13. EL APOCALIPSIS: IMÁGENES DE JUICIO Y ESPERANZA


    Cuando pasamos al Apocalipsis, después de leer el resto del Nuevo Testamento, tenemos la sensación de entrar a una tierra desconocida. En vez de narraciones y cartas con declaraciones de hechos y mandamientos llanos, se llega a un libro de ángeles, trompetas, terremotos, bestias, dragones y fosos sin fondo.
    Los problemas hermenéuticos son intrínsecos. El libro está en el canon; entonces, para nosotros es Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo. No obstante, cuando llegamos a él para oír esa Palabra, la mayoría de los que vivimos en la Iglesia de hoy casi no entendemos su significado. El autor a veces habla directamente: "Yo, Juan, vuestro hermano y copartícipe vuestro en la tribulación. en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada
Patmos, por causa de la palabra de Dios .y el testimonio de Jesucristo" (1:9). El escribe a siete iglesias conocidas. en ciudades conocidas, con condiciones del siglo primero también reconocibles.
    Al mismo tiempo. sin embargo, hay un simbolismo rico y diverso. parte del cual es manejable (el juicio en forma de terremoto; 6:12-17). y parte es oscuro (los> dos testigos; 11:1-10). La mayoría de los problemas surgen de los símbolos, y de que el libro trata de sucesos futuros, pero al mismo tiempo está 'colocado en un contexto reconocible del siglo primero.
    No pretendemos poder resolver todas las dificultades, ni nos imaginamos que todos nuestros lectores quedarán satisfechos con cuanto digamos. Parece necesario decir desde el principio que nadie debe estudiar el Apocalipsis sin cierto grado de humildad. Ya existen demasiados libros de interpretación del Apocalipsis. Como sucede con los pasajes difíciles de las epístolas, aquí tampoco se puede ser muy dogmático, puesto que hay cinco escuelas principales de interpretación por lo menos, sin contar las variaciones de importancia dentro de cada una de ellas.
    Nos atrevemos a pensar también que tenemos varias ideas buenas sobre lo que Juan quería darnos a entender. Por eso le damos algunas sugerencias hermenéuticas que tienen sentido para nosotros. La exégesis viene primero, y en este caso es especialmente decisiva. Sobre esto se han escrito muchos libros y panfletos populares. En casi todos los casos, estos libros populares no hacen ninguna exégesis. Saltan inmediatamente a la hermenéutica. que usualmente toma la forma de especulaciones fantasiosas que Juan mismo nunca intentó  ni se propuso propagar.

LA NATURALEZA DEL APOCALIPSIS

    Como pasa con la mayoría de los demás géneros bíblicos, la primera clave para la exégesis del Apocalipsis. es examinar el tipo de literatura que es. En este caso. afrontamos un problema diferente pues el Apocalipsis es una combinación singular de tres tipos literarios diferentes: apocalíptico. profético y epistolar. Además, el tipo fundamental, el apocalíptico, es una forma literaria que ya no existe. En los casos anteriores, aun cuando nuestros ejemplos difieren algo de los bíblicos, todavía tenemos una comprensión básica de lo que es una epístola, una narración un salmo o un proverbio. En cambio ahora el tipo es muy diferente y debemos tener
una idea clara de él.

