“Lo que me salvó la vida”
Mo Farah (Somalilandia, África)
Su nombre verdadero era Hussein Abdi Kahin. Vivía en una granja con sus hermanos y sus padres en Somalilandia, un Estado ubicado en el cuerno de África.
Las ovejas y camellos eran parte del paisaje en aquella tierra seca y empobrecida.
Las condiciones de vulnerabilidad e inseguridad se vivían día a día.
Con solo cuatro años y en plena guerra civil en Somalia, su padre es alcanzado por un disparo masivo de bazuca. La familia se desmorona, la vida se vuelve cada vez más difícil y a los ocho años es alejado de su familia, enviándolo a Reino Unido.
Emocionado porque nunca antes se había subido a un avión, viaja a cargo de una mujer. En ese momento, se da cuenta de que algo malo estaba pasando...sus documentos llevaban el nombre de otro niño, ahora se llamaría Mohammed Farah.
Llegando a Londres y una vez instalado, es tratado como sirviente, realizando tareas domésticas, debiendo cuidar a otros niños y sin derecho a concurrir a la escuela. Sus días se vuelven oscuros, siente tristeza, mucha ira y soledad.
Recién a sus doce años, ingresa al colegio comunitario Felton. Con un inglés muy malo y una cultura muy diferente, se siente aislado. No sabe cómo comportarse y se involucra en problemas fácilmente. Su corazón está lleno de frustración.
La escuela detecta dificultades en todas las áreas de estudio y notan que llega descuidado.
Su profesor de Educación Física es quien descubre su potencial, advirtiendo cómo él lograba comunicarse a través del deporte y la actividad física. Corriendo no sentía miedo, le permitía huir de su pasado.
Desde la escuela contactan a servicios sociales en busca de ayuda, logrando que una familia somalí se haga cargo de él. Con ellos logró sentirse libre y protegido.
Su progreso en atletismo fue notable. Con catorce años es seleccionado para competir en Letonia, por lo que el profesor y la escuela inician un largo proceso para registrarlo como ciudadano británico.
Con el tiempo, llega a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 donde corre la final de 5000 metros. Allí, entre el público, sentado y nervioso, se encuentra su profesor de Educación Física que observando atento la carrera, se emociona, se toma la cabeza con sus manos y en los últimos cien metros... ve cómo logra ganar la carrera, obteniendo así medalla de oro olímpico.
Sus logros en el Atletismo fueron brillantes, consiguiendo medallas de oro en los 5000 y 10000 metros en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río 2016. Se consagró seis veces campeón del mundo.
Sin embargo, algo dentro suyo no andaba bien. Un día, toma fuerza y comienza a tener consciencia de lo vivido. Se da cuenta de que ha sido víctima de trata de niños y esclavitud.
Es así que decide hacer algo más grande, salir al mundo y contar su historia verdadera, indagar en ese pasado doloroso, levantar por fin su voz para que otros niños no tengan que pasar por lo que él pasó.
“Lo que realmente me salvó, lo que me hizo diferente, fue que podía correr”
Mohammed Farah