LAS EPÍSTOLAS: LAS CUESTIONES HERMENÉUTICAS


    Llegamos a lo que mencionamos antes como cuestiones hermenéuticas. ¿Qué significan estos textos para nosotros? Esto es lo crucial de todo. y en comparación con esta tarea. la exégesis es relativamente fácil. Por lo menos, en la exégesis, aun cuando haya desacuerdos en puntos en particular, la mayoría de las personas se ponen de acuerdo en cuanto a los parámetros de significado; hay limítacíones en las posibilidades, establecidas por los contextos histórico y literario. Pablo, por ejemplo, no pudo haber querido hablar de algo que él, y sus lectores no hubieran conocido nunca; su significado por lo menos tuvo que haber sido posible el primer siglo.
    Sin embargo, no parece existir tal consenso de parámetros para la hermenéutica (el aprendizaje que permite oír el significado en los contextos modernos). Toda la gente hace hermenéutica, aunque no sepa nada de la exégesis. No hay que admirarse, pues, que haya tantas diferencias entre los cristianos; Io asombroso es que no haya más diferencias de las que en realidad existen. La razón para esto es que hay en realidad un campo común de hermenéutica entre nosotros, aunque no siempre lo hayamos expresado.
   Lo que queremos hacer en este capítulo es ante todo delinear la hermenéutica común de la mayoría de los creyentes, mostrar sus puntos fuertes y débiles. y luego comentar y ofrecer guías para varias partes donde esta hermenéutica común parece inadecuada. Lo más importante entre 105 cristianos que aceptan la Escritura como Palabra de Dios tiene que ver con los problemas de la relatividad cultural; lo que es cultural y por lo tanto pertenece al siglo primero solamente. y lo que trasciende la cultura y es entonces Palabra para todos los tiempos. Ese problema, por tanto, recibirá mucha atención.

NUESTRA HERMENÉUTICA COMÚN

    Aunque usted sea una de las personas que dicen: "¿Herme . ..qué?" cuando oyen por primera vez la palabra hermenéutica. usted practica la hermenéutica, en realidad, todo el tiempo. ¿Qué es lo que todos nosotros hacemos cuando leemos las epístolas? Muy  sencillo, le ponemos al texto nuestro sentido común iluminado y aplicamos lo que podemos a nuestra situación. Lo que no parece tener aplicación, se deja simplemente en el siglo primero.
   Ninguno de nosotros, por ejemplo, se ha.sentido llamado alguna vez por el Espíritu Santo a hacer una peregrinación a Troas para llevar la capa de Pablo de la casa de Carpo a su prisión en Roma (2 Timoteo 4:13), aunque el pasaje es en realidad un mandato a hacer eso. En cambio, en la misma carta la mayoría de los cristianos creen que Dios les dice que en tiempos de conflicto deben sufrir "penalidades como buen soldado de Jesucristo" (2:3). Ninguno de nosotros pondría nunca en duda lo que se ha hecho con cualquiera de estos pasajes, aunque muchos de nosotros tenemos momentos de lucha para obedecer de buena gana lo que dice la última cita.
    Hacemos hincapié aquí en que la mayoría de los asuntos de las epístolas se acomodan muy bien a esta hermenéutica de sentido común. En la mayoría de los textos. la cuestión no es si uno debe o no hacer algo; es más "para tener memoria de estas cosas" (2 Pedro 1:15).
    Nuestros problemas - y diferencias - son engendrados por los textos que están entre los dos extremos anteriores, en los cuales algunos pensamos que se debe obedecer exactamente lo que se dice y otros no están tan seguros de ello. Nuestras dificultades hermenéuticas aquí son varias, pero todas están relacionadas con una cosa: nuestra falta de uniformidad. Esta es la gran debilidad de nuestra hermenéutica común. Sin proponérnoslo, ponemos nuestra herencia teológica, nuestras tradiciones eclesiásticas. nuestras normas culturales o nuestras preocupaciones existenciales en las epístolas, al leerlas. La consecuencia de esto es que seleccionamos de muchas formas, e incluso "evadimos" ciertos textos.
