Ha sido provechosa la jornada, aunque he de confesar que todo lo he hecho para poder contaros cómo era la política romana. Sin embargo, no sé si acertaré a dejar con la tinta cuanto el magistrado Graco nos ha ido relatando, en verdad que es difícil asimilar la farragosa explicación de tan singulares formas de gobierno.
En las lujosas termas donde quedamos citados, y entre copa y copa de buen falerno, Graco ha ido desgranando su vida política, y a fe que el mórbido líquido que Baco creó para solaz de los humanos le ha soltado la lengua más de lo que conviene a un magistrado en el retiro, un emérito que sabe, tal vez demasiado, de intrigas. Pero os ahorraré lo escabroso del asunto y pasaré a narraros sólo lo que a vuestra carrera de estudios le es ajustado.
Según Graco, el equilibrio político en la antigua Roma descansaba en la división de poderes entre sus tres pilares institucionales: el poder ejecutivo, que desempeñaban los magistrados; el poder legislativo, en manos de la Asamblea Popular y el Senado, que con gran autoridad administraba la política económica y exterior con un control indirecto sobre los mismos magistrados e, incluso, sobre la asamblea del pueblo.
De lo que más conoce nuestro amigo es de la función de los magistrados, no en vano él mismo pasó por cada una de las magistraturas, lo que ufanamente dio en llamar su cursus honorum (carrera política). "Lástima -decía tras un amargo trago de vino- que en esta época hayamos de conformarnos con ser unos meros funcionarios al dictado del emperador. Pero en los gloriosos años de la República (res publica), hubo de ser hermoso desempeñar dichos cargos, sabiéndose portadores de la voluntad del pueblo".
A este respecto he de añadir que, en tiempos de la República, todos estos puestos eran elegidos entre aquellos que poseían el ius sufragii, o derecho a votar y ser votado. Se elegían en las Asambleas Populares (comitia) y a ellas debían rendir cuentas al final de su mandato que, por otra parte, era efímero (un año). Además todos los cargos eran colegiados, es decir, que se elegía a más de uno para el puesto, de modo que ellos mismos se pudieran vigilar. Aparejado a ello iba el veto en las decisiones de cualquiera de ellos.
Os contaré cómo se celebraba una votación. El día, que debía se fasto, se izaba una bandera roja en el Capitolio y se llamaba a los votantes al son de las trompetas. Le habían precedido veinticuatro días de campaña electoral. Primero, el aspirante se presentaba ante los magistrados para solicitar ser inscritos en las listas de candidatos, candidati, así llamados porque durante la campaña iban vestidos con toga blanca en señal de su honradez. Luego comienza su ambitus, a la caza del voto, seguido de su comparsa y del nomenclator que conoce el nombre de todos y su oficio y se lo apunta en voz baja al candidato, de modo que éste finja conocer a todo el mundo por su nombre. A todo esto sigue la propaganda por las paredes, en las que se escriben frases alusivas al buen hacer del candidato, la compra de votos, etc.
Llegado el día de la bandera y las trompetas, los votantes acudían al campo de Marte y allí, una vez agrupados por centurias, se disponían a ejercer el voto. Primero los ricos que siempre conseguían sacar sus candidatos, pues muchos, no tan acomodados, no podían desplazarse hasta Roma desde lejanos lugares. Un centurio identificaba al votante y lo dejaba pasar a un pequeño estrado donde se encuentra la urna (cista). En tiempos remotos el voto era oral, pero luego pasó a ser escrito, tachando una letra en la papeleta (tabella). La mayoría de las veces cuando las centurias de los ricos alcanzaban los votos suficientes, los pobres se quedaban sin votar. Y he oído que en otras ocasiones se interrumpió la votación por rotura de la urna como consecuencia de un garrotazo, por peleas entre candidatos o por manipulación de papeletas.
Graco, un poco cargado en vino, nos explica cada una de las magistraturas que ocupó. Ha sido cuestor o encargado de la hacienda pública y los gastos del ejército; edil, dedicado a la administración municipal de Roma: policía, festejos, etc.; pretor, administrando justicia, él fue praetor peregrinus en lo referente a los ciudadanos no romanos y compartía puesto con el praetor urbanus, que administrba justicia entre los ciudadanos romanos y por fin llegó a cónsul, con la máxima autoridad del Estado, tanto política como militar. En tiempos de la República podían convocar y presidir el Senado y la Asamblea Popular. Hoy día, este privilegio le corresponde al emperador.
