“¡Tuya Héctor!”
El reloj marcaba la hora del mediodía. Nuestro tour de día completo, visitando los sitios más emblemáticos de Montevideo, tenía aún mucho por descubrir. La emoción invadía el aire, recorrimos apasionados el Museo del Fútbol.
Fotografías, camisetas, balones de oro y trofeos invadían cada rincón de la inmensa sala.
Allí, en la pared, se alzaba gigante y majestuosa, una imagen en blanco y negro que inmortalizaba el ingreso al campo de juego del equipo uruguayo de Fútbol en el partido debut con Holanda. Se daba inicio a los juegos olímpicos de 1928 en el Estadio de Amsterdam.
Diecisiete selecciones participaron de aquel campeonato. Las únicas de Sudamérica en realizar el largo viaje a Europa, fueron Uruguay y Argentina.
Comenzaron a disputarse las fases de grupo, Uruguay enfrentó a Holanda, Alemania e Italia, obteniendo una cómoda victoria.
Por su parte, Argentina venció a EEUU, Bélgica y Egipto.
Días más tarde, llegaba la gran final..
El estadio estaba repleto, veintiocho mil espectadores se dieron cita para deleitarse con el que prometía ser el mejor fútbol del mundo.
Uruguay se enfrentó a Argentina, mostrando un estilo de juego caracterizado por su solidez defensiva y una veloz línea de ataque, generando situaciones de peligro en el arco adversario. Se jugaron los noventa minutos del partido, terminando con empate uno a uno. El reglamento determinaba un alargue, pero tampoco este, logró definir el partido.
Como en aquella época no existía la definición por penales, tres días más tarde se jugaría una segunda final. En ella, Uruguay consiguió definir el partido con un marcador de 2 a 1, con la imborrable frase, “¡Tuya Héctor!”.
A los 73 minutos de juego, Héctor Scarone recibía un pase de cabeza, que lo habilitaba para definir con un impresionante tiro bajo y cruzado, marcando el segundo y definitivo gol, que le daba a Uruguay el título de Campeón Olímpico ganando la medalla de oro.
Por esta gran hazaña deportiva, es que se dio nombre a una de las tribunas del Estadio Centenario, llamándola Tribuna Ámsterdam.
El museo nos seguía cautivando con sus recuerdos, otra enorme fotografía en la pared se desplegaba como testimonio imborrable. En ella, podíamos ver al pueblo uruguayo, que con gran expectativa se encontraba reunido en la Plaza Independencia, escuchando por alta voz y minuto a minuto, el relato de aquella gran final.
En esa época, la única forma de conocer los resultados de los partidos que se jugaban en el exterior, era acercarse a la redacción de los periódicos que se encontraban próximos al teatro Solís. Allí funcionaban los diarios: “El Plata” y “El Imparcial”. Los periodistas recibían la información por telegrama, y transmitían en directo a la multitud, la emoción y la gloria de cada jugada.
Allí quedarán... por siempre, como símbolo de la grandeza futbolística de nuestro país, bordadas en el escudo de la camiseta de nuestra selección, las cuatro estrellas de cinco puntas, inmortalizando las victorias obtenidas en los Juegos Olímpicos de París y Amsterdam, avaladas por la FIFA como títulos mundiales, y las dos Copas del Mundo conquistadas en 1930 y 1950.