Bocaportes del Convento de Santa Rosalía.
Fotografías: Antonio Flores.
El bocaporte es un lienzo que permanece oculto (enrollado) en las hornacinas de los retablos y que se despliega el Jueves Santo, en el momento de la institución de la Eucaristía, para cubrir las imágenes que no están relacionadas con la Pasión de Cristo.
Su función es, por tanto, cubrir las imágenes según las necesidades de la liturgia. Es una tradición que aún se conserva en Semana Santa en el convento de Santa Rosalía.
En los conventos del Pozo Santo y Santa Rosalía, en el día de la Asunción de la Virgen (15 agosto) preparan altares con sus imágenes de la Virgen del Tránsito. Esta iconografía presenta a la Virgen en el momento de la Dormición. Delicadísimos bordados acompañan a la virgen yacente, que es talla de candelero y se presenta dispuesta sobre un lecho con los ojos cerrados.
En las imágenes Pozo Santo, imagen anónima del siglo XVIII y Convento de Santa Rosalía, anónima del siglo XVIII.
Todos los primeros domingos de mes puede visitarse la imagen del Niño Jesús Milagroso al convento del Espíritu Santo, visible desde la iglesia, a través de la reja del coro bajo. Pero el Domingo de Pentecostés y el día 2 de enero, el día del Dulce Nombre de Jesús, las monjas del convento le sacan de la clausura y preparan un altar en el lateral del presbiterio, en el lado de la epístola, en el que exponen la imagen.
Es una talla del siglo XVII a la que se atribuyen numerosos favores. Porta una campanita en su mano derecha, y dicen que cuando suena, es que ha obrado un milagro. Es imagen de vestir, y se asemeja, dicen, al conocido Niño Jesús de Praga.
Otra tradición que mantienen algunos conventos es la de montar grandes altares temporales para la exposición del Santísimo. Esos altares reciben el nombre de Monumentos, y su porte y ornato verdaderamente honran tal denominación.
Además, se cubrían todos los altares que no mostraran imágenes de la Pasión de Cristo.
Hoy día, todavía podemos admirar esos Monumentos de Jueves Santo en los conventos (de mayor o menor tamaño) y comprobar cómo se velan algunas imágenes.
Santa Rita contaba que su marido le prohibía dar de comer a los pobres. Un día que escondió bajo sus ropas un pan para repartirlo, su marido la confrontó y, al quitarle las ropas buscándolo, el pan se convirtió milagrosamente rosas. Ya al final de su vida, profesando en el monasterio, pidió una rosa del jardín en pleno invierno, y sorprendentemente pudieron encontrarle una a pesar del frío. Así las rosas se convirtieron definitivamente en el símbolo de su intercesión por las causas imposibles de esta santa italiana del siglo XIV.
La tradición que aún se conserva es la de la Bendición de las rosas el día de Santa Rita de Casia, el día 22 de mayo. Los fieles portan rosas que se bendicen durante la misa. En el pasado, había quien las dejaban secar para luego comer sus pétalos (o bien se guardaban y se consumían en caso de enfermedad, por ejemplo).
Cada año en su festividad tradicionalmente se monta un bellísimo altar en su honor en el Monasterio de San Leandro.
Los Santos Esposos en el Monte Tabor: Como peregrinos, María y José con sus pobres pertenencias y su humilde burrito, llegan al lugar en el que más tarde Jesús, ya adulto, obrará el misterio de la Transfiguración.
En la ciudad de Naín: sufriendo las inclemencias del tiempo y la dificultad de los caminos, los Santos Esposos buscan infructuosamente posada. Aquí más tarde Jesús resucitará al hijo de la viuda.
En los campos de Samaria: en esta jornada los peregrinos han sufrido además atropellos y el desprecio de otros caminantes. En estos campos se acercará luego Jesús a los diez leprosos que le reclaman pidiendo compasión.
En el pozo de Sequién: aquí María, viendo cercana la fecha de su alumbramiento, lava la ropita y los paños con los que cubrirá a su pequeño.
Camino de Necmás: no habiendo encontrado posada, se retiran a la montaña, donde las encuentran una cabaña. Las ovejas y corderillos allí cobijados se retiran espontáneamente para dejar que la Virgen repose.
Ante los padecimientos, en la sexta jornada se produce el reposo de la Virgen.
La llegada a Jerusalén: se nos prefiguran los sufrimientos y tormentos que padecerá Jesús en esta ciudad, y con él su Madre.
Búsqueda de hospedaje en Belén: José espera encontrar posada entre sus deudos y conocidos en Belén, pero se la niegan. En esta representación se nos invita a reflexionar sobre el gran sufrimiento que les producirá a María y José el ver que el momento se acerca y no encuentran más que un pesebre con animales como cobijo.
Nacimiento de Jesús: por fin el Hijo de Dios nacerá en el más humilde portal, que José adecenta para su esposa, alumbrando un fuego y formando un pesebre con sus pobres ropajes.
Bibliografía:
http://www.hermandaddesantiago.es/hermandad/index.php/hermandad/archivo-de-noticias/681-las-jornaditas-nueve-dias-para-contar-el-viaje-de-la-virgen-y-san-jose-desde-nazaret-a-belen
Retrato de Santa Teresa realizado por Fray Juan de Miseria en 1567
Manuscrito autógrafo de Las Moradas o Castillo Interior, de Santa Teresa.
El primero de ellos que nombraremos es el retrato que de Santa Teresa hizo Fray Juan de la Miseria en 1576. Se considera hoy día el único retrato en vida que se conserva de ella, y por tanto el más fiel. Para ello posó durante varias sesiones, y se refiere a menudo su comentario sorprendido al verse retratada: “Fray Juan, ¡qué fea y legañosa me pintasteis!”. En los muros exteriores del templo, un retrato cerámico reproduce este lienzo, que se hace visible en un requiebro de la calle Santa Teresa.
También conserva la comunidad los relicarios, la campana y el tambor utilizados por Santa Teresa, así como el Niño Jesús, el “Quitito”, traído por su sobrina desde Quito. Teresita de Cepeda fue novicia en el convento sevillano y primera carmelita que se desplazó a América.
Finalmente mencionaremos la que consideramos pieza más valiosa, el manuscrito autógrafo de Las Moradas, de Santa Teresa. El texto, también llamado Castillo interior da comienzo con las siguientes palabras:
“Estando hoy suplicando a Nuestro Señor hablase por mí, porque yo no atinaba a cosa que decir ni como comenzar a cumplir esta obediencia, se me ofreció lo que ahora diré, para comenzar con algún fundamento: que es, considerar nuestra alma como un castillo todo de diamante u muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, ansí como en el cielo hay muchas Moradas.”
A petición de las hermanas carmelitas, escribe este tratado de oración en 1577, que divide en siete etapas distintas, siete moradas, de elevada interpretación mística.
Bibliografía utilizada para entrada de Santa Teresa:
Valdivieso, Enrique (Coord.) (1991): Sevilla Oculta: monasterios y conventos de clausura. Sevilla: Francisco Arenas Peñuelas.
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/las-moradas--0/html/ff0e7ddc-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.html
Fotografías extraídas de Sevilla Oculta: monasterios y conventos de clausura