No desempeñó Graco la censura, que era un cargo especial, elaboraban el censo de los ciudadanos y su clasificación social y vigilaban la moralidad de senadores y magistrados. Éstos eran elegidos cada cinco años. Su posición social como miembro de la nobleza, de haber vivido en tiempos de la República, tampoco le hubiera permitido ser tribuno de la plebe, elegidos exclusivamente por la plebe y con derecho de veto a cualquier decisión del Senado. A ello unían la inviolabilidad que les hacía inatacables.
He de deciros que en tiempos de la República existía una magistratura extraordinaria, la dictadura, que no sobrepasaba en su nombramiento los seis meses. Se nombraba sólo en los momentos críticos para el Estado y junto al dictador se nombraba un jefe de estado mayor, el maestre de caballería, dado que el dictador se justificaba por una emergencia, generalmente de carácter militar.
Mucho menos explícito ha sido Graco al hablar de la Asamblea Popular y del Senado. Su presencia hoy día sólo es testimonial. Ya no se celebran votaciones, los cargos los nombra el emperador. En otros tiempos las Asambleas Populares o comicios se organizaban por curias, los patricios; por tribus, patricios y plebeyos y por centurias, para elegir a los magistrados mayores. Paralelamente existía una Asamblea Plebeya que elegía a sus tribunos.
Y el Senado, ¡ay el Senado!, en otro tiempo núcleo directivo de la sociedad y política romana, que controlaba finanzas, ejército, declaraciones de guerra, etc., ya no es sino un reducto de voces mansas y foco de intrigas palaciegas que hace mal honor a su nombre y que hubiera debido desparecer con los emperadores.
Precediendo a los magistrados cum imperio, iban los lictores, una guardia personal de los mismos, provistos de un hacha y un manojo de varillas atadas a la misma que usaban como medida disuasoria en caso de tumultos o para proteger la vida de los magistrados, si ésta corría peligro.
Son magistrados cum imperio el dictador, el maestre de caballería, los cónsules, pretores y censores.
El imperium es la capacidad para ejercer el mando sobre las tropas y las magistraturas que lo poseen reciben el nombre de mayores.
Esta es la grandeza y la miseria de Roma. En esta estructura se ha basado toda nuestra historia y es de esperar que futuros ciudadanos sepan aprovechar cuanto de bueno ha dado el sabio gobierno del pueblo para la provechosa convivencia de todos.
Pronto dejaré Itálica, cuna de emperadores, y regresaré a la urbe, la Roma de mis amores. No creo que mis años me permitan volver a tan dichoso viaje. Quiero, por tanto, visitar algunos lugares donde nunca posé mis pies y recorrer la costa hispana de la que todos cuentan maravillas de ver. Dejaré mi diario por unos días, pero pronto lo retomaré con impresiones nuevas y dichosas. Vale!
El Senado, la institución romana más antigua, durante lamonarquía constituía el consejo del rey; en laRepública representa la máxima autoridad de Roma y bajo el Imperio confería teóricamente el poder al nuevo emperador, pues éste nombraba a su sucesor (siglos I y II) y en el siglo III aceptará la elección hecha por los soldados.
Se reunía en la Curia Hostilia, edificio éste que se encontraba situado en el Foro.
El baño tenía gran importancia en la vida privada de un romano. Aunque algunas casas tenía baños particulares, la mayoría se dirigía a los baños públicos otermas. Había termas para todos los bolsillos y clases sociales. Incluso los esclavos tenían las suyas.
Dentro del mayor o menor lujo, todas las termas presentaban la misma distribución: elapodyterium o habitación destinada a desnudarse y guardar la ropa en unos huecos excavados en las paredes; elfrigidarium, que era la sala donde se tomaba el baño frío; eltepidarium, sala intermedia con una temperatura ambiental templada; elcaldarium, lugar destinado al baño caliente, que era el más espacioso.
Algunas termas contaban con gimnasio (palaestra), piscinas al aire libre y lugares apropiados para los masajes.