Hace unos días que regresé a mi deseada Roma, tras el largo viaje que os vengo contando por Hispania. Aquí, con la tranquilidad del reparador descanso y con la ayuda de los dioses que, por Apolo, espero no achiquen en mi memoria tanto como he visto, me apresto a narrar las últimas etapas de mi viaje de regreso a Roma.
Tomé, como ya os anuncié antes, el camino de la costa, tras recibir las bendiciones de Valerio. Desde Isturgi, tomando la vía que conduce hasta Carthago Nova, entre escarpados y polvorientos paisajes llegamos a la ciudad de Acci, un lugar bastante rocoso y árido. Esta Colonia Iulia Gemella Acci es una importante ciudad que, posiblemente, me cuentan las gentes del lugar, se asentó sobre una ciudad anterior. La finalidad de su fundación era acoger a los soldados veteranos que habían luchado en las guerras civiles en apoyo a César. Eran veteranos pertenecientes a la legio prima vernacula y la legio secunda, originarios de estas comarcas mandados por Casio Longino. Está la ciudad en la vía que arranca de Carthago Nova, Acci, Salaria, Castulo, Iliturgi, Obulco, Corduba, Hispalis, Nebrissa y Gades.
En dirección a Carthago Nova nos detenemos a comer en la ciudad de Basti, mucho más inferior en prestancia y gentes. Nos llamó la atención su cuidada necrópolis, situada en lo que dan en llamar Cerro Largo.
Maltrechos por los caminos pasamos por Carthago Nova, una ensenada natural donde dicen hubo en tiempos remotos una ciudad ibérica llamada Mastia. Fue fundada esta Carthago por Asdrúbal en 221 a.C. La colonia fue bautizada con el nombre púnico de 'Quart Hadasht' o "ciudad nueva", y se convirtió en capital de las posesiones cartaginesas en tierras hispánicas, hasta que nuestro llorado Escipión la conquistó para nuestra honra en 209 a.C. Dicen que, después de la ocupación romana, perdió cada vez más su importancia, hasta que César hacia el 45 a.C. instituyó allí una colonia, la Colonia Iulia Vctrix Nova, a la que más tarde se añadió también el nombre de Carthago. A pesar de su importancia tengo que confesar que la ciudad me decepcionó un poco, pues es pobre en construcciones fastuosas y en monumentos. Si acaso el templo de Augusto y sus particulares vías porticadas.
Ha sido un fascinante y bello viaje de regreso. Entre las ciudades que más calaron en mi alma se encuentra Sagunto. Son tantas y tantas las historias que he oído a lo largo de mi vida sobre la feroz lucha y la heroica resistencia de sus habitantes que no pude por más de quedar sobrecogido el día que entré en ella. Estas ciudades con una historia tan grande asustan mi ánimo pero lo engrandecen. No pude reprimir un recuerdo a lo que me contaron de Numancia, siendo yo aún muy joven. Son ciudades con historias paralelas y, por Marte, dignas de admiración.
Se encuentra Sagunto al norte de Valentia en el camino hacia Tarraco y pagó cara su amistad con nosotros, amistad que se cobró Aníbal. Viene a mi memoria la famosa frase de Livio "dum Romae consulitur Saguntum oppugnabatur". Es esta ciudad un municipio que ha llegado a convertirse en un gran centro agrícola e industrial, famosa por su cerámica que exporta a todos los confines del orbe. En la acrópolis, donde tan feroz fue la lucha, se encuentra un magnífico templo dedicado a la diosa Artemisa. Y es famoso, como en la querida Mérida, su teatro que ya hace varios siglos que acoge en sus gradas a la gente de estos lugares. Como en Itálica, muchas de sus casas están adornadas con ricos mosaicos y fuera de las murallas pude ver un viejo anfiteatro y un acueducto.
Pero la vista queda nublada en mi recuerdo sobre todo por la rica Tarraco donde descansé unos días. Esta ciudad recibió de César el título de Colonia Iulia Victrix Triumphalis y Augusto la convirtió en capital de la provincia homónima y sede del gobernador. Puesto que la ciudad no tiene salidas directas al mar, sino que está situada en la desembocadura del Ebro, se ha convertido en un puerto artificial. Tiene la ciudad dos partes distintas. Una parte alta edificada en terrazas y otra baja. En la parte alta pude admirar el templo de Augusto y el palacio del Legado. Separando las dos partes de la ciudad se encuentra un fastuoso circo, pero el teatro y el anfiteatro se encuentran fuera de las murallas y es admirado por todos el arco situado en el límite norte de la ciudad, construido por L. Licinio Sura, lugarteniente del emperador Trajano. El agua está asegurada para la ciudad por cinco acueductos.