El género apocalíptico

    Este es el género principal en el libro. que sólo uno - aunque muy especial - entre docenas de apocalipsis que fueron bien conocidos de judíos y cristianos entre el 200 a.C, y el 200 d.C, Estos otros apocalipsis, que no son canónicos. eran de una variedad de tipos. pero todos incluso el Apocalipsis. tienen características comunes que son las siguientes:
    1. Las raíces de lo apocalíptico se encuentran en la literatura profética del Antiguo Testamento, especialmente la que se encuentra en Ezequiel, Daniel, Zacarías y partes de Isaías. Como era el caso en la literatura profética, el interés de lo apocalíptico esta en el juicio y la salvación venideros. La literatura apocalíptica nació en la persecución o en tiempos de opresión. Por tanto, su gran preocupación ya no era la actividad de Dios dentro de la historia. Los escritores de los libros apocalípticos esperaban la época en que Dios produciría un fin violento y radical de la historia. que significaría el triunfo del bien y el juicio final del mal.
    2. A diferencia de la mayoría de los libros proféticos. los apocalipsis son obras literarias en principio. Los profetas son fundamentalmente portavoces de Jehová, cuyos oráculos se escribieron después y se recopilaron en un libro. Los apocalipsis son una forma de literatura. Tienen forma y estructura escritas particulares. A Juan por ejemplo. se le dice que escriba "las cosas que has visto" (1:19), mientras que a los profetas se les dijo que hablaran lo que se les había dicho o habían visto.
    3. Generalmente, el material apocalíptico se presenta en forma de visiones y sueños, yen idioma críptico (con significados ocultos) y simbólico. Por eso. la mayoría de los apocalipsis contenían recursos literarios destinados a darle un aspecto misterioso al libro. El más importante era el seudónimo; esto es, se les daba la apariencia de haber sido escritos por personas famosas de la antigüedad [Enoc.. Baruc, etc.) a quienes se les decía que lo "sellaran" para el futuro, siendo éste la época en que se escribía el libro.
    4. Las imágenes apocalípticas son con frecuencia formas de fantasía. más que de realidad. Por contraste, los profetas no apocalípticos y Jesús también usaron regularmente el lenguaje simbólico, pero con imágenes reales; por ejemplo, la sal (Mateo 5:13), buitres y cadáveres (Lucas 17:37), tórtolas (Oseas 7:11), tortas a medio asar (Oseas 7:8), etc. La mayoría de las imágenes apocalípticas son fantásticas. Por ejemplo, una bestia con siete cabezas y diez cuernos (Apocalipsis 13:1), una mujer vestida del sol (Apocalipsis 12:1), langostas con colas de escorpiones y cabezas humanas (Apocalipsis 9:10), etc. La fantasía tal vez no aparezca en las partes (entendemos lo que son bestias, cabezas y cuernos) sino en su extraña combinación.
    5. Como eran literarios, la mayoría de los apocalipsis eran muy estilizados. Tenían la tendencia de dividir el tiempo y los acontecimientos de modo atractivo. También tenían la afición por el uso simbólico de los números. Como consecuencia, las visiones aparecen organizadas y hasta numeradas con cuidado. Con frecuencia, estos conjuntos. considerados como un todo, expresan algo (p. e., juicio); sin sugerir una secuencia regular de las imágenes.
    El Apocalipsis de Juan tiene todas esas características, menos una, y esa diferencia es tan importante, que en cierto sentido lo encierra en su propio mundo. El Apocalipsis no usa un seudónimo. Juan no quiso seguir la fórmula regular en esto. Se hizo conocer de sus lectores, y por las siete cartas (capítulos 2 y 3), les habló a las iglesias conocidas del Asia Menor, contemporáneas suyas y compañeras en el sufrimiento. Además, se le dijo que no sellara "las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca" (22:10).

El Apocalipsis como profecía

    La razón principal para que el Apocalipsis de Juan no use un seudónimo, tal vez tenga que ver con su propio sentido del fin, como si hubiera comenzado ya, pero sin estar todavía completo. El no está esperando el fin, como sus predecesores Judíos. Sabe que ya ha comenzado con la venida de Jesús. Para esta comprensión es definitiva la venida del Espíritu. Los otros escritores de apocalipsis escribieron en nombre de figuras proféticas anteriores, porque ellos vivían en la edad del "Espíritu apagado", esperando la promesa profética del derramamiento del Espíritu en la nueva edad. Vivían en una época en la cual había cesado la profecía. Juan, al contrario, claramente se ve que pertenece a una nueva edad. El estaba "en el Espíritu" cuando se le dijo que escribiera lo que vio (1:10, 11). Llama a su libro "esta profecía" (1:3; 22:18, 19), y dice que el 'testimonio de Jesucristo", por el cual él y la profecía" (19:10). Esto probablemente significa que el mensaje de Jesús, testificado por El y del cual dan testimonio Juan y las iglesias, es la evidencia clara de que el Espíritu profético ya había llegado.
    Por tanto, lo que hace que el Apocalipsis de Juan sea diferente, es ante todo ésta combinación de lo apocalíptico con los elementos proféticos. El libro está puesto en el molde apocalíptico, y tiene la mayoría de sus rasgos literarios. Nace en la persecución y se propone hablar sobre el fin con el triunfo de Cristo y de su Iglesia, y es una obra literaria compuesta con cuidado, usando lenguaje críptico y un precioso simbolismo de fantasía y números.
    Por otro lado, Juan se propone que este apocalipsis sea un mensaje profético para la Iglesia. Su libro no debía sellarse para el futuro. Era un mensaje de Dios para una situación presente. Como se recordará del capítulo 10, la "profecía" no es principalmente la "predicción del futuro", sino la entrega de la Pálabra de Dios en el presente, para indicar usualmente la salvación o el juicio venideros. En el Apocalipsis, aun las siete cartas tienen esta marca. Esta es, pues, la Palabra profética de Dios para unas iglesias de fines del siglo primero que sufren persecución de afuera y cierta desmoralización interna.