    Vale notar, por ejemplo, que todos los evangélicos estarían de , acuerdo con nuestra posición común en 2 Timoteo 2:2 y 4:13. Sin embargo, el ambiente cultural de la mayoría de los mismos cristianos, los hace encontrar argumentos contra la obediencia a 1 Timoteo 5:23: "Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades." Eso se refería sólo a Timoteo, no a nosotros, se nos dice, porque entonces era malsano tomar agua. O también se discute que vino significaba en realidad "jugo de uva", aunque uno se pregunta cómo sería eso posible cuando no existían los sistemas de refrigeración y conservación modernos. Ahora bien, ¿cómo están estas palabras limitadas a Timoteo, mientras que la exhortación a persistir en la Palabra (2 Timoteo 3:14-16), que también es un imperativo dirigido a Timoteo, se convierte en un mandamiento para la gente de todas las épocas? Bien pudiéramos pasar por alto 1 Timoteo 5:23 por falta de
aplicación personal actual, pero ¿con cuál base hermenéutica?
    Consideremos ahora el problema que se presentó con los jóvenes cristianos de fines de la década de los sesenta y de principios de los setenta. El cabello largo en los muchachos ya se había convertido en el símbolo de una nueva era en los sesentas. El uso de tal símbolo hippie entre los cristianos era considerado como una abierta rebeldía contra Dios mismo, a la luz de 1 Corintios 11:14: "La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?" Sin embargo, la mayoría de los que citaban ese texto contra la cultura de los jóvenes, dejaban que las señoritas se cortaran el cabello corto (a pesar del versículo 15), no insistían en que las mujeres se cubrieran la cabeza durante los cultos de adoración, y nunca consideraron que la "naturaleza" se realizaba por un medio que no es natural: el corte del pelo.
    Estos dos ejemplos sencillamente ilustran el modo como la cultura dicta lo que es sentido común para cualquiera de nosotros. Hay otras cosas que también dictan el sentido común: las tradiciones eclesiásticas, por ejemplo. ¿Por qué en muchas iglesias evangélicas se les prohíbe a las mujeres que hablen en la iglesia tomando como base 1 Corintios 14:34. 35, pero en las mismas iglesias se dice que todo lo demás del capítulo 14 no pertenece al siglo veinte? ¿Cómo es que los versículos 34 y 35 pertenecen a todas las épocas y culturas, mientras que los versículos 1-5. ó 26-33. 39 y 40, que dan las reglas para profetizar y hablar en lenguas, pertenecen solamente al siglo primero?
    Obsérvese además la facilidad que tienen los cristianos del siglo veinte para acomodar a sus propias tradiciones de orden eclesiástico los textos de 1 Timoteo y Tito. Sin embargo. muy pocas iglesias tienen el liderazgo múltiple que parece claro allí (1 Timoteo 5:17; Tito 1:5; Timoteo no era el pastor; era un delegado temporal de Pablo para poner las cosas en orden y corregir abusos). Todavía son menos las iglesias que tratan a las viudas según las instrucciones de 1 Timoteo 5:3-15.
    ¿Ha notado usted además cómo nuestros compromisos teológicos anteriores nos hacen leer esos compromisos en algunos textos mientras pasamos otros por alto? Es una verdadera sorpresa para algunos cristianos cuando se dan cuenta que otros cristianos encuentran apoyo para el bautismo de infantes en textos tales como 1 Corintios 1:16,7:14 ó Colosenses 2:11.12, o que otros encuentran evidencias de una segunda venida en dos etapas en 2 Tesalonicenses 2:1, o que aun otros encuentran evidencias para la santificación como segunda obra de gracia en Tito 3:5. Para muchos de la tradición arminiana, quienes ponen énfasis en la responsabilidad y libre albedrío del creyente. textos como Romanos 8:30,9:18-24. Gálatas 1:15 y Efesios 1:4, 5 som embarazosos. Asimismo, muchos calvinistas tienen su manera de dar un rodeo o pasar por alto cuando llegan a 1 Corintios 10:1-13, 2 Pedro 2:20-22 y Hebreos 6:4-6. A decir verdad, nuestra experiencia como maestros es que hay estudiosos de estas tradiciones que rara vez se preguntan lo que estos textos significan; ellos quieren saber "cómo responder" a lo que dicen estos textos.
    Después de los últimos párrafos, probablemente hayamos perdido muchos amigos, pero sólo estamos tratando de ilustrar cuán minucioso es el problema, y cuánto necesitan los cristianos de la comunicación en este asunto tan decisivo. Entonces, ¿cuáles reglas se necesitan para establecer una hermenéutica más uniforme para las epístolas?

