México fue gobernado entre 1934 y 1940 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río. El gobierno cardenista se rigió por primera vez, además de por la Constitución y las leyes reglamentarias, por un Plan Sexenal de Gobierno que tenía como pilares fundamentales: la defensa de los recursos naturales del país, la aplicación de las leyes laborales a favor de los derechos de los trabajadores, el reparto de tierras en forma de ejidos y la reforma educativa que implantó la escuela socialista.
Los detractores de Cárdenas lo acusaron de encabezar un gobierno dictatorial, vertical, paternalista y populista. Los defensores de la escuela socialista, Alberto Bremauntz por ejemplo, contra quienes la atacaron entre otras cosas por “impía e inmoral”, que iba a arrancar a los niños de las familias para entregarlos a un Estado socialista, sostuvo que la nueva escuela no iba a ser la constructora del socialismo en México, pero sí iba a ser la “modeladora” de nuevas formas de pensamiento de los niños, necesarias para preparar el cambio que realizarían cuando ellos fueran adultos y dirigieran los rumbos del país.
El Partido Nacional Revolucionario
La reforma educativa de 1934 que implantó en México la educación socialista, aprobada por el Congreso Legislativo de esos años, fue propuesta por el PRN que consideró dicha reforma no sólo como respuesta a una necesidad social existente: el expandir la educación elemental por todos los rumbos del país y entre todos los sectores de la población, sino también como una herramienta política de cambio.
Los debates que se llevaron a cabo en el seno del PRN en su Segunda Convención Ordinaria realizada en Querétaro en diciembre de 1933, los asistentes estaban de acuerdo en que había que hacer una reforma educativa en México que hiciera llegar la educación elemental a todos los mexicanos, que se centralizara el sistema educativo bajo la vigilancia del gobierno federal para lograr una escuela única, aunque cada entidad tendría sus propias autoridades educativas encargadas de la organización, administración y vigilancia de la educación.
La escuela de la acción se revive en estos debates y, sobre todo, la educación impartida debía permitir a los alumnos “crear un concepto racional y exacto del universo y de la vida social”; en estos términos se dictó finalmente la reforma al artículo 3º. Constitucional que estableció la educación socialista que iba contra cualquier otra explicación que no estuviera basada en la ciencia, la experimentación y la razón, fuera de toda “explicación inexplicable, dogmática y prejuicios como son las explicaciones religiosas”.
El Partido Comunista de México (PCM)
El PCM había criticado con dureza el conocimiento “libresco y vacío” de la educación que hasta entonces se venía impartiendo, se hablaba de la necesidad de una escuela que impartiera conocimientos basados en la realidad y con auxilio de la ciencia que explicara a los alumnos tanto el mundo natural como el social en el que se desenvolvía: “conocer es poder”. ”. Conocer los fenómenos sociales para intervenir en ellos y dirigir su rumbo, así como conocer y determinar el curso del mundo natural y las riquezas que lo constituían para su mejor y racional explotación. En la Primera Conferencia Pedagógica Comunista realizada en febrero de 1937, ya puesta en práctica la reforma educativa y la educación socialista, los miembros del PCM afirmaron su cooperación con el gobierno cardenista, en este caso en lo que a la escuela socialista se refería, la cual se había convertido para mediados del cardenismo en una fuente de división y discordia entre los sectores sociales, además de haber sido utilizada por algunos maestros, casi de manera exclusiva, como medio de ataque a las creencias religiosas de los niños y de sus padres. También se confió en la escuela como medio para hacer los cambios planeados para México en busca de un mejor país para todos los mexicanos, no solamente para algunos, que eran quienes detentaban el poder económico.
Algunos miembros del PCM recomendaban no atacar de manera abierta a la religión, en este caso a la religión católica que era la dominante, pues esto sólo acarrearía problemas a los maestros y haría que los padres retiraran a sus hijos de las escuelas socialistas, o bien llegarían hasta el asesinato de sus maestros, como sucedió en las regiones más conservadoras del país. La ciencia y la razón, por sí mismas, acabarían con las supersticiones y los dogmas religiosos, sin necesidad de atacarlos de manera directa y peligrosa para los profesores.
El PCM dio una serie de conferencias sobre la reforma educativa, dirigidas a maestros que se identificaban con la ideología de ese partido. En la conferencia inaugural Hernán Laborde, uno de los miembros más activos del PCM dijo: “La Escuela Socialista, a mi ver, debe esforzarse por democratizar al máximo la educación, por llevar la educación a las más amplias masas del pueblo, armándolas con las armas de la cultura y de la ciencia, orientándolas y capacitándolas para la lucha por la liberación nacional del país...” (Partido Comunista de México, 1938, p. 11, subrayado mío) Los maestros de la escuela socialista debían dar el ejemplo a los demás, por ello debían ser educadores del pueblo y ser verdaderos maestros revolucionarios, y conducir a los demás hasta el logro total de los ideales de la Revolución.