El Apocalipsis como epístola

    Finalmente, se debe anotar que esta combinación de lo apocalíptico con los elementos proféticos se ha puesto en forma de carta. Por ejemplo, léanse 1:4-7 y 22:21; se observará que tienen todas las características de una carta. Además, Juan habla a sus lectores con la fórmula de primera persona/segunda persona (yo... vosotros). En su forma acabada, envía el Apocalipsis a las siete iglesias de Asia Menor en forma de carta.
    La importancia de esto es que, como con todas las epístolas, hay en Apocalipsis un aspecto ocasional. Fue causado por lo menos en parte por las necesidades de las iglesias específicas a las cuales se dirige. Entonces, al interpretar, debemos tratar de entender su contexto histórico original.
 

LA NECESIDAD DE LA EXÉGESIS

    Parece extraño que después de doce capítulos de este libro todavía tengamos que mencionar la necesidad de la exégesis. Es precisamente la falta de principios exegéticos sanos lo que ha producido tantas interpretaciones especulativas y malas del Apocalipsis. Queremos entonces repetir, teniendo en cuenta el Apocalipsis, algunos de los principios exegéticas fundamentales que ya hemos delineado en este libro, comenzando con el capítulo 3.
    1. La primera tarea de la exégesis del Apocalipsis es buscar el propósito original del autor, y por ende del Espíritu Santo. Como sucede con las epístolas, el significado principal del Apocalipsis es el que Juan le dio, que a su vez debe haber sido algo que sus lectores entendían. En realidad, la, gran ventaja que ellos nos llevaban es su familiaridad con su propio contexto histórico (que fue lo que hizo que el libro se escribiera) y su mayor conocimiento de las formas y las imágenes apocalípticas.
    2. Como el propósito del Apocalipsis es profético, se debe tener la mente abierta a las posibilidades de que haya significados secundarios, inspirados por el Espíritu Santo, pero que los lectores y el autor no pueden ver completamente. Sin embargo, ese segundo significado se halla más allá de la exégesis, en el campo más amplio de la hermenéutica. Por tanto, la tarea de la exégesis aquí es entender lo que Juan quería que sus lectores originales oyeran y entendieran.
    3. Hay que tener mucho cuidado para no usar demasiado el concepto de la "analogía de la Escritura" en la exégesis del Apocalipsis. Esto significa que la Escritura se interpreta a la luz de
otras Escrituras. Esto es evidente en si, por nuestra posición de que toda la Escritura es la Palabra de Dios y tiene a Dios como su fuente primaria. Sin embargo, no se debe abusar de la interpretación de la Escritura por la Escritura para convertir otros textos bíblicos en las claves hermenéuticas para descubrir los misterios del Apocalipsis.
    Así que una cosa es reconocer el nuevo uso que Juan hace de las imágenes que se encuentran en Daniel o Ezequiel, y otra es ver las analogías con imágenes apocalípticas de otros textos. No se puede suponer, como lo hacen algunas escuelas de interpretación que los lectores de Juan tenían que haber leído Mateo o 1 y 2 Tesalonicenses, y que con la lectura de esos textos, ellos ya conocían las claves para la comprensión de lo que Juan había escrito. Por eso, las claves para la interpretación del Apocalipsis deben hallarse intrínsecas en el texto del Apocalipsis mismo, o de 10 contrario, al alcance de los destinatarios originales, en su propio contexto histórico.
    4. Debido a la naturaleza apocalíptico-profética del libro, hay algunas dificultades más a nivel exegético, especialmente con respecto a las imágenes. He aquí algunas sugerencias al respecto:
    a. Hay que tener en cuanta el rico fondo histórico de las ideas que forman parte de la composición del Apocalipsis. La fuente principal de estas ideas e imágenes es el Antiguo Testamento, pero Juan también ha derivado imágenes de lo apocalíptico y aun de la mitología antigua. Estas imágenes, aunque vengan de varias fuentes, no tienen el mismo significado original de sus fuentes. Han sido fracturadas y transformadas bajo la inspiración, y combinadas en la formación de esta "nueva profecía".
    b. Las imágenes apocalípticas son de varios tipos. En algunos casos las imágenes son constantes. La bestia que sale del mar, por ejemplo, parece ser una imagen normal para un imperio mundial, no para un gobernante. Al contrario, algunas otras imágenes van fluyendo. El "león" de la tribu de Judá resulta ser un "cordero" (Apocalipsis 5:5, 6), el único león que hay en el Apocalipsis. La mujer del capítulo 12 es una clara imagen positiva, pero la mujer del capítulo 17 es mala.
    Asimismo, algunas de las imágenes se refieren con claridad a cosas específicas. Los siete candeleros del 1:12-20 se identifican con las siete iglesias, y el dragón del capítulo 12 es Satanás. Al contrario, muchas de las imágenes son probablemente generales. Por ejemplo, los cuatro jinetes del capítulo 6 tal vez no representen ninguna expresión específica de conquista, guerra, hambre y muerte, sino la expresión de esta caída humana como la fuente del sufrimiento de la Iglesia (6:9-11), que a su vez será la causa del juicio de Dios (6:12-17).
Con esto queremos decir que las imagenes son la parte más difícil de la tarea exegética. Debido a esto, dos puntos más son especialmente importantes.
    c. Cuando Juan mismo interpreta sus imágenes, éstas se deben mantener con firmeza y deben servir como punto de partida para la comprensión de otras. Hay seis imágenes interpretadas: El semejante al Hijo del Hombre (1:13) es Cristo, el único que puede decir:
"Estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos" (1:18). Los candeleros de oro (1:12) son las siete iglesias. Las siete estrellas (1:20) son los siete ángeles, o mensajeros, de las iglesias (desafortunadamente, esto no está claro todavía debido al uso de la palabra ángel, que puede ser en sí otra imagen). El gran dragón (12:9) es Satanás. Las siete cabezas (17:9) son los siete montes sobre los cuales se sienta la mujer (y también siete reyes, lo cual la convierte en imagen fluida). La ramera (17:18) es la gran ciudad, y se ve claro que se refiere a Roma.
    d. Se deben considerar las visiones de modo global y no dar importancia alegórica a todos los detalles. Las visiones son como las parábolas en este aspecto. Toda la visión significa algo; los detalles (1) tienen un efecto dramático (6:12-14) o (2) añaden algo al cuadro. general para que los lectores no se equivoquen en los puntos de referencia (9:7-11). Así que los detalles del sol poniéndose negro como saco de cilicio y las estrellas cayendo como higos tardíos, probablemente no "signifiquen" nada. Sencillamente, harían que la visión total del terremoto fuera más impresionante. Así pues, en 9:711, las langostas con coronas de oro, rostro humano y cabello largo como el de las mujeres, ayudan a llenar el cuadro, de modo que los lectores originales no podrían equivocarse en el significado de la imagen que se presentaba: las hordas bárbaras en las fronteras del Imperio Romano.

    5. Nota final: Los apocalipsis en general, y el Apocalipsis en particular, rara vez tratan de dar un relato cronológico y detallado del futuro. Su mensaje trasciende esos intereses. Lo que Juan quiere hacer resaltar más es que, a pesar de las apariencias actuales, Dios tiene el control de la historia y la Iglesia, aunque la Iglesia experimente sufrimiento y muerte, tendrá victoria en Cristo, quien juzgará a sus enemigos y salvará a su pueblo. Todas las visiones se  deben considerar a la luz de esta verdad.