LA REGLA FUNDAMENTAL

    Recordará usted que en el capítulo 1 pusimos como regla fundamental la premisa de que un texto no puede significar 10 que nunca pudo haber significado para su autor o sus lectores. Por eso la exégesis siempre debe venir primero. Es especialmente importante que repitamos esta premisa aquí, pues esto por lo menos establece algunos parámetros en cuanto al significado. Esta regla: no siempre ayuda a encontrar lo que significa un texto, pero sí ayuda a poner límites en cuanto a lo que no puede significar.
    Por ejemplo, la justificación más frecuente para hacer caso omiso de los mandatos acerca de la búsqueda de los dones espirituales en 1 Corintios 14 es una interpretación particular de 1 Corintios 13:10, que declara que "cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará". Se nos dice que lo perfecto ha llegado en la forma del Nuevo Testamento, y por eso lo imperfecto (profecía.y lenguas) ha dejado de funcionar en la iglesia. No obstante, esto es algo que el texto no puede significar, porque la buena exégesis lo desaprueba por completo. No es posible que Pablo haya querido decir eso. Sus lectores no sabían que iba a haber un Nuevo Testamento, y el Espíritu Santo no le hubiera permitido a Pablo que escribiera algo totalmente incomprensible para ellos.

LA SEGUNDA REGLA

    La segunda regla fundamental es en realidad un modo dé expresión diferente de nuestra hermenéutica común. Dice así: Siempre que compartirnos particularidades comparables (es decir, situaciones específicas y similares en la vida) con la cultura del siglo primero, la Palabra de Dios para nosotros es la misma que la Palabra para ellos. Es esta regla la que hace que los textos de teología y los imperativos éticos dirigidos a la comunidad por las epístolas les den a los cristianos del siglo veinte un sentido de continuidad con el siglo primero. Todavía es verdad que "todos pecaron" y que "por gracia sois salvos por medio de la fe". La necesidad de vestirse de "compasión, bondad, humildad. mansedumbre y paciencia" (Colosenses 3:12) todavía es Palabra de Dios para los creyentes.
    Los dos textos más extensos que tratamos en el capítulo anterior parecen ser de este tipo. Después de hacer exégesis y descubrir la Palabra de Dios para ellos, inmediatamente nos hemos puesto bajo la misma Palabra. Todavía tenemos iglesias locales con líderes que necesitan oír la Palabra y ver cómo edifican la iglesia. Parece que la iglesia. con demasiada frecuencia, ha sido edificada con madera, heno y hojarasca. en vez de con oro. plata y piedras preciosas, y tal obra al probarla con fuego ha sido hallada insuficiente. Sostenemos que 1 Corintios 3:16, 17 es todavía el mensaje de Dios para nosotros acerca de nuestras responsabilidades con la iglesia local. Esta debe ser un lugar donde se sepa que habita el Espíritu de Dios, y que, por lo tanto, se yergue como una alternativa contra el pecado y la alienación de la sociedad mundana.
    Debemos tener cuidado de hacer bien la exégesis, para que tengamos confianza en que nuestras situaciones y particularidades son en verdad comparables con las de ellos. Por eso es tan importante la cuidadosa reconstrucción de su problema. Por ejemplo, es significativo para nuestra hermenéutica que notemos que el litigio de 1 Corintios 6:1-11 fue entre dos hermanos cristianos y delante de un juez pagano en el mercado al aire libre de Corinto. Sostenemos que el propósito del texto no cambia si el juez es cristiano, ni cambia si el juicio ocurre en un tribunal. Lo malo es que dos hermanos busquen la protección legal fuera de la iglesia, como
se aclara perfectamente en los versículos 6·11. Al contrario. con todo derecho se podría preguntar si esto todavía se aplica a un cristiano que demanda a una corporación moderna, pues en este caso no todas las particularidades son las mismas, aunque la decisión de uno debe tener en cuenta la solicitud de Pablo por la ética de Jesús, que no busca el desagravio (v. 7).
    Todo lo que se ha dicho hasta ahora parece bastante fácil. pero la cuestión de si un texto como 1 Corintios 6:1-11 puede aplicarse más allá de sus particularidades específicas. es sólo una vez de las varias preguntas que necesitan una respuesta. El resto de este capítulo trata
cuatro de tales problemas.

EL PROBLEMA DE LA APLICACIÓN POR EXTENSIÓN

    El primer problema es el ya mencionado. Cuando existen particularidades y contextos comparables en la Iglesia moderna, ¿es legítimo extender la aplicación del texto a otros contextos, o hacer que un texto se aplique a un contexto completamente diferente al fondo cultural del siglo .primero?
    Por ejemplo, se puede alegar que, aunque 1 Corintios 3:16, 17 se dirige a la iglesia local, también presenta el principio de lo que Dios ha separado para sí mediante la inhabitación de su Espíritu, es sagrado, y quien lo destruya caerá bajo el terrible juicio de Dios. ¿No puede aplicarse ahora este principio al cristiano como individuo, para enseñar que Dios juzgará a la persona que abuse de su cuerpo? De modo similar, 1 Corintios 3:10-15 se dirige a los que tienen la responsabilidad de edificar en la Iglesia, y advierte que los que edifiquen mal sufrirán pérdida. Como el texto habla de juicio y de salvación "como por fuego", ¿es legitimo usar este texto para hablar de la seguridad del creyente?
     Si se considera que estas son aplicaciones legitimas, entonces tenemos buena razón para preocuparnos, pues en esas aplicaciones está inherente la eliminación completa de la exégesis. Después de todo, la aplicación de 1 Corintios 3:16·, 17 al creyente es precisamente lo que muchos han hecho erróneamente en la Iglesia durante siglos. ¿Para qué la exégesis, entonces? ¿Por qué no empezar con el presente y heredar siglos de error?
    Por tanto, afirmaremos que cuando hay situaciones y particularidades comparables, la Palabra de Dios para nosotros en tales textos siempre debe limitarse a su propósito original. Además, debe tenerse en cuenta que la aplicación por extensión se considera legitima si es
verdadera; esto es, si está claramente expresa en otros pasajes que tienen el mismo propósito. Si tal fuera el caso, entonces cabría preguntarse si lo que se aprende por aplicación, solamente por extensión puede ser verdaderamente Palabra de Díos•.
    Un texto como 2 Corintios 6:14, "no os unáis en yugo~esigual con los infieles", presenta un caso más difícil. Por tradición, se ha interpretado que este texto prohíbe el matrimonio entre un cristiano y una persona que no lo es. Sin embargo, la metáfora del yugo rara vez se usa en la antigüedad para referirse al matrimonio, y no hay nada en el contexto que permita el enfoque del concepto matrimonial aquí.
    Nuestro problema es que no podemos tener certeza de lo que el texto original prohíbe. Es muy posible que tenga que ver con la idolatría, como prohibición de la asistencia a las fiestas idolátricas (compárese con 1 Corintios 10:14-22). Por lo tanto, ¿no podemos "extender" el principio de este texto, pues que no estamos seguros de su significado original? Tal vez sí, pero solamente porque es en realidad un principio bíblico que se puede probar aparte de este
texto.

