Las personas que hemos asistido a una escuela en la que nos ha enseñado a leer y escribir, actuamos como si la escritura siempre hubiera formado parte de nuestra sociedad. La consideramos como la única forma de transmitir conocimientos cuando la verdad es que la escritura es un invento muy reciente si la comparamos con el tiempo que las personas llevamos hablando.
El lenguaje oral es la forma más antigua de comunicación entre personas, logramos la capacidad de hablar hace 300.000 años. Los primeros sonidos guturales se convirtieron en palabras y después, uniendo estas palabras, fuimos formando frases con sentido. La necesidad de perpetuar lo dicho se trajo consigo la escritura como evolución de lo oral y como código de representación de la palabra hablada. La escritura cambió totalmente la transmisión del conocimiento y la forma de pensar, pero el cambio no ocurrió tan rápido como pensamos. Hubo que esperar muchos años hasta que la cultura escrita llegara a amplios sectores de la población. Durante mucho tiempo el lenguaje oral continuó siendo el modo de principal de transmisión.
En la Edad Media sólo los sacerdotes y los ricos sabían leer y escribir. Antes de inventar la imprenta existían frailes y monjas que tenían el oficio de “copiadores”. A veces hacían este trabajo de copiado aislados en su celda, otras veces lo hacían en una habitación común del monasterio llamada scriptorium que estaba adaptada parar este trabajo y en la que trabajaban simultáneamente muchos monjes y monjas.
En el siglo XV Gutenberg inventó la imprenta que permitía la rápida reproducción y difusión de los manuscritos. Sin embargo, para poder leer era necesario conocer el código de la escritura y el aprendizaje formal que lo garantiza no estaba al alcance de todas las personas
En el siglo XVII saber leer y escribir era imprescindible para ocupar cargos públicos como lo recogía la legislación foral de la época: “Quienes no sepan leer y escribir en lengua romance no serán admitidos como alcaldes ordinarios o procuradores de los Consejos de Juntas" Esta situación supuso la creación de las primeras escuelas, convirtiendo el saber leer y escribir en instrumento para acceder a los lugares de poder.
En el siglo XIX surgieron diversas herramientas para registrar el lenguaje oral. El fonógrafo fue el primer aparato que permitió reproducir sonidos, por primera vez era posible grabar y reproducir palabras.
En el siglo XX llegaron otros sistemas para registrar información: el casete grabó el lenguaje hablado y lo convirtió en portátil, más tarde el disco compacto y la cinta de vídeo ocuparon su sitio.
Con el siglo XXI llego a Internet, con la posibilidad de descargar contenidos en formato MP3. Todos estos sistemas han contribuido a recuperar el protagonismo de la palabra hablada, pero el verdadero retorno de la oralidad se produjo con la radio. Para difundir el contenido de un libro era necesario imprimir varios ejemplares que cada lector tenía que comprar. Una sola emisión de radio llegaba a un gran número de personas de forma sencilla y económica.
Para desarrollar adecuadamente la competencia comunicativa lingüística del alumnado, debemos tener en cuenta todos sus usos: orales y escritos, tanto formales como informales. Las dimensiones del lenguaje están relacionadas entre sí: no se puede hablar adecuadamente si no se entiende el escuchado, debemos escribir para preparar discursos orales, no se pueden hacer producciones escritas sin leer, es necesario saber hablar para poder leer…
Aprendemos el lenguaje oral por la influencia de lo que nos rodea. Desde el principio queremos comunicarnos con nuestro entorno reproduciendo los sonidos que escuchamos como los niños que aparecen en estos vídeos. Insisten tratando de decir lo que quieren expresar hasta que las personas de su entorno lo entiendan.
Pero... ¿lo que aprendamos en casa será suficiente para desenvolvernos de forma adecuada en cualquier situación comunicativa que se nos presente?
Parece evidente en lo que respecta al lenguaje escrito no lo es. Para aprender el lenguaje escrito hace falta la intervención de otra persona, alguien que nos enseña a decodificar el escrito y a codificar lo que queremos expresar de forma legible. En la escuela se aprende a decodificar los signos que necesitamos conocer para leer ya que esta es una forma de comunicación distinta. En casa se utilizan muchas formas de comunicación escrita: listas de compras, notas, mensajes cortos,... Pero casi nadie cuestiona que, para comunicarse por escrito de forma adecuada, el alumnado tiene que aprender a escribir cosas más elaboradas en la escuela: contar historias, hacer informes, escribir cartas.
Esto no está tan claro en lo que respecta al lenguaje oral. Se supone que aprendemos a hablar "por nuestra cuenta" imitando lo que escuchamos en casa usando el lenguaje oral para diferentes funciones: pedir lo que necesitamos, expresar cómo nos sentimos (ira, alegría, dolor, ...) Las producciones orales que se escuchan en casa pueden ser buenos modelos pero no suficientes para aprender a comunicarse de manera efectiva. Al igual que ocurre con la lengua escrita, en la escuela hay que aprender a utilizar el lenguaje oral para funciones más elaboradas: para dar conferencias, para tener debates ordenados, para adaptar la forma de decir las cosas al contexto,...
El profesor Joaquim Dolz sobre el aprendizaje del lenguaje oral:
No basta con utilizar una lengua, la expresión oral también debería ser una asignatura. En general, se piensa que la tarea principal de la escuela es enseñar a leer, escribir y contar. Pero este enfoque tradicional es muy limitado y presenta grandes problemas.
Para empezar, a medida que los niños empiezan la escuela cada vez más temprano, desarrollan su lenguaje hablado en la escuela.
En segundo lugar, las investigaciones sobre didáctica oral nos muestran que es fundamental enseñar la expresión oral, para que el alumnado aprenda a hablar en público. Creo que este aspecto es fundamental en la preparación de los ciudadanos de los países democráticos.
En tercer lugar, si queremos dar las mismas oportunidades a todo el alumnado, es fundamental enseñar expresión oral. De hecho, cuando no se enseña, los profesores evalúan lo que los niños aprenden en casa, es decir, evalúan el origen social de los alumnos. Los estudiantes universitarios, por ejemplo, no tienen las mismas oportunidades de aprender a discutir en público que los hijos de abogados.
Cuarto, la expresión oral es esencial para desarrollar otras áreas de la escuela, para comprender y crear textos orales y para participar en intercambios orales en la clase, es decir, para recibir todos los beneficios que la escolarización tiene para ofrecer.
Es fundamental enseñar en la escuela a expresarse oralmente. Cuando no se enseña, las maestras evalúan lo que se aprende en casa, es decir, evalúan el origen social del alumnado”
ENTREVISTA a Joaquim Dolz Mestre (en euskara)