La escuela pública y privada supone la contracara de dos modelos. Es la gestión estatal versus empresarial, y una manifestación de la diferencia a nivel socioeconómico.
La escuela es el ámbito por excelente donde se imparte la enseñanza básica y necesaria para forjar las posibilidades del individuo con respecto a su potencial e integración al ecosistema de la sociedad. Posee referencia etimológica en el latín como schola, el cual se origina en el griego scholḗ, contemplando la idea de ocio en el marco de una apreciación del proceso de aprendizaje y del interés por nuevos saberes, y no como una obligación o un deber.
Es un espacio que tiene que estar garantizado por el estado, entendiendo a la educación como un derecho, idealmente presentando un nivel de calidad capaz de responder a la competitividad dada por las instituciones privadas a partir de una mirada de igualdad de oportunidades. Uno de los mayores problemas que enfrente la sociedad, es la diferencia entre ricos y pobres, y la escuela no es ajena, transformándose en una referencia de status social que llega a extremos para recordar una época en la que el saber estaba limitado a las elites.
Desde la Antigua Roma la enseñanza no estaba enfocada al conjunto de la población infantil, ya que el acceso a la educación se orientaba exclusivamente a los hijos de la élite social y económica. El pedagogo (paedagogus) era el esclavo encargado de acompañar a los niños a la escuela (schola).
En el mundo romano el docente (ptropheus) enseñaba a leer y a escribir a los alumnos a partir de los 7 años. A los 12 años los escolares iniciaban una nueva etapa en el gymnasium, donde se impartían lecciones sobre mitología clásica, música y deporte.
La educación es un derecho, por ende la es el establecimiento destinado a impartir enseñanza a niños y jóvenes. Sin embargo, las instituciones privadas no están obligadas a educar a quienes no pueden afrontar la mensualidad, limitándose a pequeños gestos de inclusión social a partir de becas parciales o integrales. El problema radica en la precarización de la escuela pública, consecuencia en gran medida por las políticas de estado, y frente a ese panorama se aprecia un proceso de aprendizaje que no es capaz de ofrecer los mismos resultados con respecto a los obtenidos en el sector privado.
Por otra parte, dentro del sistema educativo de cumplimiento obligatorio, se cuentan: , primaria y secundaria, mientras que la terciaria y universitaria no implican obligatoriedad.
La principal diferencia entre ambas radica en que a la escuela pública la sostiene económicamente el estado, mientras que a la privada son los propios alumnos, a través de sus padres o tutores, quienes la solventan pagando una cuota mensual, y eventualmente una matrícula que se paga a comienzo de cada año escolar. La falta de recursos económicos no debería obstaculizar el derecho a la educación, o manifestar una diferencia con respecto a las posibilidades de estudio.
Asímismo, es fundamental hacer un paréntesis para las escuelas localizadas en zonas rurales o de bajos recursos, donde jamás se instalaría una entidad privada por el simple hecho de que ello no se encuadraría como un modelo rentable.
Existen muchas desigualdades entre estas dos entidades aunque sin duda ambas nos brindan herramientas para nuestro crecimiento personal y profesional y nos ayudan a convertirnos en ciudadanos respetables para así lograr una vida común aceptable.
Es muy importante elegir adecuadamente el centro de educación, éste marcará el futuro indudablemente.
Hablando en expresiones económicas, la inversión como fuente de financiación es uno de los puntos que más diferencia la educación pública y la privada.
Muchas de las personas que se encuentran económicamente hablando, en buenas condiciones, están en su total derecho de querer invertir sabiamente en una educación mejor generando lo que conocemos como una inversión de futuro. ¿Por qué? Sencillamente porque esto ayudará a esa persona o grupo de personas a adquirir una formación profesional óptima, me arriesgo a decir mejor, que luego podrá ser explotada inteligentemente dentro de su ámbito laboral.
