Cansado y agradecido a mis amigos de Itálica, he tomado una vez más el camino en busca de mis últimas etapas en la ruta que me llevará a Roma. Presiento que la carga de mis años no me permitirá volver sobre un viaje como éste. Han sido unos días inolvidables en estas tierras que llaman de "conejos". Tengo que envidiar a estas gentes que pueden disfrutar de un paisaje tan hermoso y para mí que habré de echar de menos tanta hospitalidad y desasosiego hacia mi persona. Son las costumbres de estos lares, aunque, ¡por Mercurio!, que cada vez hay más indígenas romanizados.
El agmen comprendía la vanguardia (primum agmen), el centro (medium agmen) y la retaguardia (novissimum agmen).
La triplex aciesestaba formada por loshastati, en primera fila (los soldados más jóvenes y adiestrados, provistos de lanzas), losprincipes, a continuación (de edad más madura y llamados así por haber ocupado en otra época la primera fila) y los triarii, en tercera fila (los de mayor edad, que sólo intervenían en los momentos más decisivos).
Pero aún me queda más belleza por admirar. Será un viaje tal que el relámpago de Júpiter, pero no quiero dejar de admirar estas tierras bañadas por el caudaloso Baetis que tanto sabe de la historia de estos pagos. Esta primera etapa de mi ruta me lleva desde Itálica a la cercana Hispalis, luego seguiré viaje hacia la elevada Carmo y daré con mis huesos cansados en Astigi, donde habré de pasar la noche para continuar hacia Isturgi.
El pueblo romano tomó por primera vez contacto con la península ibérica en las primeras escaramuzas con los cartagineses. El interés de los romanos por Hispania se limitaba entonces a reservarse una zona de protectorado que sirviera de aislante entre Cartago y el Norte de Italia. Sólo intervinieron en su territorio al romper Aníbal el pacto establecido atacando Sagunto. El comienzo de la conquista de Hispania coincidió con nuestra gloriosa Segunda Guerra Púnica. Tuvo un lugar de privilegio en ella el venerado Escipión que llevaba por sobrenombre "el Africano" y otro Escipión, "el Emiliano", acabaría con el último foco de resistencia celtibérica al conquistar Numancia, de tan resonado y heroico recuerdo.
Las naves de guerra (naves longae), entre las que destacaban las de tres filas de remos (trirremes), tenían en su proa un espolón metálico (rostrum) para hundir la nave adversaria.
No se acabó todo en un parpadeo de Marte. Llevada a cabo la ocupación, se produjo una fase de provincialización incorporando lo conquistado al modo de vida romano con la construcción de las vías, la urbanización y la introducción de nuestra lengua latina, con lo que pudimos salvar a estas rudas gentes de la esclavitud de tan bárbaras lenguas. Por fin, tras doscientos años de fatigoso trabajo, cayeron los últimos pueblos que nos oponían resistencia, se hacían llamar cántabros y astures. Con ello les ofrecimos la oportunidad a los hispanos de tomar conciencia de unidad, palabra que había de ser extraña a su lenguaje.
No fue trabajo fácil. Este proceso de civilización que pusimos en marcha, muestra a las claras nuestra capacidad organizativa y educativa. Se consiguió la unificación lingüística, aunque se incorporaron restos de las antiguas lenguas. A ello contribuyeron, entre las capas altas de la población, la instalación de escuelas y el pueblo llano aprendió el latín de la soldadesca, de los numerosos colonos venidos de tierras itálicas y los funcionarios que Roma envió. Se produjo una paulatina concentración urbana, potenciando antiguos asentamientos y creando colonias romanas. Gran parte del ejército romano pasó a nutrirse de aborígenes hispanos enrolados en tropas auxiliares y que, a la postre, con la convivencia con los soldados romanos, hizo que éstos perdieran su condición de ocupadores. La red de comunicaciones de las calzadas contribuyó a que nuestro modo de vida llegara a los más recónditos lugares. Y a fe que no lo hicimos mal. Yo mismo conozco senadores en Roma que son hispanos y de Itálica salieron Trajano y nuestro emperador Adriano, sin olvidar a Séneca y Marcial.
Es curioso cómo los dioses hacen coincidir los empeños de los humanos. Mientras mi vieja memoria recuerda la historia que nos enorgullece me ha alcanzado cerca de Astigi una centuria romana que se dirige a la Colonia Augusta Gemella Tuccitana.
Cómo he envidiado siempre la vida del soldado, cuántas veces, en sueños, me he visto revestido del brillo de las armas y del vestido militar, pero nunca pude ser fiel soldado, a los hombres sin fortuna no nos es dado el favor de los dioses para defender la patria. ¡Ay!, "...dulce et decorum est pro patria mori...".