EL PROBLEMA DE LAS PARTICULARIDADES NO COMPARABLES

    El problema aquí tiene que ver con dos clases de textos en las epístolas: lo~ que se refieren a asuntos del siglo primero, que en su mayoría no tienen su contrapartida en el siglo veinte, y los que tratan de problemas que podrían ocurrir también en el siglo veinte, pero cuyas posíbílídades de que sea así son mínimas. ¿Qué hace uno con tales textos, y qué mensaje tienen para:nosotros? ¿Existe tal mensaje? Un ejemplo de la primera clase de textos se encuentra en 1 Corintios 8-10, donde Pablo trata tres clases de asuntos: (1) los cristianos que discuten a favor del privilegio de seguir acompañando a sus vecinos paganos a las fiestas en los templos dedicados a los ídolos (véase 9:1-23) y (3) la comida sacrificada a los ídolos y vendida en el mercado (10:23-11:1).
    Una buena exégesis de estos pasajes indica que Pablo da la siguiente solución a esos problemas: (1) Se les prohíbe a los cristianos que participen en las fiestas de los ídolos debido al principio de qU? esto puede servir de tropiezo (8:7-i3), porque comer de lo sacrifícado a los ídolos es incompatible con la vida en Cristo que se experimenta en su mesa (10:16, 17) y porque 'eso significa participar de lo demoníaco (10:19-22). (2) Pablo defiende su derecho al sostenimiento material como apóstol, aunque haya renunciado a él; también defiende sus acciones (9:19-23) en asuntos indíferentes. (3) Se puede comprar y comer la comida sacrificada a los ídolos y vendida en el mercado; y también se puede comer con
libertad la casa de otra persona. En este caso, también se puede rechazar SI acaso crea un problema de conciencia para otra persona. Uno puede comer cualquier cosa para la gloria de Dios; pero no se debe hacer nada que ofenda deliberadamente.
    Nuestro problema es que esta clase de idolatría sencillamente no existe en la cultura occidental, de modo que los problemas (1) y (3) son desconocidos. Además, ya no tenemos apóstoles como Pablo que hayan tenido un encuentro físico con el Señor resucitado (9:1;
compárese con 15:8) y que hayan fundado nuevas iglesias y tengan autoridad sobre ellas (9:1, 2; compárese con 2 Corintios 10:16).
    La segunda clase de textos la ilustra el caso de incesto de 1 Corintios 5:1-11, o la gente que se embriagaba en una comida en conjunción. con la Cena del Señor (1 Corintios 11:17-22), o la gente que quería Imponer la circuncisión a cristianos incircuncisos (Gálatas 5:2). Estas cosas podrían ocurrir, pero son muy improbables en nuestra cultura.

¿Estos antiguos problemas y sus soluciones tienen un mensaje para los cristianos de este siglo? Sugerimos que la hermenéutica apropiada en este caso debe tener dos etapas. Primera, debemos hace la exégesis con esmero para que oigamos lo que fue en realidad la Palabra de Dios para ellos. En la mayoría de tales casos se ha expresado un principio claro. que usualmente trasciende la particularidad histórica a la que se aplicaba.
    Segunda, y es el punto más importante. el "principio" no pierde su temporalidad ahora para que se aplique caprichosamente a cualquier clase de situaciones. Sostenemos que se debe aplicar solamente a situaciones verdaderamente comparables.
     Para ilustrar estos dos puntos: Primero. Pablo prohíbe la participación en las comidas de los templos paganos, fundamentándose en el principio de que puede servir de tropiezo. Ahora bien, nótese que esto no se refiere a algo que meramente ofende o escandaliza a otro creyente. El principio del tropiezo se refiere a algo que un creyente cree que puede hacer con buena conciencia, y que, por su acción o persuasión, induce a otro creyente a hacerlo. cuando este no puede hacerlo con una buena conciencia. Después de todo, el hermano o la hermana es "destruido" al emular las acciones de otro; no solamente escandalizado. El principio parece aplicarse, por tanto. solamente a las situaciones verdaderamente comparables.
    Segundo, Pablo finalmente prohíbe de forma absoluta la participación en las comidas del templo de los ídolos. porque eso significa participar en lo demoníaco. Los cristianos a menudo han estado confusos en cuanto a lo que constituye la actividad demoníaca. Sin embargo. esta parece ser una prohibición normativa para los cristianos contra todas las formas de espiritismo, brujería. astrología, etc.
    Otra vez. no tenemos apóstoles ahora. y no es punto doctrinal para la mayoría de los protestantes que sus ministros sean sucesores de los apóstoles. No obstante. el principio "los que anuncian el evangelio. que vivan del evangelio" (1 Corintios 9:14) ciertamente parece aplicable a los ministerios contemporáneos. pues está corroborado en otras partes de la Escritura (p. e. 1 Timoteo 5:17. 18).
    El problema de comer la comida sacrificada a los ídolos (1 Corintios 10:23-11:1) presenta una dimensión especialmente difícil de este problema hermenéutico. Tal comida era un asunto indiferente  tanto para Dios como para Pablo. Pero no lo era así para otros. Lo mismo es cierto de la comida, la bebida y la observancia de días en Romanos 14, y varios asuntos similares de Colosenses 2:16-23.
    El problema nuestro es la distinción entre los asuntos indiferentes y los importantes, y se intensifica porque esas cosas cambian de una cultura a otra. y de un grupo cristiano a otro, como parece que fue en el siglo primero también. En este siglo veinte, la lista de tales asuntos incluye la ropa (el largo de los vestidos, las corbatas. los pantalones en la mujer), los cosméticos. las joyas. la diversión y la recreación (el cine, la televisión, los juegos de cartas. el baile. los baños mixtos). el atletismo, la comida y la bebida. Como los que juzgan la libertad de Pablo en el asunto de la comida sacrificada a los ídolos, los que piensan que la abstinencia de cualquiera de las cosas mencionadas constituye santidad delante de Dios no las consideran como asuntos indiferentes.
    ¿Qué, pues, hace que algo sea indiferente? Sugerimos las siguientes normas:
1. Lo que las epístolas indican específicamente como asunto indiferente, todavía puede considerarse como tal: comida. bebida, días de fiesta. etc.
2. Los asuntos indiferentes no son de inherencia moral, sino cultural, aunque se desprendan de una cultura religioso. Los asuntos que tienden a diferir de cultura a cultura. por lo tanto, aun entre verdaderos creyentes. usualmente se pueden considerar como asuntos indiferentes. Por ejemplo, la manera de vestir varía de una cultura a otra.
3. La lista de pecados en las epístolas (Romanos 1:29. 30; 1 Corintios 5111; 6:9. 10; 2 Timoteo 3:2-4) nunca incluyen los equivalentes del primer siglo de las cosas que mencionamos antes.
Además. tales equivalencias nunca se incluyen en las varias listas de imperativos cristianos (Romanos 12. Efesios 5, Colosenses 3, etc.).
    Sabemos que no todos están de acuerdo con nuestra afirmación. Sin embargo. según Romanos 14. las personas que tengan opiniones contrarias sobre cualquiera de estos asuntos no deben juzgarse, ni despreciarse unas a otras. La persona que se sienta libre, no debe hacer alarde de esa libertad; la persona para quien tales asuntos sean una convicción .personal profunda, no debe condenar a los demás.