Una educación que dirigiera a los educandos al cambio, no a la domesticación y a la actitud pasiva del que se le instruye para adaptarse, no para cambiar. El profesor de la nueva escuela debía trabajar en ella y fuera de ella, convertirse en un líder social de la comunidad en la que se encontrara trabajando, educando, instruyendo y capacitando a todos, no sólo a los alumnos, para construir un México nuevo. El maestro debía organizar a todos, niños y adultos, en clubes y sociedades, además de dirigir el autogobierno escolar. Una escuela única en contenidos y propósitos con una dirección técnica centralizada a fin de lograr la unidad nacional. Una escuela que fuera igual para todos, sin distinciones de situaciones económicas ni sexos, una escuela mexicana única. La escuela como patrimonio de todos, no sólo de quienes tuvieran para pagarla. En cada escuela debía organizarse un Consejo Escolar integrado por todos los participantes en ella, incluidos por supuesto los padres de familia y las autoridades locales. Los puestos directivos y dirigentes de cada consejo, serían ocupados por las personas que así lo merecieran dada su autoridad y capacidades personales.
El congreso mexicano
Las discusiones se dieron alrededor de varios asuntos: ¿qué niveles iba a comprender la reforma educativa que implantaría en México la educación socialista?, algunos hablaban sólo de la primaria, secundaria, educación para los trabajadores y educación normal para profesores; otros iban más lejos y pedían se incluyera la educación preparatoria y universitaria. Finalmente la preparatoria y la universidad quedaron fuera de la reforma.
Qué tipo de socialismo se iba a enseñar en las escuelas, el socialismo científico como método o como ideología, incluso se habló de un socialismo mexicano; algunos proponían un socialismo que llevara a la desaparición de dogmas y que construyera la verdadera solidaridad con base en una socialización progresiva de los medios de producción económica y el mejoramiento colectivo. Se habló de los postulados y doctrina socialista o no socialistas de la Revolución Mexicana, de la posibilidad de crear una escuela socialista en un marco social que no lo era, de la escuela como reflejo de la sociedad en la que se encontraba inmersa, pero como medio probable para dar lugar a una nueva a través de la acción crítica y reflexiva, acorde con las demandas e intereses de las mayorías; se discutió la posibilidad o imposibilidad de hacer una profunda revolución social desde las escuelas.
El alto clero católico
La escuela socialista fue vista como un claro instrumento de penetración ideológica en las conciencias de los niños, opuesta a la escuela laica del siglo XIX que no atacaba de manera directa la organización social y fomentaba el individualismo; y todavía más contra la escuela porfiriana convertida en privilegio de unos pocos, así como contraria a la escuela que estaba en manos de la Iglesia católica en la que reinaba su dominio y poder, de ahí la amenaza de excomuniones que hizo la Iglesia católica, tanto a padres de familia que mandaran a sus hijos a las escuelas socialistas, como a los profesores que impartieran esa “educación impía y atea, contraria a los mandatos de Dios”. “Las ´pastorales’ han sido vehículo de incitaciones subversivas; en ellas se ha sugerido la revuelta armada y la realización de un ‘boycott’ económico, y el Episcopado se ha convertido, a través de esos documentos, en coalición de abierta militancia contra la ley y las instituciones”
Se conoce como cardenismo al período de la historia mexicana en el que la república estuvo presidida por el general Lázaro Cárdenas del Río (1895-1970), así como a la corriente ideológica identificada con los seis años de su gobierno (de 1934 a 1940). Algunos de sus detractores prefieren el término “cardenato”.
Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia como candidato del Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecesor del Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Su plataforma electoral y de gobierno fue el Plan Sexenal, que establecía una serie de reformas basadas en la intervención del Estado en la economía.
El gobierno de Cárdenas fue célebre por medidas como la distribución de tierras a sectores campesinos y la nacionalización de la industria petrolera, así como por el acogimiento de numerosos exiliados españoles que huían de la Guerra Civil.
El Plan Sexenal fue la plataforma electoral y de gobierno del Partido Nacional Revolucionario, encabezado por Lázaro Cárdenas. Proponía una serie de reformas sociales y económicas que se distanciaban de las políticas del Maximato (es decir, del período entre 1928 y 1934 en el que se sucedieron tres presidentes que gobernaron bajo la influencia de Plutarco Elías Calles, apodado “jefe máximo de la Revolución”).