EL CONTEXTO HISTÓRICO

    Como sucede con la mayoría de los otros géneros, el punto para comenzar la exégesis del Apocalipsis es una reconstrucción provisional de la situación en la cual fue escrito. Para hacerla bien, se necesita hacer aquí lo que se ha sugerido antes: tratar de leer todo el libro de una sentada, para tener una imagen general. No hay que tratar de entenderlo todo, sino leer como por leer, nada más; es decir, dejar que las visiones pasen junto a uno como las olas en la playa, una después de otra, hasta empaparse del libro y su mensaje.
    Al leer de nuevo, tome notas breves mentalmente o por escrito, acerca del autor y sus lectores. Luego vuelva por segunda vez y anote todas las referencias que indican que los lectores de Juan son "copartícipes en la tribulación" (1:9). Estos son los índices históricos principales.
    Por ejemplo, en las siete cartas observe 2:3, 8, 9, 13; 3:10, más la repetición de las palabras "al que venciere". El quinto sello (6:9-11), que sigue a la devastación realizada por los cuatro jinetes, revela a los mártires cristianos, que fueron muertos por causa de la "palabra" y el "testimonio" (exactamente la razón por la cual Juan está en el exilio según 1:9). En 7:14, la gran multitud, que no sufrirá más (7:16), ha "salido de la gran tribulación". Otra vez se relacionan el sufrimiento y la muerte con el "testimonio de Jesucristo" en 12:11 y 17. En los capítulos 13-20, el sufrimiento y la muerte se atribuyen específicamente a la bestia (13:7; 14:9-13; 16:5, 6; 18:20, 24; 19:2).
    Este motivo es la clave para la comprensión del contexto histórico, y explica bien la ocasión y el propósito del libro. Juan mismo estaba en el exilio por su fe. Otros también estaban padeciendo - uno aun había muerto (2:13 - por el "testimonio de Jesucristo". Mientras Juan estaba "en el Espíritu", se dio cuenta de que los sufrimientos presentes eran sólo el comienzo de la tribulación para los que rehusaran "adorar la bestia". Al mismo tiempo, él no estaba completamente seguro de que toda la Iglesia estuviera lista para lo que le sobrevendría. Entonces escribió esta profecía,
    Los temas principales son muy claros: la Iglesia y el Estado están chocando; la victoria inicial parece corresponder al Estado. Entonces él advierte a la Iglesia que le esperan el sufrimiento y la muerte; en realidad, las cosas irán de mal en peor entes de empezar a mejorar (6:9-11). Le preocupa mucho a Juan que ellos no capitulen en tiempos de tribulación (14:11,12; 21:7, 8). Ahora bien, esta palabra profética también es de aliento, pues Dios está en control de todas las cosas. Cristo tiene las llaves de la historia, y tiene las iglesias en sus manos (1:17-20), así que la Iglesia triunfa aun a través de la muerte (12:11). Dios derramará finalmente su ira sobre los que causaron ese sufrimiento y muerte, y traerá eterno descanso a los que permanecieron fieles. En ese contexto, o curso, Roma era el enemigo que sería juzgado.
    Se debe anotar aquí que una de las claves para la interpretación del Apocalipsis es la distinción que hace Juan entre dos palabras importantes: tribulación e ira. La confusión de ellas como si se refirieran a la misma cosa dificulta mucho la interpretación.
    La tribulación (sufrimiento y muerte) es claramente una parte de lo que la Iglesia estaba soportando y todavía le faltaba por soportar. La ira de Dios, al contrario, es su juicio, que será derramado sobre los que han afligido a su pueblo. Está claro en todos los contextos del Apocalipsis que el pueblo de Dios no tendrá que soportar la terrible ira de Dios cuando sea derramada sobre sus enemigos, pero es igualmente claro que sufrirá a manos de sus enemigos. Esta distinción está de acuerdo con el resto del Nuevo Testamento. Véase, por ejemplo, 2 Tesalonicenses 1:3-10, donde Pablo se gloría en las persecuciones y tribulaciones de los tesalonicenses, pero también hace notar que Dios al fin juzgará a los que "os atribulan".
    También se debe anotar que la apertura de los sellos quinto y sexto (6:9-17) hace surgir las dos preguntas principales del libro. En el sello quinto, los mártires claman: "¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra:1" La respuesta es doble: (1) Ellos deben descansar "todavía un poco de tiempo", porque va a haber muchos mártires más: (2) el juicio es aboslutamente seguro, como lo indica el sexto sello.
  En el sel~o sexto, cuando viene el juicio de Dios, los que son Juzgados gritan: "¿Quién podrá sostenerse en pie?" La respuesta se da en el capítulo 7: Aquellos a quienes Dios ha sellado, quienes "han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero".