EL PROBLEMA DE LA RELATIVIDAD CULTURAL

    Este es el campo donde se encuentran la mayoría de las dificultades actuales ... y también las diferencias. Es el lugar donde se enfoca más claramente el problema de la Palabra eterna de Dios dada en la particularidad histórica. El problema tiene las siguientes etapas: (1) Las epístolas son documentos ocasionales. condicionados por el idioma y la cultura, dirigidos a situaciones específicas del siglo primero. (2) Muchas de las situaciones específicas de las epístolas están tan condicionadas por el fondo histórico del siglo primero. que todos reconocen que tienen poca o ninguna aplicación personal como Palabra para nuestros días, excepto quizá en el sentido más distante de la derivación de algún principio de ellas (p.e., traer el capote Je Pablo de la casa de Carpo en Troas). (3) Otros textos también están enteramente condicionados por el fondo del siglo primero, pero la Palabra para ellos se puede traducir a ambientes nuevos, aunque comparables. (4) Por tanto, ¿no es posible que aun otros textos, aunque parezca que tienen particularidades comparables, también estén condicionados por el fondo cultural del siglo primero, y hay que traducirlos a fondos nuevos, o solamente dejarlos en el primer siglo?
    Casi todos los cristianos, hasta cierto punto, traducen los textos bíblicos a ambientes nuevos. Aunque no se diga así, por esto los evangélicos del siglo veinte dejan la frase "un poco de vino por causa de tu estómago" en el primer siglo, no insisten en que las mujeres se cubran la cabeza ni se dejen el cabello largo hoy en día, y no practican el "ósculo santo". Sin embargo, muchos de los mismos evangélicos se sobresaltan cuando se defiende por la misma razón que la mujer enseñe en la iglesia (en presencia de hombres), y se indignan cuando se defiende la homosexualidad por las mismas razones.
    Con frecuencia ha habido quienes han rechazado la idea de la relatividad cultural del todo, lo cual los ha llevado más o menos a defender la adopción total de la cultura del siglo primero como norma divina. Tal rechazo sólo ha tenido un éxito moderado. Pueden mantener a sus hijas en casa, negarles una educación avanzada, y dejar que el padre disponga su matrímonío.: pero usualmente les permiten aprender a leer y salir en público sin velo. El caso es que es extremadamente difícil mantener uniformidad aquí, precisamente porque no existe una cultura dispuesta por Dios; las culturas son diferentes, no solo entre el siglo primero y el actual, sino también en todos los aspectos diferentes del siglo veinte.
    En vez del rechazo, reconocemos que un cierto grado de relatividad cultural es un proceso hermenéutico válido y es un corolario inevitable del carácter ocasional de las epístolas. También creemos que para que sea válida, la hermenéutica debe funcionar dentro de normas reconocibles.
    Sugerimos las siguientes normas para distinguir entre las cosas que son relativas en la cultura, y las que trascienden su fondo original y son normas para los cristianos de todas las épocas. No defendemos estas normas como "dadas de una vez por todas a los santos", pero reflejan nuestro pensamiento actual, e invitamos al lector a continuar la discusión. (Muchas de las normas han sido preparadas en unión con David M. Scholer, nuestro colega en la enseñanza del Nuevo Testamento.)