El Plan Sexenal planteaba una reivindicación de algunos de los principios de la Revolución mexicana que habían sido desatendidos en los últimos años. Formulaba un proyecto para impulsar el crecimiento agrario, industrial y urbano de México durante un período de gobierno (un sexenio, es decir, seis años).
Para tal fin, proponía una reforma agraria, una mayor intervención del Estado en la economía, la nacionalización de industrias y de la explotación petrolera, políticas crediticias para los campesinos, el apoyo a la reorganización sindical y el fomento de la educación pública.
El cardenismo se caracterizó por ser un gobierno nacionalista que defendía la necesidad de un Estado fuerte, capaz de satisfacer las demandas populares que habían motivado la lucha armada durante la época revolucionaria. En este sentido, promovió la intervención estatal en la economía.
Durante el gobierno cardenista se nacionalizaron diversas empresas extranjeras, especialmente las petroleras y los ferrocarriles. Además, se modificó la Ley agraria, se ampliaron las carreteras y se incrementó el crédito para los sectores productivos. Esto provocó un importante aumento del gasto público.
También se impulsó una reorganización de los sindicatos mediante la creación de la Confederación de Trabajadores de México, que implicó un mayor control gubernamental sobre la actividad sindical. Sin embargo, el nivel de gasto estatal y el boicot internacional debido a la expropiación petrolera provocaron dificultades económicas que se hicieron notorias al final del mandato de Cárdenas.
Una de las medidas más radicales del cardenismo fue la nacionalización en 1938 de la industria petrolera, que hasta ese momento había estado en manos de empresas privadas extranjeras, especialmente estadounidenses y británicas.
Luego de que las compañías petroleras se negaran a aumentar los salarios de sus trabajadores, Cárdenas firmó el decreto de nacionalización, amparado en la Constitución de 1917, que reconocía la propiedad estatal de los recursos. Esto causó tensiones internacionales, especialmente con Gran Bretaña, y varios países promovieron un boicot a la economía mexicana: dejaron de comprarle plata y reclamaron una indemnización inmediata para las compañías expropiadas.
Con la nacionalización se creó Petróleos Mexicanos (Pemex), una empresa estatal dedicada a la producción, transporte, refinación y comercialización de hidrocarburos que sigue existiendo en la actualidad.
A pesar del descontento internacional, el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial provocó que el gobierno estadounidense mantuviera una relación de cooperación con México. La intención era conservar el acceso al petróleo y evitar que se hicieran fuertes en México los sectores opositores al gobierno de Cárdenas que parecían afines al nazismo y el fascismo.
El gobierno de Cárdenas implementó un modelo educativo laico, que buscaba inculcar entre campesinos y obreros la importancia del trabajo y la productividad para una economía nacional.
Este nuevo modelo educativo, que se denominó «socialista», promovía una instrucción a la vez técnica, científica y humanística. Su foco estuvo puesto en la defensa del proletariado y en el rol del sector agrario y la industria nacional como motores del crecimiento económico.
Como parte de esta política educativa, el gobierno cardenista fundó escuelas rurales, creó el Instituto Politécnico Nacional y repartió libros con enfoques afines a su ideología política y social.
La agricultura mexicana de comienzos del siglo XX aún tenía la huella de la sociedad colonial. Las tierras eran propiedad de grandes latifundistas y los campesinos sufrían la explotación y la pobreza.
Las demandas campesinas durante la Revolución mexicana exigieron un cambio en la distribución de la tierra, que fue parcialmente atendido por la Constitución de 1917 y los gobiernos constitucionales de la década siguiente. Sin embargo, las modificaciones introducidas por el gobierno de Lázaro Cárdenas implicaron un reparto de tierras mucho mayor que en los años precedentes.
La distribución de tierras cultivables, algunas de ellas expropiadas a latifundistas extranjeros, alcanzó la cifra de 18 millones de hectáreas durante el cardenismo, lo que benefició a aproximadamente un millón de campesinos.
Las tierras distribuidas se organizaron principalmente en la forma de ejidos, es decir, pequeñas unidades productivas que pertenecían a comunidades campesinas pero no podían ser vendidas. Aunque estos ejidos no fueron unidades económicamente relevantes hasta algún tiempo después, el nivel de vida de la clase campesina mejoró.
El Estado mexicano también tomó otras medidas:
FRANCISCA NAYELI ZAMUDIO SANCHEZ
PEDAGOGÍA
TURNO NOCTURNO