El corazón no es estático, sino que está en constante movimiento. Mi corazón es parte esencial del núcleo ontológico que me constituye como persona, pues, el motor de mis afectos y quereres es orientado bajo esa realidad afectiva tan ricamente diversa, plural y compleja que nombro como corazón. Resulta exclusivamente conveniente citar a San Agustín para aclarar el punto que intento aclarar: «El peso mío es mi amor; por el peso de mi amor soy llevado adondequiera que voy». Ante eso que llama a mi corazón y que posteriormente decide amarlo, coloquialmente se ha llamado <<amor de mis amores>>. Mi corazón mueve a toda mi persona hacia esa instancia total, el cual sin comprenderlo del todo, mi amor decide designarlo como el amor más especial e intenso. Profundicemos en el concepto de <<amor de mis amores>>:
El amor de mis amores, el cual llamaremos ahora como extasía, es un sujeto y hecho personal metafísico, sin cara fija que adopta distintas formas (tal persona, tal biografía, tal cuerpo, tal misterio) bajo un modo particular de arquitectura o estructuración afectiva, que media entre las formas concretas. La arquitectura afectiva es la proyección y construcción de valores «emocionales» (pilares emocionales), «relacionales» (redes de apoyo), «sexuales» (vida sexual ordenada y ética) y «aspiracionales» (valores personales y convicciones) para satisfacer las necesidades afectivas del ser humano. Educar en la afectividad implica lograr que el corazón experimente las emociones adecuadas y las conecte con valores (emocionales, relacionales, sexuales y aspiracionales), construyendo así una arquitectura afectiva ética. A medida que vamos creciendo nuestras necesidades afectivas evolucionan y para cubrir las nuevas necesidades es menester edificar una arquitectura afectiva adecuada. Asimismo, la forma que adquiera la extasía dependerá de cómo se encuentre configurada la arquitectura afectiva. Hay temporadas en nuestra vida que nos sentimos más atraídos por un cierto tipo de personalidad y luego en otro momento, maduramos, y nos interesamos por otros tipos de personalidades.
Profundicemos un poco más en la arquitectura afectiva. La persona tiene necesidades afectivas que se organizan en 4 dimensiones: 1) la persona requiere establecer pilares emocionales que le permita reconocer, entender y gestionar sus emociones adecuadamente. El corazón sabe de algún modo como se siente, encauza y regula sus emociones, comprende la afectividad ajena y busca relacionarse con otros corazones. 2) El corazón busca la ayuda, los recursos y el soporte emocional de otras personas; las redes de apoyo fortalecen la resiliencia individual y comunitaria, promoviendo un bienestar emocional y una mayor capacidad para enfrentar desafíos y crisis. 3) La persona es un ente sexualizado, es decir, que goza de una sexualidad. La sexualidad abarca el modo biológico, psicológico, cultural y social en cómo la persona vive y experimenta tanto el sexo como el género. En este sentido, la sexualidad de la persona ha de ser una vida sexual ordenada y ética, esto es, la sexualidad llevada a cabo dentro de un marco de respeto, reciprocidad, responsabilidad y valores éticos. 4) El corazón sabe cómo navegar en la realidad con ayuda de una «brújula» que son los valores personales y convicciones. Los valores que profesamos dictan el modo en cómo el corazón se comportará en el encuentro con otros corazones.
La extasía es una totalidad, una realidad que se autoforma y resulta en una unidad frente a determinada arquitectura afectiva. La extasía es un sujeto que dota de tonalidad o coloración afectiva, esto es, que pinta lo que no se ha pintado. Podemos decir que la extasía es una estructura y ordenación afectiva sobre la subjetividad de la persona real y concreta. La extasía significa ser poseído por la intensidad; así como cuando nuestra pupila se dilata para permitir que entre más luz, la extasía hace que nuestro corazón se dilate para que entre más intensidad del amado. En otras palabras, la extasía se define como un estado de ser poseído por lo más intenso, experimentando una plenitud emocional y espiritual abrumadora. La extasía es la persona que encarna el amor absoluto, el centro de todos los afectos y pasiones.
En un sentido superficial, la autoformación de la extasía puede ejemplificarse con el hecho que «uno no decide de quién enamorarse, simplemente acontece». Sin embargo, la extasía no es reductible a la persona de la cual simple y llanamente uno se enamora, pues a este sujeto se le ama; y el amor es una decisión en cuanto se escoge libremente amar a alguien y todo lo que implica dicha decisión, pero la decisión de amar no forma ni compone a la extasía, sino que este hecho metafísico y personal «posee» a la persona amada y posibilita su ser amado. Uno decide amar a otra persona porque el otro es «poseído» por este hecho personal y metafísico (extasía) que lo transforma justamente en amado. Dicha «posesión» no se sujeta a la voluntad individual. Si el corazón comprende las formas concretas de la extasía, no se está especulando sobre una abstracción acerca de la particularidad del amado; únicamente se está iluminando la inteligibilidad del motor afectivo de la persona.
La extasía es un sujeto total, uno e irrepetible en sí mismo, pero no en relación a nosotros; a saber, este hecho metafísico-personal carece de ser absolutamente definitivo y único. En la vida real y concreta, la extasía adopta distintas formas acordes a la biografía afectiva. El amor deviene puesto que la realidad (real y concreta) deviene, es decir, que cambia y está en constante movimiento. No amamos abstracciones ni ideales, de lo contrario el corazón no adolecería la demolición de la percepción afectiva; sino que nuestro corazón siempre apunta a personas igualmente concretas, palpables, reales, autenticas, presentes aquí y ahora. Ejemplo de la multiformidad de la extasía lo podemos ver en el caso de una madre que no hace de un sólo hijo el <<amor de sus amores>>, sino que es en su relación con todos sus hijos en cómo se expresa la extasía.
Las personas a las cuales amamos, las amamos porque son poseídas por la intensidad en su grado máximo; son los que están pintados con los colores más intensos que opacan la neutralidad y sobriedad del mundo. Ese ser poseído por la intensidad no es alguien designado por la voluntad, es un hecho que acontece de modo misterioso. La extasía es una novedad en la realidad propia de cada persona, una novedad que trae consigo el desvelo de una subjetividad alterna a la nuestra; un pequeño paraíso encapsulado al cual podemos ingresar.