    1. Uno debe distinguir primero entre el núcleo del mensaje de la Biblia y lo que sea dependiente o periférico en él. No es para abogar por un canon dentro del canon (es decir, elevar ciertas partes del Nuevo Testamento como normativas para otras partes); es para impedir que se convierta el Evangelio en ley por medio de la cultura o de una costumbre religiosa, por una parte, y por otra, para que el Evangelio no cambie para reflejar toda expresión cultural concebible.
    Así pues, la caída de toda la humanidad, la redención de la caída como la acción misericordiosa de Dios por medio de la muerte de Cristo y su resurrección, la consumación de esa obra redentora por el regreso de Cristo, etc., son parte de ese núcleo. En cambio, el ósculo
santo y la obligación de que las mujeres se cubran la cabeza parecen ser más periféricos.
    2. De modo similar, hay que estar preparado para distinguir entre lo que el Nuevo Testamento mismo considera intrínsecamente moral y lo que no. Las cosas intrínsecamente morales son, por lo tanto, absolutas y permanecen para todas las culturas: las que no son intrínsecamente morales son expresiones culturales y pueden cambiar de una cultura a otra.
    Por ejemplo, las listas de pecados nunca contienen cosas culturales. Algunos de los pecados pueden ser más prevalentes en una cultura que en otra, pero nunca hay situaciones en que se les considere como actitudes o actos cristianos. Así pues, el adulterio, la idolatría, las borracheras, la actividad homosexual, el robo, la avaricia, etc. (l Corintios 6:9, 10) siempre son malos. Esto no quiere decir que los cristianos no hayan sido alguna vez culpables de algunos de esos pecados, pero no son opciones morales viables. Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, dice: "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados... "
    Al contrario, el lavamiento de pies, el beso santo, el acto de comer alimentos sacrificados a los ídolos, la obligación de cubrirse la cabeza las mujeres al orar y profetizar, la preferencia personal de Pablo por el celibato, o la posibilidad de que la mujer enseñe en la iglesia no son asuntos Intrínsecamente relacionados con la moral. Se convierten en tales solamente por su uso o abuso en ciertos contextos, por desobediencia o falta de amor.
    3. Se debe tomar buena nota de las partes donde el Nuevo Testamento tiene un testimonio uniforme y constante, y donde muestra diferencias. Los siguientes son ejemplos de asuntos en los cuales el Nuevo Testamento mantiene un testimonio uniforme: el amor como la respuesta ética fundamental del cristiano, la ética personal del desagravio, la maldad de las contiendas, el odio, el asesinato, el robo, la homosexualidad, la borrachera y la inmoralidad sexual de toda clase.
   Al contrario, el Nuevo Testamento no muestra uniformidad en asuntos tales como los ministerios de las mujeres en la iglesia (véase Romanos 16:1, 2, donde Febe es "diácono" en Cencrea; Romanos 16:7, Iunía - no Iunías, nombre masculino desconocido - es nombrada entre los apóstoles; Romanos 16:3, Priscila es la colaboradora de Pablo, la misma palabra usada para referirse a Apolos en 1 Corintios 3:9; Filipenses 4:2,3 y 1 Corintios 11:5 en comparación con 1 Corintios 14:34, 35 y 1 Timoteo 2 :12. La evaluación política de Roma (véase Romanos 13:1-5 y 1 Pedro 2:13, 14 comparando con Apocalipsis. capítulos 13-18); la retención de la riqueza propia (Lucas 12:33; 18:22 y 1 Timoteo 6:17-19), o el hecho de comer
alimentos sacrificados a los ídolos (1 Corintios 10:23-29) comparando con Hechos 15:29; Apocalipsis 2:14, 20). A propósito; si alguna de estas sugerencias le produjo una reacción emocional. debe preguntarse por qué. .
    La buena exégesis puede hacemos ver una uniformidad mayor de lo que parece ser el caso ahora. Por ejemplo, en el asunto de la comida ofrecida a los ídolos, se puede referir a la palabra griega en Hechos y en Apocalipsis que indica el ir a los templos a comer tales alimentos, y esto seda un buen caso exegético. En este caso la actitud seda acorde con la de Pablo en 1 Corintios 10:14-22. Sin embargo, precisamente porque estos otros asuntos parecen ser más culturales que morales. uno no debe perturbarse por la falta de uniformidad. Asimismo. uno no debe hacer la exégesis solamente como medio para hallar la uniformidad, aun a costas del sentido común o del sentido llano del texto. .
    4. Es importante poder distinguir dentro del Nuevo Testamento mismo entre el principio y la aplicación específica. Es posible que un escritor del Nuevo Testamento apoye una aplicación relativa de un principio absoluto, y al hacerlo no convierta la aplicación en absoluta. Así en 1 Corintios 11:2-16, por ejemplo, Pablo apela al orden divino de la creación (v. 3) y establece el principio de que uno no debe hacer nada para distraer de la gloria de Dios (especialmente
rompiendo puntos convencionales) cuando la comunidad está en adoración (vv. 7, 10). Sin embargo, la aplicación especifica parece ser relativa, pues Pablo en repetidas ocasiones apela a las "costumbres" o la "naturaleza" (vv. 6, 13, 14, 16).
    Esto nos hace pensar Y sugerir que uno puede preguntarse en cuanto a tales aplicaciones especificas: "¿Habría sido esto un problema para nosotros si nunca lo hubiéramos encontrado en los documentos del Nuevo Testamento?" En las culturas occidentales el que la mujer no se cubriera la cabeza (especialmente el cabello) con un velo largo, probablemente no crearía ninguna dificultad. En realidad, si obedeciera literalmente el texto en la mayoría de las
iglesias de Norteamérica, ciertamente abusaría del "espíritu" del texto. Uno podría imaginarse ciertos vestidos - masculinos o femeninos - que por su extrañeza podrían distraer a los fieles en un culto de adoracíón.