EL CONTEXTO LITERARIO

    Para entender cualquiera de las visiones del Apocalipsis es especialmente importante no sólo conocer el fondo y el significado de las Imágenes (el contenido), sino también la función de la visión con relación a todo el libro. En este aspecto el Apocalipsis se parece más a las epístolas que a los profetas. Estos son colecciones de oráculos aislados, no siempre con una intención funcional clara entre sí. En las epístolas, como recordará, hay que pensar "en párrafos",. pues cada párrafo es parte integral de todo el argumento. Así también en el Apocalipsis. El libro es un todo creativo y estructurado, y cada visión es una parte intergral de ese todo.
    Como el Apocalipsis es el único libro de su tipo en el Nuevo
Testamento, trataremos de guiar al lector a través de él, en vez de ofrecer uno o dos modelos. Se debe observar, por supuesto, que la estructura básica es clara y no es tema de debate, las diferencias están en la manera de interpretar esa estructura.
    El libro se despliega como un gran drama, en el cual las primeras escenas preparan el escenario y los personajes; y las últimas escenas necesitan de todas las primeras para poder seguir la trama.
    Capítulos 1-3 describen la escena y nos presentan la mayoría de los. "personajes" importantes. Primero, está Juan mismo )1:1-11), quien será el narrador de todo el libro. El fue exiliado por su fe en Cristo, y tenía la visión profética de que la persecución actual era sólo un anuncio de lo que iba a suceder.
    Segundo, Cristo (1:12-20), a quien Juan describe en imágenes magníficas, derivadas en parte de Daniel 10, como el Señor de la historia y de la Iglesia. Dios no ha perdido el control, a pesar de las persecuciones presentes, pues sólo Cristo tiene las llaves de la muerte y el Hades.
    Tercero, la iglesia (2:1-3:22). En cartas a siete iglesias reales, pero también representativas, Juan anima a la Iglesia y le hace advertencias. Aunque la persecución ya está en marcha, se le advierte que seguirá adelante. Hay muchos desórdenes internos que también amenazan el bienestar de la Iglesia. A los que venzan, se les promete la gloria final.
    Los capítulos 4 y 5 también ayudan a concretar el escenario. Con visiones de suspenso, puestas para la adoración y la alabanza, se le dice a la Iglesia que Dios reina con suprema majestad (capítulo 4). A los creyentes que dudan que Dios esté realmente allí, actuando a su
favor, Juan les recuerda que el "león" de Dios es el "cordero" que redimió a la humanidad a través del sufrimiento (capítulo 5).
    Los capítulos 6 y 7 comienzan a desenvolver el drama propiamente dicho. Tres veces a lo largo del libro se presentan visiones en grupos de a siete estructurados con cuidado (capítulos 6 y 7, 8-11, 15 y 16). En cada caso, las primeras cuatro partes van juntas y forman un cuadro; en 6 y 7 Y8-11, las dos partes siguientes también van juntas y presentan dos caras de otra realidad. Estas son interrumpidas entonces con un interludio de dos visiones, antes de que se revele la séptima parte. En los capítulos 15 y 16, las tres partes finales se agrupan sin el interludio. Veamos cómo funciona esto en los capítulos 6 y 7:

1. Caballo blanco: conquista.
2. Caballo bermejo: guerra.
3. Caballo negro: hambre.
4. Caballo amarillo: muerte.
5. Los mártires preguntan: "¿Hasta cuándo?"
6. El terremoto (juicio de Dios): "¿Quién podrá sostenerse en pie?"
a. Los 144.000 sellados.
b. Una gran multitud.
7. La ira de Dios: las siete trompetas de los capítulos 8-11.