Por el camino tuve ocasión de admirar otras ciudades menos importantes pero centros de algún relieve. Recuerdo Baetulo y Barcino. Esta última es una ciudad protegida por dos promontorios que ha asumido una gran importancia económica gracias a la exportación de plomo argentífero y a la gran explotación agrícola de la zona. Augusto constituyó allí la Colonia Iulia Faventia Augusta Pia y la dotó de un emplazamiento urbanístico octogonal. Son famosas además sus termas.
Y ya antes de dejar mi adorada Hispania, que tantos placeres me proporcionó y amigos dignos de agradecimiento, no he de olvidarme de una colonia griega anterior muy floreciente, Emporiae. Fue el embarcadero más importante utilizado durante el período de guerras de conquista en la época republicana, aunque sólo ahora ha tenido un emplazamiento urbanístico regular. Hoy día únicamente los recuerdos hacen notar su antigua importancia, los dioses han querido que se vaya despoblando, según me cuentan con dolor los viejos del lugar. Pero recordando lo que fue he podido contemplar su magnífica palestra, su grandioso anfiteatro, su bello foro y sus ricas termas.
En fin, amigos, doy gracias a los dioses por dejarme contemplar, ya entrado en años, todas las maravillas que Júpiter quiso otorgar a las gentes hispanas y que con tanto agrado reciben de los romanos. Gracias a Apolo que me ha proporcionado momentos de inspiración para poder contar, mal que bien, lo que mi memoria me ha permitido dejar en estos rollos que someto a vuestra atención y estudio, sabedor que han de interesar a más de uno. Cuando la tierra ya me sea leve mis recuerdos servirán para que conozcáis mejor el pasado de vuestro pueblo, y Demetrio será vuestro amigo y vuestro guía. Gracias anticipadas a quienes esto leyeren o gustasen. Vale(te).
Era Numancia una ciudad ubicada sobre un peñón y protegida por los ríos Duero y Merdancho.
Tras numerosas derrotas de distintos generales romanos en su vano intento por vencer a sus habitantes, el Senado envió a Escipión Emiliano a luchar contra los numantinos. Pero, para no correr la misma suerte que sus predecesores, y no tener prisa en atacar, utilizó la estrategia de destruir los depósitos de trigo y construir dos grandes campamentos amurallados al norte y sur del peñón en que se encontraba la ciudad y otros cinco más pequeños al este y el oeste, de manera que el enemigo quedó prácticamente rodeado. Luego levantó una empalizada alrededor de las murallas de la ciudad para evitar las armas arrojadizas.
La imposibilidad de salir y los problemas de abastecimiento hicieron que los numantinos enviaran una embajada para negociar con Escipión, pero éste les impuso la condición de entregar las armas y aceptar ser sus prisioneros. Los numantinos se enfurecieron enormemente y no consintieron separarse de sus armas y menos entregar su ciudad, prefiriendo antes la muerte.
Al cabo de meses, el hambre los atenazaba más que el cerco mismo. Se comieron sus caballos, las pieles cocidas, raíces, ramas, etc. Pronto la ciudad se vio poblada de cadáveres vivientes que terminaron comiéndose sus propios muertos.
Los pocos que quedaron, resistiéndose a aceptar las condiciones de Escipión, se arrojaron unos a las llamas, se despeñaron otros de las murallas. De los que finalmente se entregaron, apartó Escipión cincuenta para que adornasen su marcha triunfal en Roma. Vendió luego el resto como esclavos, arrasó la ciudad hasta los cimientos y repartió sus territorios entre los vecinos. Así acabó la resistencia celtíbera a las legiones de Roma.
Un pacto de alianza unía a la ciudad de Sagunto con los romanos a quienes envió legados al conocer que Aníbal se acercaba con su ejército. Los saguntinos se refugiaron tras sus murallas haciendo frente al ejército cartaginés.
Hicieron una salida impetuosa en la que cayeron igual número de saguntinos y cartagineses, resultando herido Aníbal en una pierna por una jabalina. Éste, una vez repuesto, atacó la ciudad abriendo varias brechas en la muralla, pero no así en la moral de sus habitantes quienes, ayudados por sus mujeres, lograron alejar de la muralla a los cartagineses, pues contaban también con un arma eficacísima, la falárica, una sólida jabalina que era capaz de atravesar a un hombre con coraza o sin ella y que llevaba en su punta estopa incendiada.
Aníbal ataca de nuevo, derriba la muralla y se introduce hasta la parte alta de la ciudad, donde los saguntinos construyeron otra nueva muralla. Su resistencia obedecía a la necesidad de sobrevivir y a su fe en Roma. Viendo, sin embargo, que todo estaba perdido, hicieron una hoguera, lanzaron a ella todas las riquezas y se arrojaron a las llamas también ellos.
Así cayó Sagunto, después de ocho meses de heroica resistencia y de miles de vidas sacrificadas.