Este destacamento de que os hablo, formado por cien hombres a los que manda un centurión, no es ni con mucho lo mejor de nuestro ejército. Existen unidades superiores: el manípulo, integrado por dos centurias; la cohorte, a la que forman tres manípulos reunidos y el orgullo de nuestra institución militar, que tantas glorias diera al pueblo romano, la legión, unidad superior del ejército, constituida por diez cohortes y al frente de la cual se encuentra un legado de noble estirpe. No obstante el mando supremo del ejército lo ostentan los cónsules.
Nuestra caballería se nutrió, en un principio, de los ricos solamente, de ahí les vendría el nombre de orden ecuestre o caballeros, pero luego pasó a ser oficio de las tropas auxiliares.
Aparte de la infantería y la caballería, he de deciros que contamos también con una bien organizada marina, pero nunca tuvo un papel de primera fila, no somos un pueblo muy marinero, nunca de mi grado he subido a tan horroroso artefacto que no sabe estar quieto, pues los mares son procelosos y traidores.
Las riberas del Betis -es tanta su belleza que los dioses han debido habitar estas orillas para su solaz- me hacen olvidar que estas tierras secas por el sol, cuajadas de rancios olivos, fueron en otro tiempo bañadas por la sangre de los soldados que pusieron su empeño en la gloriosa conquista.
Debo recordar también, en vuestro honor, cómo el ejército en marcha (agmen) avanza con gran rapidez y, al entrar en batalla, puede adoptar diversas formaciones según el número de líneas de combate (simplex acies, duplex acies, triplex acies).
Yo no soy muy entendido en la ciencia de Marte, pero la lectura de nuestros historiadores me ha proporcionado toda clase de detalles sobre nuestras máquinas de guerra y los sistemas de asalto a ciudades fortificadas: la vinea, un cobertizo cerrado en ambos extremos, a veces con ruedas, bajo el cual se aproximan los soldados a las murallas, estaba cubierto de cuero crudo para protegerse del fuego; la turris, que sirve para elevar a los sitiadores a la altura de las murallas, es de madera y está formada por placas metálicas y su interior, dividido en pisos de tres metros de altura y escaleras para pasar de uno a otro, sobrepasando en algunos casos los treinta metros de altura; la tortuga (testudo), unidad móvil acorazada, formada por veintisiete soldados en cuatro filas, rodeados por los escudos de los que se encuentran en las partes exteriores, cubriéndose por arriba también con sus escudos; el ariete (aries), llamado así por presentar en su punta una cabeza de carnero (aries) de hierro, es una viga atada con cuerdas a lo largo y a lo ancho y cubierta con cuero o placas metálicas.
Pero, a lo lejos, contemplo ya la población de Astigi, lugar que va a poner fin a este primer trayecto de mi viaje, pues allí he de pernoctar y recobrar fuerzas para mi próxima etapa.
Terminaré, pues, estas reflexiones y os diré que el ejército romano, cuando está en campaña, hace un campamento (castra) cada noche para pernoctar. Tiene éste forma cuadrada o rectangular con dos calles que se cruzan en el centro (via pretoria, de este a oeste, y via principalis, de norte a sur) y que determinan cuatro puertas. Para prevenir ataques repentinos lo fortifican con un foso (fossa) y, con la tierra excavada, levantan un terraplén (agger) sobre el que se planta una empalizada (vallum).
Adiós, amigos. A mi llegada a Isturgi os contaré nuevos y dichosos sucesos.
El nombre latino Hispania (de donde la actual España) es, al parecer, de origen púnico. Alude a la abundancia de conejos que tanto sorprendió a los mismos griegos y romanos. La voz fenicia i-shepham-im, de la que se supone derivaría, pudo significar "costa o isla de los conejos". La 'H' de Hispania es añadido romano. Los romanos debieron usar de tal nombre por influjo de sus vecinos los cartaginenses.
La Colonia Augusta Gemella, la actual Martos (Jaén), fue una de las nueve colonias fundadas en la Bética por el emperador Octavio Augusto al acabar las guerras contra los cántabros. El cognomen de Gemella le viene por estar formada por dos o tres núcleos de población que dieron lugar a las llamadas ciudades dobles o gemelas. Parece ser que el otro centro de población (gemella) estaba enclavado en la actual localidad de Torredonjimeno (Jaén).
En época imperial las tierras de Jaén quedaban repartidas entre tres conventus: el Carthaginensis, con capital en Cartagena, el Cordubensis, con capital en Córdoba y el Astigitanus, con centro en Astigi y al que pertenecía Tucci (Martos), latinización de su antiguo nombre turdetano Tukke.