    Los capítulos 8-11 revelan el contenido del juicio de Dios. Las primeras cuatro trompetas indican que parte de ese juicio comprenderá grandes desórdenes en la naturaleza; las trompetas quinta y sexta indican que el juicio también vendrá con las hordas bárbaras y una gran guerra. Después del interludio, que expresa la propia exaltación que Dios hace de sus "testigos" aunque murieron, la séptima trompeta hace sonar la conclusión: "Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo" (11:15).
    Así pasamos del sufrimiento de la Iglesia y el juicio de Dios sobre los enemigos de la Iglesia, al triunfo final de Dios. Sin embargo, las visiones no han terminado. En los capítulos 8-11 se nos ha dado una imagen panorámica; los capítulos 12-22 ofrecen detalles del juicio y el triunfo. Lo que ha pasado es semejante a la contemplación de la Capilla Sixtina de Miguel Angel. Al principio, uno queda asombrado a la vista de toda la capilla. Sólo más tarde puede inspeccioner las  partes y ver la magnificencia puesta en cada uno de los detalles.
    El capítulo 12 es la clave teológica del libro. En dos visiones. se nos habla de invento de Satanás por destruir a Cristo. y de su propia derrota. Se nos revela que es un enemigo ya vencido. cuyo fin definitivo todavía no ha llegado. Por eso, hay gozo porque "la salvación ha llegado". pero hay sufrimiento en la Iglesia porque Satanás sabe que su tiempo es limitado y se está vengando en el pueblo de Dios.
    Los capítulos 13 y 14 nos muestran entonces que para la Iglesia del tiempo de Juan, esa venganza estuvo en manos del Imperio Romano y sus emperadores. que exigían lealtad religiosa, pero el imperio con sus emperadores son condenados (15-16). El libro concluye con un "relato de dos ciudades" (capítulos 17-22). La ciudad terrenal (Roma) es condenada por tomar parte en la persecución del pueblo de Dios. Viene después la ciudad de Dios, donde su pueblo de Dios vivirá por toda la eternidad.
    Dentro de esta estructura general. varias visiones presentan dificultades considerables en cuanto al significado de su contenido y su función en el contexto. Para esto se recomienda la consulta de algunos de los mejores comentarios bíblicos (p.e.• Beasley-Murray o Mounce; véase el Apéndice).

LOS PROBLEMAS HERMENÉUTICOS

    Las dificultades hermenéuticas del Apocalipsis son semejantes a las de los libros proféticos, estudiadas en el capítulo 10. Como sucede con todos los demás géneros, la Palabra de Dios para nosotros se ha de encontrar en su Palabra para ellos. En cambio, en contraste con los otros géneros, los profetas y el Apocalipsis a menudo hablan de cosas que todavía no habían sucedido para ellos.
    A menudo, lo que "había de ocurrir" tenía una urgencia temporal, y desde nuestro ventajoso punto de vista histórico. ya ha ocurrido. Iudé si fue a la cautividad, y si fue restaurado, como lo profetizó Jeremías; y el Imperio Romano en realidad sufrió un juicio temporal, en parte por medio de las hordas bárbaras. tal como lo vio Juan.
    Para tales realidades los problemas hermenéuticos no son demasiado grandes. Todavía podemos oír como Palabra de Dios 'las razones de los juicios. Como podemos suponer que Dios siempre juzga a los que "pisotean a los necesitados por un par de sandalias". podemos suponer también que el juicio de Dios será derramado sobre la Unión Soviética, por el asesinato de cristianos. como sucedió con Roma.
    Además. todavía debemos oír como Palabra de Dios que el discipulado va camino de la cruz; que Dios no nos ha prometido una vida libre de sufrimiento y muerte, sino el triunfo a través de ellos.
Como dijo Lutero: "Aunque estén demonios mil pronto a devorarnos, no temeremos porque Dios podrá aún prosperamos." 
    El Apocalipsis es la Palabra de Dios para consuelo y aliento de los cristianos que sufren, ya sea en Rusia, China comunista, Camboya Uganda o cualquier otra parte. Dios tiene el control de todo. El ha visto la aflicción de su Hijo, y quedará satisfecho.
    Este es un mensaje de la Palabra de Dios que debe ser repetido a la Iglesia de todos los tiempos y en todo lugar. Si se pierde el significado de esa Palabra, se malogra también la lectura del Apocalipsis.
    Las dificultades hermenéuticas no están en el oír esta Palabra, el mensaje de advertencia y consuelo que lleva este libro, sino en el otro fenómeno de la profecía. La palabra temporal está, a menudo, demasiado ligada a las realidades escatológicas últimas. Esto es especialmente cierto en el Apocalipsis. La caída de Roma en el capitulo 18 aparece como el primer capitulo de la conclusión, y muchos de los cuadros del juicio "temporal" están entrelazados con palabras o ideas que también implican que el fin último es parte del cuadro. No hay manera de negar esta realidad. ¿Qué hacer entonces? Ya hemos hablado de eso en el capítulo 10. 