Aunque esta tiene el número de estudiantes más elevado, no por eso es mejor. Recibe los fondos del estado y es accesible y obligatoria
Posee muchas deficiencias, algunas muy evidentes, entre ellas y por razones socioeconómicas el descuido de las instalaciones. Salarios decadentes para los docentes que allí desempeñan y muchos profesores y profesoras que cuentan con un cargo fijo (funcionario / funcionaria) que ha perdido las ganas de enseñar y es que la enseñanza es un trabajo vocacional y por desgracia si el educador pierde el apetito el alumno es el que sufre las consecuencias. Aunque no en todos los casos, ya que existen profesores con una alta vocación hacia la enseñanza y estudiantes que de verdad desean comprometerse a estudiar para alcanzar sus metas.
En este caso a los jóvenes se les otorga una formación de mayor calidad para su rendimiento.
Las características de estos centros de educación privados son todo lo contrario a las características de centros de educación públicos:
Mejor acondicionamiento de la infraestructura.
Profesorado más preparado y más cercano.
Mejor calidad de enseñanza.
Libertad de gestión, dentro de los límites de las leyes de educación.
Oportunidades laborales mientras se estudia (no en todos los casos).
Un título obtenido en un centro de educación privado siempre tiene más caché.
La principal diferencia entre una escuela pública y una privada son los fondos que se requieren para ingresar o mantenerse estudiando en ellos. Además, las escuelas privadas modifican y adaptan sus modelos educativos a las nuevas tendencias dentro del sector educativo.
El sistema educativo mexicano está dividido en dos tipos de modelos educativos, los cuales hace que las instituciones educativas establezcan diferentes parámetros en sus formas de impartir clases y temas educacionales. Estos modelos educativos son los públicos y los de escuelas privadas.
A pesar de contar con diferentes características, estos dos tipos de escuelas y modelos educativos suelen estar regulados y certificados por la Secretaría de Educación Pública (SEP), la cual es una institución del gobierno mexicano, la cual se encarga de administrar y planificar todo el sistema educacional del país.
Es oportuno mencionar la importancia que ha jugado la educación pública en los últimos treinta años pues, desde la década de los noventa, la escolarización creció de manera importante, particularmente en los niveles inicial y medio. Dada la obligatoriedad de la escolarización, el Estado se vio en la necesidad de crear los planteles necesarios para atenderla, los cuales, a causa del crecimiento constante de la población, son todavía insuficientes. Esto se ve reflejado en el alto número de alumnos por clase y por docente (OCDE, 2015), quien no sólo debe atender casi al doble de estudiantes que, en el sector privado, sino que muchas veces con una remuneración y prestaciones inferiores. En consecuencia, la tendencia de estancamiento y deserción escolar (SEP, 2017) resulta desproporcionada si se compara con las escuelas privadas.
el mayor problema de esta desigualdad es la sectorización y segregación del sector estudiantil y docente, ya que, en el imaginario de los padres de familia, los maestros de educación pública no pueden brindar a sus hijos la misma calidad que los que pertenecen al sector privado. Se tiende a concebir erróneamente a la educación como un servicio sujeto a la competencia de mercado, concepción fundamentada en la diferencia entre el capital económico de ambos proveedores.
Ciertamente existe una diferencia entre los ingresos salariales de estudiantes egresados de escuelas privadas y los graduados de instituciones públicas (Borrayo y Mercado, 2012); sin embargo, ello está sujeto a factores distintos a una supuesta diferencia cualitativa. Por un lado, aunque sí es un servicio, la educación no puede considerarse dentro de un marco económico de oferta y demanda, pues se trata de una preocupación constante por el desarrollo de futuros ciudadanos. Por otro, tratar de comparar la calidad de la oferta pública con la de escuelas “de paga” resulta absurdo, pues, además de las dificultades conceptuales propias a la elaboración de un instrumento de medición confiable, las condiciones a las cuales se enfrentan alumnos y docentes, tanto fuera como dentro del aula, son sumamente distintas. Aún más, los docentes de escuelas públicas muchas veces se ven restringidos por los recursos limitados con los que cuentan y, a pesar de las condiciones desfavorecedoras, logran idear estrategias para responder tanto a los planes y programas de estudio como a las necesidades particulares de sus alumnos.
Así, esta desigualdad de condiciones, aunque cierta, no debe de ser considerada grave para el desempeño de las labores docentes. Más bien es preciso valorar la labor educativa por los objetivos que propone y la adaptabilidad situacional de quienes enseñan, en vez de concebir la educación como un producto y a los docentes como los representantes de un proveedor de servicios.