robando el dinero de Dios. Esta ley dispone beneficios para los necesitados (el sistema de bienestar social del Antiguo Testamento estaba bien establecido), y beneficios para los que benefician a los necesitados. Una ley así no es ni restrictiva, ni punitiva, sino un vehículo de buena práctica, y como tal, es instructiva para nosotros, tanto como para los antiguos israelítas.

RESUMEN

    Presentamos aquí, como resumen de lo dicho antes, una breve lista de guías hermenéuticas que esperamos le sirvan al leer la Ley del Pentateuco. Al tener en cuenta estos principios, evitará las aplicaciones erróneas de la Ley, mientras recibe su instrucción y se aumenta la fe, cuando lea las leyes del Antiguo Testamento.
1. Vea la Ley del Antiguo Testamento es Palabra completamente inspirada de Dios para usted. No vea la Ley del Antiguo Testamento como un mandato directo de Dios a usted.
2. Vea la Ley como el fundamento del Antiguo Pacto, y por tanto, de la historia de Israel.
No la vea como obligatoria para los cristianos en el Nuevo
Pacto, excepto en las partes que han sido renovadas.
3. Busque en ella las elevadas normas, el amor y la justicia de Dios.
No olvide que en ella, la misericordia de Dios es igualada a la severidad de las normas.
4. No vea la Ley del Antiguo Testamento como completa, puesto que no abarca todas las situaciones técnicas posibles.
Vea la Ley corno un paradigma que presenta ejemplos de la conducta que se espera.
5. No espere que los profetas y el Nuevo Testamento citen la Ley
con frecuencia.
Recuerde que la esencia de la Ley (los Diez Mandamientos y las dos leyes principales) se repite en los profetas y aparece renovada en el Nuevo Testamento.
6. Vea la Ley corno un regalo generoso para Israel, que le trae mucha bendición cuando es obedecida.
No vea la Ley del Antiguo Testamento como un conjunto de reglas arbitrarias y molestas que limitaban la libertad del pueblo.