Aquí le ofrecemos sencillamente unas pocas sugerencias.


    1. Debemos saber que las imágenes del futuro son sólo eso: imágenes. Estas expresan una realidad, pero no se deben confundir con la realidad misma que presentan, ni sus detalles tienen que "realizarse" de cierto modo determinado. Así, cuando las primeras cuatro trompetas proclaman calamidades sobre la naturaleza como parte del juicio de Dios, no debemos esperar necesariamente un cumplimiento literal de esas imágenes.
    2. Algunos de los cuadros, que tenían el propósito principal de expresar la certeza del juicio de Dios, no significan "prontitud". Cuando Satanás es derrotado con la muerte y resurrección de Cristo y es "echado a tierra" para luchar contra la Iglesia, él sabe que su tiempo es limitado. Vendrá un tiempo en que será atado para siempre, pero nadie sabe cuándo llegará esa hora y ese día.
    3. Los cuadros donde lo "temporal" es ligado a lo escatológico no se deben considerar simultáneos, aunque algunos lectores así los entiendan. La dimensión "escatológica" de los juicios y de la salvación deben alertarnos sobre la posibilidad de que haya un aspecto aún "írrealizado" en algunos de los cuadros. Al contrario, parece que no hay reglas fijas para la extracción o comprensión del elemento futuro. Lo que debemos evitar cuidadosamente, es perder tiempo especulando sobre la manera de acomodar en el Apocalipsis uno de nuestros acontecimientos actuales. El propósito del libro no fue profetizar sobre la existencia de la China Roja, por ejemplo, ni dar detalles literales acerca de la conclusión de la historia.
    Aunque probablemente haya muchas ocasiones en que estos cuadros tienen una segunda dimensión incumplida, no se nos dan claves para localizarla. Acerca de esto, el Nuevo Testamento mismo presenta cierta ambigüedad. La figura del anticristo, por ejemplo, es especialmente difícil. En los escritos de Pablo (2 Tesalonicenses 2:3, 4) es una figura definida; en Apocalipsis 13 y 14 viene en la forma del emperador romano. En ambos casos, su apariencia parece escatológica. En cambio, en 1 Juan se generaliza, al referirse a los llamados gnósticos, que invadían la Iglesia. ¿Cómo, pues, debemos entender esta figura respecto a nuestro futuro?
    En el transcurso de la historia. la Iglesia ha visto una variedad de gobernantes malvados como expresión del anticristo. Hitler es uno; Idi Amín lo fue para una generación en Uganda. En ese sentido, siguen apareciendo muchos anticristos (1 Juan 2:18). Pero, ¿qué decir de la figura mundial que acompañará a los acontecimientos finales? ¿Dice en Apocalipsis 13 y 14 que habrá una? Nuestra propia respuesta es que no es imprescindible que así sea, pero es posible. La ambigüedad de los textos del Nuevo Testamento nos hacen tener cuidado con respecto a la certeza dogmática.
    4. Los cuadros que fueron hechos con intención totalmente escatológica', todavía se consideran como tales. Así son 11:15·19 y 19:1-22:21, y los afirmamos como la Palabra de Dios que todavía está por cumplirse.
    Así como las primeras palabras de la Escritura hablan de Dios y la creación, las palabras últimas hablan de Dios y la consumación. Si hay ambigüedad en cuanto a la manera como se realizarán todos los detalles, no la hay con respecto a la certeza de que Dios lo hará cumplir todo, a su tiempo y a su modo. Tal certeza nos sirve, como a los antiguos, de advertencia y aliento.
    Hasta que El venga, vivimos el futuro en lo ya cumplido, y lo hacemos así al oír y obedecer la Palabra. Sin embargo, vendrá el día cuando ya no se necesitarán libros como éste, pues, "no enseñará más ninguno a su prójimo... porque todos me conocerán" [Jeremías 31:34). Con Juan, el Espíritu y la novia, decimos: "Amén; sí, ven, Señor Jesús."