Al perderse muchos conventos tras las desamortizaciones, también se perdieron muchas denominaciones conventuales en el callejero sevillano. Pero muchas otras han llegado inalteradas, o con leves cambios, hasta nuestros días como veremos en los siguientes ejemplos. La mayoría de los términos que han sobrevivido se refieren directamente al nombre del convento, su titular o su advocación principal, pero también permanecen nombres abreviados y denominaciones populares.
Se encuentran en el callejero términos vinculados a las órdenes religiosas, o las características institucionales de los cenobios. Las denominaciones propias de las edificaciones religiosas forman un gran grupo de calles en el callejero sevillano: “Compás de…”, “Espaldas de…”, “Campanas de…, Dormitorio de…”, “Arquillo de…”. Por ejemplo, un gran número de vías toman por referente un edificio que tiene como característica su vecindad al convento: “Baño de…”, “Horno de…”, etc.
(De la Plaza del Cristo de Burgos hasta Alhóndiga)
Recibe ese nombre desde al menos 1828, quizás desde antes. Antes era denominada Dormitorio de los Descalzos, por encontrarse en el lateral del Convento de Nuestra Señora de Gracia de los Trinitarios Descalzos. Desde 1845, ya se conoce como Dormitorio.
La orden de los Trinitarios Descalzos fue fundada por la llamada Redención del Cautivo. Con la desamortización de Mendizábal, el convento quedó transformado en caserío vecinal.
De su edificio, el resto más sobresaliente es su torre campanario del siglo XVIII. Parece ser que fue diseñada por un lego de origen ruso, y de ello daría cuenta el diseño de forma bulbosa de su chapitel, decorado con profusa cerámica. En él dejó inscritas letras que hoy permanecen como jeroglífico sin solución: M, J, C, T. (Para algunos podría hacer referencia a las puertas de entrada a la ciudad: Macarena, Jerez, Carmona y Triana).
La calle ha sido recientemente repavimentada, hubo debate sobre si utilizar el pavimento tradicional, de las canteras de granito de Gerena, que aporta color e identidad a las calles de la ciudad. Finalmente, se perdió la oportunidad y se utilizó el granito gris proveniente de las canteras de Quintana de la Serena, en Badajoz.
(De Plaza de Cristo de Burgos a Plaza de San Ildefonso)
En el siglo XVII parte de su trazado se conocía como Calle Sopa, ya que ahí distribuían los Trinitarios la “sopa boba” entre los necesitados. Pero a mediados de siglo se la conocerá también como Calle Campanas de los Delcalzos, por la torre de la iglesia que todavía conserva. También se la conoció como Calle Sucia (nombre que también recibían otras calles de Sevilla). Hoy día es calle tranquila y de poco tránsito, con función residencial.
(De Plaza de San Ildefonso a Plaza de San Leandro)
Tuvo la denominación de Calle de las Campanas de San Leandro por dar ahí la fachada principal de este convento. En el siglo XIX, se cambió su rotulación para homenajear al médico de Cámara de Felipe II, Andrés Zamudio,
A pesar de su estrechez, siempre estuvo abierta al tráfico.
(Desde Doña María Coronel hasta la confluencia de Espíritu Santo, Gerona, Santa Angela de la Cruz y San Juan de la Palma).
Recibe su nombre porque ahí se situaba el Convento de Santa María de Dueñas. Pertenecía a la orden del Císter y su fecha de fundación fue probablemente de finales del siglo XIII, aunque tradicionalmente se lo creyó fundado en época fernandina. Fue, por tanto, uno de los conventos más antiguos de la ciudad, y no de fundación real, sino privada. Se atribuye su fundación y la donación de su solar al almirante y caballero veinticuatro Juan Mathe de Luna. Allí ingresarán sus dos hermanas, Leonor y María de Aragón, y les seguirían otras damas de la alta nobleza. Su fin era la oración, pero además sus monjas se encargaban de dar servicio a las reinas e infantas a mediados del siglo XIII. Estaba situado en la collación de San Juan de la Palma, en la acera opuesta al actual Palacio de Dueñas, que recibe el nombre por su vecindad al convento. La comunidad fue exclaustrada en 1868 y ese mismo año el edificio demolido, propiciando una reforma urbana. Ello produjo nuevas alineaciones, ventas y construcción de nuevo caserío.
(Desde Plaza de la Encarnación a la confluencia de Orfila y Cuna).
Desde 1584 se la conocía como calle de la Compañía o Compañía de Jesús, por ser la Casa Profesa de los padres jesuitas. Instalados allí desde 1557, construyen para ella la Iglesia de la Anunciación, que todavía preside el inicio de la vía. Más tarde también se la conoció como Calle de la Universidad, por estar allí su sede desde 1771. Con muchas modificaciones para la adaptación a la docencia, la estructura de la casa profesa se mantuvo mucho tiempo, hasta que en 1970 fue demolida para dar lugar a un edificio de nueva planta.
La Calle de la Compañía estuvo empedrada desde pronto, 1588, y siempre fue lugar de mucho tránsito.
En la cripta de la iglesia de la Anunciación se decidió situar el Pabellón de los Sevillanos Ilustres.
(Desde Puente y Pellón a Cuna)
Tras la instalación de los jesuitas en esta collación, la calle trasera de la Casa Profesa y de la Iglesia, pasó a ser llamada Calle de la Sopa. Allí había una puerta trasera desde la que se daba alimento a los pobres.
Es una calle irregular y larga, con muchos quiebros. En el siglo XIX recibe nueva rotulación, dedicándose a Manuel Goyeneta, vecino nacido en esa calle.
Sigue manteniendo el carácter de vía trasera de poco tránsito.
(De la Plaza de la Encarnación a Goyeneta)
Por estar en la trasera de la Casa de la Compañía de Jesús, recibió el nombre de “Espaldas de la Compañía” o “Chica de la Compañía”.
Es calle muy estrecha y con varios quiebros. Linda con la parte posterior de la iglesia de la Anunciación y de la Facultad de Bellas Artes. Por estar tan oculta y ser tan estrecha, no siempre gozó del mejor ambiente.
Toda la información referida al apartado de “Calles” ha sido extraída de:
VV.AA. (1993): Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla. Sevilla: Consejería de Obras Públicas y Transportes y Ayuntamiento de Sevilla.
Pérez Cano, María Teresa (1995): Patrimonio y Ciudad. El Sistema de los Conventos de Clausura. Sevilla: Fundación Focus y Universidad de Sevilla.