    5. También podría ser importante, en cuanto se pueda hacer con cuidado, determinar las opciones culturales abiertas para cualquier escritor del Nuevo Testamento. El punto hasta el cual el escritor está de acuerdo con una situación cultural, en la cual hay sólo una opción, aumenta la posibilidad de la relatividad cultural de tal posición. Así, por ejemplo, la homosexualidad fue afirmada y también condenada por escritores de la antigüedad, pero el Nuevo Testamento toma una posición única contra ella. Al contrario, las actitudes hacia la esclavitud como sistema o hacia el estado y función de las mujeres fueron fundamentalmente singulares; nadie denunciaba la esclavitud como un mal y se consideraba a las mujeres como inferiores a los hombres. Los escritores del Nuevo Testamento tampoco denuncian la esclavitud como un mal; con respecto a las mujeres, van mucho más allá de la actitud que sus contemporáneos tenían hacia ellas. En cada caso, la forma en que reflejan las actitudes culturales prevalentes en estos asuntos, representa la única opción cultural del mundo que los rodeaba.
    6. Uno debe mantenerse alerta a las posibles diferencias culturales entre el siglo primero y el actual, que algunas veces no parecen obvias. Por ejemplo, para decidir sobre la función de las mujeres en la iglesia moderna, hay que tener en cuenta que en el siglo primero había muy pocas oportunidades de educación para las mujeres, mientras que tal educación es la norma esperada en nuestra sociedad. Esto puede afectar nuestra comprensión de textos tales
como 1 Timoteo 2:9-15. Asimismo, la democracia de participación es algo radicalmente diferente del gobierno al cual se refiere Pablo en Romanos 13:1-7. En tal democracia se espera que se cambien las leyes malas y se expulse a los malos gobernantes. Esto tiene que afectar a la aplicación de Romanos 13 en nuestro mundo moderno.
    7. Finalmente, hay que ejercer la caridad cristiana en este punto. Los cristianos debemos reconocer las dificultades, comunicarnos, tratar de definir algunos principios, amar a aquellos con los cuales tenemos diferencias y estar dispuestos a pedir perdón, si ése fuera el caso.
    Antes de concluir esta discusión, veamos la aplicación de estas normas a dos asuntos actuales: el ministerio de las mujeres y la homosexualidad; especialmente, puesto que algunos de los que abogan a favor de los ministerios de las mujeres están usando algunos de los mismos argumentos para apoyar la homosexualidad como alternativa cristiana válida.
    La cuestión de la función de las mujeres en la iglesia como maestras o proclamadoras de la Palabra. se enfoca en dos textos: 1 Corintios 14:34. 35 y 1 Timoteo 2:11. 12. En ambos casos. se ordenan el "silencio" y la "sumisión" - aunque en ningún caso la sumisión es al esposo - y en 1 Timoteo 2 no se les permite que enseñen. ni que tengan "autoridad" sobre el hombre. La obediencia completa a este texto en este siglo actual excluirfa no sólo la enseñanza y la 'predicación de la mujer en la iglesia local, sino que también prohibiría que ella escribiera libros sobre temas bíblicos que los hombres pudieran leer, que enseñara la Biblia o temas relacionados (incluso la educación religiosa) en universidades cristianas o institutos bíblicos, con hombres en sus clases. y que enseñara a / hombres en situaciones misioneras. Ahora bien. los que están en contra de que las mujeres enseñen en la iglesia contemporánea, rara vez llevan esta interpretación tan lejos. y casi siempre consideran el asunto sobre el vestido. del versículo anterior 1 Timoteo 2:9) como de relatividad cultural.
    La exégesis de las tres epístolas pastorales de Pablo prueba la relatividad cultural de 1 Timoteo 2:11, 12. Ciertas mujeres estaban causando problemas en la iglesia de Efeso (1 Timoteo 5:11-15; 2 Timoteo 3:6-9) y parecen haber contribuido mucho a la entrada de
los maestros falsos allí. Como se encuentran mujeres que enseñan (Hechos 18:26) y profetizan (Hechos 21:8; 1 Corintios 11:5) en otras partes del Nuevo Testamento. es muy posible que 1 Timoteo 2:11,12 hable de un problema local. En todo caso, las normas mencionadas apoyan la posibilidad de que la prohibición de 1 Timoteo 2:11. 12 sea de relatividad cultural.
    La cuestión de la homosexualidad, no obstante. es muy diferente. En este caso, las normas están en contra de su relatividad cultural. Toda la Biblia da testimonio constante y uniforme contra la actividad homosexual, por su maldad e inmoralidad.
    En años recientes, algunas personas han sostenido que la homosexualidad
contra la cual habla el Nuevo Testamento es aquella por la cual unas personas abusan de otras. y que la homosexualidad monógama íntima entre adultos que consientan es un asunto diferente. Aducen que no se puede probar con la exégesis la prohibición de tal homosexualidad. También se alega que éstas son opciones culturales que no existían en el siglo primero. Por lo tanto, alegan que algunas de nuestras normas [p.e. 5, 6) se abren a la posibilidad de que las prohibiciones del Nuevo Testamento contra la homosexualidad también sean de relatividad cultural, y dicen además que algunas de las normas son falsas o carecen de importancia. porque no vienen al caso.
     El problema con este argumento, sin embargo. es que no se puede probar ni por exégesis ni por la historia. La homosexualidad de la cual habla Pablo en Romanos 1:24-28 no es del tipo "abusivo"; es la homosexualidad por consentimiento entre hombres. o entre mujeres. Además. la palabra que Pablo usa para homosexual en 1 Corintios 6:9 significa literalmente la homosexualidad genital entre varones. Como toda la Biblia testifica contra la homosexualidad, y la incluye siempre en los contextos morales. y como no se ha probado que las opciones por la homosexualidad difieran hoy en día de las del siglo primero, entonces no hay fundamentos válidos para considerarla como asunto de relatividad cultural.

EL PROBLEMA DE LA TEOLOGíA FUNCIONAL

    Observamos en el capítulo anterior que buena parte de la teología presentada en las epístolas es funcional, o relacionada con el caso que se trata. y por eso no se presenta de modo sistemático. Sin embargo. esto no quiere decir que no se pueda presentar sistemáticamente
la teología expresada en las declaraciones de las epístolas. o derivada de ellas. Al contrario. esta es una de las tareas obligatorias del estudioso de la Biblia. Siempre debe estar formando - o "reformando" - la teología bíblica. apoyado en la buena exégesis. Con mucha frecuencia. reconocemos, la teología de ciertos escritores se encuentra en sus presupuestos y principios implícitos. tanto como en sus declaraciones explícitas.
    Todo lo que queremos hacer aquí es dar algunas precauciones para el estudio de la teología, precauciones que se derivan de. la naturaleza ocasional de las epístolas.
    1. Debido a su carácter ocasional, a veces debemos contentamos con las limitaciones a nuestra comprensión teológica. Por ejemplo para hacerles ver a los corintios lo absurdo de que dos hermanos vayan a un tribunal pagano para un juicio. Pablo declara que algún día los cristianos vamos a juzgar al mundo y a los ángeles (1 Corintios 6:2, 3). pero los textos no dicen nada más al respecto. Entonces podemos afirmar como parte de la escatología cristiana (nuestra comprensión de la consumación final) que los cristianos en realidad juzgarán en el más allá, pero sencillamente no sabemos lo que eso significa, ni los detalles de su realización. Más allá de la afirmación misma, todo lo demás es pura especulación.
    Así también, en 1 Coríntíos 10:16, 17 Pablo alega a partir de la propia participación de los corintios en la Cena del Señor. que ellos no pueden participar de la misma manera en las comidas de los templos paganos. Lo que Pablo dice acerca de esa participación parece sobrepasar la teología de la Cena que se encuentra en la mayoría del protestantismo evangélico. Aquí no es mera recordación, sino la participación real del Señor mismo. A partir de otros textos del Nuevo Testamento, podemos adelantar el argumento de que la participación era por medio del Espíritu y los beneficios venían por la fe. Sin embargo, aun aquí, nos salimos de los textos inmediatos para expresar lo que comprendemos en Pablo de modo teológico, y muchos no estarán de acuerdo con nuestra selección de textos externos. Nuestro argumento es que no se nos dice cuál sea el carácter preciso de esa participación, ni la manera como vienen esos beneficios al creyente. Todos queremos saber, pero nuestro conocimiento es defectuoso, precisamente debido a lo ocasional de las declaraciones. Lo que se diga más allá de lo que los textos mismos revelen, no puede tener la misma importancia bíblica o hermenéutica, que lo que se diga apoyado en una buena y sólida exégesis. Sólo afirmamos que, en la Escritura. Dios nos ha dado todo lo que necesitamos, pero no necesariamente todo lo que queremos.
    2. Uno de los problemas teológicos que confrontamos en las epístolas es que éstas responden preguntas hechas en el siglo primero, mientras nosotros queremos que respondan nuestras preguntas de ahora. Queremos encontrar en ellas respuestas o soluciones a problemas modernos como el aborto, el bautismo de infantes o el matrimonio después del divorcio. A veces, podemos hallar la respuesta en ellas, pero con más frecuencia no encontramos en las
epístolas soluciones a problemas que no se presentaron en su época.
    Sobre la cuestión del divorcio Pablo dice: "No yo, sino el Señor" (1 Corintios 7:10), para significar que Jesús mismo respondió a la pregunta. En cambio, en la cuestión de si un creyente debla divorciarse de su cónyuge pagano, siendo una cuestión de la cultura griega, Jesús no habló sino Pablo: "Yo digo, no el Señor" (v, 12). Como no tenemos ni la autoridad, ni la inspiración de Pablo. la única manera de tratar esas cuestiones es apoyarse en una teología bíblica integral, que incluya nuestra comprensión de la creación, la caída, la redención y la consumación final: Debemos tratar de enfocar el problema dentro de una visión bíblica universal, pero no tratar de probar con textos, cuando estos no son pertinentes.
    Estas son, pues, algunas de nuestras sugerencias hermenéuticas para la lectura e interpretación de las epístolas. Nuestro objetivo inmediato es una mayor precisión y uniformidad; nuestra meta global es el llamado a una mayor obediencia a lo que en realidad  oigamos o entendamos en la Palabra.